El mito de la virgen de Guadalupe

«La Virgen de Guadalupe» es uno de los más reconocibles y símbolos venerados de México, pero sus orígenes se pueden encontrar en España. 

Copyright Kurly Tlapoyawa 2000

A pesar de que la Virgen de Guadalupe es más conocida como la patrona de las Américas, la historia de su «milagrosa» aparición en Tepeyac, México tiene sus raíces en la provincia de E…

El Mito de la Virgen de Guadalupe

“La Virgen de Guadalupe” es uno de los más reconocibles símbolos venerados de México, pero sus orígenes se pueden encontrar en España.

El icono ahora se muestra en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, uno de los santuarios marianos más visitados.  El icono es la imagen religiosa y cultural más popular de México, con los títulos: la Reina de México,  y una vez fue proclamada Patrona de Filipinas  por el Papa Pío XI en 1935. En 1999, el Papa Juan Pablo II proclamó a la Virgen María Patrona de las Américas, Emperatriz de América Latina y Protectora de los niños no nacidos bajo este título mariano.

Nuestra Señora de Guadalupe, también conocida como la Virgen de Guadalupe es un famoso icono católico de la Virgen María. El santuario de Nuestra Señora de Guadalupe fue el santuario mariano más importante en el reino medieval de Castilla. Se venera en el monasterio de Santa María de Guadalupe, en la actual provincia de Cáceres de la comunidad autónoma de Extremadura de España. Nuestra Señora de Guadalupe es una de las tres Madonnas Negras en España. La estatua fue coronada canónicamente en 1928 con una corona diseñada y elaborada por el padre Félix Granda.

A mediados del siglo 14, en  Extremadura, España, un pastor descubrió una pequeña imagen islámica que se parecía a la Virgen María en el banco de el río Guadalupe. La imagen de madera tenía la piel de color marrón oscuro y estaba encima de una luna creciente, símbolo del Islam. Es la imagen simbolizaba el triunfo del cristianismo sobre el Islam. El nombre del río “Guadalupe” se deriva de la palabra árabe “guadale” que significa “río”, y “Lupo”, que en latín significa Lobo. El descubrimiento de la Virgen fue visto como una prueba de que la expulsión de los moros habían sido voluntad de Dios.

Hay una tradición de que la estatua fue tallada por Lucas Evangelista y entregada a San Leandro, arzobispo de Sevilla, por el Papa Gregorio I. Cuando los moros tomaron Sevilla, un grupo de sacerdotes huyó hacia el norte y enterró la estatua en las colinas. cerca del río Guadalupe en Extremadura. A principios del siglo XIV, un pastor afirmó que la Virgen María se le había aparecido y le ordenó que pidiera a los sacerdotes que cavaran en el lugar de la aparición. Se encontro la estatua oculta y se construyo un pequeño santuario que se convirtió en el gran monasterio de Guadalupe. Los peregrinos comenzaron a llegar en 1326, y en 1340, el rey Alfonso XI se interesó personalmente en el desarrollo del santuario, atribuyendo su victoria sobre los moros en la batalla de Río Salado a la intercesión de la Virgen. Nuestra Señora de Guadalupe, junto con Santiago de Compostela y Nuestra Señora del Pilar se convirtieron en puntos de reunión para los cristianos españoles en su reconquista de Iberia. En 1386, el santuario fue recomendado a los Jerónimos, quienes convirtieron la devoción popular a la figura en un verdadero culto. Se veneraron copias de la estatua en capillas satélites. El nombre de la Señora de Guadalupe mexicana deriva de Extremadura, patria de muchos conquistadores, incluido Hernán Cortés. Los agustinos ayudaron a difundir la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe (Extremadura) en Filipinas a través de trabajos misioneros. La asignación de sacerdotes de Cáceres, España contribuyó al desarrollo de otra devoción más en este nuevo territorio español.

Con el fin de ayudar a difundir la veneración de “Nuestra Señora”, los artistas comenzaron a pintar réplicas de la talla y ellos ganaron su dinero con la venta de las copias de la misma. En febrero de 1495, Cristóbal Colón inició la transatlántica trata de esclavos enviando 550 Nativos Taínos del recién “descubierto” continente Americano a España. Como estas extrañas personas eran de la misma complexión que la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, el Rey y la Reina de España declararon a la Virgen como “Protectora de los indios.” En 1496, los esclavos nativos fueron llevados al templo y bautizados en honor de la Virgen del Río Lobo.  Hernán Cortés era ferviente devoto de dedicó fanáticamente a la Virgen de Guadalupe, y llevaba una imagen de ella como bandera. En 1519, Cortés al invadir el  Anahuac, introdujo la imagen de La Virgen de Guadalupe a lo que sería México. El historiador italiano Lorenzo Boturini describió la bandera de Cortes de la siguiente manera:

“Una bella imagen de la Virgen María fue pintada en ella. Ella llevaba una corona de oro y estaba rodeada por 12 estrellas de oro. Ella tenía las manos juntas en oración, pidiéndole a su hijo para proteger y dar fuerza a los españoles para que pudieran conquistar y cristianizar a los paganos.”

Después de la conquista española en 1519–21, se destruyó un templo de la diosa Tonantzin, la madre Tierra, en Tepeyac, en las afueras de la Ciudad de México, y se construyó una capilla dedicada a la Virgen en el sitio. – Una reproducción del estandarte de Cortés se creó y colgó en su interior. Los indios recién convertidos continuaron viniendo de lejos para adorar allí. El objeto de su culto, sin embargo, era otro, ya que continuaron dirigiéndose a la Virgen María como Tonantzin.

Dos relatos, publicados en la década de 1640, uno en español, uno en náhuatl, cuentan cómo, mientras caminaba desde su pueblo a la Ciudad de México a la mañana del 9 de diciembre de 1531 (entonces la Fiesta de la Inmaculada Concepción en el Imperio español),  Juan Diego vio en las laderas del cerro del Tepeyac la visión de una niña de quince o dieciséis años rodeada de luz. Hablando con él en náhuatl, el idioma local, le pidió que se construyera una iglesia en ese sitio, en su honor; Por sus palabras, Juan Diego reconoció a la Dama como la Virgen María. Diego le contó su historia al arzobispo español, Fray Juan de Zumárraga, quien le indicó que regresara al cerro y le pidiera a la señora un signo milagroso para demostrar su identidad. La Virgen le dijo a Juan Diego que recogiera flores de la cima del Tepeyac. Aunque diciembre era muy tarde en la temporada para que las flores florecieran, Juan Diego encontró en la colina estéril rosas castellanas, no nativas de México, que la Virgen arregló en su capa de tilma campesina. Cuando Juan Diego abrió la capa ante el obispo Zumárraga el 12 de diciembre, las flores cayeron al suelo y en su lugar estaba la imagen de la Virgen de Guadalupe, impresa milagrosamente en la tela.

En el primer relato de la aparición, el Nican Mopohua, escrito en lengua náhuatl alrededor de 1556, la Virgen María le dice a Juan Bernadino, el tío de Juan Diego, que la imagen que queda en la tilma debe ser conocida por el nombre ” la Virgen perfecta, Santa María de Guadalupe “.

Hoy en día no existe consenso entre los académicos sobre cómo se atribuyó el nombre “Guadalupe” a la imagen. Una propuesta es que los españoles malinterpretaron un nombre náhuatl, otra es que el nombre español “Guadalupe”, como el español Nuestra Señora de Guadalupe, Extremadura, es el nombre original. La primera teoría promueve un origen náhuatl. Luis Becerra Tanco , en su obra Felicidad de México de 1675, Becerra Tanco afirmó que Juan Bernardino y Juan Diego no habrían podido entender el nombre de Guadalupe porque contiene sonidos que no existen en náhuatl. Propuso dos nombres alternativos náhuatl que suenan similares a “Guadalupe”, Tecuatlanopeuh [tek?at??a’nope?], “ella cuyos orígenes estaban en la cumbre rocosa”, y Tecuantlaxopeuh [tek?ant??a’?ope?], “ella que destierra a los que nos devoraron”.  También se ha sugerido que el nombre es una versión en español del término náhuatl, Co?tlaxopeuh [koa?t??a’?ope?], que significa “el que aplasta a la serpiente” y que puede estar refiriéndose a la serpiente emplumada Quetzacoatl. La teoría que promueve el origen del nombre en español afirma que: Juan Diego y Juan Bernardino habrían estado familiarizados con los sonidos en español “g” y “d” ya que sus nombres bautismales contienen esos sonidos. La falta de evidencia de cualquier otro nombre para la Virgen durante los casi 144 años transcurridos entre la aparición en 1531 y la propuesta de Becerra Tanco en 1675, respalda a la “Guadalupe” española como original. Los documentos escritos por españoles contemporáneos y frailes franciscanos que argumentan para que el nombre de la virgen de Guadalupe se cambie a un nombre nativo como “Tepeaca” o “Tepeaquilla” no tendría sentido si fuera un nombre náhuatl original.  Según la tradición, la Virgen se le apareció a un hombre nahua llamado Juan Diego en diciembre de 1531 en el Cerro Tepeyac, al norte de la Ciudad de México, donde había un santuario dedicado a la deidad femenina azteca de la tierra Tonantzin. Hasta el día de hoy, en las comunidades de habla náhuatl (también en otras comunidades), la Virgen sigue siendo llamada “Tonantzin” y su aparición se conmemora el 12 de diciembre de cada año.

Tonantzin significa “Nuestra Madre Sagrada” en el idioma náhuatl y ella continúa conectada simbólicamente con la fertilidad y la tierra. No se sabe con precisión cómo la deidad prehispánica Tonantzin se conectó con la Virgen Cristiana de Guadalupe, sin embargo, podemos suponer que muchas personas de la época creían que su apariencia representaba el regreso de la deidad madre azteca. El primer registro de la existencia de la pintura fue en 1556, cuando el arzobispo Alonso de Montufar, un dominicano, predicó un sermón que elogia la devoción popular a Nuestra Señora de Guadalupe, con respecto a una pintura en la capilla de Tepeyac, donde se habían realizado ciertos milagros recientemente. Días después le respondió Francisco de Bustamante, jefe de los franciscanos, guardianes de la capilla en Tepeyac, quien pronunció un sermón ante el virrey expresando su preocupación de que el arzobispo promoviera un respeto supersticioso por una pintura de un artista nativo, Marcos Cipac de Aquino:

La devoción que ha estado creciendo en una capilla dedicada a Nuestra Señora, llamada de Guadalupe, en esta ciudad es muy dañina para los nativos, porque les hace creer que la imagen pintada por el indio Marcos es milagrosa de alguna manera.

Al día siguiente, el arzobispo Montufar abrió una investigación. Los franciscanos repitieron su afirmación de que la imagen fomentaba la idolatría y la superstición, y testificaron que fue pintada por “Marcos el indio”.  El arzobispo apoyo a los dominicos, que favorecían permitir que los aztecas veneraran a la virgen de Guadalupe. El asunto terminó con los franciscanos privados de la custodia del santuario y la tilma montada y exhibida dentro de una iglesia muy ampliada.

El primer relato extendido de la imagen y la aparición está en Imagen de la Virgen María, Madre de Dios de Guadalupe, una guía del culto publicada en 1648 por Miguel Sánchez, sacerdote diocesano de la Ciudad de México. Un folleto de 36 páginas en idioma náhuatl, Huei tlamahuiçoltica (“El gran evento”), fue publicado en 1649 por Luis Lasso de la Vega, que tiene una gran afinidad con la narrativa de Sánchez. Este tratado contiene un texto sobre la aparición y el origen sobrenatural de la imagen, además de otras dos secciones, que describen catorce milagros relacionados con Nuestra Señora de Guadalupe, y un relato de la Virgen en Nueva España.

La creciente fama de la imagen llevó a un interés paralelo en Juan Diego. En 1666, la Iglesia, con el objetivo de establecer un día de fiesta en su nombre, comenzó a recopilar información de personas que informaron haberlo conocido, y en 1723 se ordenó una investigación formal de su vida.

En 1987, bajo el Papa Juan Pablo II, que se interesó especialmente en los santos y en los católicos no europeos, la Congregación para las Causas de los Santos lo declaró “venerable”, y el 6 de mayo de 1990 fue beatificado por el propio Papa. durante la misa en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México, siendo declarado “protector y defensor de los pueblos indígenas”, con el 9 de diciembre como su día de fiesta.

Historiadores y teólogos cuestionan la calidad de la evidencia con respecto a Juan Diego. No se menciona a él ni a su visión milagrosa en los escritos del obispo Zumárraga, en cuyas manos entregó la imagen milagrosa, ni en el registro de la investigación eclesiástica de 1556, que lo omite por completo, ni en ningún otro lugar antes de mediados del siglo XVII.

Pero ¿qué pruebas posibles se tienen de que la imagen de La Virgen es un milagro? El documento, escrito en Náhuatl por Antonio Valeriano a mediados de 1500, contiene errores históricos y relaciones inconsistentes con los usos y costumbres de la época que describe, y el documento informa de acontecimientos que ocurrieron mucho después de que Antonio Valeriano muriera en 1605. Autores de la época como Bernal Díaz del Castillo, Diego de Durán, Bernardino de Sahagún, Bartolomé de las Casas, Hernán Cortés, e incluso Zumárraga mismo nunca mencionar la aparición de la virgen de Guadalupe en Tepeyacac.

Con le paso de los años, la pintura se deterioro por el moho y la exposición a los elementos. En 1751, el arzobispo Rubio comisionó al famoso pintor Miguel Cabrera, un católico fanático, para retocar la pintura.

En 1787, José Ignacio Bartolache se encargó de examinar la imagen. Ayudado por un grupo de pintores especializados, Bartolache descubrió que la imagen había sido

“muy retocada y estaba cubierta de manchas y que en algunos lugares se está desmoronando debido al efecto de los hongos y la humedad.”

Además de esto, el grupo hizo las siguientes observaciones:

  1. El trabajo de más de un artista.
  2. No se hizo en tela de maguey, sino en manta de palma fina
  3. Pegado a un marco de madera
  4. Deteriorada

Bartolache no fue el único que dudó del origen divino de la imagen. En 1883, Joaquín García Icazbalceta, historiador y biógrafo de Zumárraga, fue dirigido por el Arzobispo Labastida para investigar el asunto. En un informe confidencial sobre la Señora de Guadalupe para el obispo Labastida, dudaba mucho en apoyar la historia de la aparición y declaró su conclusión de que allí nunca fue tal persona. Después de un intenso y minucioso examen de la tilma, Icazbalceta admitió que la imagen era en realidad un fraude. En su informe al Arzobispo, Icazbalceta declaró que

“Con todo mi corazón, yo esperaba que este milagro, que demostraría ser un gran honor para mi país, resultaría ser cierto, pero no me parece que lo sea. Si nos obligan a creer y proclamar los milagros que han ocurrido, también tenemos prohibido publicar su falsedad”.

La más completa revisión de la tilma fue realizada en 1999 por el profesor Leoncio Garza-Valdés de la Universidad de Texas en San Antonio. Su instrumentación reveló que la imagen actual data de alrededor de 1625, y se pintará sobre una imagen algo diferente fechada en 1556.

En 1921, durante la guerra cristera, un obrero colocó una bomba a solo unos metros de la tilma, y ??la explosión demolió los escalones de mármol, dobló severamente un crucifijo de latón y destrozó ventanas desde el otro lado de la calle. La palabra oficial fue que la tilma no sufrió daños pero pasarían dos años antes de que se pudiera volver a montar con una nueva construcción. Hay una versión de que la tilma fue retocada en secreto por Candelario Rivas ,antes de que se exhibiera nuevamente en 1923, por lo que podría haber sido al menos un dañado parcial. En una tarde de 1923, el carruaje del arzobispo de la Ciudad de México apareció en frente a la casa Rivas. Sin dar explicación, Candelario se fue con el arzobispo por varios dias. Candelario le reveló a dos amigos cercanos que había sido convocado por la Iglesia Católica para trabajar en secreto en la Bendita Tilma en la Ciudad de México.

En 1996, el abad de 83 años de la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenberg, se vio obligado a renunciar tras una entrevista con la revista católica Ixthus, cuando dijo que Juan Diego era “un símbolo, no una realidad . ” Schulenberg fue removido. aunque creía que la creación del mito de La Virgen estaba justificado, ya que ganó toda una nación para la religión católica, dudaba de la existencia de Juan Diego.

En 1995, con el progreso hacia la santificación en un punto muerto, el padre Xavier Escalada, un jesuita que escribe una enciclopedia de la leyenda Guadalupana, produjo un códice de piel de ciervo (Codex Escalada), que ilustra la aparición y la vida y muerte de Juan Diego. Aunque la existencia misma de este importante documento había sido desconocida anteriormente, llevaba la fecha 1548, colocándola dentro de la vida de aquellos que habían conocido a Juan Diego, y llevaba las firmas de dos sacerdotes confiables del siglo XVI, Antonio Valeriano y Bernardino de Sahagún, verificando así su contenido. Algunos estudiosos describieron el descubrimiento del Códice como

“…más bien como encontrar una imagen de la visión de Cristo de San Pablo en el camino a Damasco, dibujada por San Lucas y firmada por San Pedro”

Con todo y todo, Diego fue declarado santo, con el nombre de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, en 2002.

La iconografía de la Virgen es impecablemente católica: Miguel Sánchez, el autor del tratado de 1648 Imagen de la Virgen María, la describió como una referencia al Apocalipsis del Nuevo Testamento, “vestida con el sol, y la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas ” y también es descrita como una representación de la Inmaculada Concepción.  Sin embargo,  la imagen también tiene una capa oculta de mensajes codificados para los pueblos indígenas de México, lo que explica considerablemente su popularidad. Su manto azul verdoso era del color reservado para la divina pareja Ometecuhtli y Omecihuatl, su cinturón se interpreta como un signo de embarazo; y una imagen en forma de cruz que simboliza el cosmos, y llamada nahui-ollin, está inscrita debajo de la banda de la imagen. Fue llamada “madre de maguey“, la fuente de la bebida sagrada pulque, “la leche de la Virgen”,  y los rayos de luz que la rodeaban se duplicaron como espinas de maguey.

Nuestra Señora de Guadalupe es reconocida como un símbolo de todos los mexicanos católicos. Miguel Sánchez, el autor del primer relato de la aparición en español, identificó a Guadalupe como la Mujer del Apocalipsis de Apocalipsis y dijo:

este Nuevo Mundo ha sido ganado y conquistado por la mano de la Virgen María … [quien] había preparado, dispuesto y creado su exquisita semejanza en esta su tierra mexicana, que fue conquistada con un propósito tan glorioso,

Una imagen mexicana.

A lo largo de la historia nacional mexicana de los siglos XIX y XX, el nombre y la imagen Guadalupana han sido símbolos unificadores nacionales; El primer presidente de México (1824-1829) cambió su nombre de José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix a Guadalupe Victoria en honor de la Virgen de Guadalupe. El Padre Miguel Hidalgo, en la Guerra de Independencia de México (1810), y Emiliano Zapata, en la Revolución Mexicana (1910) lideraron sus respectivas fuerzas armadas con banderas guadalupanas estampadas con una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.

En 1810, Miguel Hidalgo y Costilla inició la apuesta por la independencia de México con su Grito de Dolores, con el grito “¡Muerte a los españoles y viva la Virgen de Guadalupe!” Cuando el ejército mestizo-indígena de Hidalgo atacó a Guanajuato y Valladolid, colocaron el estandarte de la Virgen de Guadalupe, que era la insignia de su empresa, en palos o cañas pintadas de diferentes colores, y todos llevaban una impresión de la Virgen en sus sombreros. Después de la muerte de Hidalgo, la dirección de la revolución cayó en un sacerdote zambo / mestizo llamado José María Morelos, quien dirigió las tropas insurgentes en el sur de México. Morelos adoptó a la Virgen como el sello de su Congreso de Chilpancingo, inscribiendo su día de fiesta en la constitución de Chilpancingo y declarando que Guadalupe era el poder detrás de sus victorias:

Nueva España pone menos fe en sus propios esfuerzos que en el poder de Dios y la intercesión de su Santísima Madre, quien apareció dentro de los recintos de Tepeyac como la imagen milagrosa de Guadalupe que vino a consolarnos, defendernos, ser visiblemente nuestra protección.

Simón Bolívar notó el tema guadalupano en estos levantamientos, y poco antes de la ejecución de Morelos en 1815 escribió:

“los líderes de la lucha por la independencia han utilizado el fanatismo al proclamar a la famosa Virgen de Guadalupe como la reina de los patriotas, rezándole en tiempos difíciles y mostrándola en sus banderas … la veneración por esta imagen en México supera con creces la mayor reverencia que el profeta más astuto podría inspirar “.

Uno de los oficiales de Morelos, Félix Fernández, se convertiría más tarde en el primer presidente de México. , incluso cambiando su nombre a Guadalupe Victoria.

En 1895 la tilma estaba deteriorada más allá de reparación y el padre Antonio Plancarte ordenó que se cambiara la imagen por una nueva. La declaración de Plancarte se puede leer en la edición del 03 de diciembre 1895 del El Universal. Sin embargo, cuando la nueva imagen se puso en su lugar, los sacerdotes notaron que los artistas habían omitido completamente la corona que reposaba en cabeza de la “La Virgen”, lo que se declaro milagroso. Este evento se registró en gran detalle en el libro “Ecos del Olvido”, que fue publicado en 1900 por el obispo Sánchez Camacho.

En 1914, el ejército campesino de Emiliano Zapata se levantó en el sur contra el gobierno de Porfirio Díaz. Aunque las fuerzas rebeldes de Zapata estaban principalmente interesadas en la reforma agraria, “tierra y libertad” era el eslogan del levantamiento, cuando sus tropas campesinas penetraron en la Ciudad de México, portaban estandartes Guadalupanos.

En 1999, la Iglesia la proclamó oficialmente la Patrona de las Américas, la Emperatriz de América Latina y la Protectora de los niños no nacidos.

Más recientemente, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional contemporáneo (EZLN) nombró su “ciudad móvil” en honor a la Virgen: se llama Guadalupe Tepeyac. El subcomandante Marcos, portavoz del EZLN, escribió una carta humorística en 1995 describiendo las disputas del EZLN sobre qué hacer con una estatua de Guadalupe que habían recibido como regalo.

Hernán Cortés, el conquistador que derrocó al imperio azteca en 1521, era originario de Extremadura, hogar de Nuestra Señora de Guadalupe. En el siglo XVI, la Guadalupe extremeña, una estatua de la Virgen que se dice que fue tallada por San Lucas Evangelista, ya era un ícono nacional. Fue encontrado a principios del siglo XIV cuando la Virgen se le apareció a un humilde pastor y le ordenó cavar en el lugar de la aparición. La Virgen recuperada ayudó milagrosamente a expulsar a los moros de España, y su pequeño santuario se convirtió en el gran monasterio de Guadalupe. Uno de los atributos más notables de Guadalupe de Extremadura es que es morena, como los americanos, y por lo tanto se convirtió en el ícono perfecto para los misioneros que siguieron a Cortés para convertir a los nativos al cristianismo.

En la mitología azteca y entre los nahuas actuales, Tonantzin “Nuestra Madre Venerada” es un título general otorgado a las deidades femeninas. Los informantes de Sahagún, por ejemplo, llamaron a la aterradora diosa de la guerra y el parto, Cihuacóatl, por este título. Se cree particularmente que el título se refiere a la Madre Tierra. Diosas como la “Madre Tierra”, la “Diosa del Sustento”, la “Abuela Honrada”, la “Serpiente”, el “Productor de maíz” y la “Madre del maíz” pueden llamarse Tonantzin. Otros nombres indígenas incluyen Chicomexochitl (“Siete Flores”) y Chalchiuhcihuatl (“Mujer de Piedra Preciosa”).

Al aparecer Nuestra Señora de Guadalupe en la colina de Tepeyac, donde los sacerdotes españoles quemaron el templo de Tonatzin, los nativos aceptaron a Nuestra Señora de Guadalupe como Tonatzin. La Basílica de Guadalupe del siglo XVII de la Ciudad de México, construida en honor de la Virgen y quizás el edificio religioso más importante de México, fue construida en la base de la colina de Tepeyac, que se cree que es un sitio utilizado para el culto precolombino de Tonantzin. Coatlaxopeuh significa “el que aplasta a la serpiente” y que puede estar refiriéndose a la serpiente emplumada Quetzalcóatl. Según el relato tradicional, el nombre de Guadalupe fue elegido por la propia Virgen cuando apareció en la colina a las afueras de la Ciudad de México en 1531, diez años después de la Conquista. Según la historia secular, en 1555 el obispo Alonso de Montúfar le encargó a una Virgen de Guadalupe a un artista nativo, quien le dio la piel oscura que su propio pueblo compartía con la famosa Virgen de Extremadura.

Independientemente de la conexión entre la mexicana y su homónima española más antigua, la iconografía fusionada de la Virgen Maria y la diosa indígena nahua Tonantzin proporcionó un camino para que los españoles del siglo XVI obtuvieran conversos entre la población indígena, mientras que simultáneamente permitían a los mexicanos del siglo XVI continuar la práctica de su religión nativa.

Guadalupe sigue siendo una mezcla de las culturas que se fusionaron para formar México, tanto racial como religiosamente,  “la primera mestiza”,  o “la primera mexicana”. “Reunir a personas de distintas herencias culturales, al mismo tiempo que afirman su distinción”.

Como Jacques Lafaye escribió en Quetzalcóatl y Guadalupe,

“mientras los cristianos construían sus primeras iglesias con los escombros y las columnas de los antiguos templos paganos, así que a menudo tomaron prestadas costumbres paganas para sus propios fines de culto “.

La ??autora Judy King afirma que:

“La Virgen de Guadalupe es la banda elástica que une a esta nación dispar”.

El novelista mexicano Carlos Fuentes dijo una vez que

“no se puede ser considerado mexicano a menos que se crea en la Virgen de Guadalupe”.

El premio Nobel de Literatura Octavio Paz escribió en 1974 que

“el pueblo mexicano, después de más de dos siglos de experimentos, tiene fe solo en La Virgen de Guadalupe y la Lotería Nacional “.

El santuario de la Virgen de Guadalupe es el destino de peregrinación católica más visitado del mundo. Durante el viernes y el sábado del 11 al 12 de diciembre de 2009, un número récord de 6.1 millones de peregrinos visitaron la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México para conmemorar el aniversario de la aparición. La Virgen de Guadalupe es considerada la Patrona de México y las Américas continentales; También es venerada por los nativos americanos, debido a la devoción que llama a la conversión de las Américas. Se pueden encontrar réplicas de la tilma en miles de iglesias en todo el mundo, y numerosas parroquias llevan su nombre. Debido a una afirmación de que su faja negra indica embarazo en la imagen, la Santísima Virgen María, bajo este título, es invocada popularmente como Patrona de los No Nacidos y una imagen común para el movimiento Pro-Vida.

Bibliografía:

El mito guadalupano (Colección Rius)

 

El mito de la virgen de Guadalupe

El Mito de la Virgen de Guadalupe

A pesar de que la Virgen de Guadalupe es más conocida como la patrona de las Américas, la historia tiene sus raíces en la provincia de Extremadura, España. Fue aquí que un Español llamado Gil Cordero descubrió una pequeña imagen islámica que se parecía a la Virgen María en el banco de el río Guadalupe, en algún momento a mediados del siglo 13. La imagen de

El Mito de la Virgen de Guadalupe A pesar de que la Virgen de Guadalupe es más conocida como la patrona de las Américas, la historia tiene sus raíces en la provincia de Extremadura, España. Fue aquí que un Español llamado Gil Cordero descubrió una pequeña imagen islámica que se parecía a la Virgen María en el banco de el río Guadalupe, en algún momento a mediados del siglo 13. La imagen de

Chalchiuhtlicue

Chalchiuhtlicue (en náhuatl: chalcihuitlìcue, ‘la que tiene su falda de jade’chalchihuitl, jade; i, su; cueitl, falda; e, que tiene’)? en la mitología mexica es la diosa de los lagos y corrientes de agua. También es patrona de los nacimientos, y desempeña un papel importante en los bautismos aztecas. Preside sobre el día 5 Serpiente y sobre el tricenal de 1 Caña. Fue una de las figuras femeninas más importantes vinculada al líquido en la cultura mesoamericana. Chalchiuhtlicue fue considerada también como la más importante protectora de la navegación costera en el México antiguo.

En el mito de los cinco soles, ella alumbró al mundo en el Primer Sol, dominaba el cuarto mundo, en la era Cuatro-Agua. Durante su reinado el cielo era de agua, la cual cayó sobre la tierra como un gran diluvio a manos de esta diosa. Los seres humanos se transformaron en peces. Pareja o dualidad de Tláloc y con él fue madre de Tecciztécatl y rigió sobre Tlalocan. En su aspecto acuático, es conocida como Acuecucyoticihuati, diosa de los océanos, los ríos y todas las aguas que corren, así como patrona de las parturientas. Se dice también que fue esposa de Xiuhtecuhtli. A veces se la asocia con la diosa de la lluvia, Matlálcueitl.
En el arte, Chalchiuhtlicue se ilustra usando una falda verde y con breves líneas negras verticales en la parte inferior de su rostro. En algunos casos pueden verse niños recién nacidos en una corriente de agua que surge de sus faldas. Se la encuentra representada en varios manuscritos de México, incluyendo las placas 11 y 65 del Códice Borgia (precolombino), en la página 5 del Códice Borbónico del siglo XVI, y en la página 17 del Códice Ríos. Sus esculturas están generalmente hechas de piedra verde, como corresponde a su nombre.

Chalchiuhtlicue (en náhuatl: chalcihuitlìcue, ‘la que tiene su falda de jade’chalchihuitl, jade; i, su; cueitl, falda; e, que tiene’)? en la mitología mexica es la diosa de los lagos y corrientes de agua. También es patrona de los nacimientos, y desempeña un papel importante en los bautismos aztecas. Preside sobre el día 5 Serpiente y sobre el tricenal de 1 Caña. Fue una de las figuras femeninas más importantes vinculada al líquido en la cultura mesoamericana. Chalchiuhtlicue fue considerada también como la más importante protectora de la navegación costera en el México antiguo.

En el mito de los cinco soles, ella alumbró al mundo en el Primer Sol, dominaba el cuarto mundo, en la era Cuatro-Agua. Durante su reinado el cielo era de agua, la cual cayó sobre la tierra como un gran diluvio a manos de esta diosa. Los seres humanos se transformaron en peces. Pareja o dualidad de Tláloc y con él fue madre de Tecciztécatl y rigió sobre Tlalocan. En su aspecto acuático, es conocida como Acuecucyoticihuati, diosa de los océanos, los ríos y todas las aguas que corren, así como patrona de las parturientas. Se dice también que fue esposa de Xiuhtecuhtli. A veces se la asocia con la diosa de la lluvia, Matlálcueitl.
En el arte, Chalchiuhtlicue se ilustra usando una falda verde y con breves líneas negras verticales en la parte inferior de su rostro. En algunos casos pueden verse niños recién nacidos en una corriente de agua que surge de sus faldas. Se la encuentra representada en varios manuscritos de México, incluyendo las placas 11 y 65 del Códice Borgia (precolombino), en la página 5 del Códice Borbónico del siglo XVI, y en la página 17 del Códice Ríos. Sus esculturas están generalmente hechas de piedra verde, como corresponde a su nombre.

Tlazoltéotl

Tlazoltéotl (en náhuatl: tlazōlteōtl, ‘diosa de la inmundicia’tla, prefijo; zōlli, inmundicia; téōtl, dios’)? Deidad de origen Huasteco, que en la mitología mexica es la diosa de la lujuria y de los amores ilícitos, patrona de la incontinencia, del adulterio, del sexo, de las pasiones, de la carnalidad y de las transgresiones morales; era la diosa que eliminaba del mundo el pecado y la diosa más relacionada con la sexualidad y con la Luna. En los códices se la representaba en la postura azteca habitual para dar a luz o a veces defecando debido a que los pecados de lujuria se simbolizaban con excrementos. Así como en otros códices aparece sosteniendo «la raíz del diablo», planta usada para hacer más fuertes los efectos del pulque (bebida relacionada con la inmoralidad) y disminuir los dolores del parto.
Era conocida como «la comedora de suciedad» debido a que se creía que visitaba a la gente que estaba por morir. La diosa Tlazoltéotl mostraba las contradicciones de algunos valores morales sobre la feminidad en la sociedad azteca: traía el sufrimiento con enfermedades venéreas y lo curaba con la medicina, inspiraba las desviaciones sexuales pero a la vez tenía la capacidad de absolverlas, y todo ello siendo diosa madre de la fertilidad, del parto, patrona de los médicos y a la vez diosa cruel que traía locura.
Tlazoltéotl (en náhuatl: tlaz?lte?tl, ‘diosa de la inmundicia’tla, prefijo; z?lli, inmundicia; té?tl, dios’)? Deidad de origen Huasteco, que en la mitología mexica es la diosa de la lujuria y de los amores ilícitos, patrona de la incontinencia, del adulterio, del sexo, de las pasiones, de la carnalidad y de las transgresiones morales; era la diosa que eliminaba del mundo el pecado y la diosa más relacionada con la sexualidad y con la Luna. En los códices se la representaba en la postura azteca habitual para dar a luz o a veces defecando debido a que los pecados de lujuria se simbolizaban con excrementos. Así como en otros códices aparece sosteniendo "la raíz del diablo", planta usada para hacer más fuertes los efectos del pulque (bebida relacionada con la inmoralidad) y disminuir los dolores del parto.
Era conocida como "la comedora de suciedad" debido a que se creía que visitaba a la gente que estaba por morir. La diosa Tlazoltéotl mostraba las contradicciones de algunos valores morales sobre la feminidad en la sociedad azteca: traía el sufrimiento con enfermedades venéreas y lo curaba con la medicina, inspiraba las desviaciones sexuales pero a la vez tenía la capacidad de absolverlas, y todo ello siendo diosa madre de la fertilidad, del parto, patrona de los médicos y a la vez diosa cruel que traía locura.

Tepeyóllotl

Tepeyóllotl (en náhuatl: tepeyollotl, ‘corazón del monte’tépetl, monte, montaña, cerro; yóllotl, corazón’)? en la mitología mexica es el dios de las montañas y de los ecos, patrono de los jaguares
Tepeyóllotl (en náhuatl: tepeyollotl, ‘corazón del monte’tépetl, monte, montaña, cerro; yóllotl, corazón’)? en la mitología mexica es el dios de las montañas y de los ecos, patrono de los jaguares

Iztli

Iztli (o Itztli) era un dios mexica de piedra, en la forma de un cuchillo de sacrificios.
Servía a Tezcatlipoca como dios de la Segunda Hora de la Noche.
Está asociado con Chalchiuhtlicue y Tlazoltéotl.
Iztli (o Itztli) era un dios mexica de piedra, en la forma de un cuchillo de sacrificios.
Servía a Tezcatlipoca como dios de la Segunda Hora de la Noche.
Está asociado con Chalchiuhtlicue y Tlazoltéotl.

Huehuetéotl

Escultura de Huehuetéotl.
Véase también: Xiuhtecuhtli

Huehuetéotl (en náhuatl: huēhueh-teōtl, ‘dios-viejo’)? es el nombre con el que se conoce genéricamente a la divinidad mesoamericana del fuego. Su culto fue uno de los más antiguos de Mesoamérica, como lo testifican las efigies encontradas en sitios tan antiguos como Cuicuilco y Monte Albán.
En tanto que divinidad solar, estaba relacionado con el calendario. Se le representaba como un anciano arrugado, barbado, desdentado y encorvado. Sentado, Huehuetéotl llevaba un enorme brasero sobre sus espaldas. En otras ocasiones, el mismo brasero era la propia representación del dios. La Serpiente de Fuego (Xiuhtecuhtli) parece haber sido su nahual. Uno de sus símbolos era la cruz de los cuatro rumbos del universo o quincunce, que partían del centro donde él residía.

Escultura de Huehuetéotl.
Huehuetéotl (en náhuatl: hu?hueh-te?tl, ‘dios-viejo’)? es el nombre con el que se conoce genéricamente a la divinidad mesoamericana del fuego. Su culto fue uno de los más antiguos de Mesoamérica, como lo testifican las efigies encontradas en sitios tan antiguos como Cuicuilco y Monte Albán.
En tanto que divinidad solar, estaba relacionado con el calendario. Se le representaba como un anciano arrugado, barbado, desdentado y encorvado. Sentado, Huehuetéotl llevaba un enorme brasero sobre sus espaldas. En otras ocasiones, el mismo brasero era la propia representación del dios. La Serpiente de Fuego (Xiuhtecuhtli) parece haber sido su nahual. Uno de sus símbolos era la cruz de los cuatro rumbos del universo o quincunce, que partían del centro donde él residía.

Tonatiuh

Tonatiuh o Tonatiuhtéotl (en náhuatl: tonatiuh, ‘el sol’tonatiuh, sol’)? en la mitología Azteca es el dios del Sol. El pueblo mexicano lo consideró como el líder del cielo. También fue conocido como el Quinto Sol, debido a que los mexicas creían que asumió el control cuando el Cuarto Sol fue expulsado del cielo, y de acuerdo a su Cosmogonía, cada sol era un dios con su propia era cósmica y según los aztecas, ellos aún se encontraban en la era de Tonatiuh (Nahui-Ollin).
Según cuenta el mito mexica que los dioses, después de la muerte del cuarto sol, buscaban al quinto nuevo sol. Encontraron a dos dioses, a Tecusiztécatl, un hombre cobarde pero orgulloso de sí mismo, y Nanahuatzin, un dios noble y muy pobre. Cuando se sentaron alrededor de la pira (fogata para sacrificios) dijeron los dioses que debían sacrificarse en la misma pira para ser el quinto sol. Tecuciztécatl se metió en la pira y del dolor, se salió. Quedó manchado y se cuenta que así surgieron las manchas en el jaguar. Después de la cobardía de Tecuciztécatl, Nanahuatzin se metió en la pira, salió una chispa hacia el cielo y éste mismo se iluminó, surgiendo así el quinto sol. Luego de ver Tecuciztécatl al dios pobre, que se había convertido en el quinto sol, le dio envidia y se metió en la pira. Así surgió una nueva chispa, se lanzó al cielo y apareció un segundo sol. Era invencible. Llegó el momento en que lo mataron los dioses menores. En todo el trayecto de la batalla de los dioses menores con Tecuciztécatl, Nanahuatzin se quedó callado. El segundo sol, murió porque uno de los dioses menores le lanzó un conejo y lo atravesó. De esta forma, murió y se convirtió en la Luna, y se cuenta que vemos un conejo en la Luna por el conejo que le lanzó el dios. Nanahuatzin luego de esto, se autonombró Tonatiuh.[2]
Así, el dios demandaba sacrificios humanos como tributo y si estos se le rehusaban, él se movería a través del cielo para ocultarse. Cada día exigía dos sacrificios humanos, el corazón de dos personas, para alimentarse después de sus batallas durante la noche, durante el día, lo acompañaban dioses y diosas; las diosas eran llamadas Cihuateteo, y acompañaban a Tonatiuh por haber muerto en el parto, o por algo relacionado con el agua, tanto sequía como inundación; los mexicas estaban fascinados con el sol y lo observaban cuidadosamente, y tenían un calendario solar que estaba en segundo lugar en cuanto a precisión, solamente superado por el calendario de los mayas, donde muchos de los monumentos mexicas que se mantienen en pie en la actualidad, están alineados con el sol, en la Piedra del Sol (conocida como calendario azteca) se representó con un cuchillo de sacrificio como lengua; era dibujado con el disco solar en la espalda y con el cuerpo y la cara rojos.
Al conquistador español Pedro de Alvarado se le atribuyó el nombre de Tonatiuh por su pelo rubio y ojos celestes.[3] El icono del sol de manera ancestral era el águila, en náhuatl cuauhtli.
Tonatiuh o Tonatiuhtéotl (en náhuatl: tonatiuh, ‘el sol’tonatiuh, sol’)? en la mitología Azteca es el dios del Sol. El pueblo mexicano lo consideró como el líder del cielo. También fue conocido como el Quinto Sol, debido a que los mexicas creían que asumió el control cuando el Cuarto Sol fue expulsado del cielo, y de acuerdo a su Cosmogonía, cada sol era un dios con su propia era cósmica y según los aztecas, ellos aún se encontraban en la era de Tonatiuh (Nahui-Ollin).
Según cuenta el mito mexica que los dioses, después de la muerte del cuarto sol, buscaban al quinto nuevo sol. Encontraron a dos dioses, a Tecusiztécatl, un hombre cobarde pero orgulloso de sí mismo, y Nanahuatzin, un dios noble y muy pobre. Cuando se sentaron alrededor de la pira (fogata para sacrificios) dijeron los dioses que debían sacrificarse en la misma pira para ser el quinto sol. Tecuciztécatl se metió en la pira y del dolor, se salió. Quedó manchado y se cuenta que así surgieron las manchas en el jaguar. Después de la cobardía de Tecuciztécatl, Nanahuatzin se metió en la pira, salió una chispa hacia el cielo y éste mismo se iluminó, surgiendo así el quinto sol. Luego de ver Tecuciztécatl al dios pobre, que se había convertido en el quinto sol, le dio envidia y se metió en la pira. Así surgió una nueva chispa, se lanzó al cielo y apareció un segundo sol. Era invencible. Llegó el momento en que lo mataron los dioses menores. En todo el trayecto de la batalla de los dioses menores con Tecuciztécatl, Nanahuatzin se quedó callado. El segundo sol, murió porque uno de los dioses menores le lanzó un conejo y lo atravesó. De esta forma, murió y se convirtió en la Luna, y se cuenta que vemos un conejo en la Luna por el conejo que le lanzó el dios. Nanahuatzin luego de esto, se autonombró Tonatiuh.[2]
Así, el dios demandaba sacrificios humanos como tributo y si estos se le rehusaban, él se movería a través del cielo para ocultarse. Cada día exigía dos sacrificios humanos, el corazón de dos personas, para alimentarse después de sus batallas durante la noche, durante el día, lo acompañaban dioses y diosas; las diosas eran llamadas Cihuateteo, y acompañaban a Tonatiuh por haber muerto en el parto, o por algo relacionado con el agua, tanto sequía como inundación; los mexicas estaban fascinados con el sol y lo observaban cuidadosamente, y tenían un calendario solar que estaba en segundo lugar en cuanto a precisión, solamente superado por el calendario de los mayas, donde muchos de los monumentos mexicas que se mantienen en pie en la actualidad, están alineados con el sol, en la Piedra del Sol (conocida como calendario azteca) se representó con un cuchillo de sacrificio como lengua; era dibujado con el disco solar en la espalda y con el cuerpo y la cara rojos.
Al conquistador español Pedro de Alvarado se le atribuyó el nombre de Tonatiuh por su pelo rubio y ojos celestes.[3] El icono del sol de manera ancestral era el águila, en náhuatl cuauhtli.

Cintéotl

Cintéotl o Centéotl (en náhuatl: cinteotl, ‘dios del maíz’cintli, maíz; teotl, dios’)? en la mitología mexica es el dios del maíz, en ocasiones es considerado como un ser dual, hombre y mujer, o bien solo del sexo masculino mientras en sexo femenino pasó a ser Chicomecóatl, que según la Cosmogonía mexica nació de la unión de Piltzintecuhtli, dios de los temporales, y Xochiquétzal, diosa de la belleza, de las flores, de la juventud y de la fertilidad, patrona de las jóvenes, del embarazo, de los partos y de los oficios de las mujeres, que tras su nacimiento se refugió bajo la tierra convirtiéndose en distintos sustentos, de entre ellos, el maíz divinizado. Entre sus diversos cultos se le celebraba junto a Chicomecóatl, la diosa de la agricultura, de las cosechas y de la fecundidad, en los meses de «Huey tozoztli» y «Huey tecuilhuitl» sacrificando a una cautiva.
Cintéotl o Centéotl (en náhuatl: cinteotl, ‘dios del maíz’cintli, maíz; teotl, dios’)? en la mitología mexica es el dios del maíz, en ocasiones es considerado como un ser dual, hombre y mujer, o bien solo del sexo masculino mientras en sexo femenino pasó a ser Chicomecóatl, que según la Cosmogonía mexica nació de la unión de Piltzintecuhtli, dios de los temporales, y Xochiquétzal, diosa de la belleza, de las flores, de la juventud y de la fertilidad, patrona de las jóvenes, del embarazo, de los partos y de los oficios de las mujeres, que tras su nacimiento se refugió bajo la tierra convirtiéndose en distintos sustentos, de entre ellos, el maíz divinizado. Entre sus diversos cultos se le celebraba junto a Chicomecóatl, la diosa de la agricultura, de las cosechas y de la fecundidad, en los meses de "Huey tozoztli" y "Huey tecuilhuitl" sacrificando a una cautiva.

Xiuhtecuhtli

Xiuhtecuhtli (en náhuatl: xiuhtecuhtli, ‘señor de la hierba’xihuitl, hierba; tecuhtli, señor’) en la mitología mexica, es el dios del fuego y el calor. Se le representaba con un rostro rojo o amarillo y con aspecto de un hombre anciano, su contraparte femenina era la diosa Chantico. En el final del xiuhmolpilli —período de 52 años— se temía que los dioses se apartasen de los humanos dejándolos a su suerte, y para evitarlo se celebraban festines en honor de Xiuhtecuhtli y se realizaban sacrificios humanos en los que se inmolaba a un cautivo ataviado con el ropaje del dios tras haberle extraído su corazón.

Xihuitl originalmente significa hierba, y además. por extensión, tambien tiene las acepciones de año, turqueza y cometa. Xiuhtecuhtli era el regente del fuego, los antiguos mexicanos encendían el fuego frotando una vara contra una viga y una ves que la viga generaba un poco de brasa por la fricción, se le acercaba un puñado de hierbas secas para que la brasa se transmitiera a la hierba, y cuando eso sucedía, se le soplaba al puño de hierba hasta que levantaba la flama. Así que propiamente ellos generaban el fuego a partir de hierbas y madera, y es por eso que Xiuhtecuhtli. Xiuhtli también significa año, probablemente porque las hierbas reverdecen y se secan en el transcurso de las estaciones del año, así que las estaciones fueron primero que nada observadas en el reverdecimiento y en el posterior secado de las hierbas. Xihuitl además significa turquesa, probablemente por el color verde que lo asocia automáticamente a las plantas.

,»xiutláltic» significa verdor «xiuhízuatl» lo relacionado con la yerba «xiuhtla» lugar lleno de hierba, «xiuitl» o «xiuhitl» significa atado de hierba o varas verdes, por extensión se llama así a la cuenta de los años y los días; Xiutecutli o Xiuhtecuhtli es el señor del año, y su contraparte Chantico son personificaciones de los dioses padres de los dioses y de la humanidad, los Huehuetéotl, los dioses viejos, mismos que fueron los Ometéotl; literalmente, Ometecuhtli y Omecíhuatl literalmente los «Dios dos»; Su primera fiesta se celebraba a principios del mes de Xocohuetzi, la segunda a final del mes Izcalli, último del año, Xiutlaltla significa tener hambre, pero sin relación con Xiutecuhtli, la palabra se relaciona con tlatle o tlalti sufijo para cosas relacionadas con la tierra: «tlatletontli», montón de tierra, «tlatelolco» montón de arena; La ceremonia del fuego nuevo en lo que respecta al sacrificio se verificaba encendiendo fuego sobre el pecho del sacrificado esto según los cronistas españoles.

«Xiuhtl» o «Xihuitl» o atado de hierbas significa año, el xiuhmolpilli es la cuenta de 52 años de los días solares por lo tanto es la cuenta de los días de fuego. El señor del año es xiutecutli, inventor y posedor de la cuenta de los años o «Xiutlalpilli» o atado de hierbas o cuenta de los años, y el Xiutlapoalamatl de xiu; hierba poalli; cuenta y amatl; papel o libro, era la cuenta de los años; Como otros dioses nahuas Xiuhtecuhtli y Xiuhtecíhuatl (Chantico) son herencia de culturas anteriores asimilados al panteón nahua originalmente era el dios del fuego, el abuelo de los hombres, el dueño del tiempo, y se le representa como un anciano que carga un brasero; Por último, Ometeotl es también los Tonacatéotl, es decir, el dios creador de nuestra carne, tonacatl en nahua y se representan en Tonacatecuhtli el dios y la diosa de nuestra carne, la Tonacacíhuatl.

Chalchitlicue es la señora de las aguas quietas por extensión esposa o contraparte de Tláloc, señor de la lluvia o de las aguas móviles nombre antiguo no nahua que algunos autores traducen como «sobre la tierra». Ometéotl habita en el Omeyocan, el lugar del dos o lo doble, y desde ahí crea el Anáhuac o el lugar rodeado de agua que ahora se conoce como América. En otras culturas mesoamericanas Yahui es el nombre de la Serpiente de fuego en la cultura mixteca. Aparece representado en varios códices mixtecos, como el Nuttall; En la mitología mexica, Xiuhtecuhtli también es llamado Huehuetéotl (este último nombre de significado dios viejo), dios del fuego y el calor que generalmente se le representaba con un rostro rojo o amarillo y con aspecto de un hombre anciano.

Los mexicas consideraban al universo como una gran flor de cuatro pétalos, Tenochtitlán estaba al centro. Los puntos cardinales eran representados por los pétalos; la región del este tenía el glifo acatl (la caña), el oeste calli (casa), el norte tecpatl (cuchillo de pedernal) y el sur tochitl (conejo). Una tradición heredada de los toltecas fue la adoración del Sol, quien regía en todos los seres y para honrarlo era necesario ofrecerle corazones y sangre de guerreros sacrificados.(INAH)[3] Por lo tanto, cada 52 años, con el inicio de los calendarios (religioso y civil), los sacerdotes efectuaban la ceremonia del Fuego Nuevo, evitando la muerte del Sol para evitar la total oscuridad del universo, surgían entonces los tsitsimeme (devoradores de humanos).[3]
Al atardecer del día de la ceremonia, los sacerdotes se vestían con sus mejores galas, y bajo la coordinación de un sacerdote de Copilco, iban a la cima del Huizachtecatl para hacer la ceremonia. Se presentaba a un prisionero en el altar principal, al cual, durante la ceremonia se ponía fuego en el pecho con un madero o mamahuastli para encender el Fuego Nuevo; en tanto, la gran Tenochtitlán y sus vecinos permanecían en completa oscuridad.[3]

El cerro de La Estrella es una eminencia orográfica que se levanta en el centro de la delegación Iztapalapa, en el oriente del Distrito Federal de México. Es un punto geográfico de gran importancia arqueológica, puesto que en sus faldas se han descubierto indicios de antiguos asentamientos humanos cuya antigüedad se remonta hasta el Preclásico mesoamericano. Según información histórica, los antiguos habitantes del Valle de México se referían a este sitio como Huizachtecatl. Este lugar fue muy importante para los mexicas, pues en el se efectuaba la ceremonia del Fuego Nuevo, ésta con mucha importancia ritual para los pobladores de la región.[3 Los Colhuas fueron los primeros en utilizar la cima del cerro para realizar la ceremonia del Fuego Nuevo. Fuentes históricas establecen que se llevaron a cabo cuatro de estas ceremonias en 1351, 1403, 1455 y 1507. La gran Tenochtitlán fue invadida antes de poder realizar la quinta ceremonia.[3]

Los indicios más antiguos de ocupación humana en el territorio de Iztapalapa proceden del pueblo de Santa María Aztahuacan. En ese lugar, en 1953 fueron encontrados los restos de dos individuos que, según los análisis de la Facultad de Estudios Superiores de Zaragoza (UNAM) y del Instituto Nacional de Antropología e Historia, tienen una antigüedad aproximada de nueve mil años.[4]
Materiales arqueológicos más recientes indican la ocupación continua de las laderas del cerro de la Estrella, por lo menos desde el Preclásico. En aquella época, aquí se debió establecer alguna aldea que estaba relacionada con la cultura de Cuicuilco. El declive de esta cultura, cuyo centro era la población del mismo nombre en el sur del valle de México, debió ocurrir en aproximadamente por el siglo II d. C., y posiblemente esté relacionada con la erupción del volcán Xitle.[5]
Hacia el final del preclásico debió dar comienzo la ocupación de Culhuacán. Durante el periodo clásico, Culhuacán, como la mayor parte de las poblaciones del valle de México y de Mesoamérica, fue parte de un sistema de intercambio comercial que tuvo a Teotihuacan como centro. Tras la caída de esta ciudad, aproximadamente en el siglo VIII d. C., algunos de sus pobladores se refugiaron en los antiguos pueblos ribereños del lago de Texcoco como Culhuacán. Allí permaneció un reducto cultural teotihuacano que se fusionó con los pueblos guerreros que migraban hacia el centro de México.

Principiaba en el Templo mayor de Huitzilopochtli en Tenochtitlan. En el día final del ciclo azteca, cada cincuenta y dos años en la llamada «Toxiuhmolpilia» (átense nuestros años); representaba la cuenta de los años según la tabla del inventor Quetzalcóatl. El pueblo se reunía en la plaza, ante la pirámide de Huitzilopochtli al medio día. Los cuatro sacerdotes representativos de los cuatro Dioses creadores, que enviaron a la Tierra los del decimotercer cielo; Ometecutli y Omecíhuatl (dos señor y dos señora) subían las trece gradas del Teocalli y en la plataforma daban trece vueltas simbólicas, deteniéndose en cada señal de los cuatro puntos cardinales, de la cuenta de los años aztecas del ciclo Nahoa (13 x 4 años =52 años), al son de melancólicos caracoles, chirimías, teponaxtles y huéhuetles. La primera vuelta principiaba por el Sur o huitztlampa.- El que representaba a Huitzilopochtli, iba vestido de azul con un águila en la mano, se adelantaba y decía: ¡ce Tochtli! -«un conejo»-, repetían los demás sacerdotes Dioses (al tomar un conejo y con las manos en alto Huitzilopochtlilo ofrecía a Tonatiuh y giraba, dando una vuelta completa). Después, al dirigirse todos los sacerdotes al Oriente o tlapcopa.- Le tocaba el turno al Dios sacerdote de la siembra Xipe Tótec, el que se vestía con la piel desollada, el del ropaje rojo, empuñando dos cañas giraba dos veces con la mirada en el cielo y pronunciaba: ¡ome ácatl! -«dos cañas»-, respondían los demás. Caminaban lentamente hacia el Norte o mictlampa.- El Dios Tezcatlipoca, todo de negro, cubierto con una piel de jaguar; en su cetro, un espejo de obsidiana; en alto mostraba tres cuchillos de pedernal, al girar tres vueltas decía: ¡yei Técpatl! -«tres cuchillos de pedernal, tres años»- contestaban los acompañantes Dioses sacerdotes. Luego se deslizaban al Poniente o cihuatlampa.- Descansaban un poco, se adelantaba el sacerdote Dios Quetzalcóatl, ataviado de blanco con una estrella refulgente pintada en la espalda y sosteniendo en una mano el planeta Venus; se apoyaba en un báculo en forma de serpiente emplumada; levantaba las manos hacia el cielo y exclamaba: ¡nahui calli! respondían -«cuatro casas, cuatro años, la morada de las Diosas Mujeres»-, y con respeto los demás sacerdotes se inclinaban con una reverencia, rendían pleitesía a las mujeres muertas convertidas en Diosas, mientras Quetzalcóatl terminaba los cuatro giros sobre sí mismo. Al final de los cuatro años, después de caminar hacia los cuatro puntos cardinales, comienza el quinto año, es la segunda vuelta para contar otros cuatro años; seguían dando vueltas sobre la plataforma hasta la vuelta decimotercera; se adelantaba Huitzilopochtli al: Sur o huitztlampa. Huitzilopochtli gritaba: ¡Toxiuhmolpilia! Todos gritaban ¡Toxiuhmolpilia! -«se atan nuestros años» ¡cincuenta y dos años! – ¡Toxiuhmolpilia! Repetían estruendosamente las voces del pueblo.
Invocaban la ayuda de sus Dioses para otros cincuenta y dos años: ¡Tonatiuh! ¡Huitzilopochtli! ¡Quetzalcóatl! (mientras giraban los cuatro Dioses sacerdotes),y al detenerse, se apagaban las llamas de los cuatro pebeteros situados en los cuatro puntos cardinales, callaban las voces y el acompañamiento musical; en silencio bajaban la escalinata de la pirámide. Los residentes tenochcas regresaban a sus hogares. Toda la muchedumbre formada por sacerdotes, reyes, gobernadores o caciques, guerreros, enviados especiales de todos los confines del vasto Imperio Nahoa, se encaminaban hacia el Cerro del Uizachtécatl o de la Estrella al atardecer.
Otro aspecto de este día. Consistía en arrojar al cieno de la laguna todos los ídolos de sus Dioses, así como sus utensilios domésticos: esteras o petates, las piedras del fogón, los incensarios y cuanta lumbre había se apagaba; las casas quedaban limpias, vacías; ayunaban, se punzaban las orejas con espinas de maguey y sangraban.
En todo el Imperio invadía la incertidumbre de la muerte o de la vida. Hasta en los pueblos conquistados más allá de las montañas que circundaban por doquier se escuchaban sollozos, lamentos e invocaciones a los Dioses para que les concediera la prolongación de la vida, otros cincuenta y dos años «Un Tonatiuh resplandeciente».

Última Ceremonia del Fuego Nuevo

Los aztecas habían dado por concluido el cuarto sol con la destrucción de Tollan, en el año 1116, y empezaron un quinto sólo de ellos. Como todo sol tenía que terminar por una gran desgracia que pusiese en peligro la existencia de la humanidad, creían que llegaría vez en que al fin de uno de sus ciclos de cincuenta y dos años no saldría el sol de nuevo, pereciendo por tal causa la especie humana. Para conjurar el peligro hacían fiesta el último día de cada ciclo al fuego que era su dios creador y padre del sol ofreciendo en sacrificio a las víctimas que resultaban en las guerras que hacían desde su peregrinación. Los mexica dieron mayores solemnidades a la ceremonia y preocupación y fiesta se fueron extendiendo por el territorio.
Fray Juan de Torquemada relata que llegado el último día del ciclo, en todo el reino se esperaba con miedo lo que aconteciera, porque creían que si no se sacaba fuego se acabaría el mundo y sería el fin de la humanidad y que aquella noche y aquellas tinieblas serían perpetuas, que el sol no volvería a nacer ni a aparecer por el horizonte y que de arriba vendrían y descenderían los tzitzimime -demonios feos y terribles- que se comerían a los hombres. Por todo esto se instituyó la ceremonía del fuego nuevo.
De ésta ceremonia dice Fray Bernardino de Sahagún describió que, acabada la rueda de los años del ciclo, se hacía una gran fiesta que llamaban Toxiuhmolpilli que significa «atadura de los años», y que se hacía cada cincuenta y dos años. Cuando se acercaba el día señalado para sacar el fuego nuevo, cada vecino de México arrojaba el agua de las acequias o la laguna a los dioses que tenían en su casa, las piedras del hogar y los texólotl para moler, y limpiaban muy bien las casas y apagaban todas las lumbres.

El lugar señalado donde se hacía la dicha nueva lumbre era encima de una sierra que se llamaba Huixachtlán o Huizachtépetl —situada entre los pueblos de Iztapalápan y Culhuacán— donde se hacía la lumbre a media noche y el palo de donde se sacaba el fuego estaba sobre el pecho de un cautivo tomado en la guerra; sacaban la lumbre de un palo bien seco con otro palillo largo y delgado como asta y cuando acertaban a sacarla y estaba ya hecha inmediatamente abrían las entrañas del cautivo, le arrancaban el corazón y lo arrojaban en el fuego atizándole con él y todo el cuerpo se consumía en la lumbre.

En la víspera de la fiesta, ya puesto el sol, los sacerdotes se vestían como los dioses y caminaban despacio y en silencio desde el centro y llegaban al cerro de la estrella casi a la media noche. Mientras tanto el resto de la población esperaba con miedo, algunos en lugares altos, a que apareciera la lumbre en lo alto del cerro y una vez vista la luz, se cortaban las orejas, adultos y niños, para tomar su sangre y esparcirla en dirección al fuego.

Mientras en lo alto del cerro, los sacerdotes tomaban el fuego y se lo daban a corredores muy ligeros que iban con rapidez a repartir la lumbre a las diversas poblaciones. Los de Tenochtitlán llevaban las teas de pino primero al templo de Huitzilopochtli y de ahí a otros templos y a sus aposentos, así como al resto de la ciudad llenando cada rincón de luz y regocijo.

Así los pobladores renovaban sus alhajas, vestidos y colocaban petates nuevos en señal del ciclo que comenzaba.

Xiuhtecuhtli (en náhuatl: xiuhtecuhtli, ‘señor de la hierba’xihuitl, hierba; tecuhtli, señor’) en la mitología mexica, es el dios del fuego y el calor. Se le representaba con un rostro rojo o amarillo y con aspecto de un hombre anciano, su contraparte femenina era la diosa Chantico. En el final del xiuhmolpilli —período de 52 años— se temía que los dioses se apartasen de los humanos dejándolos a su suerte, y para evitarlo se celebraban festines en honor de Xiuhtecuhtli y se realizaban sacrificios humanos en los que se inmolaba a un cautivo ataviado con el ropaje del dios tras haberle extraído su corazón.

Xihuitl originalmente significa hierba, y además. por extensión, tambien tiene las acepciones de año, turqueza y cometa. Xiuhtecuhtli era el regente del fuego, los antiguos mexicanos encendían el fuego frotando una vara contra una viga y una ves que la viga generaba un poco de brasa por la fricción, se le acercaba un puñado de hierbas secas para que la brasa se transmitiera a la hierba, y cuando eso sucedía, se le soplaba al puño de hierba hasta que levantaba la flama. Así que propiamente ellos generaban el fuego a partir de hierbas y madera, y es por eso que Xiuhtecuhtli. Xiuhtli también significa año, probablemente porque las hierbas reverdecen y se secan en el transcurso de las estaciones del año, así que las estaciones fueron primero que nada observadas en el reverdecimiento y en el posterior secado de las hierbas. Xihuitl además significa turquesa, probablemente por el color verde que lo asocia automáticamente a las plantas.

,"xiutláltic" significa verdor "xiuhízuatl" lo relacionado con la yerba "xiuhtla" lugar lleno de hierba, "xiuitl" o "xiuhitl" significa atado de hierba o varas verdes, por extensión se llama así a la cuenta de los años y los días; Xiutecutli o Xiuhtecuhtli es el señor del año, y su contraparte Chantico son personificaciones de los dioses padres de los dioses y de la humanidad, los Huehuetéotl, los dioses viejos, mismos que fueron los Ometéotl; literalmente, Ometecuhtli y Omecíhuatl literalmente los "Dios dos"; Su primera fiesta se celebraba a principios del mes de Xocohuetzi, la segunda a final del mes Izcalli, último del año, Xiutlaltla significa tener hambre, pero sin relación con Xiutecuhtli, la palabra se relaciona con tlatle o tlalti sufijo para cosas relacionadas con la tierra: "tlatletontli", montón de tierra, "tlatelolco" montón de arena; La ceremonia del fuego nuevo en lo que respecta al sacrificio se verificaba encendiendo fuego sobre el pecho del sacrificado esto según los cronistas españoles.

"Xiuhtl" o "Xihuitl" o atado de hierbas significa año, el xiuhmolpilli es la cuenta de 52 años de los días solares por lo tanto es la cuenta de los días de fuego. El señor del año es xiutecutli, inventor y posedor de la cuenta de los años o "Xiutlalpilli" o atado de hierbas o cuenta de los años, y el Xiutlapoalamatl de xiu; hierba poalli; cuenta y amatl; papel o libro, era la cuenta de los años; Como otros dioses nahuas Xiuhtecuhtli y Xiuhtecíhuatl (Chantico) son herencia de culturas anteriores asimilados al panteón nahua originalmente era el dios del fuego, el abuelo de los hombres, el dueño del tiempo, y se le representa como un anciano que carga un brasero; Por último, Ometeotl es también los Tonacatéotl, es decir, el dios creador de nuestra carne, tonacatl en nahua y se representan en Tonacatecuhtli el dios y la diosa de nuestra carne, la Tonacacíhuatl.

Chalchitlicue es la señora de las aguas quietas por extensión esposa o contraparte de Tláloc, señor de la lluvia o de las aguas móviles nombre antiguo no nahua que algunos autores traducen como "sobre la tierra". Ometéotl habita en el Omeyocan, el lugar del dos o lo doble, y desde ahí crea el Anáhuac o el lugar rodeado de agua que ahora se conoce como América. En otras culturas mesoamericanas Yahui es el nombre de la Serpiente de fuego en la cultura mixteca. Aparece representado en varios códices mixtecos, como el Nuttall; En la mitología mexica, Xiuhtecuhtli también es llamado Huehuetéotl (este último nombre de significado dios viejo), dios del fuego y el calor que generalmente se le representaba con un rostro rojo o amarillo y con aspecto de un hombre anciano.

Los mexicas consideraban al universo como una gran flor de cuatro pétalos, Tenochtitlán estaba al centro. Los puntos cardinales eran representados por los pétalos; la región del este tenía el glifo acatl (la caña), el oeste calli (casa), el norte tecpatl (cuchillo de pedernal) y el sur tochitl (conejo). Una tradición heredada de los toltecas fue la adoración del Sol, quien regía en todos los seres y para honrarlo era necesario ofrecerle corazones y sangre de guerreros sacrificados.(INAH)[3] Por lo tanto, cada 52 años, con el inicio de los calendarios (religioso y civil), los sacerdotes efectuaban la ceremonia del Fuego Nuevo, evitando la muerte del Sol para evitar la total oscuridad del universo, surgían entonces los tsitsimeme (devoradores de humanos).[3]
Al atardecer del día de la ceremonia, los sacerdotes se vestían con sus mejores galas, y bajo la coordinación de un sacerdote de Copilco, iban a la cima del Huizachtecatl para hacer la ceremonia. Se presentaba a un prisionero en el altar principal, al cual, durante la ceremonia se ponía fuego en el pecho con un madero o mamahuastli para encender el Fuego Nuevo; en tanto, la gran Tenochtitlán y sus vecinos permanecían en completa oscuridad.[3]

El cerro de La Estrella es una eminencia orográfica que se levanta en el centro de la delegación Iztapalapa, en el oriente del Distrito Federal de México. Es un punto geográfico de gran importancia arqueológica, puesto que en sus faldas se han descubierto indicios de antiguos asentamientos humanos cuya antigüedad se remonta hasta el Preclásico mesoamericano. Según información histórica, los antiguos habitantes del Valle de México se referían a este sitio como Huizachtecatl. Este lugar fue muy importante para los mexicas, pues en el se efectuaba la ceremonia del Fuego Nuevo, ésta con mucha importancia ritual para los pobladores de la región.[3 Los Colhuas fueron los primeros en utilizar la cima del cerro para realizar la ceremonia del Fuego Nuevo. Fuentes históricas establecen que se llevaron a cabo cuatro de estas ceremonias en 1351, 1403, 1455 y 1507. La gran Tenochtitlán fue invadida antes de poder realizar la quinta ceremonia.[3]

Los indicios más antiguos de ocupación humana en el territorio de Iztapalapa proceden del pueblo de Santa María Aztahuacan. En ese lugar, en 1953 fueron encontrados los restos de dos individuos que, según los análisis de la Facultad de Estudios Superiores de Zaragoza (UNAM) y del Instituto Nacional de Antropología e Historia, tienen una antigüedad aproximada de nueve mil años.[4]
Materiales arqueológicos más recientes indican la ocupación continua de las laderas del cerro de la Estrella, por lo menos desde el Preclásico. En aquella época, aquí se debió establecer alguna aldea que estaba relacionada con la cultura de Cuicuilco. El declive de esta cultura, cuyo centro era la población del mismo nombre en el sur del valle de México, debió ocurrir en aproximadamente por el siglo II d. C., y posiblemente esté relacionada con la erupción del volcán Xitle.[5]
Hacia el final del preclásico debió dar comienzo la ocupación de Culhuacán. Durante el periodo clásico, Culhuacán, como la mayor parte de las poblaciones del valle de México y de Mesoamérica, fue parte de un sistema de intercambio comercial que tuvo a Teotihuacan como centro. Tras la caída de esta ciudad, aproximadamente en el siglo VIII d. C., algunos de sus pobladores se refugiaron en los antiguos pueblos ribereños del lago de Texcoco como Culhuacán. Allí permaneció un reducto cultural teotihuacano que se fusionó con los pueblos guerreros que migraban hacia el centro de México.

Principiaba en el Templo mayor de Huitzilopochtli en Tenochtitlan. En el día final del ciclo azteca, cada cincuenta y dos años en la llamada "Toxiuhmolpilia" (átense nuestros años); representaba la cuenta de los años según la tabla del inventor Quetzalcóatl. El pueblo se reunía en la plaza, ante la pirámide de Huitzilopochtli al medio día. Los cuatro sacerdotes representativos de los cuatro Dioses creadores, que enviaron a la Tierra los del decimotercer cielo; Ometecutli y Omecíhuatl (dos señor y dos señora) subían las trece gradas del Teocalli y en la plataforma daban trece vueltas simbólicas, deteniéndose en cada señal de los cuatro puntos cardinales, de la cuenta de los años aztecas del ciclo Nahoa (13 x 4 años =52 años), al son de melancólicos caracoles, chirimías, teponaxtles y huéhuetles. La primera vuelta principiaba por el Sur o huitztlampa.- El que representaba a Huitzilopochtli, iba vestido de azul con un águila en la mano, se adelantaba y decía: ¡ce Tochtli! -"un conejo"-, repetían los demás sacerdotes Dioses (al tomar un conejo y con las manos en alto Huitzilopochtlilo ofrecía a Tonatiuh y giraba, dando una vuelta completa). Después, al dirigirse todos los sacerdotes al Oriente o tlapcopa.- Le tocaba el turno al Dios sacerdote de la siembra Xipe Tótec, el que se vestía con la piel desollada, el del ropaje rojo, empuñando dos cañas giraba dos veces con la mirada en el cielo y pronunciaba: ¡ome ácatl! -"dos cañas"-, respondían los demás. Caminaban lentamente hacia el Norte o mictlampa.- El Dios Tezcatlipoca, todo de negro, cubierto con una piel de jaguar; en su cetro, un espejo de obsidiana; en alto mostraba tres cuchillos de pedernal, al girar tres vueltas decía: ¡yei Técpatl! -"tres cuchillos de pedernal, tres años"- contestaban los acompañantes Dioses sacerdotes. Luego se deslizaban al Poniente o cihuatlampa.- Descansaban un poco, se adelantaba el sacerdote Dios Quetzalcóatl, ataviado de blanco con una estrella refulgente pintada en la espalda y sosteniendo en una mano el planeta Venus; se apoyaba en un báculo en forma de serpiente emplumada; levantaba las manos hacia el cielo y exclamaba: ¡nahui calli! respondían -"cuatro casas, cuatro años, la morada de las Diosas Mujeres"-, y con respeto los demás sacerdotes se inclinaban con una reverencia, rendían pleitesía a las mujeres muertas convertidas en Diosas, mientras Quetzalcóatl terminaba los cuatro giros sobre sí mismo. Al final de los cuatro años, después de caminar hacia los cuatro puntos cardinales, comienza el quinto año, es la segunda vuelta para contar otros cuatro años; seguían dando vueltas sobre la plataforma hasta la vuelta decimotercera; se adelantaba Huitzilopochtli al: Sur o huitztlampa. Huitzilopochtli gritaba: ¡Toxiuhmolpilia! Todos gritaban ¡Toxiuhmolpilia! -"se atan nuestros años" ¡cincuenta y dos años! - ¡Toxiuhmolpilia! Repetían estruendosamente las voces del pueblo.
Invocaban la ayuda de sus Dioses para otros cincuenta y dos años: ¡Tonatiuh! ¡Huitzilopochtli! ¡Quetzalcóatl! (mientras giraban los cuatro Dioses sacerdotes),y al detenerse, se apagaban las llamas de los cuatro pebeteros situados en los cuatro puntos cardinales, callaban las voces y el acompañamiento musical; en silencio bajaban la escalinata de la pirámide. Los residentes tenochcas regresaban a sus hogares. Toda la muchedumbre formada por sacerdotes, reyes, gobernadores o caciques, guerreros, enviados especiales de todos los confines del vasto Imperio Nahoa, se encaminaban hacia el Cerro del Uizachtécatl o de la Estrella al atardecer.
Otro aspecto de este día. Consistía en arrojar al cieno de la laguna todos los ídolos de sus Dioses, así como sus utensilios domésticos: esteras o petates, las piedras del fogón, los incensarios y cuanta lumbre había se apagaba; las casas quedaban limpias, vacías; ayunaban, se punzaban las orejas con espinas de maguey y sangraban.
En todo el Imperio invadía la incertidumbre de la muerte o de la vida. Hasta en los pueblos conquistados más allá de las montañas que circundaban por doquier se escuchaban sollozos, lamentos e invocaciones a los Dioses para que les concediera la prolongación de la vida, otros cincuenta y dos años "Un Tonatiuh resplandeciente".

Última Ceremonia del Fuego Nuevo

Los aztecas habían dado por concluido el cuarto sol con la destrucción de Tollan, en el año 1116, y empezaron un quinto sólo de ellos. Como todo sol tenía que terminar por una gran desgracia que pusiese en peligro la existencia de la humanidad, creían que llegaría vez en que al fin de uno de sus ciclos de cincuenta y dos años no saldría el sol de nuevo, pereciendo por tal causa la especie humana. Para conjurar el peligro hacían fiesta el último día de cada ciclo al fuego que era su dios creador y padre del sol ofreciendo en sacrificio a las víctimas que resultaban en las guerras que hacían desde su peregrinación. Los mexica dieron mayores solemnidades a la ceremonia y preocupación y fiesta se fueron extendiendo por el territorio.
Fray Juan de Torquemada relata que llegado el último día del ciclo, en todo el reino se esperaba con miedo lo que aconteciera, porque creían que si no se sacaba fuego se acabaría el mundo y sería el fin de la humanidad y que aquella noche y aquellas tinieblas serían perpetuas, que el sol no volvería a nacer ni a aparecer por el horizonte y que de arriba vendrían y descenderían los tzitzimime -demonios feos y terribles- que se comerían a los hombres. Por todo esto se instituyó la ceremonía del fuego nuevo.
De ésta ceremonia dice Fray Bernardino de Sahagún describió que, acabada la rueda de los años del ciclo, se hacía una gran fiesta que llamaban Toxiuhmolpilli que significa "atadura de los años", y que se hacía cada cincuenta y dos años. Cuando se acercaba el día señalado para sacar el fuego nuevo, cada vecino de México arrojaba el agua de las acequias o la laguna a los dioses que tenían en su casa, las piedras del hogar y los texólotl para moler, y limpiaban muy bien las casas y apagaban todas las lumbres.

El lugar señalado donde se hacía la dicha nueva lumbre era encima de una sierra que se llamaba Huixachtlán o Huizachtépetl —situada entre los pueblos de Iztapalápan y Culhuacán— donde se hacía la lumbre a media noche y el palo de donde se sacaba el fuego estaba sobre el pecho de un cautivo tomado en la guerra; sacaban la lumbre de un palo bien seco con otro palillo largo y delgado como asta y cuando acertaban a sacarla y estaba ya hecha inmediatamente abrían las entrañas del cautivo, le arrancaban el corazón y lo arrojaban en el fuego atizándole con él y todo el cuerpo se consumía en la lumbre.

En la víspera de la fiesta, ya puesto el sol, los sacerdotes se vestían como los dioses y caminaban despacio y en silencio desde el centro y llegaban al cerro de la estrella casi a la media noche. Mientras tanto el resto de la población esperaba con miedo, algunos en lugares altos, a que apareciera la lumbre en lo alto del cerro y una vez vista la luz, se cortaban las orejas, adultos y niños, para tomar su sangre y esparcirla en dirección al fuego.

Mientras en lo alto del cerro, los sacerdotes tomaban el fuego y se lo daban a corredores muy ligeros que iban con rapidez a repartir la lumbre a las diversas poblaciones. Los de Tenochtitlán llevaban las teas de pino primero al templo de Huitzilopochtli y de ahí a otros templos y a sus aposentos, así como al resto de la ciudad llenando cada rincón de luz y regocijo.

Así los pobladores renovaban sus alhajas, vestidos y colocaban petates nuevos en señal del ciclo que comenzaba.