Los cristianos del Medio Oriente

Hay una falla fundamental en el ser humano, que cuando se encuentra con unos billoncitos de más, lo único que se le ocurre es causar dolor y destrucción .


Ante el genocidio y a través de la campaña de la Fundación Novae Terrae en CitizenGOsúmate a la petición a Naciones Unidas, cuyo Consejo de Seguridad se reúne este mes, para que «pase de las palabras a los hechos».

La Fundación Novae Terrae considera que es el momento «de pasar de las palabras a los hechos» ante los crimines de guerra y contra la humanidad y el verdadero genocidio cristiano. Para ello ha lanzado una iniciativa mundial a través de CitizenGO secundada de momento por más de 100.000 ciudadanos de más de 50 países. En concreto piden lo siguiente:
  • Elaboren, promuevan y sostengan medidas concretas y claras para defender y proteger a las minorías religiosas en Medio Oriente. Adopte el Plan de Acción anunciado para este septiembre por el secretario general en defensa de los derechos humanos y la libertad religiosa de las minorías donde el Estado Islámico ha perpetrado verdaderas masacres y crímenes contra la humanidad.
  • Promuevan y adopten un marco legal que incluya sanciones y apelaciones a la Corte Penal Internacional
  • Aprueben medidas que frenen la ayuda financiera y el tráfico de armas a ISIS y sus grupos afiliados.

Hay que entender que los grupos que atacan a los cristianos no son solo los “Islamitas malos”  (en la retorica de Washington), sino también grupos apoyados por los Estados Unidos, al punto de   recibir salarios del gobierno de Estados Unidos. Grupos como Nusra (un trasplante de Al-Qaeda en Iraq), Frente Islámico, y ISIS, son apoyados financieramente por naciones del Golfo Pérsico como Saudí Arabia, Qatar, y Kuwait – todos aliados de Estados Unidos.

Cuando los lideres cristianos del Medio Oriente se refieren al “silencio de Occidente,” con referencia a la destrucción sistemática de iglesias, están señalando la complicidad de los gobiernos europeos y estadounidenses  en el genocidio.

Los cristianos del oriente medio representan uno de los grupos más influyentes y dedicados a un nacionalismo secular en sus países.  Definitivamente no son como se pretende una minoría irrelevante sino participantes clave de las sociedades Levantinas  (especialmente en Siria, Líbano, Iraq, Palestina).

Hay un intensión clara y manifiesta de fragmentar el Medio Oriente en débiles Estados teocraticos y negar el nacionalismo árabe secular, un movimiento fundado por cristianos ortodoxos como Constantin Zureiq  y Michel Aflaq. No hay espacio para los cristianos de oriente medio en los planes del imperio. Un mapa potencial del Medio Oriente, creado por Ralph Peters, planta un división en regiones Shia, Sunni, y Kurda, sin lugar alguno para los cristianos. En su articulo  “Blood Borders,” Peters admite que la limpieza étnica es elemento esencial del plan.

Hay una falla fundamental en el ser humano, que cuando se encuentra con unos billoncitos de más, lo único que se le ocurre es causar dolor y destrucción .


Ante el genocidio y a través de la campaña de la Fundación Novae Terrae en CitizenGOsúmate a la petición a Naciones Unidas, cuyo Consejo de Seguridad se reúne este mes, para que «pase de las palabras a los hechos».

La Fundación Novae Terrae considera que es el momento «de pasar de las palabras a los hechos» ante los crimines de guerra y contra la humanidad y el verdadero genocidio cristiano. Para ello ha lanzado una iniciativa mundial a través de CitizenGO secundada de momento por más de 100.000 ciudadanos de más de 50 países. En concreto piden lo siguiente:
  • Elaboren, promuevan y sostengan medidas concretas y claras para defender y proteger a las minorías religiosas en Medio Oriente. Adopte el Plan de Acción anunciado para este septiembre por el secretario general en defensa de los derechos humanos y la libertad religiosa de las minorías donde el Estado Islámico ha perpetrado verdaderas masacres y crímenes contra la humanidad.
  • Promuevan y adopten un marco legal que incluya sanciones y apelaciones a la Corte Penal Internacional
  • Aprueben medidas que frenen la ayuda financiera y el tráfico de armas a ISIS y sus grupos afiliados.

Hay que entender que los grupos que atacan a los cristianos no son solo los “Islamitas malos”  (en la retorica de Washington), sino también grupos apoyados por los Estados Unidos, al punto de   recibir salarios del gobierno de Estados Unidos. Grupos como Nusra (un trasplante de Al-Qaeda en Iraq), Frente Islámico, y ISIS, son apoyados financieramente por naciones del Golfo Pérsico como Saudí Arabia, Qatar, y Kuwait – todos aliados de Estados Unidos.

Cuando los lideres cristianos del Medio Oriente se refieren al “silencio de Occidente,” con referencia a la destrucción sistemática de iglesias, están señalando la complicidad de los gobiernos europeos y estadounidenses  en el genocidio.

Los cristianos del oriente medio representan uno de los grupos más influyentes y dedicados a un nacionalismo secular en sus países.  Definitivamente no son como se pretende una minoría irrelevante sino participantes clave de las sociedades Levantinas  (especialmente en Siria, Líbano, Iraq, Palestina).

Hay un intensión clara y manifiesta de fragmentar el Medio Oriente en débiles Estados teocraticos y negar el nacionalismo árabe secular, un movimiento fundado por cristianos ortodoxos como Constantin Zureiq  y Michel Aflaq. No hay espacio para los cristianos de oriente medio en los planes del imperio. Un mapa potencial del Medio Oriente, creado por Ralph Peters, planta un división en regiones Shia, Sunni, y Kurda, sin lugar alguno para los cristianos. En su articulo  “Blood Borders,” Peters admite que la limpieza étnica es elemento esencial del plan.

Lugares comunes

Hablando de los grupos del feis, salió la plática del pedigrí de las bolsas, que si las Louis Vuitton, que las espejo, que las clones, que la prole comerciante. Los corruptos exitosos le dan sentido a sus vidas con un despliegue de símbolos de poder y el valor aspiracional de estos símbolos es impregnando en una clase media que nominalmente es mocha y frugal. Las contradicciones esenciales de mí propia vida no me permite juzgar dichas actitudes sino solo reconocerlas y preguntarme si en verdad no hay salida. ¿Qué deberás solo queda esperar que las cosas no terminen tan mal como lo indica la evidencia? Una bolsa de marca según me dicen puede costar del orden de dos mil dólares. En un mundo donde dos mil millones viven con dos dólares diarios o menos, el que haya todo un grupo con el habito de comprar bolsas con pedigrí es señal clara de que el reino del ser humano está por llegar a su término. Aunque tenemos los medios y el conocimiento para vivir en justicia, equidad, y equilibrio con el mundo, no podemos substraernos de nuestros instintos básicos y la racionalidad humana se manifiesta como mitológica.

En el feis alguien puso con motivo de la muerte de Jacobo Zabludovsky, una entrevista que este le hizo a Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí, y había una polémica que si Zabulodovsky era un ignorante o si Dalí un fantoche. Zabludovsky lo que hace o pretende es trivializar y caricaturizar a Dalí. Pero si Dalí es trivial, entonces la humanidad misma es trivial y bien hacemos en irnos. La desaparición de las abejas es una catástrofe, pero la desaparición de los humanos más bien una bendición para el resto de la creación.

Hablando de los grupos del feis, salió la plática del pedigrí de las bolsas, que si las Louis Vuitton, que las espejo, que las clones, que la prole comerciante. Los corruptos exitosos le dan sentido a sus vidas con un despliegue de símbolos de poder y el valor aspiracional de estos símbolos es impregnando en una clase media que nominalmente es mocha y frugal. Las contradicciones esenciales de mí propia vida no me permite juzgar dichas actitudes sino solo reconocerlas y preguntarme si en verdad no hay salida. ¿Qué deberás solo queda esperar que las cosas no terminen tan mal como lo indica la evidencia? Una bolsa de marca según me dicen puede costar del orden de dos mil dólares. En un mundo donde dos mil millones viven con dos dólares diarios o menos, el que haya todo un grupo con el habito de comprar bolsas con pedigrí es señal clara de que el reino del ser humano está por llegar a su término. Aunque tenemos los medios y el conocimiento para vivir en justicia, equidad, y equilibrio con el mundo, no podemos substraernos de nuestros instintos básicos y la racionalidad humana se manifiesta como mitológica.

En el feis alguien puso con motivo de la muerte de Jacobo Zabludovsky, una entrevista que este le hizo a Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí, y había una polémica que si Zabulodovsky era un ignorante o si Dalí un fantoche. Zabludovsky lo que hace o pretende es trivializar y caricaturizar a Dalí. Pero si Dalí es trivial, entonces la humanidad misma es trivial y bien hacemos en irnos. La desaparición de las abejas es una catástrofe, pero la desaparición de los humanos más bien una bendición para el resto de la creación.

El ejercito más moral del mundo

La nueva espiral de violencia, la más grave desde noviembre de 2012, tiene su origen en el secuestro el 12 de junio de tres estudiantes israelíes en Cisjordania, cuyos cuerpos sin vida fueron hallados unos días después. El gobierno israelí acusó a Hamas y lanzó una campaña de detenciones contra el movimiento, que en represalia empezó a disparar cohetes desde su feudo de Gaza. En venganza, un adolescente palestino fue raptado y quemado vivo en Jerusalén presuntamente por fundamentalistas judíos.

Según cifras de la ONU, desde el inicio de la operación israelí Margen Protector, el 8 de julio, hasta el 3 de agosto habían muerto 1.717 palestinos. De ellos, 1.176 eran civiles, entre los que se cuentan 377 niños y 196 mujeres. Del lado israelí han muerto 64 soldados, dos civiles israelíes y un extranjero nacionalizado.

El ataque sobre la escuela de la ONU ocurrió en la entrada del colegio, que alberga a miles de desplazados por el conflicto. Israel negó que la escuela fuera su objetivo. Testigos aseguran que el misil impactó sobre personas que hacían fila para obtener comida. Sin embargo, las fuerzas israelíes aseguran haber abatido a tres militantes de Hamas que iban en bicicleta.

La escuela en cuestión albergaba a unas 3.000 personas, lo que explica el alto número de víctimas.

Durante la actual ofensiva militar, proyectiles del Ejército israelí han alcanzado en al menos otras cinco ocasiones distintos complejos de la ONU, en varios casos ocasionando numerosas víctimas mortales.

El último caso se produjo el pasado 30 de julio cuando quince palestinos murieron y medio centenar resultaron heridos en otro bombardeo en una escuela de la UNRWA en Yabalia, en el norte de Gaza, lo que desató una ola de condenas internacionales contra Israel.

“En un cuarto del hospital kuwaití en Rafah, en la Franja de Gaza, los cadáveres de cuatro niños son apilados en una nevera para helados y comestibles, porque ya no hay espacio en las morgues”.

“Frente al edificio yacen los cadáveres de toda una familia, mientras los cuerpos más pequeños son besados por mujeres que sollozan”.

La escena atestiguada hace 24 horas por un corresponsal de la agencia Associated Press en Gaza apunta al horror que los médicos presentes en el territorio deben confrontar cada día.

Uno de los primeros ataques del día golpeó la mezquita de al-Shamaa, -de 700 años de antigüedad-, en el barrio de Zaytoun. Alrededor de 30 civiles, entre ellos varios niños, fueron trasladados de urgencia a los hospitales con heridas de distinta gravedad y el barrio quedó bajo escombros.

En Khuza`a, una ciudad al este de Jan Younis, en el sur de la franja, habitantes contaron a la prensa que tanques israelíes atacaron con dureza varias viviendas.

Atrapadas en medio del bombardeo, las familias que viven allí pidieron ayuda a equipos de rescate, pero las ambulancias no pudieron alcanzar el área debido a los intensos disparos de artillería de los tanques israelíes, informó la agencia de noticias DPA.

La nueva espiral de violencia, la más grave desde noviembre de 2012, tiene su origen en el secuestro el 12 de junio de tres estudiantes israelíes en Cisjordania, cuyos cuerpos sin vida fueron hallados unos días después. El gobierno israelí acusó a Hamas y lanzó una campaña de detenciones contra el movimiento, que en represalia empezó a disparar cohetes desde su feudo de Gaza. En venganza, un adolescente palestino fue raptado y quemado vivo en Jerusalén presuntamente por fundamentalistas judíos.

Según cifras de la ONU, desde el inicio de la operación israelí Margen Protector, el 8 de julio, hasta el 3 de agosto habían muerto 1.717 palestinos. De ellos, 1.176 eran civiles, entre los que se cuentan 377 niños y 196 mujeres. Del lado israelí han muerto 64 soldados, dos civiles israelíes y un extranjero nacionalizado.

El ataque sobre la escuela de la ONU ocurrió en la entrada del colegio, que alberga a miles de desplazados por el conflicto. Israel negó que la escuela fuera su objetivo. Testigos aseguran que el misil impactó sobre personas que hacían fila para obtener comida. Sin embargo, las fuerzas israelíes aseguran haber abatido a tres militantes de Hamas que iban en bicicleta.

La escuela en cuestión albergaba a unas 3.000 personas, lo que explica el alto número de víctimas.

Durante la actual ofensiva militar, proyectiles del Ejército israelí han alcanzado en al menos otras cinco ocasiones distintos complejos de la ONU, en varios casos ocasionando numerosas víctimas mortales.

El último caso se produjo el pasado 30 de julio cuando quince palestinos murieron y medio centenar resultaron heridos en otro bombardeo en una escuela de la UNRWA en Yabalia, en el norte de Gaza, lo que desató una ola de condenas internacionales contra Israel.

“En un cuarto del hospital kuwaití en Rafah, en la Franja de Gaza, los cadáveres de cuatro niños son apilados en una nevera para helados y comestibles, porque ya no hay espacio en las morgues”.

“Frente al edificio yacen los cadáveres de toda una familia, mientras los cuerpos más pequeños son besados por mujeres que sollozan”.

La escena atestiguada hace 24 horas por un corresponsal de la agencia Associated Press en Gaza apunta al horror que los médicos presentes en el territorio deben confrontar cada día.

Uno de los primeros ataques del día golpeó la mezquita de al-Shamaa, -de 700 años de antigüedad-, en el barrio de Zaytoun. Alrededor de 30 civiles, entre ellos varios niños, fueron trasladados de urgencia a los hospitales con heridas de distinta gravedad y el barrio quedó bajo escombros.

En Khuza`a, una ciudad al este de Jan Younis, en el sur de la franja, habitantes contaron a la prensa que tanques israelíes atacaron con dureza varias viviendas.

Atrapadas en medio del bombardeo, las familias que viven allí pidieron ayuda a equipos de rescate, pero las ambulancias no pudieron alcanzar el área debido a los intensos disparos de artillería de los tanques israelíes, informó la agencia de noticias DPA.

monkey do

El nivel cultural en Estados Unidos es sorprendentemente bajo, sobre todo considerando que es un país desarrollado. Según un estudio sobre educación
 (http://thelearningcurve.pearson.com/2014-report-summary/ ), en una escala donde Corea del Sur tiene una puntuación de 1.3, Estados Unidos tiene 0.4 puntos.

La población de Estados Unidos tiene ideas patéticas sobre la realidad, las ciencias, y la política. Por dar un ejemplo dramático, 46% de la población admite creer que el Universo tiene alrededor de diez mil años y que el ser humano apareció de repente en su forma actual. Muchos creen que las Naciones Unidas es una organización diabólica maquinando conquistar los Estados Unidos para instaurar un gobierno comunista. En este punto cabe puntualizar que por gobierno comunista se refieren a países como Canadá, que tienen programas de salud publica. Estas creencias las comparte la gran mayoría de la población, independientemente del nivel de educación.

Sería exagerado etiquetar a Estados Unidos como una dictadura; comparado con regímenes como el de Corea del Norte, Estados Unidos si es un país democrático con libertad de expresión. Pero la realidad es que socio-políticamente Gringolandia es una plutocracia bastante monolítica. Plutocracia (del griego πλουτοκρατία, ploutos ‘riqueza’ y kratos ‘poder’) es una síntesis crítica que se hace a la democracia, al sufragio universal y al parlamentarismo, pudiendo enunciarse como un sistema de gobierno en el que el poder lo ostentan quienes poseen las fuentes de riqueza.

Formalmente en Estados Unidos existen dos partidos que comparten el poder. En la práctica existe un sistema único de puertas revolventes, donde los ejecutivos de los grandes corporativos mundiales entran y salen de los puestos de gobierno. Para dar la ilusión de democracia y establecer posicionamientos de marca de cada partido politico, existe una campaña publicitaria continua donde se discute una pseudo-agenda de temas de interés sin más propósito que entretener y definir audiencias para fines mercadologicos. La temática publicitaria es compleja, irresoluble e imposible de delimitar, pero al mismo tiempo se compone de asuntos que no afectan los intereses de la Plutocracia. Temas como el matrimonio homosexual, o la legislación del aborto, o el bullying en las escuelas.  No es que los temas privilegiados por los medios publicitarios no tengan una importancia intrínseca,  pero no se trata de llegar a un acuerdo. Antes al contrario, lo que se pretende es un parloteo interminable que no lleva a nada. El método se pudiera resumir como La moral de las frases matonas.

Es por lo tanto muy triste y perturbador que estas campañas publicitarias sean absorbidas completas, inclusive con su nomenclatura, por la sociedad mexicana, tomándolas fuera de su contexto original, ya de por si viciado. El daño que esto hace es doble. Por un lado distrae de problemáticas urgentes, y por otro complica y perturba cuestiones ya de por si difíciles, pero que ya estaban controladas, y se cae en el retroceso.

El nivel cultural en Estados Unidos es sorprendentemente bajo, sobre todo considerando que es un país desarrollado. Según un estudio sobre educación
 (http://thelearningcurve.pearson.com/2014-report-summary/ ), en una escala donde Corea del Sur tiene una puntuación de 1.3, Estados Unidos tiene 0.4 puntos.

La población de Estados Unidos tiene ideas patéticas sobre la realidad, las ciencias, y la política. Por dar un ejemplo dramático, 46% de la población admite creer que el Universo tiene alrededor de diez mil años y que el ser humano apareció de repente en su forma actual. Muchos creen que las Naciones Unidas es una organización diabólica maquinando conquistar los Estados Unidos para instaurar un gobierno comunista. En este punto cabe puntualizar que por gobierno comunista se refieren a países como Canadá, que tienen programas de salud publica. Estas creencias las comparte la gran mayoría de la población, independientemente del nivel de educación.

Sería exagerado etiquetar a Estados Unidos como una dictadura; comparado con regímenes como el de Corea del Norte, Estados Unidos si es un país democrático con libertad de expresión. Pero la realidad es que socio-políticamente Gringolandia es una plutocracia bastante monolítica. Plutocracia (del griego ????????????, ploutos ‘riqueza’ y kratos ‘poder’) es una síntesis crítica que se hace a la democracia, al sufragio universal y al parlamentarismo, pudiendo enunciarse como un sistema de gobierno en el que el poder lo ostentan quienes poseen las fuentes de riqueza.

Formalmente en Estados Unidos existen dos partidos que comparten el poder. En la práctica existe un sistema único de puertas revolventes, donde los ejecutivos de los grandes corporativos mundiales entran y salen de los puestos de gobierno. Para dar la ilusión de democracia y establecer posicionamientos de marca de cada partido politico, existe una campaña publicitaria continua donde se discute una pseudo-agenda de temas de interés sin más propósito que entretener y definir audiencias para fines mercadologicos. La temática publicitaria es compleja, irresoluble e imposible de delimitar, pero al mismo tiempo se compone de asuntos que no afectan los intereses de la Plutocracia. Temas como el matrimonio homosexual, o la legislación del aborto, o el bullying en las escuelas.  No es que los temas privilegiados por los medios publicitarios no tengan una importancia intrínseca,  pero no se trata de llegar a un acuerdo. Antes al contrario, lo que se pretende es un parloteo interminable que no lleva a nada. El método se pudiera resumir como La moral de las frases matonas.

Es por lo tanto muy triste y perturbador que estas campañas publicitarias sean absorbidas completas, inclusive con su nomenclatura, por la sociedad mexicana, tomándolas fuera de su contexto original, ya de por si viciado. El daño que esto hace es doble. Por un lado distrae de problemáticas urgentes, y por otro complica y perturba cuestiones ya de por si difíciles, pero que ya estaban controladas, y se cae en el retroceso.

Las frasecitas matonas del Facebook

Hay una superficialidad en cuanto a los mensajes que compartimos en las redes sociales. El problema raíz es que de necesidad son frases tomadas fuera de contexto y muchas veces su significado simplemente se pierde y queda solo una frasecita matona que suena bien, pero que ya no tiene un significado claro y especifico.  Sin embargo, más que una disonancia cognitiva, lo que hay aquí es una falta de atención a lo que se esta diciendo, o mejor dicho, es irrelevante lo que se dice, lo importante es estar en contacto con nuestro grupo virtual. Por dar algunos ejemplos, gente altamente competitiva y que educa a sus hijos en los valores de la competencia y el rendimiento, que le da like a mensajes sobre la importancia de dar preponderancia de la empatia sobre la competencia en la educación de los niños; o gente cuyo discurso es preponderantemente religioso que publica enunciados anti-religiosos; o, todavía mas curioso, gente que esta activa en Facebook 24×7 y que contesta a cualquier mensaje en segundos, que publica mensajes en contra de la tendencia general a que todos estemos enajenados en la virtualidad.

Me parece que de manera análoga a la interacción física entre individuos, donde la comunicación es 80% no verbal, en la interacción virtual, la parte textual es solo una fracción menor, a veces poco relevante. Lo importante es el tono y la continuidad del contacto con los demás.

El mundo virtual es superior al real en que permite interactuar con mas gente de manera continua y con satisfactores inmediatos y claramente definidos. Recuerdo una experiencia personal que ilustra el lado obscuro de la virtualidad. Cuando mi hija tendría unos 9 años, en al escuela participo en un proyecto grupal en el que tenia que ir a casa de un compañero para registrar en una bitácora el comportamiento de un hámster. Al terminar el proyecto mi hija empezó a insistir que quería un hámster. Yo estaba en contra pero finalmente cedí y le compre uno. Desafortunadamente para el hámster, al mismo tiempo alguien le dio a mi hija un Tamagotchi (たまごっち), una mascota virtual creada en 1996 por Aki Maita. El Tamagotchi es un aparato electrónico con la forma y el tamaño de huevo que tiene una pantalla en blanco y negro pixelada, donde se puede ver a la mascota virtual.

El caso fue, que mientras el hámster que le compre a mi hija, se la pasaba sin agua y comida, mi hija se dedicaba todo el día a cuidar virtualmente al Tamagochi, alimentándolo y dándole muestras de afecto. Un día en que quise darle agua al hámster, me encontré que ya no era mas que un trapo disecado. Claramente era mas sencillo y satisfactorio interactuar virtualmente con el Tamagotchi durante todo el día, que dedicar unos cuantos minutos diarios a limpiar la mierda y re-abastecer de agua y comida al hámster. Mientras que el hámster no daba muestra alguna de agradecimiento, o siquiera conciencia de que era atendido o desatendido, el Tamagochi proprocionaba retribución instantánea con corazoncitos y campanitas y mensajes de queja por falta de atención.

La participación en redes sociales no es lo mismo que jugar con un Tamagochi. A fin de cuentas, los usuarios o miembros son personas, con la mayoría de las cuales tenemos una relación real en nuestra vida cotidiana. Ademas, dichas redes proporcionan un canal alterno de información. En países donde los gobiernos y grupos de poder limitan o administran lo que el publico en general puede saber, ( la mayoría, pero por citar algunos: Estados Unidos, China, Irán, México), el acceso a las redes sociales es un recurso democratizador y de resistencia a abusos de poder. Por lo mismo, es importante poner atención y estar conscientes de lo que publicamos y con lo que aceptamos o promovemos.

La virtualidad es adictiva por su capacidad de proporcionar satisfactores emotivos de manera continua y patente, pero a costa de que se nos muera el hámster de manera real, definitiva, e irremediable. A la vida real no se le puede dar reset y el tiempo que le dediquemos a la virtualidad ya nunca lo podremos recobrar en la realidad. Como el vino, a la virtualidad hay que tomarla con moderación, y negar su abuso es un síntoma de adicción.

Hay una superficialidad en cuanto a los mensajes que compartimos en las redes sociales. El problema raíz es que de necesidad son frases tomadas fuera de contexto y muchas veces su significado simplemente se pierde y queda solo una frasecita matona que suena bien, pero que ya no tiene un significado claro y especifico.  Sin embargo, más que una disonancia cognitiva, lo que hay aquí es una falta de atención a lo que se esta diciendo, o mejor dicho, es irrelevante lo que se dice, lo importante es estar en contacto con nuestro grupo virtual. Por dar algunos ejemplos, gente altamente competitiva y que educa a sus hijos en los valores de la competencia y el rendimiento, que le da like a mensajes sobre la importancia de dar preponderancia de la empatia sobre la competencia en la educación de los niños; o gente cuyo discurso es preponderantemente religioso que publica enunciados anti-religiosos; o, todavía mas curioso, gente que esta activa en Facebook 24×7 y que contesta a cualquier mensaje en segundos, que publica mensajes en contra de la tendencia general a que todos estemos enajenados en la virtualidad.

Me parece que de manera análoga a la interacción física entre individuos, donde la comunicación es 80% no verbal, en la interacción virtual, la parte textual es solo una fracción menor, a veces poco relevante. Lo importante es el tono y la continuidad del contacto con los demás.

El mundo virtual es superior al real en que permite interactuar con mas gente de manera continua y con satisfactores inmediatos y claramente definidos. Recuerdo una experiencia personal que ilustra el lado obscuro de la virtualidad. Cuando mi hija tendría unos 9 años, en al escuela participo en un proyecto grupal en el que tenia que ir a casa de un compañero para registrar en una bitácora el comportamiento de un hámster. Al terminar el proyecto mi hija empezó a insistir que quería un hámster. Yo estaba en contra pero finalmente cedí y le compre uno. Desafortunadamente para el hámster, al mismo tiempo alguien le dio a mi hija un Tamagotchi (?????), una mascota virtual creada en 1996 por Aki Maita. El Tamagotchi es un aparato electrónico con la forma y el tamaño de huevo que tiene una pantalla en blanco y negro pixelada, donde se puede ver a la mascota virtual.

El caso fue, que mientras el hámster que le compre a mi hija, se la pasaba sin agua y comida, mi hija se dedicaba todo el día a cuidar virtualmente al Tamagochi, alimentándolo y dándole muestras de afecto. Un día en que quise darle agua al hámster, me encontré que ya no era mas que un trapo disecado. Claramente era mas sencillo y satisfactorio interactuar virtualmente con el Tamagotchi durante todo el día, que dedicar unos cuantos minutos diarios a limpiar la mierda y re-abastecer de agua y comida al hámster. Mientras que el hámster no daba muestra alguna de agradecimiento, o siquiera conciencia de que era atendido o desatendido, el Tamagochi proprocionaba retribución instantánea con corazoncitos y campanitas y mensajes de queja por falta de atención.

La participación en redes sociales no es lo mismo que jugar con un Tamagochi. A fin de cuentas, los usuarios o miembros son personas, con la mayoría de las cuales tenemos una relación real en nuestra vida cotidiana. Ademas, dichas redes proporcionan un canal alterno de información. En países donde los gobiernos y grupos de poder limitan o administran lo que el publico en general puede saber, ( la mayoría, pero por citar algunos: Estados Unidos, China, Irán, México), el acceso a las redes sociales es un recurso democratizador y de resistencia a abusos de poder. Por lo mismo, es importante poner atención y estar conscientes de lo que publicamos y con lo que aceptamos o promovemos.

La virtualidad es adictiva por su capacidad de proporcionar satisfactores emotivos de manera continua y patente, pero a costa de que se nos muera el hámster de manera real, definitiva, e irremediable. A la vida real no se le puede dar reset y el tiempo que le dediquemos a la virtualidad ya nunca lo podremos recobrar en la realidad. Como el vino, a la virtualidad hay que tomarla con moderación, y negar su abuso es un síntoma de adicción.

Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium


El primer gran documento del pontificado del papa Francisco ya está en la calle. Se trata de la “Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del Santo Padre Francisco a los obispos, a los presbíteros y diácnonos, a las personas consagradas y a los fieles laicos sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual”. Son 224 folios y promete ser muy polémica, especialmente en el capítulo segundo: “En la crisis del compromiso comunitario”.

En esa segunda parte de la Exhortación, el argentino hace un análisis de la situación actual en clave económica. Y se lanza con fuerza contra el “mercado libre, la globalización, el crecimiento económico o el consumo”. Una “economía que mata”, asegura Francisco, que llama a los cristianos a “reconocer e interpretar las mociones del buen espíritu y del malo”.

Es una parte pequeña del documento, menos de una decena de páginas, pero con mucho contenido. Porque Francisco no hace ninguna referencia a la intervención de los poderes públicos, ni a la falta de libertad económica, ni a las barreras comerciales, ni a las leyes que limitan la competencia,… Todos los problemas parecen causados por el libre mercado, el capitalismo y la globalización.

En realidad, allí donde más libertad económica hay, menos pobreza existe, algo que el Papa no le parece relevante. Tampoco que sean los regímenes menos amables con el liberalismo aquellos donde más se ataca a la iglesia y donde más crece la miseria. En cuestiones económicas, el enemigo de Francisco es el mercado.

Cuanto más se extiende el libre mercado, más crecen los países. Por ejemplo, el último Índice de Libertad Económica está liderado por Hong Kong, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Suiza, Canadá, Chile, Mauricio, Dinamarca y EEUU. Todos estos países, con sus diferencias, están también entre los más prósperos del mundo. Enfrente, la lista la cierran Cuba, Corea del Norte o Zimbabue, países donde la carestía crece día a día.

Y en realidad, la pobreza en el mundo no sólo no está creciendo sino que desciende, tanto en términos porcentuales como en números absolutos. Y allí donde más priman los mercados, más cae. No sólo está el ejemplo asiático. En África, se está viviendo una auténtica revolución. El Continente Negro está entrando en el ciclo de la globalización y, en consecuencia, crece a tasas nunca vistas.

Las guerras no las comienzan los mercaderes, sino los políticos y los estados (esos del “bien común”). Y los atentados terroristas y otras formas modernas de violencia son cometidos abrumadoramente por individuos de familias de clase media y alta.

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA EVANGELII GAUDIUM

DEL

SANTO PADRE FRANCISCO

A LOS OBISPOS

A LOS PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS

A LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y

A LOS FIELES LAICOS

SOBRE EL ANUNCIO DEL EVANGELIO EN EL MUNDO ACTUAL

El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien.

La tentación aparece frecuentemente bajo forma de excusas y reclamos, como si debieran darse innumerables condiciones para que sea posible la alegría. Esto suele suceder porque «la sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de
placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría».

Puedo decir que los gozos más bellos y espontáneos que he visto en mis años de vida son los de personas muy pobres que tienen poco a qué aferrarse. También recuerdo la genuina alegría de aquellos que, aun en medio de grandes compromisos profesionales, han sabido conservar un corazón creyente, desprendido y sencillo. De maneras variadas, esas alegrías beben en la fuente del amor siempre más grande de Dios que se nos manifestó en Jesucristo. No me cansaré de repetir aquellas palabras de Benedicto XVI que nos llevan al centro del Evangelio: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva».

El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla. Por eso, quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien. No deberían asombrarnos entonces algunas expresiones de san Pablo: «El amor de Cristo nos apremia» (2 Co5,14); «¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!» (1 Co9,16).

La humanidad vive en este momento un giro histórico, que podemos ver en los adelantos que se producen en diversos campos. Son de alabar los avances que contribuyen al bienestar de la gente, como, por ejemplo, en el ámbito de la salud, de la educación y de la comunicación. Sin embargo, no podemos olvidar que la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas. Algunas patologías van en aumento. El miedo y la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos. La alegría de vivir frecuentemente se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente. Hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir con poca dignidad. Este cambio de época se ha generado por los enormes saltos cualitativos, cuantitativos, acelerados y acumulativos que se dan en el desarrollo científico, en las innovaciones tecnológicas y en sus veloces aplicaciones en distintos campos de la naturaleza y de la vida. Estamos en la era del conocimiento y la información, fuente de nuevas formas de un poder muchas veces
anónimo.

No a una economía de la exclusión

Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se
está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».

En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.

No a la nueva idolatría del dinero

Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya
que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que
atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro
(cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiada da en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial que afecta a las finanzas y a la economía pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la gravecarencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo.

Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz.

Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado,
convertidos en regla absoluta.

No a un dinero que gobierna en lugar de servir

Tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios.

La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la
degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que está fuera de las categorías del mercado. Para éstas, si son absolutizadas, Dios es incontrolable, inmanejable, incluso peligroso, por llamar al ser humano a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud. La ética –una ética no ideologizada– permite crear un equilibrio y un orden social más humano. En este sentido, animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: «No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos».

Una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro, sin ignorar, por supuesto, la especificidad de cada contexto. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano.

No a la inequidad que genera violencia

Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad –local, nacional o mundial– abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz. Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar
silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca. Si cada acción tiene consecuencias, un mal enquistado en las estructuras de una sociedad tiene siempre un potencial de
disolución y de muerte. Es el mal cristalizado en estructuras sociales injustas, a partir del cual no puede
esperarse un futuro mejor. Estamos lejos del llamado «fin de la historia», ya que las condiciones de un desarrollo sostenible y en paz todavía no están adecuadamente planteadas y realizadas.

Los mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del consumo, pero resulta que el consumismo desenfrenado unido a la inequidad es doblemente dañino del tejido social. Así la inequidad genera tarde o temprano una violencia que las carreras armamentistas no resuelven ni resolverán jamás. Sólo
sirven para pretender engañar a los que reclaman mayor seguridad, como si hoy no supiéramos que las armas y la represión violenta, más que aportar soluciones, crean nuevos y peores conflictos. Algunos simplemente se regodean culpando a los pobres y a los países pobres de sus propios males, con indebidas generalizaciones, y pretenden encontrar la solución en una «educación» que los tranquilice y los convierta en seres domesticados e inofensivos. Esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países –en sus gobiernos, empresarios e instituciones– cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes.

Algunos desafíos culturales

Evangelizamos también cuando tratamos de afrontar los diversos desafíos que puedan presentarse. A veces éstos se manifiestan en  verdaderos ataques a la libertad religiosa o en nuevas situaciones de persecución a los cristianos, las cuales en algunos países han alcanzado niveles alarmantes de odio y violencia. En muchos lugares se trata más bien de una difusa indiferencia relativista, relacionada con el desencanto y la crisis de las ideologías que se provocó como reacción contra todo lo que parezca totalitario. Esto no perjudica sólo a la Iglesia, sino a la vida social en general. Reconozcamos que una cultura, en la cual cada uno quiere ser el portador de una propia verdad subjetiva, vuelve difícil que los ciudadanos deseen integrar un proyecto común más allá de los beneficios y deseos personales.

En la cultura predominante, el primer lugar está ocupado por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio. Lo real cede el lugar a la apariencia. En muchos países, la globalización ha significado un acelerado deterioro de las raíces culturales con la invasión de tendencias pertenecientes a otras culturas, económicamente desarrolladas pero éticamente debilitadas. Así lo han manifestado en distintos Sínodos los Obispos de varios continentes. Los Obispos africanos, por ejemplo, retomando la Encíclica Sollicitudo rei socialis, señalaron años atrás que muchas veces se quiere convertir a los países de África en simples «piezas de un mecanismo y de un engranaje gigantesco. Esto sucede a menudo en el campo de los medios de comunicación social, los cuales, al estar dirigidos mayormente por centros de la
parte Norte del mundo, no siempre tienen en la debida consideración las prioridades y los problemas propios de estos países, ni respetan su fisonomía cultural».

Igualmente, los Obispos de Asia «subrayaron los influjos que desde el exterior se ejercen sobre las culturas
asiáticas. Están apareciendo nuevas formas de conducta, que son resultado de una excesiva exposición a los
medios de comunicación social […]

Eso tiene como consecuencia que los aspectos negativos de las industrias de los medios de comunicación y de entretenimiento ponen en peligro los valores tradicionales».

La fe católica de muchos pueblosse enfrenta hoy con el desafío de la proliferación de nuevos movimiento
s religiosos, algunos tendientes al fundamentalismo y otros que parecen proponer una espiritualidad sin
Dios. Esto es, por una parte, el resultado de una reacción humana frente a la sociedad materialista, consumista e individualista y, por otra parte, un aprovechamiento de las carencias de la población que vive en las periferias y zonas empobrecidas, que sobrevive en medio de grandes dolores humanos y busca soluciones inmediatas para sus necesidades. Estos movimientos religiosos, que se caracterizan por su sutil penetración, vienen a llenar, dentro del individualismo imperante, un vacío dejado por el racionalismo secularista. Además, es necesario que reconozcamos que, si parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia, se debe también a la existencia de unas estructuras y a un clima
poco acogedores en algunas de nuestras parroquias y comunidades, o a una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas, simples o complejos, de la vida de nuestros pueblos. En muchas partes hay un
predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así como una sacramentalización sin otras formas de evangelización.

El proceso de secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito de lo privado y de lo íntimo. Además, al negar toda trascendencia, ha producido una creciente deformación ética, un debilitamiento del sentido del pecado personal y social y un progresivo aumento del relativismo, que ocasionan una desorientación generalizada, especialmente en la etapa de la adolescencia y la juventud, tan vulnerable a los cambios. Como bien indican los Obispos de Estados Unidos de América, mientras la Iglesia insiste en la existencia de normas morales objetivas, válidas para todos, «hay quienes presentan esta enseñanza como injusta, esto es, como opuesta a los derechos humanos básicos. Tales alegatos suelen provenir de una forma de relativismo moral que está unida, no sin inconsistencia, a una creencia en los derechos absolutos de los individuos. En este punto de vista se percibe a la Iglesia como si promoviera un prejuicio particular y como si interfiriera con la libertad individual».

Vivimos en una sociedad de la información que nos satura indiscriminadamente de datos, todos en el mismo nivel, y termina llevándonos a una tremenda superficialidad a la hora de plantear las cuestiones morales. Por consiguiente, se vuelve necesaria una educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de maduración en valores.

A pesar de toda la corriente secularista que invade las sociedades, en muchos países -aun donde el cristianismo es minoría- la Iglesia católica es una institución creíble ante la opinión pública, confiable
en lo que respecta al ámbito de la solidaridad y de la preocupación por los más carenciados.

En repetidas ocasiones ha servido de mediadora en favor de la solución de problemas que afectan a la paz, la concordia, la tierra, la defensa de la vida, los derechos humanos y ciudadanos, etc. ¡Y cuánto aportan las
escuelas y universidades católicas en todo el mundo! Es muy bueno que así sea. Pero nos cuesta mostrar que, cuando planteamos otras cuestiones que despiertan menor aceptación pública, lo hacemos por fidelidad a las mismas convicciones sobre la dignidad humana y el bien común.
La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros y donde los padres
transmiten la fe a sus hijos. El matrimonio tiende a ser visto como una mera forma de gratificación afectiva que puede constituirse de cualquier manera y modificarse de acuerdo con la sensibilidad de cada uno. Pero
el aporte indispensable del matrimonio a la sociedad supera el nivel de la emotividad y el de las necesidades circunstanciales de la pareja. Como enseñan los Obispos franceses, no procede «del sentimiento amoroso, efímero por definición, sino de la profundidad del compromiso asumido por los esposos que aceptan entrar en una unión de vida total».

El individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares. La acción pastoral debe mostrar mejor todavía que la relación con nuestro Padre exige y alienta una comunión que sane, promueva y afiance los vínculos interpersonales.

Mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos insistimos en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos «mutuamente a llevar las cargas» (Ga6,2). Por otra parte, hoy surgen muchas formas de asociación para la defensa de derechos y para la consecución de nobles objetivos. Así se manifiesta una sed de participación de numerosos ciudadanos que quieren ser constructores del desarrollo social y cultural.


El primer gran documento del pontificado del papa Francisco ya está en la calle. Se trata de la “Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del Santo Padre Francisco a los obispos, a los presbíteros y diácnonos, a las personas consagradas y a los fieles laicos sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual”. Son 224 folios y promete ser muy polémica, especialmente en el capítulo segundo: “En la crisis del compromiso comunitario”.

En esa segunda parte de la Exhortación, el argentino hace un análisis de la situación actual en clave económica. Y se lanza con fuerza contra el “mercado libre, la globalización, el crecimiento económico o el consumo”. Una “economía que mata”, asegura Francisco, que llama a los cristianos a “reconocer e interpretar las mociones del buen espíritu y del malo”.

Es una parte pequeña del documento, menos de una decena de páginas, pero con mucho contenido. Porque Francisco no hace ninguna referencia a la intervención de los poderes públicos, ni a la falta de libertad económica, ni a las barreras comerciales, ni a las leyes que limitan la competencia,… Todos los problemas parecen causados por el libre mercado, el capitalismo y la globalización.

En realidad, allí donde más libertad económica hay, menos pobreza existe, algo que el Papa no le parece relevante. Tampoco que sean los regímenes menos amables con el liberalismo aquellos donde más se ataca a la iglesia y donde más crece la miseria. En cuestiones económicas, el enemigo de Francisco es el mercado.

Cuanto más se extiende el libre mercado, más crecen los países. Por ejemplo, el último Índice de Libertad Económica está liderado por Hong Kong, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Suiza, Canadá, Chile, Mauricio, Dinamarca y EEUU. Todos estos países, con sus diferencias, están también entre los más prósperos del mundo. Enfrente, la lista la cierran Cuba, Corea del Norte o Zimbabue, países donde la carestía crece día a día.

Y en realidad, la pobreza en el mundo no sólo no está creciendo sino que desciende, tanto en términos porcentuales como en números absolutos. Y allí donde más priman los mercados, más cae. No sólo está el ejemplo asiático. En África, se está viviendo una auténtica revolución. El Continente Negro está entrando en el ciclo de la globalización y, en consecuencia, crece a tasas nunca vistas.

Las guerras no las comienzan los mercaderes, sino los políticos y los estados (esos del “bien común”). Y los atentados terroristas y otras formas modernas de violencia son cometidos abrumadoramente por individuos de familias de clase media y alta.

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA EVANGELII GAUDIUM

DEL

SANTO PADRE FRANCISCO

A LOS OBISPOS

A LOS PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS

A LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y

A LOS FIELES LAICOS

SOBRE EL ANUNCIO DEL EVANGELIO EN EL MUNDO ACTUAL

El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien.

La tentación aparece frecuentemente bajo forma de excusas y reclamos, como si debieran darse innumerables condiciones para que sea posible la alegría. Esto suele suceder porque «la sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de
placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría».

Puedo decir que los gozos más bellos y espontáneos que he visto en mis años de vida son los de personas muy pobres que tienen poco a qué aferrarse. También recuerdo la genuina alegría de aquellos que, aun en medio de grandes compromisos profesionales, han sabido conservar un corazón creyente, desprendido y sencillo. De maneras variadas, esas alegrías beben en la fuente del amor siempre más grande de Dios que se nos manifestó en Jesucristo. No me cansaré de repetir aquellas palabras de Benedicto XVI que nos llevan al centro del Evangelio: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva».

El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla. Por eso, quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien. No deberían asombrarnos entonces algunas expresiones de san Pablo: «El amor de Cristo nos apremia» (2 Co5,14); «¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!» (1 Co9,16).

La humanidad vive en este momento un giro histórico, que podemos ver en los adelantos que se producen en diversos campos. Son de alabar los avances que contribuyen al bienestar de la gente, como, por ejemplo, en el ámbito de la salud, de la educación y de la comunicación. Sin embargo, no podemos olvidar que la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo vive precariamente el día a día, con consecuencias funestas. Algunas patologías van en aumento. El miedo y la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos. La alegría de vivir frecuentemente se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente. Hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir con poca dignidad. Este cambio de época se ha generado por los enormes saltos cualitativos, cuantitativos, acelerados y acumulativos que se dan en el desarrollo científico, en las innovaciones tecnológicas y en sus veloces aplicaciones en distintos campos de la naturaleza y de la vida. Estamos en la era del conocimiento y la información, fuente de nuevas formas de un poder muchas veces
anónimo.

No a una economía de la exclusión

Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se
está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».

En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.

No a la nueva idolatría del dinero

Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya
que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que
atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro
(cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiada da en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial que afecta a las finanzas y a la economía pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la gravecarencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo.

Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz.

Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado,
convertidos en regla absoluta.

No a un dinero que gobierna en lugar de servir

Tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios.

La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la
degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que está fuera de las categorías del mercado. Para éstas, si son absolutizadas, Dios es incontrolable, inmanejable, incluso peligroso, por llamar al ser humano a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud. La ética –una ética no ideologizada– permite crear un equilibrio y un orden social más humano. En este sentido, animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: «No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos».

Una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro, sin ignorar, por supuesto, la especificidad de cada contexto. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano.

No a la inequidad que genera violencia

Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad –local, nacional o mundial– abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz. Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar
silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca. Si cada acción tiene consecuencias, un mal enquistado en las estructuras de una sociedad tiene siempre un potencial de
disolución y de muerte. Es el mal cristalizado en estructuras sociales injustas, a partir del cual no puede
esperarse un futuro mejor. Estamos lejos del llamado «fin de la historia», ya que las condiciones de un desarrollo sostenible y en paz todavía no están adecuadamente planteadas y realizadas.

Los mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del consumo, pero resulta que el consumismo desenfrenado unido a la inequidad es doblemente dañino del tejido social. Así la inequidad genera tarde o temprano una violencia que las carreras armamentistas no resuelven ni resolverán jamás. Sólo
sirven para pretender engañar a los que reclaman mayor seguridad, como si hoy no supiéramos que las armas y la represión violenta, más que aportar soluciones, crean nuevos y peores conflictos. Algunos simplemente se regodean culpando a los pobres y a los países pobres de sus propios males, con indebidas generalizaciones, y pretenden encontrar la solución en una «educación» que los tranquilice y los convierta en seres domesticados e inofensivos. Esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países –en sus gobiernos, empresarios e instituciones– cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes.

Algunos desafíos culturales

Evangelizamos también cuando tratamos de afrontar los diversos desafíos que puedan presentarse. A veces éstos se manifiestan en  verdaderos ataques a la libertad religiosa o en nuevas situaciones de persecución a los cristianos, las cuales en algunos países han alcanzado niveles alarmantes de odio y violencia. En muchos lugares se trata más bien de una difusa indiferencia relativista, relacionada con el desencanto y la crisis de las ideologías que se provocó como reacción contra todo lo que parezca totalitario. Esto no perjudica sólo a la Iglesia, sino a la vida social en general. Reconozcamos que una cultura, en la cual cada uno quiere ser el portador de una propia verdad subjetiva, vuelve difícil que los ciudadanos deseen integrar un proyecto común más allá de los beneficios y deseos personales.

En la cultura predominante, el primer lugar está ocupado por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio. Lo real cede el lugar a la apariencia. En muchos países, la globalización ha significado un acelerado deterioro de las raíces culturales con la invasión de tendencias pertenecientes a otras culturas, económicamente desarrolladas pero éticamente debilitadas. Así lo han manifestado en distintos Sínodos los Obispos de varios continentes. Los Obispos africanos, por ejemplo, retomando la Encíclica Sollicitudo rei socialis, señalaron años atrás que muchas veces se quiere convertir a los países de África en simples «piezas de un mecanismo y de un engranaje gigantesco. Esto sucede a menudo en el campo de los medios de comunicación social, los cuales, al estar dirigidos mayormente por centros de la
parte Norte del mundo, no siempre tienen en la debida consideración las prioridades y los problemas propios de estos países, ni respetan su fisonomía cultural».

Igualmente, los Obispos de Asia «subrayaron los influjos que desde el exterior se ejercen sobre las culturas
asiáticas. Están apareciendo nuevas formas de conducta, que son resultado de una excesiva exposición a los
medios de comunicación social […]

Eso tiene como consecuencia que los aspectos negativos de las industrias de los medios de comunicación y de entretenimiento ponen en peligro los valores tradicionales».

La fe católica de muchos pueblosse enfrenta hoy con el desafío de la proliferación de nuevos movimiento
s religiosos, algunos tendientes al fundamentalismo y otros que parecen proponer una espiritualidad sin
Dios. Esto es, por una parte, el resultado de una reacción humana frente a la sociedad materialista, consumista e individualista y, por otra parte, un aprovechamiento de las carencias de la población que vive en las periferias y zonas empobrecidas, que sobrevive en medio de grandes dolores humanos y busca soluciones inmediatas para sus necesidades. Estos movimientos religiosos, que se caracterizan por su sutil penetración, vienen a llenar, dentro del individualismo imperante, un vacío dejado por el racionalismo secularista. Además, es necesario que reconozcamos que, si parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia, se debe también a la existencia de unas estructuras y a un clima
poco acogedores en algunas de nuestras parroquias y comunidades, o a una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas, simples o complejos, de la vida de nuestros pueblos. En muchas partes hay un
predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así como una sacramentalización sin otras formas de evangelización.

El proceso de secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito de lo privado y de lo íntimo. Además, al negar toda trascendencia, ha producido una creciente deformación ética, un debilitamiento del sentido del pecado personal y social y un progresivo aumento del relativismo, que ocasionan una desorientación generalizada, especialmente en la etapa de la adolescencia y la juventud, tan vulnerable a los cambios. Como bien indican los Obispos de Estados Unidos de América, mientras la Iglesia insiste en la existencia de normas morales objetivas, válidas para todos, «hay quienes presentan esta enseñanza como injusta, esto es, como opuesta a los derechos humanos básicos. Tales alegatos suelen provenir de una forma de relativismo moral que está unida, no sin inconsistencia, a una creencia en los derechos absolutos de los individuos. En este punto de vista se percibe a la Iglesia como si promoviera un prejuicio particular y como si interfiriera con la libertad individual».

Vivimos en una sociedad de la información que nos satura indiscriminadamente de datos, todos en el mismo nivel, y termina llevándonos a una tremenda superficialidad a la hora de plantear las cuestiones morales. Por consiguiente, se vuelve necesaria una educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de maduración en valores.

A pesar de toda la corriente secularista que invade las sociedades, en muchos países -aun donde el cristianismo es minoría- la Iglesia católica es una institución creíble ante la opinión pública, confiable
en lo que respecta al ámbito de la solidaridad y de la preocupación por los más carenciados.

En repetidas ocasiones ha servido de mediadora en favor de la solución de problemas que afectan a la paz, la concordia, la tierra, la defensa de la vida, los derechos humanos y ciudadanos, etc. ¡Y cuánto aportan las
escuelas y universidades católicas en todo el mundo! Es muy bueno que así sea. Pero nos cuesta mostrar que, cuando planteamos otras cuestiones que despiertan menor aceptación pública, lo hacemos por fidelidad a las mismas convicciones sobre la dignidad humana y el bien común.
La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros y donde los padres
transmiten la fe a sus hijos. El matrimonio tiende a ser visto como una mera forma de gratificación afectiva que puede constituirse de cualquier manera y modificarse de acuerdo con la sensibilidad de cada uno. Pero
el aporte indispensable del matrimonio a la sociedad supera el nivel de la emotividad y el de las necesidades circunstanciales de la pareja. Como enseñan los Obispos franceses, no procede «del sentimiento amoroso, efímero por definición, sino de la profundidad del compromiso asumido por los esposos que aceptan entrar en una unión de vida total».

El individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares. La acción pastoral debe mostrar mejor todavía que la relación con nuestro Padre exige y alienta una comunión que sane, promueva y afiance los vínculos interpersonales.

Mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos insistimos en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos «mutuamente a llevar las cargas» (Ga6,2). Por otra parte, hoy surgen muchas formas de asociación para la defensa de derechos y para la consecución de nobles objetivos. Así se manifiesta una sed de participación de numerosos ciudadanos que quieren ser constructores del desarrollo social y cultural.