El mito de la huida de Quetzalcóatl a Tlillan Tlapallan

El acervo mitológico mesoamericano se puede interpretar a nivel simbólico o como una alegoría o la explicación del movimiento de los planetas.  Al difundirse por mesoamérica, todos estos niveles significativos se mezclaron y entrelazaron unos con otros. Por esto no es fácil su interpretación.

Tlillan-Tlapallan «Lugar del negro y el rojo» es un lugar legendario, donde Quetzalcóatl llegó en vuelo desde Tollan con el fin de quemarse y transformarse en la Estrella de la Mañana (Venus).


Esta historia se cuenta en un manuscrito del siglo XVI (el Códice Chimalpopoca) que contiene los Anales de Cuautitlán. Esta leyenda también es descrita por Bernardino de Sahagún en su Historia general de las cosas de la Nueva España. El nombre Tlillan-Tlapallan se ha interpretado como una referencia a la escritura y los libros.

Quetzalcóatl simbolizaba la INTELIGENCIA, la capacidad creadora benéfica del ser humano. Quetzalcóatl no era una simple serpiente que se arrastraban por los suelos, únicamente en pos de alimento y placer. Quetzalcóatl poseía la orla de la elevación sobre la bestialidad. Lo adornaba el plumaje de la altura cósmica. Era una SERPIENTE EMPLUMADA: Era el vencedor de su naturaleza instintiva, engrandecido por su sabiduría creadora. Este mito se puede resumir de la manera siguiente:

Quetzalcóatl reinó en Tula por muchos años, reformó la religión y fue estimado y tenido por dios.

Al envejecer, Quetzalcóatl tuvo que salir de Tula a causa de Tezcatlipoca. En unas versiones Quetzalcóatl decide irse, en otras es forzado.

Quetzalcóatl se dirigió hacia Tlillan Tlapallan, donde fue incinerado  y su alma se convirtió en estrella o cometa. En la versión de Sahagún, caminó hasta que llegó al mar, donde hizo una balsa y salió navegando al Tlapallan. Cuando se fue Quetzalcóatl todos sufrían, muchos lloraban. No querían que se fuera. Algunos decidieron seguirlo. Había tornado el camino que conduce al mar. Y hasta allí, pocos lo alcanzaron.

-¡Quetzalcóatl! ¿Por qué abandonas a tu pueblo?

-Voy a donde abunda la tierra de colores, a Tlapalan, a donde me llama el sol.

¡Déjanos un poco más, tan siquiera, de tu sabiduría para emplumarnos y poder elevarnos como tú!

Y Quetzalcóatl contesto al mismo tiempo que llegaba a la orilla del mar y subía a una balsa formada de culebras emplumadas.

-He aquí como llegar a la sabiduría.

Y Quetzalcóatl, al borde del luminoso océano, tomó sus aderezos y se los fue revistiendo: su atavío de plumas de quetzal, su máscara de turquesas, y cuando estuvo aderezado, se prendió fuego y se convirtió en un esplendor infinito. Y es fama que cuando ardía, cuando iban a alzarse sus cenizas, vinieron a contemplarlo todas las aves preciosas de bello plumaje que conocen el cielo: la roja guacamaya, el azulejo, el tordo fino, el resplandeciente pájaro blanco…

Cuando ya no ardían sus cenizas, el corazón de Quetzalcóatl, transformado en azules luces inmensas, se instaló en el universo.

Como vemos, en este mito se habla directamente de la conversión de Quetzalcóatl en estrella o en el planeta Venus. Esta asociación parece ser muy probable. El país Tlillan Tlapallan («lugar del negro y rojo») está en dirección del Este; Quetzalcóatl dice que va en dirección del Sol, al Tlapallan. Se dice que este lugar se hallaba en la costa del mar (al oriente). Los Anales hablan directamente de la estrella matutina y otras fuentes dicen una estrella o cometa, pero que tras ellos «se ha visto seguir pestilencias en los indios, y otras calamidades».

Por último, hay que apuntar que, según Sahagún, Quetzalcóatl caminando hacia el Sol, desapareció del mundo porque bajó al Mictlancalco (que quiere decir «el lugar de la casa de los muertos») y que denota el país de los muertos. Los Anales dicen que después de quemarse, el dios desapareció por 8 días (estuvo 4 días entre los muertos y «en 4 días se proveyó de flechas»).

El relato de la huida de Quetzalcóatl a Tlillan Tlapallan ha sido generalmente percibido, desde una perspectiva histórica, como la destrucción y el abandono de Tollan, debido a la decadencia de los toltecas. Simbólicamente, la huida habría tenido lugar en el inframundo y la gesta del rey-sacerdote correspondería a su vejez, a su muerte como Sol, y a su renacer como estrella de la mañana. Asimismo, el mito habría fundamentado el protocolo ritual que regía las exequias de los gobernantes toltecas, mismo que heredarían los pueblos de Anáhuac. En el mundo náhuatl prehispánico la relación teocrática que existía entre el rey y el Sol, entre el mando terrenal y el mando celestial, parece haber generado paradigmas culturales que regían la vida y la muerte del máximo gobernante. Como Sol que era, el tlahtoani declinaba pasando el medio día, envejecía y moría en el poniente de su recorrido existencial. La senilidad del rey-Sol ponía en peligro la vitalidad de la nación que encabezaba y representaba, por lo que los toltecas, según Alva Ixtlilxóchitl, habían decretado que el rey no podía reinar (¿o vivir?) más de 52 años y que, llegando a este término, tenía que morir.

La huida de Quetzalcóatl, rey de Tollan y Sol poniente, correspondería a una toma de conciencia de su decrepitud, a su muerte, y a un periplo en el inframundo, hacia su renacer. En este contexto, el mito plantea el problema que representa la senectud del rey tolteca, justifica su muerte, describe su recorrido dentro del inframundo, la culminación que representa su incineración en Tlillan Tlapallan, Tlatlayan, su renacer como estrella de la mañana, así como la mimesis ritual, la cual fundamenta, según lo muestra el análisis, el protocolo ritual que se siguió después en las exequias de los señores mexicas.

Los reyes toltecas Chalchiuhtlanextzin, Ixtlilcuechahua, Huetzin, Totépeuh y Nacázxoc murieron después de haber reinado 52 años y es probable que no se trate solo de una coincidencia míticamente significativa, sino que la muerte infligida (otorgada) al rey envejecido era ritual. Al pasar de un ámbito narrativo épico a una liturgia teatro-ritual, esta gesta mortuoria fue conocida como la “ley de Topiltzin”.

El mito referido en el Códice Florentino bajo el título “De la huida de Quetzalcóatl”, del que existen múltiples variantes verbales y pictográficas, parece haber definido las distintas fases del ritual mediante secuencias narrativas que le conferían un sentido cosmológico. Este mito ha sido generalmente considerado desde un punto de vista histórico-geográfico como la huida real de Ce Ácatl Quetzalcóatl, su paso por Cholula y su llegada a la costa del Golfo de México.

Ximiximati, “conócete (a ti mismo)”. La toma de conciencia del rey está mitológicamente expresada mediante la secuencia en la que Tezcatlipoca le “da su cuerpo”, es decir, le presenta el espejo en el que se mira y constata la degradación fisiológica de su cuerpo envejecido: Al darle el espejo Tezcatlipoca, le dice: ximiximati, “conócete a ti mismo”. Conocerse es, en este contexto, más allá de la vejez, tomar conciencia de la finitud de la existencia, de la mortalidad del ser y de la necesidad de partir, es decir, de morir. En la versión del Códice Florentino, Quetzalcóatl describe el estado físico en que se encuentra: Ca cenca novian ninococova acan veli in nomac, in nocxic, vel çoçotlaoa in nonacaio, iuhqui ciciotomi “Por todas partes me duele. Ya no puedo mover mis manos, mis pies. Está agotado mi cuerpo, como que se desbarata”.

La necesidad de irse. Ya viejo, Quetzalcóatl tiene que dejar el poder, tiene que morir. Irá a Tlillan, Tlapallan, Tlatlayan donde aguarda un anciano. Ce tlacatl vmpa tlapia, ie vevetlacatl. Anmononotzazque, auh in iquac tioalmocuepaz, oc ceppa tipiltontli timuchioaz  “Un señor aguarda allá, un señor viejo. Ustedes conversarán y cuando regreses otra vez te volverás un niño”. En nuestra perspectiva hermenéutica, el señor viejo con el que “conversará” Quetzalcóatl es Huehuetéotl, el dios del fuego, o sea la pira funeraria, tlatlayan, donde arderá el cadáver del rey. Después de la incineración de su cuerpo, “se volverá un niño”.

“La negrura” parece haber formado parte de un núcleo conceptual amplio dentro de la religión mesoamericana.  Tlillan, “Lugar de la negrura”.

Una variante notable en el paisaje son los sitios de carácter acuático, que son también una manifestación de lo oscuro. La combinación de agua y negrura hace referencia a los tiempos primordiales y la gestación. en varias partes del mundo prehispánico existían centros ceremoniales —paisajes artificiales— conocidos como “Templos Negros”. Compartían una serie de connotaciones simbólicas asociadas, por una parte, al cielo nocturno, y, por otra, a la esfera terrestre y al inframundo. Lejos de ser un concepto espacial bien demarcado, el ámbito de Tlillan se traslapa con el del Mictlan, el “Inframundo”, y el Tlalocan, el “Lugar de Tláloc.”

Tlillan tlapalan, la tinta negra, la tinta roja, el negro, el rojo, la muerte, la vida, la obscuridad, la luz. La dualidad esencial de la vida y la sabiduría, el bien y el mal, dos caras de la misma moneda.

http://raices.com.mx/tienda/revistas-tlaxcala-AM139
Teotihuacan: Quetzalcoatl y su interpretación astronómica

Referencias

IWANISZEWSKI, S. (n.d.). LA INTERPRETACIÓN ASTRONÓMICA DE LOS MITOS. Consultado Agosto 4, 2019,  bibliotecadigital.ilce.edu.mx: http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/sites/ciencia/volumen1/ciencia2/04/html/sec_8.html

Johansson, P. (2019, Agosto 2). VEJEZ, MUERTE Y RENACER DE CE ÁCATL TOPILTZIN QUETZALCÓATL.  Arqueología mexicana: https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/vejez-muerte-y-renacer-de-ce-acatl-topiltzin-quetzalcoatl-0

Sahagun, B. d. (2010). Historia general de las cosas de la Nueva España . México: Porrúa.  https://amzn.to/2YnIixn

superleyendas. (2015, Septiembre 16). Serpiente Emplumada.  Leyendas del mundo: http://www.leyendasdelmundo.com/tag/tlapalan/

weber.ucsd.edu. (n.d.). Quetzalcoatl. Agosto 3, 2019, weber.ucsd.edu: http://weber.ucsd.edu/~anthclub/quetzalcoatl/que.htm

Wikipedia. (2019, Mayo 8 ). Codex Chimalpopoca.  Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/Codex_Chimalpopoca

www.historicas.unam.mx. (n.d.). Tlillan o el “Lugar de la negrura”, un espacio sagrado del paisaje. Consultado Agosto 4, 2019,  www.historicas.unam.mx: http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/revistas/nahuatl/pdf/ecn51/1017.pdf

El acervo mitológico mesoamericano se puede interpretar a nivel simbólico o como una alegoría o la explicación del movimiento de los planetas.  Al difundirse por mesoamérica, todos estos niveles significativos se mezclaron y entrelazaron unos con otros. Por esto no es fácil su interpretación.

Tlillan-Tlapallan «Lugar del negro y el rojo» es un lugar legendario, donde Quetzalcóatl llegó en vuelo desde Tollan con el fin de quemarse y transformarse en la Estrella de la Mañana (Venus).
Esta historia se cuenta en un manuscrito del siglo XVI (el Códice Chimalpopoca) que contiene los Anales de Cuautitlán. Esta leyenda también es descrita por Bernardino de Sahagún en su Historia general de las cosas de la Nueva España. El nombre Tlillan-Tlapallan se ha interpretado como una referencia a la escritura y los libros.

Quetzalcóatl simbolizaba la INTELIGENCIA, la capacidad creadora benéfica del ser humano. Quetzalcóatl no era una simple serpiente que se arrastraban por los suelos, únicamente en pos de alimento y placer. Quetzalcóatl poseía la orla de la elevación sobre la bestialidad. Lo adornaba el plumaje de la altura cósmica. Era una SERPIENTE EMPLUMADA: Era el vencedor de su naturaleza instintiva, engrandecido por su sabiduría creadora. Este mito se puede resumir de la manera siguiente:

Quetzalcóatl reinó en Tula por muchos años, reformó la religión y fue estimado y tenido por dios.

Al envejecer, Quetzalcóatl tuvo que salir de Tula a causa de Tezcatlipoca. En unas versiones Quetzalcóatl decide irse, en otras es forzado.

Quetzalcóatl se dirigió hacia Tlillan Tlapallan, donde fue incinerado  y su alma se convirtió en estrella o cometa. En la versión de Sahagún, caminó hasta que llegó al mar, donde hizo una balsa y salió navegando al Tlapallan. Cuando se fue Quetzalcóatl todos sufrían, muchos lloraban. No querían que se fuera. Algunos decidieron seguirlo. Había tornado el camino que conduce al mar. Y hasta allí, pocos lo alcanzaron.

-¡Quetzalcóatl! ¿Por qué abandonas a tu pueblo?

-Voy a donde abunda la tierra de colores, a Tlapalan, a donde me llama el sol.

-¡Déjanos un poco más, tan siquiera, de tu sabiduría para emplumarnos y poder elevarnos como tú!

Y Quetzalcóatl contesto al mismo tiempo que llegaba a la orilla del mar y subía a una balsa formada de culebras emplumadas.

-He aquí como llegar a la sabiduría.

Y Quetzalcóatl, al borde del luminoso océano, tomó sus aderezos y se los fue revistiendo: su atavío de plumas de quetzal, su máscara de turquesas, y cuando estuvo aderezado, se prendió fuego y se convirtió en un esplendor infinito. Y es fama que cuando ardía, cuando iban a alzarse sus cenizas, vinieron a contemplarlo todas las aves preciosas de bello plumaje que conocen el cielo: la roja guacamaya, el azulejo, el tordo fino, el resplandeciente pájaro blanco...

Cuando ya no ardían sus cenizas, el corazón de Quetzalcóatl, transformado en azules luces inmensas, se instaló en el universo.

Como vemos, en este mito se habla directamente de la conversión de Quetzalcóatl en estrella o en el planeta Venus. Esta asociación parece ser muy probable. El país Tlillan Tlapallan ("lugar del negro y rojo") está en dirección del Este; Quetzalcóatl dice que va en dirección del Sol, al Tlapallan. Se dice que este lugar se hallaba en la costa del mar (al oriente). Los Anales hablan directamente de la estrella matutina y otras fuentes dicen una estrella o cometa, pero que tras ellos "se ha visto seguir pestilencias en los indios, y otras calamidades".

Por último, hay que apuntar que, según Sahagún, Quetzalcóatl caminando hacia el Sol, desapareció del mundo porque bajó al Mictlancalco (que quiere decir "el lugar de la casa de los muertos") y que denota el país de los muertos. Los Anales dicen que después de quemarse, el dios desapareció por 8 días (estuvo 4 días entre los muertos y "en 4 días se proveyó de flechas").

El relato de la huida de Quetzalcóatl a Tlillan Tlapallan ha sido generalmente percibido, desde una perspectiva histórica, como la destrucción y el abandono de Tollan, debido a la decadencia de los toltecas. Simbólicamente, la huida habría tenido lugar en el inframundo y la gesta del rey-sacerdote correspondería a su vejez, a su muerte como Sol, y a su renacer como estrella de la mañana. Asimismo, el mito habría fundamentado el protocolo ritual que regía las exequias de los gobernantes toltecas, mismo que heredarían los pueblos de Anáhuac. En el mundo náhuatl prehispánico la relación teocrática que existía entre el rey y el Sol, entre el mando terrenal y el mando celestial, parece haber generado paradigmas culturales que regían la vida y la muerte del máximo gobernante. Como Sol que era, el tlahtoani declinaba pasando el medio día, envejecía y moría en el poniente de su recorrido existencial. La senilidad del rey-Sol ponía en peligro la vitalidad de la nación que encabezaba y representaba, por lo que los toltecas, según Alva Ixtlilxóchitl, habían decretado que el rey no podía reinar (¿o vivir?) más de 52 años y que, llegando a este término, tenía que morir.

La huida de Quetzalcóatl, rey de Tollan y Sol poniente, correspondería a una toma de conciencia de su decrepitud, a su muerte, y a un periplo en el inframundo, hacia su renacer. En este contexto, el mito plantea el problema que representa la senectud del rey tolteca, justifica su muerte, describe su recorrido dentro del inframundo, la culminación que representa su incineración en Tlillan Tlapallan, Tlatlayan, su renacer como estrella de la mañana, así como la mimesis ritual, la cual fundamenta, según lo muestra el análisis, el protocolo ritual que se siguió después en las exequias de los señores mexicas.

Los reyes toltecas Chalchiuhtlanextzin, Ixtlilcuechahua, Huetzin, Totépeuh y Nacázxoc murieron después de haber reinado 52 años y es probable que no se trate solo de una coincidencia míticamente significativa, sino que la muerte infligida (otorgada) al rey envejecido era ritual. Al pasar de un ámbito narrativo épico a una liturgia teatro-ritual, esta gesta mortuoria fue conocida como la “ley de Topiltzin”.

El mito referido en el Códice Florentino bajo el título “De la huida de Quetzalcóatl”, del que existen múltiples variantes verbales y pictográficas, parece haber definido las distintas fases del ritual mediante secuencias narrativas que le conferían un sentido cosmológico. Este mito ha sido generalmente considerado desde un punto de vista histórico-geográfico como la huida real de Ce Ácatl Quetzalcóatl, su paso por Cholula y su llegada a la costa del Golfo de México.

Ximiximati, “conócete (a ti mismo)”. La toma de conciencia del rey está mitológicamente expresada mediante la secuencia en la que Tezcatlipoca le “da su cuerpo”, es decir, le presenta el espejo en el que se mira y constata la degradación fisiológica de su cuerpo envejecido: Al darle el espejo Tezcatlipoca, le dice: ximiximati, “conócete a ti mismo”. Conocerse es, en este contexto, más allá de la vejez, tomar conciencia de la finitud de la existencia, de la mortalidad del ser y de la necesidad de partir, es decir, de morir. En la versión del Códice Florentino, Quetzalcóatl describe el estado físico en que se encuentra: Ca cenca novian ninococova acan veli in nomac, in nocxic, vel çoçotlaoa in nonacaio, iuhqui ciciotomi “Por todas partes me duele. Ya no puedo mover mis manos, mis pies. Está agotado mi cuerpo, como que se desbarata”.

La necesidad de irse. Ya viejo, Quetzalcóatl tiene que dejar el poder, tiene que morir. Irá a Tlillan, Tlapallan, Tlatlayan donde aguarda un anciano. Ce tlacatl vmpa tlapia, ie vevetlacatl. Anmononotzazque, auh in iquac tioalmocuepaz, oc ceppa tipiltontli timuchioaz  “Un señor aguarda allá, un señor viejo. Ustedes conversarán y cuando regreses otra vez te volverás un niño”. En nuestra perspectiva hermenéutica, el señor viejo con el que “conversará” Quetzalcóatl es Huehuetéotl, el dios del fuego, o sea la pira funeraria, tlatlayan, donde arderá el cadáver del rey. Después de la incineración de su cuerpo, “se volverá un niño”.

“La negrura” parece haber formado parte de un núcleo conceptual amplio dentro de la religión mesoamericana.  Tlillan, “Lugar de la negrura”.

Una variante notable en el paisaje son los sitios de carácter acuático, que son también una manifestación de lo oscuro. La combinación de agua y negrura hace referencia a los tiempos primordiales y la gestación. en varias partes del mundo prehispánico existían centros ceremoniales —paisajes artificiales— conocidos como “Templos Negros”. Compartían una serie de connotaciones simbólicas asociadas, por una parte, al cielo nocturno, y, por otra, a la esfera terrestre y al inframundo. Lejos de ser un concepto espacial bien demarcado, el ámbito de Tlillan se traslapa con el del Mictlan, el “Inframundo”, y el Tlalocan, el “Lugar de Tláloc.”

Tlillan tlapalan, la tinta negra, la tinta roja, el negro, el rojo, la muerte, la vida, la obscuridad, la luz. La dualidad esencial de la vida y la sabiduría, el bien y el mal, dos caras de la misma moneda.

http://raices.com.mx/tienda/revistas-tlaxcala-AM139
Teotihuacan: Quetzalcoatl y su interpretación astronómica


Referencias


IWANISZEWSKI, S. (n.d.). LA INTERPRETACIÓN ASTRONÓMICA DE LOS MITOS. Consultado Agosto 4, 2019,  bibliotecadigital.ilce.edu.mx: http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/sites/ciencia/volumen1/ciencia2/04/html/sec_8.html

Johansson, P. (2019, Agosto 2). VEJEZ, MUERTE Y RENACER DE CE ÁCATL TOPILTZIN QUETZALCÓATL.  Arqueología mexicana: https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/vejez-muerte-y-renacer-de-ce-acatl-topiltzin-quetzalcoatl-0

Sahagun, B. d. (2010). Historia general de las cosas de la Nueva España . México: Porrúa.  https://amzn.to/2YnIixn

superleyendas. (2015, Septiembre 16). Serpiente Emplumada.  Leyendas del mundo: http://www.leyendasdelmundo.com/tag/tlapalan/

weber.ucsd.edu. (n.d.). Quetzalcoatl. Agosto 3, 2019, weber.ucsd.edu: http://weber.ucsd.edu/~anthclub/quetzalcoatl/que.htm

Wikipedia. (2019, Mayo 8 ). Codex Chimalpopoca.  Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/Codex_Chimalpopoca

www.historicas.unam.mx. (n.d.). Tlillan o el “Lugar de la negrura”, un espacio sagrado del paisaje. Consultado Agosto 4, 2019,  www.historicas.unam.mx: http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/revistas/nahuatl/pdf/ecn51/1017.pdf

Los fines del mundo

Desde los albores de la historia, los seres humanos hemos estado fascinados con el tema apocalíptico. Hay quienes verdaderamente consideran el apocalipsis como algo de lo que hay que escapar. Por ejemplo, empresarios de Silicon Valley compran búnkeres…

Desde los albores de la historia, los seres humanos hemos estado fascinados con el tema apocalíptico. Hay quienes verdaderamente consideran el apocalipsis como algo de lo que hay que escapar. Por ejemplo, empresarios de Silicon Valley compran búnkeres en Nueva Zelanda. Hay quienes, con más imaginación, consideran el apocalipsis como una vía de escape de las vicisitudes del mundo. La religión

Los fines del mundo

Desde los albores de la historia, los seres humanos hemos estado fascinados con el tema apocalíptico. Hay quienes verdaderamente consideran el apocalipsis como algo de lo que hay que escapar. Por ejemplo, empresarios de Silicon Valley compran búnkeres en Nueva Zelanda. Hay quienes, con más imaginación, consideran el apocalipsis como una vía de escape de las vicisitudes del mundo. La religión

Desde los albores de la historia, los seres humanos hemos estado fascinados con el tema apocalíptico. Hay quienes verdaderamente consideran el apocalipsis como algo de lo que hay que escapar. Por ejemplo, empresarios de Silicon Valley compran búnkeres en Nueva Zelanda. Hay quienes, con más imaginación, consideran el apocalipsis como una vía de escape de las vicisitudes del mundo. La religión

Los laberintos de Borges

¿Por qué “El laberinto”? La vida es como un laberinto. Un acertijo con rumbos sin salida y paradojas irresolubles. Una de las historias centrales de la mitología es el laberinto del Minotauro. El mismo nombre del cuento, la palabra laberinto en griego …

¿Por qué “El laberinto”? La vida es como un laberinto. Un acertijo con rumbos sin salida y paradojas irresolubles. Una de las historias centrales de la mitología es el laberinto del Minotauro. El mismo nombre del cuento, la palabra laberinto en griego es La casa de las hachas, es un acertijo. El mito del laberinto es por supuesto la aventura del hombre de acción. Es indudablemente la historia

Los laberintos de Borges

¿Por qué “El laberinto”? La vida es como un laberinto. Un acertijo con rumbos sin salida y paradojas irresolubles. Una de las historias centrales de la mitología es el laberinto del Minotauro. El mismo nombre del cuento, la palabra laberinto en griego es La casa de las hachas, es un acertijo.
El mito del laberinto es por supuesto la aventura del hombre de acción. Es indudablemente la historia rosa de la princesa enamorada. Es efectivamente la historia de terror para contar en noches de tormenta. Es el cuento picante de la mujer lujuriosa y el marido engañado. Una historia que puede ser contada desde la perspectiva de un cuento infantil hasta una morbosa historia pornográfica debe en realidad ser a cerca de algo más fundamental y profundo. Los miedos interiores, los vericuetos de la mente, por supuesto. Todo eso, pero su mensaje no puede ser discutido, solo intuido como un sueño.
¿Por qué “El laberinto”? La vida es un círculo, como un laberinto. Un acertijo con rumbos sin salida, paradojas irresolubles. El laberinto de los miedos interiores y los vericuetos de la mente. La referencia a los laberintos se la robe a Borges. Símbolo por antonomasia en la obra de Jorge Luis Borges, los laberintos le fascinaron desde niño. Uno de sus primeros recuerdos es un grabado de una edificación en forma de anfiteatro con muros muy altos, donde vagaban extraviados hombres y animales. En la que jamás localizó al minotauro.
Para Borges lo más temible es la siniestra intención de construir edificios destinados a extraviar a los visitantes. En su cuento “El jardín de los senderos que se bifurcan,” Borges nos habla de tiempo como laberinto: “Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos.” Borges nos hable de “…infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos.”
Recurrentemente Borges nos dice: ¡El minotauro apenas se defendió!” También niega la existencia de un centro en el laberinto del universo, aunque confesó más de una vez en entrevistas que, si existiera la certeza de un centro, también podríamos tener la esperanza de un Diseñador. Borges apunta que «un laberinto es un sitio en él cual uno se pierde en un sitio que. a su vez, se pierde en el tiempo; de modo que la idea de un laberinto que se pierde. de un laberinto perdido, es una idea doblemente mágica» … «en la idea de laberinto hay también una idea de esperanza. o de salvación, ya que, si supiéramos con certeza que el mundo es un laberinto, nos sentiríamos seguros. Pero no, posiblemente el universo no sea un laberinto. En el laberinto hay un centro; ese centro terrible es el Minotauro. Sin embargo. no sabemos si el Universo tiene un Centro: tal vez lo tenga. Por consiguiente, es probable que el mundo no sea un laberinto sino simplemente un caos, y en ese caso si estamos perdidos»

Referencias:

https://www.poeticous.com/borges/laberinto 

Cuentos completos

Ficciones (Spanish Edition)


¿Por qué “El laberinto”? La vida es como un laberinto. Un acertijo con rumbos sin salida y paradojas irresolubles. Una de las historias centrales de la mitología es el laberinto del Minotauro. El mismo nombre del cuento, la palabra laberinto en griego es La casa de las hachas, es un acertijo.
El mito del laberinto es por supuesto la aventura del hombre de acción. Es indudablemente la historia rosa de la princesa enamorada. Es efectivamente la historia de terror para contar en noches de tormenta. Es el cuento picante de la mujer lujuriosa y el marido engañado. Una historia que puede ser contada desde la perspectiva de un cuento infantil hasta una morbosa historia pornográfica debe en realidad ser a cerca de algo más fundamental y profundo. Los miedos interiores, los vericuetos de la mente, por supuesto. Todo eso, pero su mensaje no puede ser discutido, solo intuido como un sueño.
¿Por qué “El laberinto”? La vida es un círculo, como un laberinto. Un acertijo con rumbos sin salida, paradojas irresolubles. El laberinto de los miedos interiores y los vericuetos de la mente. La referencia a los laberintos se la robe a Borges. Símbolo por antonomasia en la obra de Jorge Luis Borges, los laberintos le fascinaron desde niño. Uno de sus primeros recuerdos es un grabado de una edificación en forma de anfiteatro con muros muy altos, donde vagaban extraviados hombres y animales. En la que jamás localizó al minotauro.
Para Borges lo más temible es la siniestra intención de construir edificios destinados a extraviar a los visitantes. En su cuento “El jardín de los senderos que se bifurcan,” Borges nos habla de tiempo como laberinto: “Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos.” Borges nos hable de “…infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos.”
Recurrentemente Borges nos dice: ¡El minotauro apenas se defendió!” También niega la existencia de un centro en el laberinto del universo, aunque confesó más de una vez en entrevistas que, si existiera la certeza de un centro, también podríamos tener la esperanza de un Diseñador. Borges apunta que «un laberinto es un sitio en él cual uno se pierde en un sitio que. a su vez, se pierde en el tiempo; de modo que la idea de un laberinto que se pierde. de un laberinto perdido, es una idea doblemente mágica» … «en la idea de laberinto hay también una idea de esperanza. o de salvación, ya que, si supiéramos con certeza que el mundo es un laberinto, nos sentiríamos seguros. Pero no, posiblemente el universo no sea un laberinto. En el laberinto hay un centro; ese centro terrible es el Minotauro. Sin embargo. no sabemos si el Universo tiene un Centro: tal vez lo tenga. Por consiguiente, es probable que el mundo no sea un laberinto sino simplemente un caos, y en ese caso si estamos perdidos»

Referencias:

https://www.poeticous.com/borges/laberinto 

Cuentos completos

Ficciones (Spanish Edition)








El mito de la virgen de Guadalupe

«La Virgen de Guadalupe» es uno de los más reconocibles y símbolos venerados de México, pero sus orígenes se pueden encontrar en España. 

Copyright Kurly Tlapoyawa 2000

A pesar de que la Virgen de Guadalupe es más conocida como la patrona de las Américas, la historia de su «milagrosa» aparición en Tepeyac, México tiene sus raíces en la provincia de E…

El Mito de la Virgen de Guadalupe

“La Virgen de Guadalupe” es uno de los más reconocibles símbolos venerados de México, pero sus orígenes se pueden encontrar en España.

El icono ahora se muestra en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, uno de los santuarios marianos más visitados.  El icono es la imagen religiosa y cultural más popular de México, con los títulos: la Reina de México,  y una vez fue proclamada Patrona de Filipinas  por el Papa Pío XI en 1935. En 1999, el Papa Juan Pablo II proclamó a la Virgen María Patrona de las Américas, Emperatriz de América Latina y Protectora de los niños no nacidos bajo este título mariano.

Nuestra Señora de Guadalupe, también conocida como la Virgen de Guadalupe es un famoso icono católico de la Virgen María. El santuario de Nuestra Señora de Guadalupe fue el santuario mariano más importante en el reino medieval de Castilla. Se venera en el monasterio de Santa María de Guadalupe, en la actual provincia de Cáceres de la comunidad autónoma de Extremadura de España. Nuestra Señora de Guadalupe es una de las tres Madonnas Negras en España. La estatua fue coronada canónicamente en 1928 con una corona diseñada y elaborada por el padre Félix Granda.

A mediados del siglo 14, en  Extremadura, España, un pastor descubrió una pequeña imagen islámica que se parecía a la Virgen María en el banco de el río Guadalupe. La imagen de madera tenía la piel de color marrón oscuro y estaba encima de una luna creciente, símbolo del Islam. Es la imagen simbolizaba el triunfo del cristianismo sobre el Islam. El nombre del río “Guadalupe” se deriva de la palabra árabe “guadale” que significa “río”, y “Lupo”, que en latín significa Lobo. El descubrimiento de la Virgen fue visto como una prueba de que la expulsión de los moros habían sido voluntad de Dios.

Hay una tradición de que la estatua fue tallada por Lucas Evangelista y entregada a San Leandro, arzobispo de Sevilla, por el Papa Gregorio I. Cuando los moros tomaron Sevilla, un grupo de sacerdotes huyó hacia el norte y enterró la estatua en las colinas. cerca del río Guadalupe en Extremadura. A principios del siglo XIV, un pastor afirmó que la Virgen María se le había aparecido y le ordenó que pidiera a los sacerdotes que cavaran en el lugar de la aparición. Se encontro la estatua oculta y se construyo un pequeño santuario que se convirtió en el gran monasterio de Guadalupe. Los peregrinos comenzaron a llegar en 1326, y en 1340, el rey Alfonso XI se interesó personalmente en el desarrollo del santuario, atribuyendo su victoria sobre los moros en la batalla de Río Salado a la intercesión de la Virgen. Nuestra Señora de Guadalupe, junto con Santiago de Compostela y Nuestra Señora del Pilar se convirtieron en puntos de reunión para los cristianos españoles en su reconquista de Iberia. En 1386, el santuario fue recomendado a los Jerónimos, quienes convirtieron la devoción popular a la figura en un verdadero culto. Se veneraron copias de la estatua en capillas satélites. El nombre de la Señora de Guadalupe mexicana deriva de Extremadura, patria de muchos conquistadores, incluido Hernán Cortés. Los agustinos ayudaron a difundir la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe (Extremadura) en Filipinas a través de trabajos misioneros. La asignación de sacerdotes de Cáceres, España contribuyó al desarrollo de otra devoción más en este nuevo territorio español.

Con el fin de ayudar a difundir la veneración de “Nuestra Señora”, los artistas comenzaron a pintar réplicas de la talla y ellos ganaron su dinero con la venta de las copias de la misma. En febrero de 1495, Cristóbal Colón inició la transatlántica trata de esclavos enviando 550 Nativos Taínos del recién “descubierto” continente Americano a España. Como estas extrañas personas eran de la misma complexión que la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, el Rey y la Reina de España declararon a la Virgen como “Protectora de los indios.” En 1496, los esclavos nativos fueron llevados al templo y bautizados en honor de la Virgen del Río Lobo.  Hernán Cortés era ferviente devoto de dedicó fanáticamente a la Virgen de Guadalupe, y llevaba una imagen de ella como bandera. En 1519, Cortés al invadir el  Anahuac, introdujo la imagen de La Virgen de Guadalupe a lo que sería México. El historiador italiano Lorenzo Boturini describió la bandera de Cortes de la siguiente manera:

“Una bella imagen de la Virgen María fue pintada en ella. Ella llevaba una corona de oro y estaba rodeada por 12 estrellas de oro. Ella tenía las manos juntas en oración, pidiéndole a su hijo para proteger y dar fuerza a los españoles para que pudieran conquistar y cristianizar a los paganos.”

Después de la conquista española en 1519–21, se destruyó un templo de la diosa Tonantzin, la madre Tierra, en Tepeyac, en las afueras de la Ciudad de México, y se construyó una capilla dedicada a la Virgen en el sitio. – Una reproducción del estandarte de Cortés se creó y colgó en su interior. Los indios recién convertidos continuaron viniendo de lejos para adorar allí. El objeto de su culto, sin embargo, era otro, ya que continuaron dirigiéndose a la Virgen María como Tonantzin.

Dos relatos, publicados en la década de 1640, uno en español, uno en náhuatl, cuentan cómo, mientras caminaba desde su pueblo a la Ciudad de México a la mañana del 9 de diciembre de 1531 (entonces la Fiesta de la Inmaculada Concepción en el Imperio español),  Juan Diego vio en las laderas del cerro del Tepeyac la visión de una niña de quince o dieciséis años rodeada de luz. Hablando con él en náhuatl, el idioma local, le pidió que se construyera una iglesia en ese sitio, en su honor; Por sus palabras, Juan Diego reconoció a la Dama como la Virgen María. Diego le contó su historia al arzobispo español, Fray Juan de Zumárraga, quien le indicó que regresara al cerro y le pidiera a la señora un signo milagroso para demostrar su identidad. La Virgen le dijo a Juan Diego que recogiera flores de la cima del Tepeyac. Aunque diciembre era muy tarde en la temporada para que las flores florecieran, Juan Diego encontró en la colina estéril rosas castellanas, no nativas de México, que la Virgen arregló en su capa de tilma campesina. Cuando Juan Diego abrió la capa ante el obispo Zumárraga el 12 de diciembre, las flores cayeron al suelo y en su lugar estaba la imagen de la Virgen de Guadalupe, impresa milagrosamente en la tela.

En el primer relato de la aparición, el Nican Mopohua, escrito en lengua náhuatl alrededor de 1556, la Virgen María le dice a Juan Bernadino, el tío de Juan Diego, que la imagen que queda en la tilma debe ser conocida por el nombre ” la Virgen perfecta, Santa María de Guadalupe “.

Hoy en día no existe consenso entre los académicos sobre cómo se atribuyó el nombre “Guadalupe” a la imagen. Una propuesta es que los españoles malinterpretaron un nombre náhuatl, otra es que el nombre español “Guadalupe”, como el español Nuestra Señora de Guadalupe, Extremadura, es el nombre original. La primera teoría promueve un origen náhuatl. Luis Becerra Tanco , en su obra Felicidad de México de 1675, Becerra Tanco afirmó que Juan Bernardino y Juan Diego no habrían podido entender el nombre de Guadalupe porque contiene sonidos que no existen en náhuatl. Propuso dos nombres alternativos náhuatl que suenan similares a “Guadalupe”, Tecuatlanopeuh [tek?at??a’nope?], “ella cuyos orígenes estaban en la cumbre rocosa”, y Tecuantlaxopeuh [tek?ant??a’?ope?], “ella que destierra a los que nos devoraron”.  También se ha sugerido que el nombre es una versión en español del término náhuatl, Co?tlaxopeuh [koa?t??a’?ope?], que significa “el que aplasta a la serpiente” y que puede estar refiriéndose a la serpiente emplumada Quetzacoatl. La teoría que promueve el origen del nombre en español afirma que: Juan Diego y Juan Bernardino habrían estado familiarizados con los sonidos en español “g” y “d” ya que sus nombres bautismales contienen esos sonidos. La falta de evidencia de cualquier otro nombre para la Virgen durante los casi 144 años transcurridos entre la aparición en 1531 y la propuesta de Becerra Tanco en 1675, respalda a la “Guadalupe” española como original. Los documentos escritos por españoles contemporáneos y frailes franciscanos que argumentan para que el nombre de la virgen de Guadalupe se cambie a un nombre nativo como “Tepeaca” o “Tepeaquilla” no tendría sentido si fuera un nombre náhuatl original.  Según la tradición, la Virgen se le apareció a un hombre nahua llamado Juan Diego en diciembre de 1531 en el Cerro Tepeyac, al norte de la Ciudad de México, donde había un santuario dedicado a la deidad femenina azteca de la tierra Tonantzin. Hasta el día de hoy, en las comunidades de habla náhuatl (también en otras comunidades), la Virgen sigue siendo llamada “Tonantzin” y su aparición se conmemora el 12 de diciembre de cada año.

Tonantzin significa “Nuestra Madre Sagrada” en el idioma náhuatl y ella continúa conectada simbólicamente con la fertilidad y la tierra. No se sabe con precisión cómo la deidad prehispánica Tonantzin se conectó con la Virgen Cristiana de Guadalupe, sin embargo, podemos suponer que muchas personas de la época creían que su apariencia representaba el regreso de la deidad madre azteca. El primer registro de la existencia de la pintura fue en 1556, cuando el arzobispo Alonso de Montufar, un dominicano, predicó un sermón que elogia la devoción popular a Nuestra Señora de Guadalupe, con respecto a una pintura en la capilla de Tepeyac, donde se habían realizado ciertos milagros recientemente. Días después le respondió Francisco de Bustamante, jefe de los franciscanos, guardianes de la capilla en Tepeyac, quien pronunció un sermón ante el virrey expresando su preocupación de que el arzobispo promoviera un respeto supersticioso por una pintura de un artista nativo, Marcos Cipac de Aquino:

La devoción que ha estado creciendo en una capilla dedicada a Nuestra Señora, llamada de Guadalupe, en esta ciudad es muy dañina para los nativos, porque les hace creer que la imagen pintada por el indio Marcos es milagrosa de alguna manera.

Al día siguiente, el arzobispo Montufar abrió una investigación. Los franciscanos repitieron su afirmación de que la imagen fomentaba la idolatría y la superstición, y testificaron que fue pintada por “Marcos el indio”.  El arzobispo apoyo a los dominicos, que favorecían permitir que los aztecas veneraran a la virgen de Guadalupe. El asunto terminó con los franciscanos privados de la custodia del santuario y la tilma montada y exhibida dentro de una iglesia muy ampliada.

El primer relato extendido de la imagen y la aparición está en Imagen de la Virgen María, Madre de Dios de Guadalupe, una guía del culto publicada en 1648 por Miguel Sánchez, sacerdote diocesano de la Ciudad de México. Un folleto de 36 páginas en idioma náhuatl, Huei tlamahuiçoltica (“El gran evento”), fue publicado en 1649 por Luis Lasso de la Vega, que tiene una gran afinidad con la narrativa de Sánchez. Este tratado contiene un texto sobre la aparición y el origen sobrenatural de la imagen, además de otras dos secciones, que describen catorce milagros relacionados con Nuestra Señora de Guadalupe, y un relato de la Virgen en Nueva España.

La creciente fama de la imagen llevó a un interés paralelo en Juan Diego. En 1666, la Iglesia, con el objetivo de establecer un día de fiesta en su nombre, comenzó a recopilar información de personas que informaron haberlo conocido, y en 1723 se ordenó una investigación formal de su vida.

En 1987, bajo el Papa Juan Pablo II, que se interesó especialmente en los santos y en los católicos no europeos, la Congregación para las Causas de los Santos lo declaró “venerable”, y el 6 de mayo de 1990 fue beatificado por el propio Papa. durante la misa en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México, siendo declarado “protector y defensor de los pueblos indígenas”, con el 9 de diciembre como su día de fiesta.

Historiadores y teólogos cuestionan la calidad de la evidencia con respecto a Juan Diego. No se menciona a él ni a su visión milagrosa en los escritos del obispo Zumárraga, en cuyas manos entregó la imagen milagrosa, ni en el registro de la investigación eclesiástica de 1556, que lo omite por completo, ni en ningún otro lugar antes de mediados del siglo XVII.

Pero ¿qué pruebas posibles se tienen de que la imagen de La Virgen es un milagro? El documento, escrito en Náhuatl por Antonio Valeriano a mediados de 1500, contiene errores históricos y relaciones inconsistentes con los usos y costumbres de la época que describe, y el documento informa de acontecimientos que ocurrieron mucho después de que Antonio Valeriano muriera en 1605. Autores de la época como Bernal Díaz del Castillo, Diego de Durán, Bernardino de Sahagún, Bartolomé de las Casas, Hernán Cortés, e incluso Zumárraga mismo nunca mencionar la aparición de la virgen de Guadalupe en Tepeyacac.

Con le paso de los años, la pintura se deterioro por el moho y la exposición a los elementos. En 1751, el arzobispo Rubio comisionó al famoso pintor Miguel Cabrera, un católico fanático, para retocar la pintura.

En 1787, José Ignacio Bartolache se encargó de examinar la imagen. Ayudado por un grupo de pintores especializados, Bartolache descubrió que la imagen había sido

“muy retocada y estaba cubierta de manchas y que en algunos lugares se está desmoronando debido al efecto de los hongos y la humedad.”

Además de esto, el grupo hizo las siguientes observaciones:

  1. El trabajo de más de un artista.
  2. No se hizo en tela de maguey, sino en manta de palma fina
  3. Pegado a un marco de madera
  4. Deteriorada

Bartolache no fue el único que dudó del origen divino de la imagen. En 1883, Joaquín García Icazbalceta, historiador y biógrafo de Zumárraga, fue dirigido por el Arzobispo Labastida para investigar el asunto. En un informe confidencial sobre la Señora de Guadalupe para el obispo Labastida, dudaba mucho en apoyar la historia de la aparición y declaró su conclusión de que allí nunca fue tal persona. Después de un intenso y minucioso examen de la tilma, Icazbalceta admitió que la imagen era en realidad un fraude. En su informe al Arzobispo, Icazbalceta declaró que

“Con todo mi corazón, yo esperaba que este milagro, que demostraría ser un gran honor para mi país, resultaría ser cierto, pero no me parece que lo sea. Si nos obligan a creer y proclamar los milagros que han ocurrido, también tenemos prohibido publicar su falsedad”.

La más completa revisión de la tilma fue realizada en 1999 por el profesor Leoncio Garza-Valdés de la Universidad de Texas en San Antonio. Su instrumentación reveló que la imagen actual data de alrededor de 1625, y se pintará sobre una imagen algo diferente fechada en 1556.

En 1921, durante la guerra cristera, un obrero colocó una bomba a solo unos metros de la tilma, y ??la explosión demolió los escalones de mármol, dobló severamente un crucifijo de latón y destrozó ventanas desde el otro lado de la calle. La palabra oficial fue que la tilma no sufrió daños pero pasarían dos años antes de que se pudiera volver a montar con una nueva construcción. Hay una versión de que la tilma fue retocada en secreto por Candelario Rivas ,antes de que se exhibiera nuevamente en 1923, por lo que podría haber sido al menos un dañado parcial. En una tarde de 1923, el carruaje del arzobispo de la Ciudad de México apareció en frente a la casa Rivas. Sin dar explicación, Candelario se fue con el arzobispo por varios dias. Candelario le reveló a dos amigos cercanos que había sido convocado por la Iglesia Católica para trabajar en secreto en la Bendita Tilma en la Ciudad de México.

En 1996, el abad de 83 años de la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenberg, se vio obligado a renunciar tras una entrevista con la revista católica Ixthus, cuando dijo que Juan Diego era “un símbolo, no una realidad . ” Schulenberg fue removido. aunque creía que la creación del mito de La Virgen estaba justificado, ya que ganó toda una nación para la religión católica, dudaba de la existencia de Juan Diego.

En 1995, con el progreso hacia la santificación en un punto muerto, el padre Xavier Escalada, un jesuita que escribe una enciclopedia de la leyenda Guadalupana, produjo un códice de piel de ciervo (Codex Escalada), que ilustra la aparición y la vida y muerte de Juan Diego. Aunque la existencia misma de este importante documento había sido desconocida anteriormente, llevaba la fecha 1548, colocándola dentro de la vida de aquellos que habían conocido a Juan Diego, y llevaba las firmas de dos sacerdotes confiables del siglo XVI, Antonio Valeriano y Bernardino de Sahagún, verificando así su contenido. Algunos estudiosos describieron el descubrimiento del Códice como

“…más bien como encontrar una imagen de la visión de Cristo de San Pablo en el camino a Damasco, dibujada por San Lucas y firmada por San Pedro”

Con todo y todo, Diego fue declarado santo, con el nombre de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, en 2002.

La iconografía de la Virgen es impecablemente católica: Miguel Sánchez, el autor del tratado de 1648 Imagen de la Virgen María, la describió como una referencia al Apocalipsis del Nuevo Testamento, “vestida con el sol, y la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas ” y también es descrita como una representación de la Inmaculada Concepción.  Sin embargo,  la imagen también tiene una capa oculta de mensajes codificados para los pueblos indígenas de México, lo que explica considerablemente su popularidad. Su manto azul verdoso era del color reservado para la divina pareja Ometecuhtli y Omecihuatl, su cinturón se interpreta como un signo de embarazo; y una imagen en forma de cruz que simboliza el cosmos, y llamada nahui-ollin, está inscrita debajo de la banda de la imagen. Fue llamada “madre de maguey“, la fuente de la bebida sagrada pulque, “la leche de la Virgen”,  y los rayos de luz que la rodeaban se duplicaron como espinas de maguey.

Nuestra Señora de Guadalupe es reconocida como un símbolo de todos los mexicanos católicos. Miguel Sánchez, el autor del primer relato de la aparición en español, identificó a Guadalupe como la Mujer del Apocalipsis de Apocalipsis y dijo:

este Nuevo Mundo ha sido ganado y conquistado por la mano de la Virgen María … [quien] había preparado, dispuesto y creado su exquisita semejanza en esta su tierra mexicana, que fue conquistada con un propósito tan glorioso,

Una imagen mexicana.

A lo largo de la historia nacional mexicana de los siglos XIX y XX, el nombre y la imagen Guadalupana han sido símbolos unificadores nacionales; El primer presidente de México (1824-1829) cambió su nombre de José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix a Guadalupe Victoria en honor de la Virgen de Guadalupe. El Padre Miguel Hidalgo, en la Guerra de Independencia de México (1810), y Emiliano Zapata, en la Revolución Mexicana (1910) lideraron sus respectivas fuerzas armadas con banderas guadalupanas estampadas con una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.

En 1810, Miguel Hidalgo y Costilla inició la apuesta por la independencia de México con su Grito de Dolores, con el grito “¡Muerte a los españoles y viva la Virgen de Guadalupe!” Cuando el ejército mestizo-indígena de Hidalgo atacó a Guanajuato y Valladolid, colocaron el estandarte de la Virgen de Guadalupe, que era la insignia de su empresa, en palos o cañas pintadas de diferentes colores, y todos llevaban una impresión de la Virgen en sus sombreros. Después de la muerte de Hidalgo, la dirección de la revolución cayó en un sacerdote zambo / mestizo llamado José María Morelos, quien dirigió las tropas insurgentes en el sur de México. Morelos adoptó a la Virgen como el sello de su Congreso de Chilpancingo, inscribiendo su día de fiesta en la constitución de Chilpancingo y declarando que Guadalupe era el poder detrás de sus victorias:

Nueva España pone menos fe en sus propios esfuerzos que en el poder de Dios y la intercesión de su Santísima Madre, quien apareció dentro de los recintos de Tepeyac como la imagen milagrosa de Guadalupe que vino a consolarnos, defendernos, ser visiblemente nuestra protección.

Simón Bolívar notó el tema guadalupano en estos levantamientos, y poco antes de la ejecución de Morelos en 1815 escribió:

“los líderes de la lucha por la independencia han utilizado el fanatismo al proclamar a la famosa Virgen de Guadalupe como la reina de los patriotas, rezándole en tiempos difíciles y mostrándola en sus banderas … la veneración por esta imagen en México supera con creces la mayor reverencia que el profeta más astuto podría inspirar “.

Uno de los oficiales de Morelos, Félix Fernández, se convertiría más tarde en el primer presidente de México. , incluso cambiando su nombre a Guadalupe Victoria.

En 1895 la tilma estaba deteriorada más allá de reparación y el padre Antonio Plancarte ordenó que se cambiara la imagen por una nueva. La declaración de Plancarte se puede leer en la edición del 03 de diciembre 1895 del El Universal. Sin embargo, cuando la nueva imagen se puso en su lugar, los sacerdotes notaron que los artistas habían omitido completamente la corona que reposaba en cabeza de la “La Virgen”, lo que se declaro milagroso. Este evento se registró en gran detalle en el libro “Ecos del Olvido”, que fue publicado en 1900 por el obispo Sánchez Camacho.

En 1914, el ejército campesino de Emiliano Zapata se levantó en el sur contra el gobierno de Porfirio Díaz. Aunque las fuerzas rebeldes de Zapata estaban principalmente interesadas en la reforma agraria, “tierra y libertad” era el eslogan del levantamiento, cuando sus tropas campesinas penetraron en la Ciudad de México, portaban estandartes Guadalupanos.

En 1999, la Iglesia la proclamó oficialmente la Patrona de las Américas, la Emperatriz de América Latina y la Protectora de los niños no nacidos.

Más recientemente, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional contemporáneo (EZLN) nombró su “ciudad móvil” en honor a la Virgen: se llama Guadalupe Tepeyac. El subcomandante Marcos, portavoz del EZLN, escribió una carta humorística en 1995 describiendo las disputas del EZLN sobre qué hacer con una estatua de Guadalupe que habían recibido como regalo.

Hernán Cortés, el conquistador que derrocó al imperio azteca en 1521, era originario de Extremadura, hogar de Nuestra Señora de Guadalupe. En el siglo XVI, la Guadalupe extremeña, una estatua de la Virgen que se dice que fue tallada por San Lucas Evangelista, ya era un ícono nacional. Fue encontrado a principios del siglo XIV cuando la Virgen se le apareció a un humilde pastor y le ordenó cavar en el lugar de la aparición. La Virgen recuperada ayudó milagrosamente a expulsar a los moros de España, y su pequeño santuario se convirtió en el gran monasterio de Guadalupe. Uno de los atributos más notables de Guadalupe de Extremadura es que es morena, como los americanos, y por lo tanto se convirtió en el ícono perfecto para los misioneros que siguieron a Cortés para convertir a los nativos al cristianismo.

En la mitología azteca y entre los nahuas actuales, Tonantzin “Nuestra Madre Venerada” es un título general otorgado a las deidades femeninas. Los informantes de Sahagún, por ejemplo, llamaron a la aterradora diosa de la guerra y el parto, Cihuacóatl, por este título. Se cree particularmente que el título se refiere a la Madre Tierra. Diosas como la “Madre Tierra”, la “Diosa del Sustento”, la “Abuela Honrada”, la “Serpiente”, el “Productor de maíz” y la “Madre del maíz” pueden llamarse Tonantzin. Otros nombres indígenas incluyen Chicomexochitl (“Siete Flores”) y Chalchiuhcihuatl (“Mujer de Piedra Preciosa”).

Al aparecer Nuestra Señora de Guadalupe en la colina de Tepeyac, donde los sacerdotes españoles quemaron el templo de Tonatzin, los nativos aceptaron a Nuestra Señora de Guadalupe como Tonatzin. La Basílica de Guadalupe del siglo XVII de la Ciudad de México, construida en honor de la Virgen y quizás el edificio religioso más importante de México, fue construida en la base de la colina de Tepeyac, que se cree que es un sitio utilizado para el culto precolombino de Tonantzin. Coatlaxopeuh significa “el que aplasta a la serpiente” y que puede estar refiriéndose a la serpiente emplumada Quetzalcóatl. Según el relato tradicional, el nombre de Guadalupe fue elegido por la propia Virgen cuando apareció en la colina a las afueras de la Ciudad de México en 1531, diez años después de la Conquista. Según la historia secular, en 1555 el obispo Alonso de Montúfar le encargó a una Virgen de Guadalupe a un artista nativo, quien le dio la piel oscura que su propio pueblo compartía con la famosa Virgen de Extremadura.

Independientemente de la conexión entre la mexicana y su homónima española más antigua, la iconografía fusionada de la Virgen Maria y la diosa indígena nahua Tonantzin proporcionó un camino para que los españoles del siglo XVI obtuvieran conversos entre la población indígena, mientras que simultáneamente permitían a los mexicanos del siglo XVI continuar la práctica de su religión nativa.

Guadalupe sigue siendo una mezcla de las culturas que se fusionaron para formar México, tanto racial como religiosamente,  “la primera mestiza”,  o “la primera mexicana”. “Reunir a personas de distintas herencias culturales, al mismo tiempo que afirman su distinción”.

Como Jacques Lafaye escribió en Quetzalcóatl y Guadalupe,

“mientras los cristianos construían sus primeras iglesias con los escombros y las columnas de los antiguos templos paganos, así que a menudo tomaron prestadas costumbres paganas para sus propios fines de culto “.

La ??autora Judy King afirma que:

“La Virgen de Guadalupe es la banda elástica que une a esta nación dispar”.

El novelista mexicano Carlos Fuentes dijo una vez que

“no se puede ser considerado mexicano a menos que se crea en la Virgen de Guadalupe”.

El premio Nobel de Literatura Octavio Paz escribió en 1974 que

“el pueblo mexicano, después de más de dos siglos de experimentos, tiene fe solo en La Virgen de Guadalupe y la Lotería Nacional “.

El santuario de la Virgen de Guadalupe es el destino de peregrinación católica más visitado del mundo. Durante el viernes y el sábado del 11 al 12 de diciembre de 2009, un número récord de 6.1 millones de peregrinos visitaron la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México para conmemorar el aniversario de la aparición. La Virgen de Guadalupe es considerada la Patrona de México y las Américas continentales; También es venerada por los nativos americanos, debido a la devoción que llama a la conversión de las Américas. Se pueden encontrar réplicas de la tilma en miles de iglesias en todo el mundo, y numerosas parroquias llevan su nombre. Debido a una afirmación de que su faja negra indica embarazo en la imagen, la Santísima Virgen María, bajo este título, es invocada popularmente como Patrona de los No Nacidos y una imagen común para el movimiento Pro-Vida.

Bibliografía:

El mito guadalupano (Colección Rius)

 

El mito de la virgen de Guadalupe

El Mito de la Virgen de Guadalupe

A pesar de que la Virgen de Guadalupe es más conocida como la patrona de las Américas, la historia tiene sus raíces en la provincia de Extremadura, España. Fue aquí que un Español llamado Gil Cordero descubrió una pequeña imagen islámica que se parecía a la Virgen María en el banco de el río Guadalupe, en algún momento a mediados del siglo 13. La imagen de

El Mito de la Virgen de Guadalupe A pesar de que la Virgen de Guadalupe es más conocida como la patrona de las Américas, la historia tiene sus raíces en la provincia de Extremadura, España. Fue aquí que un Español llamado Gil Cordero descubrió una pequeña imagen islámica que se parecía a la Virgen María en el banco de el río Guadalupe, en algún momento a mediados del siglo 13. La imagen de

Camino de Santiago

Quien vaya a hacer el Camino…

Quien quiera hacer el Camino de Santiago debe de saber varias cosas: que hay que ir bien calzado, que el peso de la mochila no debe sobrepasar los ocho kilos, que hay diferentes rutas aunque todas lleven al mismo sitio, que la gente ronca en los albergues, que hay que echar a andar antes de que amanezca, que no es necesario programarse etapas inacabables, que el sol te da de espaldas, que es mejor ir solo que mal acompañado, que en año jacobeo camina el doble de gente, y que si es verano pasarán un calor considerable. Quien quiera hacerlo por primera vez que entrene durante un par de semanas con el calzado que piensa llevar y que sepa que se apresta a enfilar un desfiladero emocionante en el que se sorprenderá de lo mucho que es capaz de andar. Que sepa, también, que el Camino es un corto viaje por las soledades, por los campos ensabanados de amarillo, por los regatos y desfiladeros que se alternan con senderos boscosos y pistas inacabables de grava y arena, por tierras que abruman por el mercurio denso de su pasado, por paraísos del románico mas inesperado, por el gótico sobrio de las citas catedralicias, por el rostro acogedor de sus lugareños y por trigales persistentes y auroras inciertas. Quien vaya a hacer el Camino debe saber que le esperan serenatas de viento y musgo, mariposas en las cunetas, alondras en los sembrados, el olor de la piedra umbría, el primer aroma de la hiniesta, ese vaho de nostalgia que esconden secretamente las higueras, la promesa de vino entre las vides, el canto mañanero de los mirlos y el compás dormido en el perezoso despertar de los pueblos. Quien ahora mismo empiece a sentir las incontrolables ganas de echarse a caminar debe empezar a familiarizarse con los nombres que serán para siempre memoria sentimental: Roncesvalles, El Perdón, Viana, Mostelares, Fromista, Cruz de Hierro…

En El Cebreiro encontrará el humedal de piedra donde Galicia le abre la puerta al aire para que vaya pasando y se haga bruma, en Castrillo de Polvazares la sabia mezcla de arcilla y ramaje que parece sacada de un paisaje sirio, en Sahagún el foco primitivo del mas puro arte mudejar, en León las gemas del Cáliz de Doña Urraca– la explicación de que la historia común de España nace antes de que dos reyes yacieran juntos una noche. Quien vaya a hacer el Camino cruzará robledales, un puñado de carvallos, filos de corredoiras donde apacentan ganado, frondas y canales de regadío, chopos, álamos, mesetas. Entre la gloria y uno ya solo habrá piedra, vieja piedra compostelana y esa fina lluvia, tan de lágrimas, que acaba verdeando los rostros demudados de los caminantes. El Camino nos lleva desde los eucaliptales perdidos en llanuras inacabables hasta la azotea de un alto edificio verde al que no se sube sin dolor y que, al llegar, regala un festín reconfortante de agua pulverizada.

Quien este verano se cuelgue una mochila y una medalla y eche a andar debe de saber que hay una extraña voz interior que te dice ¡camina! cuando mas desfallecido estas, que la senda esta poblada de tipos que llegan de los lugares mas remotos del mundo sin que uno entienda que les ha traído hasta aquí, tipos que caminan sin descanso y sin dar explicaciones, que arrastran el misterio como arrastran los pies, que llevados por el arrullo gregoriano hasta Samos, llegan a Sarria y estiran el cuello porque creen poder ver Santiago y al apóstol de anchas espaldas que espera el abrazo. Si, como ellos, ya han decidido salir, si van a caminar mirando hacia los adentros de uno, si van a pisar la asombrosa España de ríos y fuentes, de cardos y perdices, de espigas y lanas, de vino y promesas, sepan que han tomado la decisión correcta. Nunca nada será igual y, año tras año, contaran los días que les quedan para volver a explorar la espesura mas desconocida de todo universo: uno mismo.

Feliz Camino.

Carlos Herrera
Periodista, presentador y escritor

Quien vaya a hacer el Camino...


Quien quiera hacer el Camino de Santiago debe de saber varias cosas: que hay que ir bien calzado, que el peso de la mochila no debe sobrepasar los ocho kilos, que hay diferentes rutas aunque todas lleven al mismo sitio, que la gente ronca en los albergues, que hay que echar a andar antes de que amanezca, que no es necesario programarse etapas inacabables, que el sol te da de espaldas, que es mejor ir solo que mal acompañado, que en año jacobeo camina el doble de gente, y que si es verano pasarán un calor considerable. Quien quiera hacerlo por primera vez que entrene durante un par de semanas con el calzado que piensa llevar y que sepa que se apresta a enfilar un desfiladero emocionante en el que se sorprenderá de lo mucho que es capaz de andar. Que sepa, también, que el Camino es un corto viaje por las soledades, por los campos ensabanados de amarillo, por los regatos y desfiladeros que se alternan con senderos boscosos y pistas inacabables de grava y arena, por tierras que abruman por el mercurio denso de su pasado, por paraísos del románico mas inesperado, por el gótico sobrio de las citas catedralicias, por el rostro acogedor de sus lugareños y por trigales persistentes y auroras inciertas. Quien vaya a hacer el Camino debe saber que le esperan serenatas de viento y musgo, mariposas en las cunetas, alondras en los sembrados, el olor de la piedra umbría, el primer aroma de la hiniesta, ese vaho de nostalgia que esconden secretamente las higueras, la promesa de vino entre las vides, el canto mañanero de los mirlos y el compás dormido en el perezoso despertar de los pueblos. Quien ahora mismo empiece a sentir las incontrolables ganas de echarse a caminar debe empezar a familiarizarse con los nombres que serán para siempre memoria sentimental: Roncesvalles, El Perdón, Viana, Mostelares, Fromista, Cruz de Hierro...

En El Cebreiro encontrará el humedal de piedra donde Galicia le abre la puerta al aire para que vaya pasando y se haga bruma, en Castrillo de Polvazares la sabia mezcla de arcilla y ramaje que parece sacada de un paisaje sirio, en Sahagún el foco primitivo del mas puro arte mudejar, en León las gemas del Cáliz de Doña Urraca– la explicación de que la historia común de España nace antes de que dos reyes yacieran juntos una noche. Quien vaya a hacer el Camino cruzará robledales, un puñado de carvallos, filos de corredoiras donde apacentan ganado, frondas y canales de regadío, chopos, álamos, mesetas. Entre la gloria y uno ya solo habrá piedra, vieja piedra compostelana y esa fina lluvia, tan de lágrimas, que acaba verdeando los rostros demudados de los caminantes. El Camino nos lleva desde los eucaliptales perdidos en llanuras inacabables hasta la azotea de un alto edificio verde al que no se sube sin dolor y que, al llegar, regala un festín reconfortante de agua pulverizada.

Quien este verano se cuelgue una mochila y una medalla y eche a andar debe de saber que hay una extraña voz interior que te dice ¡camina! cuando mas desfallecido estas, que la senda esta poblada de tipos que llegan de los lugares mas remotos del mundo sin que uno entienda que les ha traído hasta aquí, tipos que caminan sin descanso y sin dar explicaciones, que arrastran el misterio como arrastran los pies, que llevados por el arrullo gregoriano hasta Samos, llegan a Sarria y estiran el cuello porque creen poder ver Santiago y al apóstol de anchas espaldas que espera el abrazo. Si, como ellos, ya han decidido salir, si van a caminar mirando hacia los adentros de uno, si van a pisar la asombrosa España de ríos y fuentes, de cardos y perdices, de espigas y lanas, de vino y promesas, sepan que han tomado la decisión correcta. Nunca nada será igual y, año tras año, contaran los días que les quedan para volver a explorar la espesura mas desconocida de todo universo: uno mismo.

Feliz Camino.

Carlos Herrera
Periodista, presentador y escritor

Camino de Santiago

Quien vaya a hacer el Camino…
Quien quiera hacer el Camino de Santiago debe de saber varias cosas: que hay que ir bien calzado, que el peso de la mochila no debe sobrepasar los ocho kilos, que hay diferentes rutas aunque todas lleven al mismo sitio, …

Quien vaya a hacer el Camino... Quien quiera hacer el Camino de Santiago debe de saber varias cosas: que hay que ir bien calzado, que el peso de la mochila no debe sobrepasar los ocho kilos, que hay diferentes rutas aunque todas lleven al mismo sitio, que la gente ronca en los albergues, que hay que echar a andar antes de que amanezca, que no es necesario programarse etapas inacabables, que el

La identidad mexicana y regia

«No habrá risa, excepto la risa triunfal cuando se derrota a un enemigo. No habrá arte, ni literatura, ni ciencia. Cuando seamos omnipotentes no necesitaremos más ciencia. No habrá ya distinción entre la belleza y la fealdad. Todos los placeres serán destruidos. Pero siempre, no lo olvides, Winston, siempre habrá el afán de poder, la sed de dominio, que aumentará constantemente y se hará cada vez más sutil. Siempre existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres hacerte una idea de como será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano… incesantemente».

1984, O’Brien, p. 202.

George Orwell

En el proceso mediático y político de los Estados Unidos ha surgido como tema el racismo, expresado en los exabruptos de Donald Trump. La reacción popular y de los medios de comunicación ha sido la de considerar a Trump como un loco irresponsable y la obligada referencia al nazismo. Tal planteamiento pasa por alto que Trump no hace más que articular el sentir de por lo menos parte del pueblo gringo. Ignora también la endeble posición moral del gobierno mexicano, que no solo propicia con su corrupción e ineficiencia la pobreza endémica, sino que también permite y propicia un verdadero infierno para los hermanos centroamericanos que entran a México ilegalmente.

Los argumentos y expresiones de Trump se pudieran utilizar verbatim en reversa, ya que las políticas y acciones de los Estados Unidos provocan la crisis que empujan a los campesinos hacia El Norte: en plena justicia se puede exigir que los culpables paguen las consecuencias de sus actos. Sin embargo, la realidad de las asimetrías de poder dictan que los patos no le tiran a las escopetas.

La frontera México-Estados Unidos, o México-Centroamérica, es un accidente histórico que nada tiene de natural y que no es un argumento  moralmente válido para negar el libre tránsito de gente que tiene arraigo ancestral en tierras americanas.

La probada metodología de alcohólicos anónimos ha establecido la práctica de que el primer paso para solucionar un problema es reconocer su existencia. México nunca podrá superar las contradicciones fundamentales que han inhibido su desarrollo por siglos sin antes reconocerlas plenamente.

Dice Héctor Pérez Martínez (Pérez-Martinez, 2014), en su biografía de Cuauhtémoc, que La Conquista es un hecho consumado, relevante como elemento formador de México como país mestizo: tal planteamiento supone la cauterización de heridas que todavía en el tercer mileno destilan pus. Si bien es cierto que la población mexicana es mestiza, caracterizar a México como país mestizo es una simplificación que ignora la realidad de varios Méxicos distintos y contra puestos: en una perspectiva mínima, el criollo, el mestizo, y el americano. Decía Paz en El Laberinto de la soledad (Paz, 2015):

«En nuestro territorio conviven no sólo distintas razas y lenguas, sino varios niveles históricos. Hay quienes viven antes de la historia; otros, como los otomíes, desplazados por sucesivas invasiones, al margen de ella. Y sin acudir a estos extremos, varias épocas se enfrentan, se ignoran o se entre devoran sobre una misma tierra o separadas apenas por unos kilómetros. Bajo un mismo cielo, con héroes, costumbres, calendarios y nociones morales diferentes, viven «católicos de Pedro el Ermitaño y jacobinos de la Era Terciaria». Las épocas viejas nunca desaparecen completamente y todas las heridas, aun las más antiguas, manan sangre todavía. A veces, como las pirámides precolombinas, que ocultan casi siempre otras, en una sola ciudad o en una sola alma se mezclan y superponen nociones y sensibilidades enemigas o distantes.»

Aparte de la dificultad fundamental de caracterizar las etnias de los pueblos o naciones, el termino mestizo es un término impreciso, ya que no indica el grado de mestizaje. Si nos vamos por la regla de una solo gota de sangre para perder la «pureza blanca,» el termino no es útil porque el 100% de la población no es etnicamente pura. De acuerdo con el INEGI, en México, la distribución étnica varía dependiendo de la ubicación y el nivel socio económico: el 61% de la población es mestiza, El 28% esta compuestos por etnias nativas de México, y un 10% son europeos, árabes, asiáticos, etc. Me imagino que la situación debe ser similar en otros países hispanoamericanos. Mexicano no es una etnia, solo una denominación política.

México, como todos los países  americanos, es nación apenas convencionalmente y resultado de accidentes históricos. Sin embargo, basta que alguien cruce la frontera para que se plante su mexicanidad por el mismo y por los otros.

La misconcepción fundamental sobre México es que es un país homogéneo. Este es un punto que confunde a los mismos mexicanos: México es un país heterogéneo cuya imagen nacional se ha forjado mediáticamente. Las imágenes prototípicas de México son las del cine y televisión: Un país charro; el país amigo; el hogar de narcotraficantes. Recientemente la imagen es la de un lugar sumido en la violencia. Como todo estereotipo, los de México tienen algo de razón, pero ningún lugar real es una caricatura.

El nacionalismo mexicano surge realmente después de la revolución de principios del siglo XX. Anteriormente, la conciencia de una nacionalidad mexicana se daba solo a nivel de la clase intelectual, pero no existía verdaderamente a nivel popular. Esto es una de las razones por la cual Estados Unidos pudo apropiar territorio técnicamente mexicano con mucha facilidad.

En las clases de historia, o en las series de televisión, la conquista de México es un evento entre mexicanos y españoles, cuando el México actual es, por lo menos en parte, Español. Uno de mis hermanos vivió en España y en una ocasión, un gachupin le comento:Mis abuelos conquistaron México. A lo que respondió mi hermano: No, mis abuelos conquistaron México, los tuyos se quedaron aquí.

 Lo “indio” para el mexicano tiene una connotación negativa, y se usa “indio, india” constantemente para ofender. Algunos mexicanos se burlan y niegan el arquetipo de “la indita ignorante” o del “Peladito”, a otros les molesta sobremanera esa manera de presentarnos ante el mundo. Un caso ilustrativo es Yalitza Aparicio, a quien la BBC describe no como la actriz mexicana, sino como la indígena que protagonizó la película por casualidad y ahora es candidata a mejor actriz en los premios de Hollywood.

México como país, en términos del PIB, no es un país pobre, pero la distribución de la riqueza es muy desigual, y aunque existe una clase media con un nivel de vida equiparable al de países desarrollados, existe en medio de una gran pobreza de la mayoría de la población. Por ejemplo, gente de clase media presume a los extranjeros la disponibilidad de servicios domésticos, sirvientas y jardineros, de bajo costo.

Hay un desempate entre el México que se muestra en la televisión mexicana y la realidad. El México televisivo es un México blanco, moderno, de clase media. Este México existe en realidad, como islotes de prosperidad, en un mar de miseria.

Yo nací y fui criado en Monterrey, Nuevo León. Mis raíces familiares en Nuevo León, el Nuevo León histórico que comprende lo que hoy en día es Texas, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, se remontan por lo seguro a por lo menos cuatro generaciones. Por mis venas corre sangre americana, así que puedo afirmar con contundencia que soy un mexicano con raíces americanas milenarias. Por otro lado tengo ancestros sefarditas, portugueses, alemanes, e ingleses. Sin embargo, mi conocimiento de las culturas y las lenguas maternas es nulo, culturalmente tengo muy poco que ver con la América precolombina. Sé algunos hechos aislados sobre los mexicas y la conquista, y prácticamente nada sobre las tribus americanas del norte que fueron exterminadas por mis abuelos. El carácter de la cultura neolonesa tradicional es eminentemente sefardita: palabras como huerco, comidas como el cabrito y las tortillas de harina, gusto por limones e higos, el acordeón, la circuncisión.

Los sefarditas llegaron a nuestras montañas y desiertos en busca de la libertad religiosa. Vinimos en busca de la tierra prometida. Nuestros orígenes judíos han sido olvidados en la conciencia popular: porque manifestar abiertamente el judaísmo significaba en los tiempos coloniales ser quemado vivo o ahorcado por la Inquisición, cuanto mayor el rango, mayor el riesgo. Con el tiempo, practicar el judaísmo implicaba ser excluido por parientes y vecinos, que se habían convertido en fervientes católicos.

Entiendo porque rusos y neoyorquinos claman con vehemencia que Palestina les pertenece. El pillaje, cuando la escala es lo suficientemente grande, se convierte en botín de guerra, y patrimonio legítimo de la Nación y el Pueblo. Los hechos son los hechos e Israel existe.

La cultura sefardita tradicional se ha venido diluyendo bajo el embate de la migración continua. Ya muy poco gente en Monterrey es de raíces norteñas. La cultura tradicional ha sido substituida por un paquete mediático de carne asada, cerveza,y fútbol como marcador de identidad. A la población regia se le ha dividido en dos grupos de acuerdo al equipo de fútbol que cada cual ve regularmente en la tele, o ocasionalmente en el estadio. En una ocasión estaba en el taller esperando que me entregaran mi carro, cuando el vecino, con animo de socializar, me comenta que la semifinal iba a estar muy buena. Al notar un dejo de extrañeza en mi rostro, me aclara que “la semifinal” se refería al “americano,” y como concesión amigable me dice: «ah, es que a ti te gusta el fútbol ¿verdad?» Le digo que en realidad no sigo los torneos deportivos e insiste: «¿es que ves el béisbol?» Le digo que no, y como último intento me comenta que las ofertas del buen fin van a estar muy buenas. Cuando le pregunto que cuando era el “buen fin,” la conversación termina. No me sentí para nada “superior” o “intelectual,” más bien añoroso de cuando me dejaba interesar en esos eventos.

Soy egresado de la universidad estatal, y por lo tanto, tigre autentico, universitario. Se pude objetar que mi condición felina es un accidente social, histórico, y geográfico, pero es una realidad incontrovertible que me da derecho a reclamar el epíteto con propiedad. La expresión alere flammam veritatis es parte de mi acervo moral. Aunque no ando comprando ni camisetas, ni boletos sobre costeados para eventos publicitarios, tampoco me siento superior a los conformes que compran el paquete. Cada uno que llene sus vacíos a su gusto y competencia.

Admiro a autores como Eduardo Galeano, Juan Villoro, o, el mismo Carlos Monsiváis, que tratan del fútbol como tema relevante y estético. Como dice Monsiváis, si me da envidia de los que se involucran, pero lo que no se aprende de niño, ya de grande no se domina. Sin embargo, la tendencia es que los elementos orgánicos de la cultura popular se van perdiendo y quedan solo las marcas, los iconos. Forma sin contenido. A partir de la Segunda Guerra Mundial el fútbol creció como fenómeno de masas porque los equipos sublimaban las identidades tribales del barrio y la nación. En el Monterrey de los 50s, 60s, y 70s, los aficionados al fútbol, todos, jugaban en el equipo de su barrio y el uniforme que se ponían era el de su equipo. Ponerse el uniforme del equipo profesional era incluso una falta de respeto.

Tengo una hija que en su vida ha visto un partido de fútbol; ni por televisión, ni mucho menos en vivo en un estadio. Un día, cuando estaba en el jardín de niños me pregunto si en la casa éramos “tigres” o “rayados.” Me sorprendió la pregunta y le propuse ir a ver un partido. La idea no me desagradaba, después de todo un padre siempre anda buscando escusas para convivir con su hija. Pero me dijo que no le interesaba en lo más mínimo. Me explico que una comisión de profesionales había visitada la escuela para promocionar sus marcas y que al día siguiente todos tenían que ir uniformados o de uno o del otro equipo, que si yo no tenia predisposición, que ella se consideraba “rayada” y que quería una camiseta para ponérsela en la escuela. Me indigno el que la escuela se prestara a tan descarada promoción comercial, pero entiendo que la afiliación forzada como parte de la identidad del regiomontano es aceptada por una mayoría tan contundente, que la excepción no es solo inconcebible, sino antisocial.

En el caso de los Tigres, debo confesar que si me deja un mal sabor de boca que la insignia universitaria sea apropiada por una empresa privada para fines meramente comerciales. En sus orígenes el Club Tigres era verdaderamente universitario, en el sentido de los jugadores era estudiantes de la UANL. Ya ni siquiera estamos en los tiempos en que los jugadores eran muchachos de la localidad. Ahora la mayoría son extranjeros, profesionales del espectáculo si ningún nexo real ni siquiera con México, ya no digamos la universidad. El uniforme actual, cuajado de referencias comerciales, nada tiene que ver con los valores de la universidad.

Mi postura ante la cultura popular no es tan nítida como la de Monsiváis, sino más bien ambigua. Yo si he estado en un estadio y si le he echado porras a la selección. Ahora me entretengo en otras cosas, pero la euforia de los éxitos asumidos por el vulgo no deja de tener su encanto. ¿Qué de veras no queda otra que aceptar todo empaquetado?, ¿hasta la pertenencia? Tal vez.

Otro baluarte de la cultura pseudoregia es la carne asada como símbolo de identidad . Es un tema relevante mundialmente, porque, mientras el consumo de carne de res es la opción menos eficiente de alimentación en términos de calidad alimenticia e impacto ambiental, al mismo tiempo este consumo se relaciona con estilo de vida y estatus social aspiracional.

En Nuevo León, los pueblos originarios fueron exterminados y substituidos por migrantes tlaxcaltecas y judíos conversos. Entonces, los origines culturales e históricos de la carne asada hay que buscarlos en esos grupos. Pero el concepto se ha desvirtuado y cambiado por otra cosa. Desde la segunda mitad del siglo veinte, la carne asada se ha promovido como marcador de identidad; el regio ranchero, ultra masculino, que se pasa el día bebiendo cerveza, comiendo carne asada, y viendo fútbol por televisión, preferentemente en el bar. Parte del éxito de este concepto es que la gran mayoría de la población actual es migrante, y toma los símbolos promovidos por los medios de comunicación como una manera fácil y practica de integrarse. En los sesentas, una carne asada era un evento especial y no se conseguían versiones callejeras de carne asada. La carne asada solo se podía consumir en las casas de los que la sabían preparar, gente con lazos familiares en la ganadería, o en restaurantes especializados donde la carne asada no era una comida rápida, más bien al contrario. La versión popular eran los tacos de bistec, cortes baratos fritos en aceite en estufas de gas. Pero debido a una fuerte y continua promoción de las cerveceras y los comercializadores de carne, la carne asada al carbón se ha vuelto un evento rutinario y extendido sobre manera.

Aunque es complicado hacer un análisis por taco consumido, el impacto agregado del consumo de carne y carbón es dramático y evidente. Es necesario identificar las dinámicas sociales y mercadológicas que fomentan este comportamiento y proponer contra medidas.

Paz, O. (2015). El laberinto de la soledad. México: Fondo de Cultura Económica.

Pérez-Martinez, H. (2014). Cuauhtémoc, vida y muerte de una cultura. México: CONACULTA.

«No habrá risa, excepto la risa triunfal cuando se derrota a un enemigo. No habrá arte, ni literatura, ni ciencia. Cuando seamos omnipotentes no necesitaremos más ciencia. No habrá ya distinción entre la belleza y la fealdad. Todos los placeres serán destruidos. Pero siempre, no lo olvides, Winston, siempre habrá el afán de poder, la sed de dominio, que aumentará constantemente y se hará cada vez más sutil. Siempre existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres hacerte una idea de como será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano... incesantemente».

1984, O'Brien, p. 202.

George Orwell
En el proceso mediático y político de los Estados Unidos ha surgido como tema el racismo, expresado en los exabruptos de Donald Trump. La reacción popular y de los medios de comunicación ha sido la de considerar a Trump como un loco irresponsable y la obligada referencia al nazismo. Tal planteamiento pasa por alto que Trump no hace más que articular el sentir de por lo menos parte del pueblo gringo. Ignora también la endeble posición moral del gobierno mexicano, que no solo propicia con su corrupción e ineficiencia la pobreza endémica, sino que también permite y propicia un verdadero infierno para los hermanos centroamericanos que entran a México ilegalmente.

Los argumentos y expresiones de Trump se pudieran utilizar verbatim en reversa, ya que las políticas y acciones de los Estados Unidos provocan la crisis que empujan a los campesinos hacia El Norte: en plena justicia se puede exigir que los culpables paguen las consecuencias de sus actos. Sin embargo, la realidad de las asimetrías de poder dictan que los patos no le tiran a las escopetas.

La frontera México-Estados Unidos, o México-Centroamérica, es un accidente histórico que nada tiene de natural y que no es un argumento  moralmente válido para negar el libre tránsito de gente que tiene arraigo ancestral en tierras americanas.

La probada metodología de alcohólicos anónimos ha establecido la práctica de que el primer paso para solucionar un problema es reconocer su existencia. México nunca podrá superar las contradicciones fundamentales que han inhibido su desarrollo por siglos sin antes reconocerlas plenamente.

Dice Héctor Pérez Martínez (Pérez-Martinez, 2014), en su biografía de Cuauhtémoc, que La Conquista es un hecho consumado, relevante como elemento formador de México como país mestizo: tal planteamiento supone la cauterización de heridas que todavía en el tercer mileno destilan pus. Si bien es cierto que la población mexicana es mestiza, caracterizar a México como país mestizo es una simplificación que ignora la realidad de varios Méxicos distintos y contra puestos: en una perspectiva mínima, el criollo, el mestizo, y el americano. Decía Paz en El Laberinto de la soledad (Paz, 2015):

«En nuestro territorio conviven no sólo distintas razas y lenguas, sino varios niveles históricos. Hay quienes viven antes de la historia; otros, como los otomíes, desplazados por sucesivas invasiones, al margen de ella. Y sin acudir a estos extremos, varias épocas se enfrentan, se ignoran o se entre devoran sobre una misma tierra o separadas apenas por unos kilómetros. Bajo un mismo cielo, con héroes, costumbres, calendarios y nociones morales diferentes, viven "católicos de Pedro el Ermitaño y jacobinos de la Era Terciaria". Las épocas viejas nunca desaparecen completamente y todas las heridas, aun las más antiguas, manan sangre todavía. A veces, como las pirámides precolombinas, que ocultan casi siempre otras, en una sola ciudad o en una sola alma se mezclan y superponen nociones y sensibilidades enemigas o distantes.»
Aparte de la dificultad fundamental de caracterizar las etnias de los pueblos o naciones, el termino mestizo es un término impreciso, ya que no indica el grado de mestizaje. Si nos vamos por la regla de una solo gota de sangre para perder la "pureza blanca," el termino no es útil porque el 100% de la población no es etnicamente pura. De acuerdo con el INEGI, en México, la distribución étnica varía dependiendo de la ubicación y el nivel socio económico: el 61% de la población es mestiza, El 28% esta compuestos por etnias nativas de México, y un 10% son europeos, árabes, asiáticos, etc. Me imagino que la situación debe ser similar en otros países hispanoamericanos. Mexicano no es una etnia, solo una denominación política.

México, como todos los países  americanos, es nación apenas convencionalmente y resultado de accidentes históricos. Sin embargo, basta que alguien cruce la frontera para que se plante su mexicanidad por el mismo y por los otros.

La misconcepción fundamental sobre México es que es un país homogéneo. Este es un punto que confunde a los mismos mexicanos: México es un país heterogéneo cuya imagen nacional se ha forjado mediáticamente. Las imágenes prototípicas de México son las del cine y televisión: Un país charro; el país amigo; el hogar de narcotraficantes. Recientemente la imagen es la de un lugar sumido en la violencia. Como todo estereotipo, los de México tienen algo de razón, pero ningún lugar real es una caricatura.

El nacionalismo mexicano surge realmente después de la revolución de principios del siglo XX. Anteriormente, la conciencia de una nacionalidad mexicana se daba solo a nivel de la clase intelectual, pero no existía verdaderamente a nivel popular. Esto es una de las razones por la cual Estados Unidos pudo apropiar territorio técnicamente mexicano con mucha facilidad.

En las clases de historia, o en las series de televisión, la conquista de México es un evento entre mexicanos y españoles, cuando el México actual es, por lo menos en parte, Español. Uno de mis hermanos vivió en España y en una ocasión, un gachupin le comento:Mis abuelos conquistaron México. A lo que respondió mi hermano: No, mis abuelos conquistaron México, los tuyos se quedaron aquí.

 Lo “indio” para el mexicano tiene una connotación negativa, y se usa “indio, india” constantemente para ofender. Algunos mexicanos se burlan y niegan el arquetipo de “la indita ignorante” o del “Peladito”, a otros les molesta sobremanera esa manera de presentarnos ante el mundo. Un caso ilustrativo es Yalitza Aparicio, a quien la BBC describe no como la actriz mexicana, sino como la indígena que protagonizó la película por casualidad y ahora es candidata a mejor actriz en los premios de Hollywood.

México como país, en términos del PIB, no es un país pobre, pero la distribución de la riqueza es muy desigual, y aunque existe una clase media con un nivel de vida equiparable al de países desarrollados, existe en medio de una gran pobreza de la mayoría de la población. Por ejemplo, gente de clase media presume a los extranjeros la disponibilidad de servicios domésticos, sirvientas y jardineros, de bajo costo.

Hay un desempate entre el México que se muestra en la televisión mexicana y la realidad. El México televisivo es un México blanco, moderno, de clase media. Este México existe en realidad, como islotes de prosperidad, en un mar de miseria.

Yo nací y fui criado en Monterrey, Nuevo León. Mis raíces familiares en Nuevo León, el Nuevo León histórico que comprende lo que hoy en día es Texas, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, se remontan por lo seguro a por lo menos cuatro generaciones. Por mis venas corre sangre americana, así que puedo afirmar con contundencia que soy un mexicano con raíces americanas milenarias. Por otro lado tengo ancestros sefarditas, portugueses, alemanes, e ingleses. Sin embargo, mi conocimiento de las culturas y las lenguas maternas es nulo, culturalmente tengo muy poco que ver con la América precolombina. Sé algunos hechos aislados sobre los mexicas y la conquista, y prácticamente nada sobre las tribus americanas del norte que fueron exterminadas por mis abuelos. El carácter de la cultura neolonesa tradicional es eminentemente sefardita: palabras como huerco, comidas como el cabrito y las tortillas de harina, gusto por limones e higos, el acordeón, la circuncisión.

Los sefarditas llegaron a nuestras montañas y desiertos en busca de la libertad religiosa. Vinimos en busca de la tierra prometida. Nuestros orígenes judíos han sido olvidados en la conciencia popular: porque manifestar abiertamente el judaísmo significaba en los tiempos coloniales ser quemado vivo o ahorcado por la Inquisición, cuanto mayor el rango, mayor el riesgo. Con el tiempo, practicar el judaísmo implicaba ser excluido por parientes y vecinos, que se habían convertido en fervientes católicos.

Entiendo porque rusos y neoyorquinos claman con vehemencia que Palestina les pertenece. El pillaje, cuando la escala es lo suficientemente grande, se convierte en botín de guerra, y patrimonio legítimo de la Nación y el Pueblo. Los hechos son los hechos e Israel existe.

La cultura sefardita tradicional se ha venido diluyendo bajo el embate de la migración continua. Ya muy poco gente en Monterrey es de raíces norteñas. La cultura tradicional ha sido substituida por un paquete mediático de carne asada, cerveza,y fútbol como marcador de identidad. A la población regia se le ha dividido en dos grupos de acuerdo al equipo de fútbol que cada cual ve regularmente en la tele, o ocasionalmente en el estadio. En una ocasión estaba en el taller esperando que me entregaran mi carro, cuando el vecino, con animo de socializar, me comenta que la semifinal iba a estar muy buena. Al notar un dejo de extrañeza en mi rostro, me aclara que “la semifinal” se refería al “americano,” y como concesión amigable me dice: «ah, es que a ti te gusta el fútbol ¿verdad?» Le digo que en realidad no sigo los torneos deportivos e insiste: «¿es que ves el béisbol?» Le digo que no, y como último intento me comenta que las ofertas del buen fin van a estar muy buenas. Cuando le pregunto que cuando era el “buen fin,” la conversación termina. No me sentí para nada “superior” o “intelectual,” más bien añoroso de cuando me dejaba interesar en esos eventos.

Soy egresado de la universidad estatal, y por lo tanto, tigre autentico, universitario. Se pude objetar que mi condición felina es un accidente social, histórico, y geográfico, pero es una realidad incontrovertible que me da derecho a reclamar el epíteto con propiedad. La expresión alere flammam veritatis es parte de mi acervo moral. Aunque no ando comprando ni camisetas, ni boletos sobre costeados para eventos publicitarios, tampoco me siento superior a los conformes que compran el paquete. Cada uno que llene sus vacíos a su gusto y competencia.

Admiro a autores como Eduardo Galeano, Juan Villoro, o, el mismo Carlos Monsiváis, que tratan del fútbol como tema relevante y estético. Como dice Monsiváis, si me da envidia de los que se involucran, pero lo que no se aprende de niño, ya de grande no se domina. Sin embargo, la tendencia es que los elementos orgánicos de la cultura popular se van perdiendo y quedan solo las marcas, los iconos. Forma sin contenido. A partir de la Segunda Guerra Mundial el fútbol creció como fenómeno de masas porque los equipos sublimaban las identidades tribales del barrio y la nación. En el Monterrey de los 50s, 60s, y 70s, los aficionados al fútbol, todos, jugaban en el equipo de su barrio y el uniforme que se ponían era el de su equipo. Ponerse el uniforme del equipo profesional era incluso una falta de respeto.

Tengo una hija que en su vida ha visto un partido de fútbol; ni por televisión, ni mucho menos en vivo en un estadio. Un día, cuando estaba en el jardín de niños me pregunto si en la casa éramos “tigres” o “rayados.” Me sorprendió la pregunta y le propuse ir a ver un partido. La idea no me desagradaba, después de todo un padre siempre anda buscando escusas para convivir con su hija. Pero me dijo que no le interesaba en lo más mínimo. Me explico que una comisión de profesionales había visitada la escuela para promocionar sus marcas y que al día siguiente todos tenían que ir uniformados o de uno o del otro equipo, que si yo no tenia predisposición, que ella se consideraba “rayada” y que quería una camiseta para ponérsela en la escuela. Me indigno el que la escuela se prestara a tan descarada promoción comercial, pero entiendo que la afiliación forzada como parte de la identidad del regiomontano es aceptada por una mayoría tan contundente, que la excepción no es solo inconcebible, sino antisocial.

En el caso de los Tigres, debo confesar que si me deja un mal sabor de boca que la insignia universitaria sea apropiada por una empresa privada para fines meramente comerciales. En sus orígenes el Club Tigres era verdaderamente universitario, en el sentido de los jugadores era estudiantes de la UANL. Ya ni siquiera estamos en los tiempos en que los jugadores eran muchachos de la localidad. Ahora la mayoría son extranjeros, profesionales del espectáculo si ningún nexo real ni siquiera con México, ya no digamos la universidad. El uniforme actual, cuajado de referencias comerciales, nada tiene que ver con los valores de la universidad.



Mi postura ante la cultura popular no es tan nítida como la de Monsiváis, sino más bien ambigua. Yo si he estado en un estadio y si le he echado porras a la selección. Ahora me entretengo en otras cosas, pero la euforia de los éxitos asumidos por el vulgo no deja de tener su encanto. ¿Qué de veras no queda otra que aceptar todo empaquetado?, ¿hasta la pertenencia? Tal vez.

Otro baluarte de la cultura pseudoregia es la carne asada como símbolo de identidad . Es un tema relevante mundialmente, porque, mientras el consumo de carne de res es la opción menos eficiente de alimentación en términos de calidad alimenticia e impacto ambiental, al mismo tiempo este consumo se relaciona con estilo de vida y estatus social aspiracional.

En Nuevo León, los pueblos originarios fueron exterminados y substituidos por migrantes tlaxcaltecas y judíos conversos. Entonces, los origines culturales e históricos de la carne asada hay que buscarlos en esos grupos. Pero el concepto se ha desvirtuado y cambiado por otra cosa. Desde la segunda mitad del siglo veinte, la carne asada se ha promovido como marcador de identidad; el regio ranchero, ultra masculino, que se pasa el día bebiendo cerveza, comiendo carne asada, y viendo fútbol por televisión, preferentemente en el bar. Parte del éxito de este concepto es que la gran mayoría de la población actual es migrante, y toma los símbolos promovidos por los medios de comunicación como una manera fácil y practica de integrarse. En los sesentas, una carne asada era un evento especial y no se conseguían versiones callejeras de carne asada. La carne asada solo se podía consumir en las casas de los que la sabían preparar, gente con lazos familiares en la ganadería, o en restaurantes especializados donde la carne asada no era una comida rápida, más bien al contrario. La versión popular eran los tacos de bistec, cortes baratos fritos en aceite en estufas de gas. Pero debido a una fuerte y continua promoción de las cerveceras y los comercializadores de carne, la carne asada al carbón se ha vuelto un evento rutinario y extendido sobre manera.



Aunque es complicado hacer un análisis por taco consumido, el impacto agregado del consumo de carne y carbón es dramático y evidente. Es necesario identificar las dinámicas sociales y mercadológicas que fomentan este comportamiento y proponer contra medidas.


Paz, O. (2015). El laberinto de la soledad. México: Fondo de Cultura Económica.

Pérez-Martinez, H. (2014). Cuauhtémoc, vida y muerte de una cultura. México: CONACULTA.