El mito del México mestizo

Dice Héctor Pérez Martínez (Pérez-Martinez, 2014), en su biografía de Cuauhtémoc, que La Conquista es un hecho consumado, relevante como elemento formador de México como país mestizo: tal planteamiento supone la cauterización de heridas que todavía en el tercer mileno destilan pus. Si bien es cierto que la población mexicana es mestiza, caracterizar a México como país mestizo es una simplificación que ignora la realidad de varios Méxicos distintos y contra puestos: en una perspectiva mínima, el criollo, el mestizo, y el americano. Decía Paz en El Laberinto de la soledad (Paz, 2015):

«En nuestro territorio conviven no sólo distintas razas y lenguas, sino varios niveles históricos. Hay quienes viven antes de la historia; otros, como los otomíes, desplazados por sucesivas invasiones, al margen de ella. Y sin acudir a estos extremos, varias épocas se enfrentan, se ignoran o se entre devoran sobre una misma tierra o separadas apenas por unos kilómetros. Bajo un mismo cielo, con héroes, costumbres, calendarios y nociones morales diferentes, viven “católicos de Pedro el Ermitaño y jacobinos de la Era Terciaria”. Las épocas viejas nunca desaparecen completamente y todas las heridas, aun las más antiguas, manan sangre todavía. A veces, como las pirámides precortesianas que ocultan casi siempre otras, en una sola ciudad o en una sola alma se mezclan y superponen nociones y sensibilidades enemigas o distantes.»

México es nación apenas convencionalmente, sin embargo, basta que alguien cruce la frontera para que se plante su mexicanidad por el mismo y por los otros.

En el proceso de sucesión presidencial en Estados Unidos se ha manifestado como tema central el racismo contra la población nativa, particularmente expresado en los exabruptos antimexicanos de Donald Trump. La reacción popular y de los medios de comunicación ha sido la de considerar a Trump como un loco irresponsable y no ha faltado la obligada referencia a Hitler. Tal planteamiento pasa por alto que Trump no hace más que articular el sentir de una gran parte del pueblo gringo: Los Tea-partiers. Ignora también la endeble posición moral del gobierno mexicano, que no solo propicia con su corrupción e ineficiencia el sustrato socioeconómico que provoca la situación en primer lugar, sino que también permite y propicia un verdadero infierno para los hermanos centroamericanos que entran a México ilegalmente.

Los argumentos y expresiones de Trump se pudieran utilizar verbatim en reversa, ya que las políticas y acciones de los Estados Unidos provocan la crisis que empujan a los campesinos mexicanos hacia El Norte: en plena justicia se puede exigir que los culpables paguen las consecuencias de sus actos: las asimetrías de poder dictan la realidad de que los patos no le tiran a las escopetas.

La frontera México-Estados Unidos, o México-Centroamérica, es un accidente histórico que nada tiene de natural o fijo y que no es un argumento válido moralmente para negar el libre tránsito de gente que tiene arraigo ancestral en tierras americanas.

La probada metodología de alcohólicos anónimos ha establecido la práctica de que el primer paso para solucionar un problema es reconocer su existencia. México nunca podrá superar las contradicciones fundamentales que han inhibido su desarrollo por siglos sin antes reconocerlas plenamente.

Paz, O. (2015). El laberinto de la soledad. México: Fondo de Cultura Económica.

Pérez-Martinez, H. (2014). Cuauhtémoc, vida y muerte de una cultura. México: CONACULTA.

Dice Héctor Pérez Martínez (Pérez-Martinez, 2014), en su biografía de Cuauhtémoc, que La Conquista es un hecho consumado, relevante como elemento formador de México como país mestizo: tal planteamiento supone la cauterización de heridas que todavía en el tercer mileno destilan pus. Si bien es cierto que la población mexicana es mestiza, caracterizar a México como país mestizo es una simplificación que ignora la realidad de varios Méxicos distintos y contra puestos: en una perspectiva mínima, el criollo, el mestizo, y el americano. Decía Paz en El Laberinto de la soledad (Paz, 2015):

«En nuestro territorio conviven no sólo distintas razas y lenguas, sino varios niveles históricos. Hay quienes viven antes de la historia; otros, como los otomíes, desplazados por sucesivas invasiones, al margen de ella. Y sin acudir a estos extremos, varias épocas se enfrentan, se ignoran o se entre devoran sobre una misma tierra o separadas apenas por unos kilómetros. Bajo un mismo cielo, con héroes, costumbres, calendarios y nociones morales diferentes, viven “católicos de Pedro el Ermitaño y jacobinos de la Era Terciaria”. Las épocas viejas nunca desaparecen completamente y todas las heridas, aun las más antiguas, manan sangre todavía. A veces, como las pirámides precortesianas que ocultan casi siempre otras, en una sola ciudad o en una sola alma se mezclan y superponen nociones y sensibilidades enemigas o distantes.»

México es nación apenas convencionalmente, sin embargo, basta que alguien cruce la frontera para que se plante su mexicanidad por el mismo y por los otros.

En el proceso de sucesión presidencial en Estados Unidos se ha manifestado como tema central el racismo contra la población nativa, particularmente expresado en los exabruptos antimexicanos de Donald Trump. La reacción popular y de los medios de comunicación ha sido la de considerar a Trump como un loco irresponsable y no ha faltado la obligada referencia a Hitler. Tal planteamiento pasa por alto que Trump no hace más que articular el sentir de una gran parte del pueblo gringo: Los Tea-partiers. Ignora también la endeble posición moral del gobierno mexicano, que no solo propicia con su corrupción e ineficiencia el sustrato socioeconómico que provoca la situación en primer lugar, sino que también permite y propicia un verdadero infierno para los hermanos centroamericanos que entran a México ilegalmente.

Los argumentos y expresiones de Trump se pudieran utilizar verbatim en reversa, ya que las políticas y acciones de los Estados Unidos provocan la crisis que empujan a los campesinos mexicanos hacia El Norte: en plena justicia se puede exigir que los culpables paguen las consecuencias de sus actos: las asimetrías de poder dictan la realidad de que los patos no le tiran a las escopetas.

La frontera México-Estados Unidos, o México-Centroamérica, es un accidente histórico que nada tiene de natural o fijo y que no es un argumento válido moralmente para negar el libre tránsito de gente que tiene arraigo ancestral en tierras americanas.

La probada metodología de alcohólicos anónimos ha establecido la práctica de que el primer paso para solucionar un problema es reconocer su existencia. México nunca podrá superar las contradicciones fundamentales que han inhibido su desarrollo por siglos sin antes reconocerlas plenamente.

Paz, O. (2015). El laberinto de la soledad. México: Fondo de Cultura Económica.

Pérez-Martinez, H. (2014). Cuauhtémoc, vida y muerte de una cultura. México: CONACULTA.

los primeros pobladores del anahuac

Al final del Pleistoceno llovía abundantemente en el valle de México y la tierra era frondosa con abundante fauna de grandes animales. Debido a las sierras, los vientos húmedos del pacifico no llegan tierra adentro y el patrón de lluvias depende de  sistemas meteorológicos de latitudes medias durante el invierno, y por sistemas tropicales en el verano.

El Dryas Reciente significó un rápido regreso a las condiciones glaciares en las latitudes más altas del Hemisferio Norte entre hace 12.900 y 11.500 años.3 Esto contrasta con el calentamiento del deshielo que tuvo lugar en el interestadio anterior. Estas transiciones duraron aproximadamente una década.4 Las informaciones obtenidas de isótopos térmicamente fraccionados de nitrógeno y argón provenientes de núcleos de hielo de Groenlandia, indican que esta isla era unos 15 °C más fría que en la actualidad. En las islas Británicas, los fósiles de escarabajos indican un descenso de las temperaturas medias anuales de 5 °C y las condiciones periglaciares prevalecían en las tierras bajas y los glaciares en las tierras altas.5 Desde entonces, no ha habido ningún periodo de cambio climático abrupto tan grande, extendido o rápido.

Se suele relacionar el Dryas Reciente con la adopción de la agricultura en el creciente fértil.11 El argumento principal es que el frío y la sequía del Dryas Reciente redujo la capacidad de carga de la región y obligó a la sedentaria cultura Natufiense a adaptarse a un patrón de subsistencia más flexible. Un deterioro todavía más severo del clima les podría haber obligado a cultivar cereales. Mientras que hay un cierto consenso en cuanto al papel del Dryas Reciente en los cambios de los patrones de subsistencia durante el Natufiense, todavía se debate su conexión con los inicios de la agricultura.12

Con el calentamiento global después de la última glaciación, hace unos 11000 años, el clima en Mesoamérica se volvió árido o semi-árido  con largas sequías  intercaladas con épocas de abundantes lluvias.

El clima mexicano se debe estudiar considerando complejos procesos de interacción océano-atmósfera-continente como el niño y la niña. En México, provoca lluvias excesivas en el centro y sur del país, sequías y lluvias en el norte de México, e inviernos con marcada ausencia de lluvias.
Tanto este Fenómeno de La Niña como El Niño, son variaciones normales en las temperaturas de la superficie del mar, que han existido desde hace millares de años y que continuarán existiendo, sin que el hombre puede interferir.

Aunque llueve en invierno  las lluvias más intensas ocurren en verano, y de forma general se puede decir que la temporada de lluvias en México comienza entre mayo y julio, terminando entre septiembre y octubre, dependiendo de la zona de interés. Por otra parte, el invierno se caracteriza por condiciones secas
en la mayor parte del territorio, excepto en el noroeste y en la vertiente del Golfo de México. Por el hecho de presentarse lluvias durante el verano en la mayor parte del país y condiciones mayormente secas durante el invierno, se habla de que México tiene un clima monzónico.

Como parte del ciclo anual de las lluvias de verano, en la región centro-sur de México y hasta Centroamérica, aparecen dos máximos en la precipitación de verano, uno en junio y otro en septiembre. Por tanto, existe un mínimo relativo entre julio y agosto conocido como sequía intra estival, sequía del medio verano, canícula o veranillo, dependiendo de la región o país donde se experimente.

Durante julio y agosto, tal mínimo de precipitación corresponde a una menor cantidad de nubes convectivas profundas, lo que permite la mayor incidencia de radiación solar y por lo tanto una mayor temperatura de superficie que la gente asocia con el calor agobiante de la canícula. Tal característica del ciclo anual parece
ocurrir sólo en la región del Pacífico mexicano, donde se forma una alberca de agua caliente que favorece la formación de nubes profundas. Esta alberca de agua caliente juega un papel fundamental en la dinámica del clima de México y Centro América.

Las lluvias son parte fundamental de la vida. El exceso o falta de precipitaciones afecta de manera evidente los patrones de conducta de los seres humanos. Es por ello que desde siempre ha existido un gran interés en pronosticar estaciones de precipitación abundante o escasa. En México, las actividades agrícolas son las más
afectadas por extremos en las características de la época de lluvias. La ocurrencia de sequías en nuestro país ha resultado en serios problemas socio-económicos, como en el norte de México durante la década de los noventa.

La desertificación y el complejo patrón climático orillo a los primeros habitantes de Mesoamérica a uno de los mayores logros científico y tecnológico en la historia de la humanidad: Un sistema agrícola para el cultivo del maíz. Este sistema requería de una cultura con saber profundo en agronomía, botánica, genética, astronomía, matemáticas, educación, sistema de registro y escritura.

A partir del teocintle los habitantes del valle de México desarrollaron el maíz.

El maíz es la planta más domesticada y evolucionada del reino vegetal. El origen y la evolución del maíz han sido un misterio porque el maíz ha llegado a nosotros altamente evolucionado, sin conocerse formas intermedias. A pesar de extensivas búsquedas de las formas silvestres de esta planta, no ha sido encontrada alguna.

Mientras que los cereales del Viejo Mundo tienen variedades silvestres que se preservan en la naturaleza, el maíz es conocido solamente por la especie cultivada (Zea mays).

Desde el siglo pasado diversas teorías han sido expuestas para explicar el origen y la evolución del maíz, la más popular de ellas acepta al teocintle de Chalco como el antecesor directo del maíz.

Es la opinión de algunos expertos que el maíz fue milagro ya que los primitivos americanos no pudieron desarrollar algo tan sofisticado más que por azar. En los años 80, Iltis propone una teoría en la cual establece que el teocintle se convirtió en maíz en un solo paso macroevolutivo.

Sin embargo, el maíz en si es meramente un componente de todo una estructura tecnológica y social, basada en cuidadosas observaciones astronómicas, climáticas, y agronomicas, de la cual el sofisticado sistema calendarico que se ha rescatado es un mero ejemplo.

El centro geográfico de origen y dispersión se ubica en el Municipio de Coxcatlán en el valle de Tehucán, Estado de Puebla, en la denominada Mesa Central de México a 2.500 m sobre el nivel del mar. En este lugar el antropólogo norteamericano Richard Stockton MacNeish encontró restos arqueológicos de plantas de maíz que, se estima, datan del 7.000 A. C.

Se pueden observar en las galerías de las pirámides pinturas, grabados y esculturas que representan al maíz. Las grandes civilizaciones mesoamericanas no habrían surgido sin la agricultura, y sin un sistema de medición del tiempo que organizaba sus actividades cotidianas.

Existe un mito huichol que habla sobre la selección antropogénica realizada por esta nación indígena con el maíz:

…la Madre del Maíz cambió su forma de paloma y adoptó la humana; le presento al muchacho sus cinco hijas, que simbolizan los cinco colores sagrados del maíz: blanco, rojo, amarillo, moteado y azul. Como el joven tenía hambre, la Madre del Maíz le dio una olla llena de tortillas y una jícara llena de atole; él no creía que eso pudiera saciar su hambre, pero las tortillas y el atole se renovaban mágicamente, de manera que no podía acabárselos. La Madre del Maíz le pidió que escogiera a una de sus hijas y él tomó a la Muchacha del Maíz Azul, la más bella y sagrada de todas…

Esta leyenda habla sobre la influencia de la síntesis de antocianinas (moléculas que dan el color característico al grano de maíz) en la selección del maíz. Al decir que La Madre del Maíz, encuentra a un huichol al cual lleva a su casa y ofrece en matrimonio a sus hijas donde cada una de ellas representa un color característico de las semillas de este alimento, se nos está indicando los principales colores de granos de maíz de donde se realizará la selección, así pues tiene una hija maíz blanco, otra rojo, amarillo, moteado y azul, de esta manera el huichol escoge a la Muchacha del Maíz Azul por ser la más sagrada de todas.

En este relato se puede entrever la importancia que se concede a los Elementos Genéticos Transponibles, como es bien sabido un incremento en la síntesis de antocianinas en la aleurona implica la acción del elemento Activator (Ac), de aquí que el personaje principal escoja a la Muchacha del Maíz Azul, cuya aleurona muestra un fuerte incremento en la producción de estos pigmentos, y deja a las demás muchachas que poseen el elemento Ac en off o pinto [Ds (desactivator) expresado] o el rojo que implica la presencia de pelargonidina en la aleurona con la consecuente inhibición de la 3′-flavonol-hidroxilasa, o sea que solo la Muchacha del Maíz Azul contenía la carga genética necesaria para satisfacer las necesidades de Los Huicholes (!las tortillas azules son mas deliciosas!).

El calendario determinaba los momentos en que se cultivaba, se comerciaba o se hacía la guerra y también decía el destino de los seres humanos.

Para los antiguos mexicanos, en el calendario no sólo figuraban la cuenta de los días o el paso de las estaciones; también se representaba el camino trazado en el cielo por los astros, caminos que los dioses debían recorrer para poder manifestarse en la tierra.

Los nahuas llamaban al mes ilhuitl, palabra que también podía significar «fiesta» o «llegada» y que designaba la aparición de la deidad que había ser adorada en ese tiempo. Así, cada dios tenía su tiempo y la vida en este mundo dependía de que los dioses cumplieran su transcurso exactamente como lo establecía el calendario. Había un tiempo para que Tláloc, el dios de la lluvia, repartiera sus bendiciones sobre la superficie de la tierra. Había otro tiempo para que Xipe Totec hiciera reventar los campos, o Xilonen floreciera en la planta.

A mediados de la década del ‘50, en excavaciones en la ciudad de México, a 30 km. en dirección nordeste de las pirámides, se encontraron muestras de polen identificadas como pertenecientes al maíz o a sus antiguos progenitores que tendrían de 60 a 80.000 años de edad. Esto nos da una idea de magnitud en la evolución de la especie.

Desde el centro principal de origen, el maíz fue distribuido en tiempos pre-colombinos hasta la desembocadura del río San Lorenzo en América del Norte y a través de América Central hasta el sur de Chile. Desde el caribe por la costa atlántica se expandió a Brasil y Argentina con los maíces flint y catetos amarillos, anaranjados ó colorados, después del 1600. Estas corrientes migratorias permitieron el desarrollo de nuevas formas que han dado origen a la gran variabilidad existentes (se han registrado 300 razas distintas).

El desarrollo de distintos centros de variabilidad en América, ha sido paralelo al desarrollo de las civilizaciones indígenas y se piensa que los colonizadores españoles y europeos que vinieron al nuevo mundo no tuvieron influencia. Los dentados de México y América central están asociados a la cultura Maya, mientras que los maíces cónicos de la parte central de México (2.500 msnm) lo están con la civilización mexica.

La historia de Teotihuacan se puede entender como parte de un largo proceso civilizatorio que tuvo lugar desde que los seres humanos llegaron al Anáhuac. Esto pudo ocurrir aproximadamente hace 20 mil años, época en la que han sido fechados los descubrimientos en Tequixquiac, y más tardíamente en Tocuila y Tlapacoya. En este último yacimiento se han encontrado dos cráneos humanos estrechamente relacionados con restos de animales y herramientas.31

La domesticación de especies vegetales permitió a los habitantes de la región enfrentar la extinción de la fauna que fuera una de las principales bases de su alimentación, lo que ocurrió hacia el séptimo milenio antes de la era cristiana. La agricultura favoreció el proceso de sedentarización en la zona. En la orilla oriental del lago de Chalco se estableció un asentamiento en Zohapilco, cuya primera fase abarca del 5500 a. C. al 3500 a. C. En esa época, los pobladores de Zohapilco poseían instrumentos de labranza, utensilios para procesar los granos y armas para cacería; y desde el 2000 a. C. comenzaron a producir cerámica.32

La agricultura se convirtió paulatinamente en la base de la economía de los pueblos del valle de México, pues proveía una fuente segura de alimentación. En la medida que esto fue ocurriendo se establecieron alrededor de los lagos del Anáhuac numerosas aldeas. La complejidad social de estas sociedades era variable, pero en las mayores de ellas se observa una acentuada diferenciación social. Durante el Preclásico Medio (1200-400 a. C.) alcanzaron su apogeo algunas de estas aldeas, como Tlatilco, Copilco y Cuicuilco. Los asentamientos correspondientes a esta época combinaron la agricultura con la explotación de los recursos del entorno lacustre, y muestran una mezcla de influencias culturales de inspiración olmeca y de las culturas de Occidente.
Cuicuilco se convirtió en el principal centro político, cultural y económico en el valle de México hacia el año 600 a. C. En su época de apogeo pudo tener alrededor de 22 mil habitantes, aunque algunos cálculos proponen una población de 40 mil personas. En este lugar se erigió la primera pirámide de Mesoamérica y se desarrolló el culto al dios del fuego, quizá por la cercanía y actividad volcánica del Xitle. Este volcán hizo erupción hacia el año 100 a. C., sepultando con lava Copilco y una parte de Cuicuilco. Existe controversia sobre la suerte de la población de este lugar. La población de Cuicuilco participó en la fundación de Teotihuacan, pero parece que las migraciones desde la ciudad al sur de los lagos comenzaron antes de la erupción del Xitle, probablemente a partir del momento en que tuvieron lugar los eventos que acompañan al vulcanismo.33 Es plausible que durante algunos años Cuicuilco haya sido contemporánea y rival de la naciente Teotihuacan, pero finalmente declinó y desapareció en un escenario incierto y en una fecha imprecisa entre el año 200 a. C. y el 200 d. C.34

Hay poca información sobre el proceso que llevó a la fundación de Teotihuacan. A partir del Preclásico Medio se desarrolló en el valle de Teotihuacan un pequeño grupo de aldeas dedicadas a la agricultura. Estas aldeas eran contemporáneas a Terremote Tlaltenco, Tlatilco y Cuicuilco, y su desarrollo corresponde a las fases Cuanalán y Tezoyuca35 (c. 500-100 a. C.). Durante la fase Cuanalán se establecen las primeras aldeas en el valle de Teotihuacan que aprovecharon las condiciones del entorno para la práctica de la agricultura.

Las aldeas se ubican en las inmediaciones de los ríos y manantiales, así como en el norte del valle. En esta época se establece el asentamiento más antiguo en la sierra de Patlachique. Se ha propuesto como hipótesis que los habitantes de estos asentamientos podrían ser otomíes o popolocas, pero no hay evidencia contundente en ese sentido.36 En la fase Tezoyuca esta última fase hay un patrón de cinco asentamientos que probablemente tenían funciones defensivas. Los yacimientos correspondientes a esta época presentan influencia de la cultura de Chupícuaro, que se desarrollaba en El Bajío por aquellas fechas.37

Alrededor del año 100 a. C. se comenzaron a desarrollar dos asentamientos dentro de lo que sería unos siglos más tarde la metrópoli teotihuacana. Uno de ellos corresponde al área ceremonial de Teotihuacan, sobre la calzada de los Muertos.38 El cálculo para la población de la región durante esa época —comprendida dentro de la fase Patlachique— es de aproximadamente cinco mil personas, lo que pone en relieve un repunte demográfico notable para la siguiente fase de Teotihuacan.

El aumento de la población en el valle teotihuacano está relacionado con el abandono progresivo de Cuicuilco, pero hay evidencia de que otras poblaciones en la cuenca del Anáhuac fueron absorbidas por el crecimiento de Teotihuacan. El emplazamiento de la ciudad revela que los fundadores buscaron una posición estratégica que favoreciera la agricultura y asegurara el abasto de la ciudad. Las zonas con manantiales en la sierra de Patlachique y el cerro Gordo muestran una mayor concentración demográfica que el valle, pues tienen condiciones propicias para una agricultura de alto rendimiento. Puede ser posible que de alguna manera la élite de la región haya motivado a los habitantes a concentrarse en la región de Teotihuacan.

El proceso urbano que llevó a la fundación de Teotihuacan recibió el aporte cultural de los cuicuilcas, poseedores de una organización social compleja y centralizada que fortaleció a la estructura de Teotihuacan. La ubicación de la ciudad le permitió la explotación de recursos estratégicos en Mesoamérica, tales como los yacimientos de obsidiana en Otumba y la sierra de las Navajas, los productos del lago de Texcoco, el agua de los manantiales de Patlachique y el control de las rutas comerciales entre el Anáhuac y la costa del golfo de México.39 Todos estos factores constituyen parte del escenario que llevó a la culminación del proyecto urbano de Teotihuacan y la consolidación del Estado teotihuacano como uno de los más poderosos en la historia prehispánica de Mesoamérica.

En la fase Patlachique se consolida el núcleo urbano de Teotihuacan. El sitio experimentó una población desmesurada en esta época. En su conjunto, la cuenca de México pudo haber llegado a tener 100 mil habitantes, de los cuales aproximadamente 25 mil se asentaban en Teotihuacan.40 Una parte de ese crecimiento se suele explicar como resultado del declive de Cuicuilco.

Esta población ubicada en la llanura aluvial del lago de Xochimilco tuvo en Teotihuacan a su rival por el control político de la cuenca. Se presume que el enfrentamiento podría haber llegado a la guerra a partir del hecho de que la cerámica Tezoyuca ha encontrado principalmente en las cimas de los cerros. Teotihuacan adquirió un mayor protagonismo en la cuenca de México, atrayendo una parte importante del aumento poblacional. El fin de Cuicuilco suele relacionarse con la erupción del volcán Xitle, que cubrió de lava el sur del valle de México, incluyendo a la antigua ciudad. Sin embargo, es muy probable que Cuicuilco hubiera declinado definitivamente antes de ese suceso.41

Entre el año 100 a. C. y el principio de la era común, Teotihuacan comenzó a concentrar un importante número de habitantes provenientes de todo el valle del Anáhuac. Al crecimiento de Teotihuacan contribuyeron los emigrados de Cuicuilco, que habían iniciado un éxodo que terminó por despoblar aquella ciudad. La fase Tzacualli de Teotihuacan (1-150 d. C.) es aquella en la que se establecen las bases de la planificación urbanística de la ciudad y se definen varios rasgos característicos de la cultura teotihuacana.42 La construcción de los edificios de la ciudad se realizan en torno a dos ejes. El eje norte-sur está constituido por la calzada de los Muertos, que en la fase Tzacualli ya se encuentra bien definida. La calzada de los Muertos está orientada 15° 28′ hacia el este con respecto al norte geográfico. Durante la fase Tzacualli, el eje este-oeste estaba constituido por el curso del río San Juan, cuyo cauce fue desviado para hacerlo coincidir con una orientación desviada 16° 30′ hacia el sur del este.43 En esta época se ejecutó la primera etapa constructiva de la pirámide de la Luna y ya se había planificado la plaza de este gran edificio, que marca el límite norte de la calzada de los Muertos.44

Es notable el esfuerzo que se realizó para la construcción de la pirámide del Sol, que practicamente se concluyó en una sola etapa constructiva que se verificó en esta fase. Durante ese tiempo, el centro de la ciudad lo constituía este edificio, representación de la montaña primordial de la que vienen los mantenimientos y constituye el axis mundi de acuerdo con la mitología mesoamericana. La plataforma adosada a la pirámide del Sol es más tardía que el resto del edificio, y parece haber sido construida al final de la fase Miaccaotli.45
De acuerdo con los trabajos de René Millon, en la fase Tzacualli la población de Teotihuacan rondaba los 30 000 habitantes y la superficie de la ciudad era de 17 km2. Para esta época, Teotihuacan era indudablemente la mayor urbe del centro de México y sólo podían compararse con ella Monte Albán en los valles Centrales de Oaxaca y Cholula en el valle poblano-tlaxcalteca. En las excavaciones arqueológicas, se han encontrado restos de cerámica granular, un tipo que también ha aparecido frecuentemente en yacimientos de Morelos y el centro de estado de Guerrero, por lo que se supone que las relaciones comerciales entre Teotihuacan y esas zonas de Mesoamérica ya se encontraban activas en el Preclásico Tardío.46
Los años que van del 150 al 250 corresponden a la fase Miccaotli. Esta fase se llama así porque era la palabra con la que los nahuas designaban a la calzada de los Muertos. Durante la fase Miccaotli, Teotihuacan se consolida como la mayor ciudad del centro de México. El centro de la ciudad se desplaza hacia el sur con la construcción de La Ciudadela, un recinto que al igual que la pirámide del Sol era una representación de la montaña sagrada primordial. La Ciudadela consiste en un conjunto de trece templos organizados alrededor de una gran plaza donde se encuentra la pirámide de la Serpiente Emplumada. Para la consagración de este templo se sacrificaron más de cien personas que fueron colocadas en entierros colectivos, en grupos de 4, 8, 18 y 20 cuerpos, más aquellos que en solitario fueron sepultados en las esquinas de la base del edificio,47 incluyendo los niños sacrificados que fueron descubiertos por Leopoldo Batres en cada vértice de cada nivel de la plataforma.
De manera paralela a la construcción de La Ciudadela la ciudad quedó organizada en cuatro cuadrantes con la construcción de las avenidas Este y Oeste. Ambas forman un eje casi perpendicular a la calzada de los Muertos, parten de La Ciudadela hacia los respectivos puntos cardinales, marcando la división de los cuadrantes de la ciudad. En la fase Micaotli, la pirámide de la Luna fue ampliada en dos ocasiones, una, entre los años 150 y 200, y la otra hacia el año 225.48

Millon calculaba que la población teotihuacana de la fase Miccaotli alcanzó 45 000 personas. La superficie de la ciudad llegó a 22.5 km2, la mayor que llegó a tener en toda su historia, aunque la densidad de la población fue creciendo en las siguientes etapas.49 Las grandes construcciones realizadas en este tiempo revelan que la ciudad era un centro político y económico de gran relevancia en Mesoamérica. Esto atrajo a personas procedentes de otras regiones, y un caso muy notable es el de los zapotecos que se asentaron en Tlailotlacan en el siglo II.50

Alrededor del año 650 de la era común dio inicio la fase Metepec. De acuerdo con los trabajos de Millon la ciudad tuvo hasta 75 000 habitantes en esa etapa,60 lo que respresenta una pérdida de casi 25% con respecto a la fase Xolalpan. A pesar de esta contracción demográfica, Teotihuacan seguía siendo la mayor urbe del valle de México y una de las más grandes de Mesoamérica.61 La actividad arquitectónica en la ciudad se paraliza, de hecho el único edificio que se realizó completamente en la fase Metepec es la plataforma adosada a la pirámide de la Serpiente Emplumada. La plataforma adosada parece haber sido construida con el propósito de ocultar al edificio que fue corazón de La Ciudadela, emblema del poder de la ciudad. De hecho, los habitantes de Teotihuacan durante la fase Metepec no conocieron el templo de la Serpiente Emplumada como actualmente se puede apreciar en la zona arqueológica, pues su fachada fue rescatada en el siglo XX.

De acuerdo con Millon, tanto La Ciudadela como los edificios que se encontraban en torno a la calzada de los Muertos fueron objeto de una destrucción sistemática por parte de los habitantes de la ciudad.

El centro no fue consumido por un fuego extenso. Los templos y edificios públicos no fueron simplemente destruidos, sino desmantelados, quemados, reducidos a escombros una y otra vez en ambos lados de la avenida por más de una milla […] Esto es porque aquellos que empezaron este proceso quisieron estar seguros que ningún poder o ninguna fuerza del estado teotihuacano volviese a renacer de esas ruinas.62

En la fase Oxtotípac (750850) la población de la ciudad se reduce muy drásticamente como reflejo de un éxodo masivo de los ocupantes. Millon calculó que en esta etapa, el área urbana era habitada por 5 000 personas.63 Sólo algunas partes de la ciudad permanecen ocupadas, entre ellas lo que se conoce como Ciudad Vieja y algunos sitios que en la época anterior fueron habitados por la élite. Esta ocupación de Teotihuacan está relacionada con la cultura de Coyotlatelco y la aparición de la cerámica del mismo nombre. Algunos autores opinan que esta cultura es extranjera, producto de una migración que contribuyó a la ruina teotihuacana. Otros consideran que se trata de la expresión de un grupo periférico de la ciudad que no poseía la alta cultura teotihuacana.
Para explicar el ocaso de la ciudad se han propuesto diversas hipótesis. Algunas consideraron que alrededor del siglo VIII ocurrió una gran sequía en el norte de Mesoamérica que provocó la migración de sus ocupantes hacia el sur. Esta sequía también habría afectado a la agricultura de la región e hizo inviable el sostenimiento de la población. Sin embargo, McClung de Tapia y sus colaboradores han dicho que no existen indicadores de que esta hipótesis pudiera sostenerse, puesto que en la época de decadencia de Teotihuacan se observó un aumento de la humedad en el entorno de la ciudad.64
Al tiempo que Teotihuacan inició su declive, otras ciudades en el centro de Mesoamérica comenzaron a florecer. Para algunos autores, el florecimiento de las culturas del Epiclásico sería un factor que habría contribuido al colapso teotihuacano. Estas ciudades forman una corona en torno a Teotihuacan, en puntos estratégicos de las rutas comerciales más importantes de Mesoamérica en ese tiempo. Xochicalco en el valle de Morelos, Teotenango en el valle de Toluca, Cacaxtla en el valle de Tlaxcala, Cantona en el oriente y El Tajín en el paso hacia La Huasteca; todas fueron ciudades que vieron su apogeo al declinar Teotihuacan, y en algunos casos, nacieron precisamente en ese contexto. De acuerdo con algunos autores, estos nuevos poderes regionales extrangularon a la gran metrópoli al privarla del acceso a las rutas comerciales.

Migraciones teotihuacanas después del colapso

Aunque el origen e identidad de los grupos portadores de la cerámica Coyotlatelco son motivo de debate, existe consenso en torno al hecho de que su presencia está relacionada con el declive de la ciudad. La situación de Teotihuacan estuvo acompañada por el abandono masivo de la ciudad, que inició alrededor del año 500 de la era común, de acuerdo con la evidencia arqueológica en el norte de Morelos que muestra la presencia de grupos teotihuacanos que se fusionaron con pobladores locales y perdieron su identidad cultural, probablemente como una estrategia para escapar de la opresión del régimen teotihuacano.65

La diáspora teotihuacana se estableció en lugares que estaban fuera del dominio de Teotihuacan durante la fase Metepec (550-650 d. C.). En esta época, la metrópoli dominó en el norte de la cuenca de México, pero los pueblos localizados al sur y al poniente de la región se encontraban fuera de su esfera de influencia, como muestra el hecho de que haya pocos indicadores materiales de contacto con Teotihuacan por esos rumbos. Por ello, el oriente del Anáhuac, el norte de Morelos, el valle de Tlaxcala y el valle de Toluca absorbieron partes importantes de los grupos que abandonaron Teotihuacan.

Con la salida de los grupos portadores de la cultura teotihuacana, en la cuenca de México se observa un reacomodo demográfico y la difusión de la cerámica de Coyotlatelco. Entre Azcapotzalco y Ecatepec se encuentra un grupo de poblaciones con ese tipo de cerámica que intervinó en su difusión hacia el valle de Toluca.66 Otro grupo corresponde a la cuenca de Chalco-Xochimilco. El tercero se concentra en torno a Portezuelo, que debió ser uno de los mayores asentamientos de la cuenca de México durante el Epiclásico (c. 650-900). Un último grupo Coyotlatelco corresponde al que permaneció en Teotihuacan, donde ocuparon los conjuntos residenciales arruinados. Tula, Cacaxtla, Cholula y Xochitécatl son puntos fuera de la cuenca de México donde también se ha encontrado cerámica Coyotlatelco, aunque en menor proporción.

La cultura tolteca es una cultura arqueológica mesoamericana cuyo centro ceremonial principal fue la ciudad de Tollan-Xicocotitlan, localizada en lo que actualmente se conoce como Tula de Allende (estado de Hidalgo, México). El gentilicio deriva del náhuatl toltécatl, que originalmente designa a los nativos de los lugares llamados Tollan, pero que después, durante la época mexica, pasó a ser sinónimo de artesano o artista. Esto se debe, entre otras cosas, a la relación mitológica establecida entre Xicocotitlan y la mítica Tollan.
Los toltecas fueron la etnia dominante de un estado cuya influencia se extendía hasta el actual estado de Zacatecas y al sureste en la península de Yucatán. La relación entre los toltecas y los mayas del período posclásico ha sido objeto de grandes controversias.

Después de la caída de Teotihuacan hacia el año 700, hubo en Mesoamérica varios siglos de tinieblas y concusión, cambió el índole de su civilización, las ciudades sin fortificaciones y gobernadas por sabios sacerdotes se desmoronaron y dieron lugar a ciudades guerreras y a religiones más belicosas.
Una de estas ciudades surge hacia el año 950 Tula, la capital de los Toltecas.
La historia de los Toltecas comienza con una leyenda que los describe como una tribu Chichimeca que viene del norte a principios del siglo X conducida por un rey llamado Miscoatl y que se establece en Culhuacán. No se sabe con exactitud si Miscoatl existió o fue solo leyenda, pero su hijo Topiltzin vivió realmente y es el primer personaje de carne y hueso que aparece en la Historia de México.
En ese sentido, los toltecas (náhuatl: tōltēcah; ‘[maestros] constructores’), fueron los miembros de una cultura precolombina que dominó la mayor parte del centro de México entre los siglos X y XII. Su lengua, el náhuatl, también fue hablado por los aztecas. Mucho de lo que se conoce de los toltecas está envuelto en mitos.
Si bien es cierto que los toltecas tuvieron una gran influencia entre los mayas, no está comprobado que hubiera una presencia militar en la península de Yucatán. Ni viceversa, aunque algunos autores pensaron que Tula había sido fundada por mayas de Yucatán.
De lo que si se puede hablar es de una gran influencia comercial, política-religiosa en la zona al grado que se ve reflejada básicamente en la arquitectura de muchas estructuras como son el Castillo, el Templo de los Guerreros de una fusión estilo Pucc (seguramente influenciada por Uxmal) con diseño tolteca así como de la presencia del chac-mool típico de Tula. La incursión de Quetzalcóatl como deidad es otro elemento tolteca importante reflejado en Kukulkán entre los mayas.
Tuvieron mucho talento para construir. Su influencia se extendió a la mayor parte de Mesoamérica en el período Posclásico. Los toltecas (o, algunos dicen, una versión ficcionalizada de ellos) se han hecho famosos en las décadas pasadas a través del escritor Carlos Castaneda.
Entre los pueblos nahuas de la época de la conquista, la palabra tolteca significaba alguien sabio que dominaba las artes y artesanías. Y la palabra toltequidad equivalía a lo que llamaríamos, alta cultura.
En 1941, un grupo de antropólogos mexicanos designó a la ciudad de Tula, en el estado de Hidalgo, como Tollan, la mítica capital de los Toltecas, pero algunos arqueólogos, como Laurette Séjourné criticaron la decisión, señalando que después de varias etapas de excavación no se había revelado una ciudad suficiente para justificar la leyenda de los toltecas, señalando que el origen de Tollan y de la leyenda debería ubicarse en Teotihuacan, siendo el pueblo de Tula uno de los refugios de los sobrevivientes de Teotihuacan y por ello se ostentaban como Toltecas.
El historiador mexicano Enrique Florescano, del Instituto Nacional de Antropología e Historia ha retomado esta interpretación, basándose en la mención de textos mayas anteriores a Tula, que se refieren a Teotihuacan como Tollan.
Esta cultura y en investigaciones se basa en que su ciudad es mapa de la traslación de Venus, es decir, su recorrido alrededor del sol. Cerca de ahí esta una montaña llamada Xicuco (Shicuco) que en náhuatl es Ombligo, que en significado de los toltecas es entre lo interior y lo exterior y hace una vez más referencia a Venus, esta montaña tiene que ver con su arquitectura vista desde sus edificios dan los ciclos antes mencionados de Venus, sin olvidar que este astro aparece en las mañanas en el horizonte como lucero que recibe el nombre de Citlalith (estrella del amanecer). Estos ciclos hacen referencias a las etapas de Quetzalcóatl para poder ser hombre – Dios, que representan las etapas de los humanos (en el catolicismo nacer – vida – resucitación). Esta cultura fue muy especial ya que en el traje de los Atlantes se encuentran representadas todas estas etapas, como el espejo negro que hace que Quetzalcóatl, vea sus errores para purificarse, otras pieza importante es el Chacmol, que representa al mismo Quetzalcóatl saliendo de la etapa del fuego escondido debajo de la tierra, representa entregando el mismo fuego a la superficie, que es cuando Venus no aparece en el horizonte y surge en el horizonte. Se dice también que esta ciudad fue unas de las más difíciles de pasar al cristianismo, que Sahagún era el encargado de hacerlo, ya que tenían muy bien arraigado sus creencias, Sahagún aprovecho el significado de la montaña Xicuco y el Sol sobre la misma que era unas de las etapas de Quetzalcóatl surge como sol y Dios, esto Sahagún represento como un flor sobre para que los Toltecas asimilaran y pudiesen ser pasados al Cristianismo. Esta ciudad fue envidiada por los Aztecas que a lo contrarios de los Toltecas tenían otra visión de Quetzalcóatl les había enseñado,esto provocó un desorden de ideas haciendo que pasaran a haber mas sacrificios humanos que los Aztecas creían que era lo mejor, con la invasión de los españoles los Aztecas confundieron a Cortes como la resucitación de Quetzalcóatl esto provocó la anulación de guerreros sobre ellos quedando confundidos, también se dice en Tula (Tollan, ciudad de los Toltecas) se fueron a enterrar las galletas rancias que Cortes dio como intercambio del oro Azteca que se dio cuando llegaron. Estos relatos fueron sacados de libro de los espejos de la arqueología, códices Borgia y escritos de Sahagún.

De acuerdo a investigaciones realizadas en Tepetitlán, área rural de Tula, Hidalgo, los especialistas Guadalupe Mastache y Robert Cobean descubrieron que el amaranto fue esencial en la alimentación de la cultura Tolteca, ya que evitó que estas tribus pasaran hambrunas durante las épocas de sequías.
Actualmente el amaranto produce “alegrías”, mezcla de este producto con la miel, el cacahuate y las pasitas.
El amaranto, huautli o alegría, nombre con el que se le conoce en la actualidad, fue en época prehispánica un cultivo básico en diversas culturas del país, entre ellas la que se asentó en Tula, Hidalgo, como lo refieren evidencias arqueológicas y datos etnohistóricos sobre su cultivo.
Por su parte, Nadia Vélez Saldaña, arqueóloga especialista en paleobotánica y miembro del equipo de investigadores de la Zona Arqueológica de Tula, explicó que esta semilla no sólo fue importante para esta población de Hidalgo, sino también en toda Mesoamérica, debido a que era una planta fácil de cultivar, además de tener un alto grado de resistencia a las temporadas de secas y heladas.
“El amaranto es más resistente, y crece en toda clase de terrenos abonados, por lo tanto, a falta del grano, el huautli era el que cubría las necesidades alimenticias de la población”, comentó la investigadora.
Otra de las características del amaranto, es su posibilidad de almacenamiento en ollas de barro, por largos períodos de tiempo, sin descomponerse.
Lo anterior asociado a su alto valor nutritivo, lo llevó, en ocasiones, a ser considerado el cultivo más importante de Tula, incluso sobre el maíz.
De hecho, uno de los tributos que las provincias de Ajacuba y Jilotepec, entre las que quedaba comprendida Tula durante el Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.), daban a la Triple Alianza -además de maíz y frijol- era precisamente amaranto, lo cual indica que esta planta era un cultivo importante durante ese período.
El amaranto no sólo fue utilizado como alimento, sino también como parte de las ofrendas y rituales; en este sentido, Vélez Saldaña mencionó que el uso del grano fue documentado por Sahagún y otros cronistas, quienes describen su utilización en algunas ceremonias donde se usaban figurillas hechas con amaranto aglutinando.
Las figurillas rituales de huautli, eran elaboradas con la técnica que hoy en día se utiliza para fabricar los dulces de amaranto, relató la investigadora. Tostaban el amaranto y después lo mezclaban con miel de maguey para obtener una masa maleable para formar las figuras antropomorfas de algunas deidades, que eran utilizadas en las ceremonias.

Finalmente, Vélez Saldaña señaló que, según parece, pudo haber sido su importancia ritual la causa de su prohibición a partir de la Conquista, decreciendo su cultivo hasta casi desaparecer de algunas regiones, durante la época Colonial.

Todos los pueblos del Anahuac llegaron del norte pero a tiempos distintos.Los que llegaron primero se aculturaron y urbanizaron en la cultura del maíz. En el norte quedaron pueblos bárbaros. Nómadas sin ley ni dios, los chichimecas.

Actualmente, los otomíes habitan un territorio fragmentado que va del norte de Guanajuato al sureste de Tlaxcala. Sin embargo, la mayor parte de ellos se concentra en los estados de Hidalgo, México y Querétaro. De acuerdo con las estadísticas de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de México, la población étnica2 otomí sumaba 646.875 personas en la República Mexicana en el año 2000, lo que les convierte en el quinto pueblo indígena más numeroso del país. De ellos, sólo un poco más de la mitad hablaban el otomí. Al respecto, cabe decir que la lengua otomí presenta un alto grado de diversificación interna, de modo que los hablantes de una variedad suelen tener dificultades para comprender a quienes hablan otro dialecto. De ahí que los nombres con los que los otomíes se llaman a sí mismos son numerosos: ñätho (valle de Toluca), hñähñu (valle del Mezquital), ñäñho (Santiago Mezquititlán en el Sur de Querétaro) y ñ’yühü (Sierra Norte de Puebla, Pahuatlán) son algunos de los gentilicios que los otomíes emplean para llamarse a sí mismos en sus propias lenguas, aunque es frecuente que, cuando hablan en español, empleen el etnónimo otomí, de origen náhuatl.3

Como ocurre con la mayor parte de los etnónimos empleados para referirse a los pueblos indígenas de México, el término otomí no es nativo del pueblo al que hace referencia. Otomí es un término de origen náhuatl que deriva de otómitl,4 palabra que en la lengua de los antiguos mexicas quiere decir quien camina con flechas,5 aunque autores como Wigberto Jiménez Moreno lo hayan traducido como flechador de pájaros.

El territorio étnico6 de los otomíes ha sido históricamente el centro de México. Desde la época precolombina, los pueblos de habla otomangueana han habitado esa región y se les considera como pueblos nativos de las tierras altas mexicanas. De acuerdo con el cálculo de Duverger, es posible que los pueblos otomangueanos se hayan encontrado en Mesoamérica por lo menos desde el inicio del proceso de sedentarización, el cual tuvo lugar en el octavo milenio antes de la era cristiana.7 La ocupación otomangue del centro de México remite entonces al hecho de que las cadenas lingüísticas entre las lenguas otomangueanas se hallen más o menos intactas, de modo que los miembros lingüísticamente más cercanos de la familia se encuentre también próximos en el sentido espacial. La primera fractura del grupo otomangueano ocurrió al separarse las lenguas orientales de las lenguas occidentales. El brazo occidental está compuesto por dos grandes ramas: los pueblos de habla tlapaneco-mangueana y los de habla oto-pame. Entre estos últimos se encuentran los otomíes, asentados en el Altiplano

Al final del Pleistoceno llovía abundantemente en el valle de México y la tierra era frondosa con abundante fauna de grandes animales. Debido a las sierras, los vientos húmedos del pacifico no llegan tierra adentro y el patrón de lluvias depende de  sistemas meteorológicos de latitudes medias durante el invierno, y por sistemas tropicales en el verano.

El Dryas Reciente significó un rápido regreso a las condiciones glaciares en las latitudes más altas del Hemisferio Norte entre hace 12.900 y 11.500 años.3 Esto contrasta con el calentamiento del deshielo que tuvo lugar en el interestadio anterior. Estas transiciones duraron aproximadamente una década.4 Las informaciones obtenidas de isótopos térmicamente fraccionados de nitrógeno y argón provenientes de núcleos de hielo de Groenlandia, indican que esta isla era unos 15 °C más fría que en la actualidad. En las islas Británicas, los fósiles de escarabajos indican un descenso de las temperaturas medias anuales de 5 °C y las condiciones periglaciares prevalecían en las tierras bajas y los glaciares en las tierras altas.5 Desde entonces, no ha habido ningún periodo de cambio climático abrupto tan grande, extendido o rápido.

Se suele relacionar el Dryas Reciente con la adopción de la agricultura en el creciente fértil.11 El argumento principal es que el frío y la sequía del Dryas Reciente redujo la capacidad de carga de la región y obligó a la sedentaria cultura Natufiense a adaptarse a un patrón de subsistencia más flexible. Un deterioro todavía más severo del clima les podría haber obligado a cultivar cereales. Mientras que hay un cierto consenso en cuanto al papel del Dryas Reciente en los cambios de los patrones de subsistencia durante el Natufiense, todavía se debate su conexión con los inicios de la agricultura.12

Con el calentamiento global después de la última glaciación, hace unos 11000 años, el clima en Mesoamérica se volvió árido o semi-árido  con largas sequías  intercaladas con épocas de abundantes lluvias.

El clima mexicano se debe estudiar considerando complejos procesos de interacción océano-atmósfera-continente como el niño y la niña. En México, provoca lluvias excesivas en el centro y sur del país, sequías y lluvias en el norte de México, e inviernos con marcada ausencia de lluvias.
Tanto este Fenómeno de La Niña como El Niño, son variaciones normales en las temperaturas de la superficie del mar, que han existido desde hace millares de años y que continuarán existiendo, sin que el hombre puede interferir.

Aunque llueve en invierno  las lluvias más intensas ocurren en verano, y de forma general se puede decir que la temporada de lluvias en México comienza entre mayo y julio, terminando entre septiembre y octubre, dependiendo de la zona de interés. Por otra parte, el invierno se caracteriza por condiciones secas
en la mayor parte del territorio, excepto en el noroeste y en la vertiente del Golfo de México. Por el hecho de presentarse lluvias durante el verano en la mayor parte del país y condiciones mayormente secas durante el invierno, se habla de que México tiene un clima monzónico.

Como parte del ciclo anual de las lluvias de verano, en la región centro-sur de México y hasta Centroamérica, aparecen dos máximos en la precipitación de verano, uno en junio y otro en septiembre. Por tanto, existe un mínimo relativo entre julio y agosto conocido como sequía intra estival, sequía del medio verano, canícula o veranillo, dependiendo de la región o país donde se experimente.

Durante julio y agosto, tal mínimo de precipitación corresponde a una menor cantidad de nubes convectivas profundas, lo que permite la mayor incidencia de radiación solar y por lo tanto una mayor temperatura de superficie que la gente asocia con el calor agobiante de la canícula. Tal característica del ciclo anual parece
ocurrir sólo en la región del Pacífico mexicano, donde se forma una alberca de agua caliente que favorece la formación de nubes profundas. Esta alberca de agua caliente juega un papel fundamental en la dinámica del clima de México y Centro América.

Las lluvias son parte fundamental de la vida. El exceso o falta de precipitaciones afecta de manera evidente los patrones de conducta de los seres humanos. Es por ello que desde siempre ha existido un gran interés en pronosticar estaciones de precipitación abundante o escasa. En México, las actividades agrícolas son las más
afectadas por extremos en las características de la época de lluvias. La ocurrencia de sequías en nuestro país ha resultado en serios problemas socio-económicos, como en el norte de México durante la década de los noventa.

La desertificación y el complejo patrón climático orillo a los primeros habitantes de Mesoamérica a uno de los mayores logros científico y tecnológico en la historia de la humanidad: Un sistema agrícola para el cultivo del maíz. Este sistema requería de una cultura con saber profundo en agronomía, botánica, genética, astronomía, matemáticas, educación, sistema de registro y escritura.

A partir del teocintle los habitantes del valle de México desarrollaron el maíz.

El maíz es la planta más domesticada y evolucionada del reino vegetal. El origen y la evolución del maíz han sido un misterio porque el maíz ha llegado a nosotros altamente evolucionado, sin conocerse formas intermedias. A pesar de extensivas búsquedas de las formas silvestres de esta planta, no ha sido encontrada alguna.

Mientras que los cereales del Viejo Mundo tienen variedades silvestres que se preservan en la naturaleza, el maíz es conocido solamente por la especie cultivada (Zea mays).

Desde el siglo pasado diversas teorías han sido expuestas para explicar el origen y la evolución del maíz, la más popular de ellas acepta al teocintle de Chalco como el antecesor directo del maíz.

Es la opinión de algunos expertos que el maíz fue milagro ya que los primitivos americanos no pudieron desarrollar algo tan sofisticado más que por azar. En los años 80, Iltis propone una teoría en la cual establece que el teocintle se convirtió en maíz en un solo paso macroevolutivo.

Sin embargo, el maíz en si es meramente un componente de todo una estructura tecnológica y social, basada en cuidadosas observaciones astronómicas, climáticas, y agronomicas, de la cual el sofisticado sistema calendarico que se ha rescatado es un mero ejemplo.

El centro geográfico de origen y dispersión se ubica en el Municipio de Coxcatlán en el valle de Tehucán, Estado de Puebla, en la denominada Mesa Central de México a 2.500 m sobre el nivel del mar. En este lugar el antropólogo norteamericano Richard Stockton MacNeish encontró restos arqueológicos de plantas de maíz que, se estima, datan del 7.000 A. C.

Se pueden observar en las galerías de las pirámides pinturas, grabados y esculturas que representan al maíz. Las grandes civilizaciones mesoamericanas no habrían surgido sin la agricultura, y sin un sistema de medición del tiempo que organizaba sus actividades cotidianas.

Existe un mito huichol que habla sobre la selección antropogénica realizada por esta nación indígena con el maíz:

…la Madre del Maíz cambió su forma de paloma y adoptó la humana; le presento al muchacho sus cinco hijas, que simbolizan los cinco colores sagrados del maíz: blanco, rojo, amarillo, moteado y azul. Como el joven tenía hambre, la Madre del Maíz le dio una olla llena de tortillas y una jícara llena de atole; él no creía que eso pudiera saciar su hambre, pero las tortillas y el atole se renovaban mágicamente, de manera que no podía acabárselos. La Madre del Maíz le pidió que escogiera a una de sus hijas y él tomó a la Muchacha del Maíz Azul, la más bella y sagrada de todas…

Esta leyenda habla sobre la influencia de la síntesis de antocianinas (moléculas que dan el color característico al grano de maíz) en la selección del maíz. Al decir que La Madre del Maíz, encuentra a un huichol al cual lleva a su casa y ofrece en matrimonio a sus hijas donde cada una de ellas representa un color característico de las semillas de este alimento, se nos está indicando los principales colores de granos de maíz de donde se realizará la selección, así pues tiene una hija maíz blanco, otra rojo, amarillo, moteado y azul, de esta manera el huichol escoge a la Muchacha del Maíz Azul por ser la más sagrada de todas.

En este relato se puede entrever la importancia que se concede a los Elementos Genéticos Transponibles, como es bien sabido un incremento en la síntesis de antocianinas en la aleurona implica la acción del elemento Activator (Ac), de aquí que el personaje principal escoja a la Muchacha del Maíz Azul, cuya aleurona muestra un fuerte incremento en la producción de estos pigmentos, y deja a las demás muchachas que poseen el elemento Ac en off o pinto [Ds (desactivator) expresado] o el rojo que implica la presencia de pelargonidina en la aleurona con la consecuente inhibición de la 3′-flavonol-hidroxilasa, o sea que solo la Muchacha del Maíz Azul contenía la carga genética necesaria para satisfacer las necesidades de Los Huicholes (!las tortillas azules son mas deliciosas!).

El calendario determinaba los momentos en que se cultivaba, se comerciaba o se hacía la guerra y también decía el destino de los seres humanos.

Para los antiguos mexicanos, en el calendario no sólo figuraban la cuenta de los días o el paso de las estaciones; también se representaba el camino trazado en el cielo por los astros, caminos que los dioses debían recorrer para poder manifestarse en la tierra.

Los nahuas llamaban al mes ilhuitl, palabra que también podía significar «fiesta» o «llegada» y que designaba la aparición de la deidad que había ser adorada en ese tiempo. Así, cada dios tenía su tiempo y la vida en este mundo dependía de que los dioses cumplieran su transcurso exactamente como lo establecía el calendario. Había un tiempo para que Tláloc, el dios de la lluvia, repartiera sus bendiciones sobre la superficie de la tierra. Había otro tiempo para que Xipe Totec hiciera reventar los campos, o Xilonen floreciera en la planta.

A mediados de la década del ‘50, en excavaciones en la ciudad de México, a 30 km. en dirección nordeste de las pirámides, se encontraron muestras de polen identificadas como pertenecientes al maíz o a sus antiguos progenitores que tendrían de 60 a 80.000 años de edad. Esto nos da una idea de magnitud en la evolución de la especie.

Desde el centro principal de origen, el maíz fue distribuido en tiempos pre-colombinos hasta la desembocadura del río San Lorenzo en América del Norte y a través de América Central hasta el sur de Chile. Desde el caribe por la costa atlántica se expandió a Brasil y Argentina con los maíces flint y catetos amarillos, anaranjados ó colorados, después del 1600. Estas corrientes migratorias permitieron el desarrollo de nuevas formas que han dado origen a la gran variabilidad existentes (se han registrado 300 razas distintas).

El desarrollo de distintos centros de variabilidad en América, ha sido paralelo al desarrollo de las civilizaciones indígenas y se piensa que los colonizadores españoles y europeos que vinieron al nuevo mundo no tuvieron influencia. Los dentados de México y América central están asociados a la cultura Maya, mientras que los maíces cónicos de la parte central de México (2.500 msnm) lo están con la civilización mexica.

La historia de Teotihuacan se puede entender como parte de un largo proceso civilizatorio que tuvo lugar desde que los seres humanos llegaron al Anáhuac. Esto pudo ocurrir aproximadamente hace 20 mil años, época en la que han sido fechados los descubrimientos en Tequixquiac, y más tardíamente en Tocuila y Tlapacoya. En este último yacimiento se han encontrado dos cráneos humanos estrechamente relacionados con restos de animales y herramientas.31

La domesticación de especies vegetales permitió a los habitantes de la región enfrentar la extinción de la fauna que fuera una de las principales bases de su alimentación, lo que ocurrió hacia el séptimo milenio antes de la era cristiana. La agricultura favoreció el proceso de sedentarización en la zona. En la orilla oriental del lago de Chalco se estableció un asentamiento en Zohapilco, cuya primera fase abarca del 5500 a. C. al 3500 a. C. En esa época, los pobladores de Zohapilco poseían instrumentos de labranza, utensilios para procesar los granos y armas para cacería; y desde el 2000 a. C. comenzaron a producir cerámica.32

La agricultura se convirtió paulatinamente en la base de la economía de los pueblos del valle de México, pues proveía una fuente segura de alimentación. En la medida que esto fue ocurriendo se establecieron alrededor de los lagos del Anáhuac numerosas aldeas. La complejidad social de estas sociedades era variable, pero en las mayores de ellas se observa una acentuada diferenciación social. Durante el Preclásico Medio (1200-400 a. C.) alcanzaron su apogeo algunas de estas aldeas, como Tlatilco, Copilco y Cuicuilco. Los asentamientos correspondientes a esta época combinaron la agricultura con la explotación de los recursos del entorno lacustre, y muestran una mezcla de influencias culturales de inspiración olmeca y de las culturas de Occidente.
Cuicuilco se convirtió en el principal centro político, cultural y económico en el valle de México hacia el año 600 a. C. En su época de apogeo pudo tener alrededor de 22 mil habitantes, aunque algunos cálculos proponen una población de 40 mil personas. En este lugar se erigió la primera pirámide de Mesoamérica y se desarrolló el culto al dios del fuego, quizá por la cercanía y actividad volcánica del Xitle. Este volcán hizo erupción hacia el año 100 a. C., sepultando con lava Copilco y una parte de Cuicuilco. Existe controversia sobre la suerte de la población de este lugar. La población de Cuicuilco participó en la fundación de Teotihuacan, pero parece que las migraciones desde la ciudad al sur de los lagos comenzaron antes de la erupción del Xitle, probablemente a partir del momento en que tuvieron lugar los eventos que acompañan al vulcanismo.33 Es plausible que durante algunos años Cuicuilco haya sido contemporánea y rival de la naciente Teotihuacan, pero finalmente declinó y desapareció en un escenario incierto y en una fecha imprecisa entre el año 200 a. C. y el 200 d. C.34

Hay poca información sobre el proceso que llevó a la fundación de Teotihuacan. A partir del Preclásico Medio se desarrolló en el valle de Teotihuacan un pequeño grupo de aldeas dedicadas a la agricultura. Estas aldeas eran contemporáneas a Terremote Tlaltenco, Tlatilco y Cuicuilco, y su desarrollo corresponde a las fases Cuanalán y Tezoyuca35 (c. 500-100 a. C.). Durante la fase Cuanalán se establecen las primeras aldeas en el valle de Teotihuacan que aprovecharon las condiciones del entorno para la práctica de la agricultura.

Las aldeas se ubican en las inmediaciones de los ríos y manantiales, así como en el norte del valle. En esta época se establece el asentamiento más antiguo en la sierra de Patlachique. Se ha propuesto como hipótesis que los habitantes de estos asentamientos podrían ser otomíes o popolocas, pero no hay evidencia contundente en ese sentido.36 En la fase Tezoyuca esta última fase hay un patrón de cinco asentamientos que probablemente tenían funciones defensivas. Los yacimientos correspondientes a esta época presentan influencia de la cultura de Chupícuaro, que se desarrollaba en El Bajío por aquellas fechas.37

Alrededor del año 100 a. C. se comenzaron a desarrollar dos asentamientos dentro de lo que sería unos siglos más tarde la metrópoli teotihuacana. Uno de ellos corresponde al área ceremonial de Teotihuacan, sobre la calzada de los Muertos.38 El cálculo para la población de la región durante esa época —comprendida dentro de la fase Patlachique— es de aproximadamente cinco mil personas, lo que pone en relieve un repunte demográfico notable para la siguiente fase de Teotihuacan.

El aumento de la población en el valle teotihuacano está relacionado con el abandono progresivo de Cuicuilco, pero hay evidencia de que otras poblaciones en la cuenca del Anáhuac fueron absorbidas por el crecimiento de Teotihuacan. El emplazamiento de la ciudad revela que los fundadores buscaron una posición estratégica que favoreciera la agricultura y asegurara el abasto de la ciudad. Las zonas con manantiales en la sierra de Patlachique y el cerro Gordo muestran una mayor concentración demográfica que el valle, pues tienen condiciones propicias para una agricultura de alto rendimiento. Puede ser posible que de alguna manera la élite de la región haya motivado a los habitantes a concentrarse en la región de Teotihuacan.

El proceso urbano que llevó a la fundación de Teotihuacan recibió el aporte cultural de los cuicuilcas, poseedores de una organización social compleja y centralizada que fortaleció a la estructura de Teotihuacan. La ubicación de la ciudad le permitió la explotación de recursos estratégicos en Mesoamérica, tales como los yacimientos de obsidiana en Otumba y la sierra de las Navajas, los productos del lago de Texcoco, el agua de los manantiales de Patlachique y el control de las rutas comerciales entre el Anáhuac y la costa del golfo de México.39 Todos estos factores constituyen parte del escenario que llevó a la culminación del proyecto urbano de Teotihuacan y la consolidación del Estado teotihuacano como uno de los más poderosos en la historia prehispánica de Mesoamérica.

En la fase Patlachique se consolida el núcleo urbano de Teotihuacan. El sitio experimentó una población desmesurada en esta época. En su conjunto, la cuenca de México pudo haber llegado a tener 100 mil habitantes, de los cuales aproximadamente 25 mil se asentaban en Teotihuacan.40 Una parte de ese crecimiento se suele explicar como resultado del declive de Cuicuilco.

Esta población ubicada en la llanura aluvial del lago de Xochimilco tuvo en Teotihuacan a su rival por el control político de la cuenca. Se presume que el enfrentamiento podría haber llegado a la guerra a partir del hecho de que la cerámica Tezoyuca ha encontrado principalmente en las cimas de los cerros. Teotihuacan adquirió un mayor protagonismo en la cuenca de México, atrayendo una parte importante del aumento poblacional. El fin de Cuicuilco suele relacionarse con la erupción del volcán Xitle, que cubrió de lava el sur del valle de México, incluyendo a la antigua ciudad. Sin embargo, es muy probable que Cuicuilco hubiera declinado definitivamente antes de ese suceso.41

Entre el año 100 a. C. y el principio de la era común, Teotihuacan comenzó a concentrar un importante número de habitantes provenientes de todo el valle del Anáhuac. Al crecimiento de Teotihuacan contribuyeron los emigrados de Cuicuilco, que habían iniciado un éxodo que terminó por despoblar aquella ciudad. La fase Tzacualli de Teotihuacan (1-150 d. C.) es aquella en la que se establecen las bases de la planificación urbanística de la ciudad y se definen varios rasgos característicos de la cultura teotihuacana.42 La construcción de los edificios de la ciudad se realizan en torno a dos ejes. El eje norte-sur está constituido por la calzada de los Muertos, que en la fase Tzacualli ya se encuentra bien definida. La calzada de los Muertos está orientada 15° 28′ hacia el este con respecto al norte geográfico. Durante la fase Tzacualli, el eje este-oeste estaba constituido por el curso del río San Juan, cuyo cauce fue desviado para hacerlo coincidir con una orientación desviada 16° 30′ hacia el sur del este.43 En esta época se ejecutó la primera etapa constructiva de la pirámide de la Luna y ya se había planificado la plaza de este gran edificio, que marca el límite norte de la calzada de los Muertos.44

Es notable el esfuerzo que se realizó para la construcción de la pirámide del Sol, que practicamente se concluyó en una sola etapa constructiva que se verificó en esta fase. Durante ese tiempo, el centro de la ciudad lo constituía este edificio, representación de la montaña primordial de la que vienen los mantenimientos y constituye el axis mundi de acuerdo con la mitología mesoamericana. La plataforma adosada a la pirámide del Sol es más tardía que el resto del edificio, y parece haber sido construida al final de la fase Miaccaotli.45
De acuerdo con los trabajos de René Millon, en la fase Tzacualli la población de Teotihuacan rondaba los 30 000 habitantes y la superficie de la ciudad era de 17 km2. Para esta época, Teotihuacan era indudablemente la mayor urbe del centro de México y sólo podían compararse con ella Monte Albán en los valles Centrales de Oaxaca y Cholula en el valle poblano-tlaxcalteca. En las excavaciones arqueológicas, se han encontrado restos de cerámica granular, un tipo que también ha aparecido frecuentemente en yacimientos de Morelos y el centro de estado de Guerrero, por lo que se supone que las relaciones comerciales entre Teotihuacan y esas zonas de Mesoamérica ya se encontraban activas en el Preclásico Tardío.46
Los años que van del 150 al 250 corresponden a la fase Miccaotli. Esta fase se llama así porque era la palabra con la que los nahuas designaban a la calzada de los Muertos. Durante la fase Miccaotli, Teotihuacan se consolida como la mayor ciudad del centro de México. El centro de la ciudad se desplaza hacia el sur con la construcción de La Ciudadela, un recinto que al igual que la pirámide del Sol era una representación de la montaña sagrada primordial. La Ciudadela consiste en un conjunto de trece templos organizados alrededor de una gran plaza donde se encuentra la pirámide de la Serpiente Emplumada. Para la consagración de este templo se sacrificaron más de cien personas que fueron colocadas en entierros colectivos, en grupos de 4, 8, 18 y 20 cuerpos, más aquellos que en solitario fueron sepultados en las esquinas de la base del edificio,47 incluyendo los niños sacrificados que fueron descubiertos por Leopoldo Batres en cada vértice de cada nivel de la plataforma.
De manera paralela a la construcción de La Ciudadela la ciudad quedó organizada en cuatro cuadrantes con la construcción de las avenidas Este y Oeste. Ambas forman un eje casi perpendicular a la calzada de los Muertos, parten de La Ciudadela hacia los respectivos puntos cardinales, marcando la división de los cuadrantes de la ciudad. En la fase Micaotli, la pirámide de la Luna fue ampliada en dos ocasiones, una, entre los años 150 y 200, y la otra hacia el año 225.48

Millon calculaba que la población teotihuacana de la fase Miccaotli alcanzó 45 000 personas. La superficie de la ciudad llegó a 22.5 km2, la mayor que llegó a tener en toda su historia, aunque la densidad de la población fue creciendo en las siguientes etapas.49 Las grandes construcciones realizadas en este tiempo revelan que la ciudad era un centro político y económico de gran relevancia en Mesoamérica. Esto atrajo a personas procedentes de otras regiones, y un caso muy notable es el de los zapotecos que se asentaron en Tlailotlacan en el siglo II.50

Alrededor del año 650 de la era común dio inicio la fase Metepec. De acuerdo con los trabajos de Millon la ciudad tuvo hasta 75 000 habitantes en esa etapa,60 lo que respresenta una pérdida de casi 25% con respecto a la fase Xolalpan. A pesar de esta contracción demográfica, Teotihuacan seguía siendo la mayor urbe del valle de México y una de las más grandes de Mesoamérica.61 La actividad arquitectónica en la ciudad se paraliza, de hecho el único edificio que se realizó completamente en la fase Metepec es la plataforma adosada a la pirámide de la Serpiente Emplumada. La plataforma adosada parece haber sido construida con el propósito de ocultar al edificio que fue corazón de La Ciudadela, emblema del poder de la ciudad. De hecho, los habitantes de Teotihuacan durante la fase Metepec no conocieron el templo de la Serpiente Emplumada como actualmente se puede apreciar en la zona arqueológica, pues su fachada fue rescatada en el siglo XX.

De acuerdo con Millon, tanto La Ciudadela como los edificios que se encontraban en torno a la calzada de los Muertos fueron objeto de una destrucción sistemática por parte de los habitantes de la ciudad.

El centro no fue consumido por un fuego extenso. Los templos y edificios públicos no fueron simplemente destruidos, sino desmantelados, quemados, reducidos a escombros una y otra vez en ambos lados de la avenida por más de una milla […] Esto es porque aquellos que empezaron este proceso quisieron estar seguros que ningún poder o ninguna fuerza del estado teotihuacano volviese a renacer de esas ruinas.62

En la fase Oxtotípac (750850) la población de la ciudad se reduce muy drásticamente como reflejo de un éxodo masivo de los ocupantes. Millon calculó que en esta etapa, el área urbana era habitada por 5 000 personas.63 Sólo algunas partes de la ciudad permanecen ocupadas, entre ellas lo que se conoce como Ciudad Vieja y algunos sitios que en la época anterior fueron habitados por la élite. Esta ocupación de Teotihuacan está relacionada con la cultura de Coyotlatelco y la aparición de la cerámica del mismo nombre. Algunos autores opinan que esta cultura es extranjera, producto de una migración que contribuyó a la ruina teotihuacana. Otros consideran que se trata de la expresión de un grupo periférico de la ciudad que no poseía la alta cultura teotihuacana.
Para explicar el ocaso de la ciudad se han propuesto diversas hipótesis. Algunas consideraron que alrededor del siglo VIII ocurrió una gran sequía en el norte de Mesoamérica que provocó la migración de sus ocupantes hacia el sur. Esta sequía también habría afectado a la agricultura de la región e hizo inviable el sostenimiento de la población. Sin embargo, McClung de Tapia y sus colaboradores han dicho que no existen indicadores de que esta hipótesis pudiera sostenerse, puesto que en la época de decadencia de Teotihuacan se observó un aumento de la humedad en el entorno de la ciudad.64
Al tiempo que Teotihuacan inició su declive, otras ciudades en el centro de Mesoamérica comenzaron a florecer. Para algunos autores, el florecimiento de las culturas del Epiclásico sería un factor que habría contribuido al colapso teotihuacano. Estas ciudades forman una corona en torno a Teotihuacan, en puntos estratégicos de las rutas comerciales más importantes de Mesoamérica en ese tiempo. Xochicalco en el valle de Morelos, Teotenango en el valle de Toluca, Cacaxtla en el valle de Tlaxcala, Cantona en el oriente y El Tajín en el paso hacia La Huasteca; todas fueron ciudades que vieron su apogeo al declinar Teotihuacan, y en algunos casos, nacieron precisamente en ese contexto. De acuerdo con algunos autores, estos nuevos poderes regionales extrangularon a la gran metrópoli al privarla del acceso a las rutas comerciales.

Migraciones teotihuacanas después del colapso

Aunque el origen e identidad de los grupos portadores de la cerámica Coyotlatelco son motivo de debate, existe consenso en torno al hecho de que su presencia está relacionada con el declive de la ciudad. La situación de Teotihuacan estuvo acompañada por el abandono masivo de la ciudad, que inició alrededor del año 500 de la era común, de acuerdo con la evidencia arqueológica en el norte de Morelos que muestra la presencia de grupos teotihuacanos que se fusionaron con pobladores locales y perdieron su identidad cultural, probablemente como una estrategia para escapar de la opresión del régimen teotihuacano.65

La diáspora teotihuacana se estableció en lugares que estaban fuera del dominio de Teotihuacan durante la fase Metepec (550-650 d. C.). En esta época, la metrópoli dominó en el norte de la cuenca de México, pero los pueblos localizados al sur y al poniente de la región se encontraban fuera de su esfera de influencia, como muestra el hecho de que haya pocos indicadores materiales de contacto con Teotihuacan por esos rumbos. Por ello, el oriente del Anáhuac, el norte de Morelos, el valle de Tlaxcala y el valle de Toluca absorbieron partes importantes de los grupos que abandonaron Teotihuacan.

Con la salida de los grupos portadores de la cultura teotihuacana, en la cuenca de México se observa un reacomodo demográfico y la difusión de la cerámica de Coyotlatelco. Entre Azcapotzalco y Ecatepec se encuentra un grupo de poblaciones con ese tipo de cerámica que intervinó en su difusión hacia el valle de Toluca.66 Otro grupo corresponde a la cuenca de Chalco-Xochimilco. El tercero se concentra en torno a Portezuelo, que debió ser uno de los mayores asentamientos de la cuenca de México durante el Epiclásico (c. 650-900). Un último grupo Coyotlatelco corresponde al que permaneció en Teotihuacan, donde ocuparon los conjuntos residenciales arruinados. Tula, Cacaxtla, Cholula y Xochitécatl son puntos fuera de la cuenca de México donde también se ha encontrado cerámica Coyotlatelco, aunque en menor proporción.

La cultura tolteca es una cultura arqueológica mesoamericana cuyo centro ceremonial principal fue la ciudad de Tollan-Xicocotitlan, localizada en lo que actualmente se conoce como Tula de Allende (estado de Hidalgo, México). El gentilicio deriva del náhuatl toltécatl, que originalmente designa a los nativos de los lugares llamados Tollan, pero que después, durante la época mexica, pasó a ser sinónimo de artesano o artista. Esto se debe, entre otras cosas, a la relación mitológica establecida entre Xicocotitlan y la mítica Tollan.
Los toltecas fueron la etnia dominante de un estado cuya influencia se extendía hasta el actual estado de Zacatecas y al sureste en la península de Yucatán. La relación entre los toltecas y los mayas del período posclásico ha sido objeto de grandes controversias.

Después de la caída de Teotihuacan hacia el año 700, hubo en Mesoamérica varios siglos de tinieblas y concusión, cambió el índole de su civilización, las ciudades sin fortificaciones y gobernadas por sabios sacerdotes se desmoronaron y dieron lugar a ciudades guerreras y a religiones más belicosas.
Una de estas ciudades surge hacia el año 950 Tula, la capital de los Toltecas.
La historia de los Toltecas comienza con una leyenda que los describe como una tribu Chichimeca que viene del norte a principios del siglo X conducida por un rey llamado Miscoatl y que se establece en Culhuacán. No se sabe con exactitud si Miscoatl existió o fue solo leyenda, pero su hijo Topiltzin vivió realmente y es el primer personaje de carne y hueso que aparece en la Historia de México.
En ese sentido, los toltecas (náhuatl: t?lt?cah; ‘[maestros] constructores’), fueron los miembros de una cultura precolombina que dominó la mayor parte del centro de México entre los siglos X y XII. Su lengua, el náhuatl, también fue hablado por los aztecas. Mucho de lo que se conoce de los toltecas está envuelto en mitos.
Si bien es cierto que los toltecas tuvieron una gran influencia entre los mayas, no está comprobado que hubiera una presencia militar en la península de Yucatán. Ni viceversa, aunque algunos autores pensaron que Tula había sido fundada por mayas de Yucatán.
De lo que si se puede hablar es de una gran influencia comercial, política-religiosa en la zona al grado que se ve reflejada básicamente en la arquitectura de muchas estructuras como son el Castillo, el Templo de los Guerreros de una fusión estilo Pucc (seguramente influenciada por Uxmal) con diseño tolteca así como de la presencia del chac-mool típico de Tula. La incursión de Quetzalcóatl como deidad es otro elemento tolteca importante reflejado en Kukulkán entre los mayas.
Tuvieron mucho talento para construir. Su influencia se extendió a la mayor parte de Mesoamérica en el período Posclásico. Los toltecas (o, algunos dicen, una versión ficcionalizada de ellos) se han hecho famosos en las décadas pasadas a través del escritor Carlos Castaneda.
Entre los pueblos nahuas de la época de la conquista, la palabra tolteca significaba alguien sabio que dominaba las artes y artesanías. Y la palabra toltequidad equivalía a lo que llamaríamos, alta cultura.
En 1941, un grupo de antropólogos mexicanos designó a la ciudad de Tula, en el estado de Hidalgo, como Tollan, la mítica capital de los Toltecas, pero algunos arqueólogos, como Laurette Séjourné criticaron la decisión, señalando que después de varias etapas de excavación no se había revelado una ciudad suficiente para justificar la leyenda de los toltecas, señalando que el origen de Tollan y de la leyenda debería ubicarse en Teotihuacan, siendo el pueblo de Tula uno de los refugios de los sobrevivientes de Teotihuacan y por ello se ostentaban como Toltecas.
El historiador mexicano Enrique Florescano, del Instituto Nacional de Antropología e Historia ha retomado esta interpretación, basándose en la mención de textos mayas anteriores a Tula, que se refieren a Teotihuacan como Tollan.
Esta cultura y en investigaciones se basa en que su ciudad es mapa de la traslación de Venus, es decir, su recorrido alrededor del sol. Cerca de ahí esta una montaña llamada Xicuco (Shicuco) que en náhuatl es Ombligo, que en significado de los toltecas es entre lo interior y lo exterior y hace una vez más referencia a Venus, esta montaña tiene que ver con su arquitectura vista desde sus edificios dan los ciclos antes mencionados de Venus, sin olvidar que este astro aparece en las mañanas en el horizonte como lucero que recibe el nombre de Citlalith (estrella del amanecer). Estos ciclos hacen referencias a las etapas de Quetzalcóatl para poder ser hombre – Dios, que representan las etapas de los humanos (en el catolicismo nacer – vida – resucitación). Esta cultura fue muy especial ya que en el traje de los Atlantes se encuentran representadas todas estas etapas, como el espejo negro que hace que Quetzalcóatl, vea sus errores para purificarse, otras pieza importante es el Chacmol, que representa al mismo Quetzalcóatl saliendo de la etapa del fuego escondido debajo de la tierra, representa entregando el mismo fuego a la superficie, que es cuando Venus no aparece en el horizonte y surge en el horizonte. Se dice también que esta ciudad fue unas de las más difíciles de pasar al cristianismo, que Sahagún era el encargado de hacerlo, ya que tenían muy bien arraigado sus creencias, Sahagún aprovecho el significado de la montaña Xicuco y el Sol sobre la misma que era unas de las etapas de Quetzalcóatl surge como sol y Dios, esto Sahagún represento como un flor sobre para que los Toltecas asimilaran y pudiesen ser pasados al Cristianismo. Esta ciudad fue envidiada por los Aztecas que a lo contrarios de los Toltecas tenían otra visión de Quetzalcóatl les había enseñado,esto provocó un desorden de ideas haciendo que pasaran a haber mas sacrificios humanos que los Aztecas creían que era lo mejor, con la invasión de los españoles los Aztecas confundieron a Cortes como la resucitación de Quetzalcóatl esto provocó la anulación de guerreros sobre ellos quedando confundidos, también se dice en Tula (Tollan, ciudad de los Toltecas) se fueron a enterrar las galletas rancias que Cortes dio como intercambio del oro Azteca que se dio cuando llegaron. Estos relatos fueron sacados de libro de los espejos de la arqueología, códices Borgia y escritos de Sahagún.

De acuerdo a investigaciones realizadas en Tepetitlán, área rural de Tula, Hidalgo, los especialistas Guadalupe Mastache y Robert Cobean descubrieron que el amaranto fue esencial en la alimentación de la cultura Tolteca, ya que evitó que estas tribus pasaran hambrunas durante las épocas de sequías.
Actualmente el amaranto produce “alegrías”, mezcla de este producto con la miel, el cacahuate y las pasitas.
El amaranto, huautli o alegría, nombre con el que se le conoce en la actualidad, fue en época prehispánica un cultivo básico en diversas culturas del país, entre ellas la que se asentó en Tula, Hidalgo, como lo refieren evidencias arqueológicas y datos etnohistóricos sobre su cultivo.
Por su parte, Nadia Vélez Saldaña, arqueóloga especialista en paleobotánica y miembro del equipo de investigadores de la Zona Arqueológica de Tula, explicó que esta semilla no sólo fue importante para esta población de Hidalgo, sino también en toda Mesoamérica, debido a que era una planta fácil de cultivar, además de tener un alto grado de resistencia a las temporadas de secas y heladas.
“El amaranto es más resistente, y crece en toda clase de terrenos abonados, por lo tanto, a falta del grano, el huautli era el que cubría las necesidades alimenticias de la población”, comentó la investigadora.
Otra de las características del amaranto, es su posibilidad de almacenamiento en ollas de barro, por largos períodos de tiempo, sin descomponerse.
Lo anterior asociado a su alto valor nutritivo, lo llevó, en ocasiones, a ser considerado el cultivo más importante de Tula, incluso sobre el maíz.
De hecho, uno de los tributos que las provincias de Ajacuba y Jilotepec, entre las que quedaba comprendida Tula durante el Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.), daban a la Triple Alianza -además de maíz y frijol- era precisamente amaranto, lo cual indica que esta planta era un cultivo importante durante ese período.
El amaranto no sólo fue utilizado como alimento, sino también como parte de las ofrendas y rituales; en este sentido, Vélez Saldaña mencionó que el uso del grano fue documentado por Sahagún y otros cronistas, quienes describen su utilización en algunas ceremonias donde se usaban figurillas hechas con amaranto aglutinando.
Las figurillas rituales de huautli, eran elaboradas con la técnica que hoy en día se utiliza para fabricar los dulces de amaranto, relató la investigadora. Tostaban el amaranto y después lo mezclaban con miel de maguey para obtener una masa maleable para formar las figuras antropomorfas de algunas deidades, que eran utilizadas en las ceremonias.

Finalmente, Vélez Saldaña señaló que, según parece, pudo haber sido su importancia ritual la causa de su prohibición a partir de la Conquista, decreciendo su cultivo hasta casi desaparecer de algunas regiones, durante la época Colonial.

Todos los pueblos del Anahuac llegaron del norte pero a tiempos distintos.Los que llegaron primero se aculturaron y urbanizaron en la cultura del maíz. En el norte quedaron pueblos bárbaros. Nómadas sin ley ni dios, los chichimecas.

Actualmente, los otomíes habitan un territorio fragmentado que va del norte de Guanajuato al sureste de Tlaxcala. Sin embargo, la mayor parte de ellos se concentra en los estados de Hidalgo, México y Querétaro. De acuerdo con las estadísticas de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de México, la población étnica2 otomí sumaba 646.875 personas en la República Mexicana en el año 2000, lo que les convierte en el quinto pueblo indígena más numeroso del país. De ellos, sólo un poco más de la mitad hablaban el otomí. Al respecto, cabe decir que la lengua otomí presenta un alto grado de diversificación interna, de modo que los hablantes de una variedad suelen tener dificultades para comprender a quienes hablan otro dialecto. De ahí que los nombres con los que los otomíes se llaman a sí mismos son numerosos: ñätho (valle de Toluca), hñähñu (valle del Mezquital), ñäñho (Santiago Mezquititlán en el Sur de Querétaro) y ñ’yühü (Sierra Norte de Puebla, Pahuatlán) son algunos de los gentilicios que los otomíes emplean para llamarse a sí mismos en sus propias lenguas, aunque es frecuente que, cuando hablan en español, empleen el etnónimo otomí, de origen náhuatl.3

Como ocurre con la mayor parte de los etnónimos empleados para referirse a los pueblos indígenas de México, el término otomí no es nativo del pueblo al que hace referencia. Otomí es un término de origen náhuatl que deriva de otómitl,4 palabra que en la lengua de los antiguos mexicas quiere decir quien camina con flechas,5 aunque autores como Wigberto Jiménez Moreno lo hayan traducido como flechador de pájaros.

El territorio étnico6 de los otomíes ha sido históricamente el centro de México. Desde la época precolombina, los pueblos de habla otomangueana han habitado esa región y se les considera como pueblos nativos de las tierras altas mexicanas. De acuerdo con el cálculo de Duverger, es posible que los pueblos otomangueanos se hayan encontrado en Mesoamérica por lo menos desde el inicio del proceso de sedentarización, el cual tuvo lugar en el octavo milenio antes de la era cristiana.7 La ocupación otomangue del centro de México remite entonces al hecho de que las cadenas lingüísticas entre las lenguas otomangueanas se hallen más o menos intactas, de modo que los miembros lingüísticamente más cercanos de la familia se encuentre también próximos en el sentido espacial. La primera fractura del grupo otomangueano ocurrió al separarse las lenguas orientales de las lenguas occidentales. El brazo occidental está compuesto por dos grandes ramas: los pueblos de habla tlapaneco-mangueana y los de habla oto-pame. Entre estos últimos se encuentran los otomíes, asentados en el Altiplano Central mexicano junto con el resto de los pueblos que forman parte de la misma rama otomangueana —mazahuas, matlatzincas, tlahuicas, chichimecas jonaces y pames—.8

Los otomíes en la actualidad ocupan un territorio fragmentado que se extiende por los estados de México, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, Michoacán, Tlaxcala, Puebla y Veracruz. Todos estos estados se encuentran en el corazón de la República Mexicana y concentran la mayor parte de la población del país. De acuerdo con los espacios con mayores concentraciones de población otomí, este pueblo puede agruparse en cuatro vertientes: el Valle del Mezquital, la Sierra Madre Oriental, el Semidesierto queretano y el norte del estado de México. Aislados de estos grandes grupos que concentran alrededor del 80% del total de miembros de este pueblo indígena se encuentran los otomíes de Zitácuaro (Michoacán), los de Tierra Blanca (Guanajuato) y los que aún quedan en Ixtenco (Tlaxcala). Por el territorio en el que se encuentran, los otomíes viven en una intensa relación con las grandes metrópolis como la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, la ciudad de Puebla, Toluca y Santiago de Querétaro, sitios a donde muchos de ellos han tenido que emigrar en busca de mejores oportunidades de trabajo.

Desde los años ancestrales se viene impulsado la producción de artesanías de los pueblos hñähñus entre los cuales se hace alusión a los tapetes de lana, los cuales son fabricados especialmente por las mujeres otomíes del municipio de Temoaya. Los molcajetes y metates de piedra negra se elaboran en San Pedro de los Metates, municipio de Acambay; en la comunidad de Pueblo Nuevo, del mismo municipio, se hacen bolsas de paja de trigo, sombreros, canastas y sillas de tule. En algunas localidades de Toluca se hacen piezas de alfarería y ayates de fibra de maguey; mientras que en Otzolotepec se producen fajas, manteles y servilletas tejidas a mano. En Xonacatlán sobresalen los textiles elaborados en telares de cintura.

Chicomóztoc es el nombre del mítico lugar de origen de los aztecas mexicas, Tepanecas, Acolhuas, y otros pueblos de lengua náhuatl (o nahuas) de la región central de Mexico de Mesoamérica, en el periodo Postclásico.

Hay una asociación de Chicomoztoc con ciertas tradiciones relativas legendario Culhuacán (Colhuacan), un verdadero asentamiento prehispánico en el Valle de México, que se consideró que había sido una de las primeras y más preeminente de los asentamientos en el valle. Culhuacán ( “lugar de las personas con antepasados” es su significado literal en náhuatl clásico) fue visto como un lugar prestigioso y venerado por los aztecas / mexicas (que también denominan a sí mismos’ Culhua-mexica ‘). En azteca codical escrito, el símbolo o glifo que representa el topónimo de Culhuacán tomó la forma de una “torcida” o “curva” colina (una obra de teatro sobre el homónimo colaboración en náhuatl, que significa “torcido, retorcido”, por ejemplo, como si por edad edad).

Algunos investigadores han intentado identificar Chicomoztoc con una ubicación geográfica concreta, probablemente entre 60 y 180 millas al noreste del Valle de Mexico entre ellos quizás una altura cerca de la actual ciudad de San Isidro Culhuacán.

México-Tenochtitlan (en náhuatl: Meshíhco Tenochtítlan,’ Mexihtl= una de los nombres con que se conocía a Huitzilopochtli su Dios-Guía Co=locativo – Tetl=piedra N?chtli=tuna (fruto del nopal) Tlan=lugar de’) fue la capital del Imperio Mexica.1 La fundación de la ciudad es un hecho cuya historia se mezcla con la leyenda. La mayoría de las fuentes cita como fecha de fundación de la ciudad el 18 de julio de 1325, de acuerdo con la información proporcionada por los mexicas y que se encuentra registrada en varios documentos. La leyenda de la fundación señala que México-Tenochtitlan fue poblada por un grupo de tribus nahuas migrantes desde Aztlán, lugar cuya ubicación precisa se desconoce. Tras merodear por las inmediaciones del lago de Texcoco, los futuros mexicas se asentaron en diversos puntos de la cuenca de México que estaban sujetos al señorío de Azcapotzalco. La migración concluyó cuando fundaron su ciudad en un islote cercano a la ribera occidental del lago. Las excavaciones arqueológicas apuntan a que el islote de México estuvo habitado desde antes del siglo XIV y que la fundación de Tenochtitlan pudo ser posterior a la de México-Tlatelolco, su gemela del norte. México-Tenochtitlan se convirtió en un altépetl independiente tras el establecimiento de una alianza con Texcoco y Tlacopan que derrotó a Azcapotzalco.

La capital de los mexicanos se convirtió en una de las mayores ciudades de su época en todo el mundo y fue la cabeza de un poderoso Estado que dominó una gran parte de Mesoamérica. El florecimiento de la ciudad se realizó a costa del tributo pagado por los pueblos sometidos a su poder. Por ello, cuando los españoles llegaron a Mesoamérica, numerosas naciones indígenas se aliaron con ellos con el objetivo de poner fin a la dominación tenochca. Cuauhtémoc —último tlatoani de México-Tenochtitlan— encabezó la resistencia de la ciudad, que cayó el 13 de agosto de 1521 a manos de los españoles y sus aliados indígenas, todos bajo el mando de Hernán Cortés.

Dominado el valle de México por el señorío de Azcapotzalco, la muerte de su soberano Tezozomoc en 1426 crea un pleito sucesorio del que sale vencedor Maxtla, tras eliminar a sus enemigos. Sus primeras acciones procurarán años de inestabilidad y convulsiones en el valle, iniciándose un período de tiranía y despotismo del que saldrá especialmente perjudicado Tenochtitlan, dañadas sus relaciones comerciales. Los mexica designan a Itzcóatl (“serpiente de obsidiana”) -hijo de Acamapichtli y de una esclava concubina, hermano de Huitzilihuitl -como tlatoani, comenzando rápidamente una guerra en 1428 que algunos autores consideran dinástica, dados los lazos sanguíneos que unían a los diferentes señores de las ciudades. Si bien en principio Itzcóatl era partidario del sometimiento al poder de Acapotzalco, la influencia de Tlacaélel (“El de corazón varonil”) -sobrino suyo, cihuacóatl (regidor) de Tenochtitlan y personaje de enorme influencia en la historia de los mexica- conseguirá el cambio de opinión del soberano y de los principales jefes militares. Según algunas fuentes, Tlacaélel y sus partidarios prometieron entregarse como sirvientes en caso de salir perdedores, acuerdo que, por su parte, suscribió también la facción partidaria de la sumisión a Azcapotzalco. De este acuerdo y de la posterior victoria militar a cargo de Itzcóatl y Tlacaélel es de donde surgirá la división social y económica de la sociedad mexica. Es así como se consigue formar una unión de ciudades opuestas a Azcapotzalco, formada por Tenochtitlan, Texcoco, Cuauhtitlan y Huexotcinco, derrotando al ejército de Maxtla y logrando conquistar numerosas ciudades y territorios. Durante la guerra de emancipación, el papel de Tenochtitlan es cada vez de mayor importancia, prefigurando el papel hegemónico que ostentará durante las próximas décadas. Itzcóatl consigue conquistar Xochimilco, Teotihuacan y Otompan en 1430, Coyoacán en 1431, Mízquic en 1432, Cuitláhuac en 1433 y Cuauhnáhuac en 1439.

Conseguido el poder militar sobre el valle y el dominio de las redes comerciales, la siguiente tarea de Itzcóatl será la de dotar de legitimidad al emergente poder de los azteca-mexica, considerados por sus vecinos como advenedizos y bárbaros. Así, ordenará destruir los manuscritos que hablan sobre su origen humilde y reescribirlos acorde al nuevo papel que van a desempeñar.

El establecimiento del poder hegemónico de Tenochtitlan se apoyará en una alianza permanente con otras dos ciudades, Texcoco y Tlacopan, si bien las dos últimas supeditadas a la primera. Así, la Triple Alianza, suscrita en 1433, se compromete a emprender acciones militares de defensa y ataque, bajo la dirección de Tenochtitlan y con preponderancia de ésta en el reparto del botín de guerra, y a ayudarse mutuamente en caso de desgracias o calamidades. El papel de la coalición será crucial a partir de este momento, dominando y consolidando su poder fuera de los límites naturales del valle de México y estableciendo sólidamente las bases del imperio de los azteca-mexica. 

Durante su gobierno se realizó la primera gran etapa expansiva mexica. Antes de ser elegido tlatoani se desempeñó como tlacochcálcatl (en náhuatl jefe de la casa de armas, es decir, el máximo cargo militar). Su ascenso ocurrió el 3 de abril de 1427. Ayudado por Tlacaélel, su cihuacóatl (vice-regente), se alió con Tlacopan y Texcoco. México-Tenochtitlan en ese entonces no tenía el poder militar para derrotar a los tecpaneca, así mismo, la alianza con Texcoco se debió principalmente, porque Maxtla tenía intenciones claras de conquistarla, aunado a que Netzahualcoyotl tenía pugna personal con el Rey tepaneca. Años atrás, Maxtla había dado muerte a su padre, Ixtlilxochitl, frente a sus propios ojos. Netzahualcoyotl tuvo que acudir a México-Tenochtitlan para pedir auxilio político a su tío Itzcoatl, ya que Maxtla lo perseguía de manera constante. Por muchos años, Netzahualcoyotl tuvo cobijo por parte de la nobleza mexica. Posteriormente, Netzahualcoyotl recobraría Texcoco en contra de Azcapotzalco. Cuando Itzcoatl le hace la guerra a Azcapotzalco, pide a Netzahualcoyotl una alianza, recordándole los días que el reino mexica le había dado resguardo. Con ello, Tlacopan, que era una pueblo básicamente mexica, se formó una triple alianza, cuyos ejércitos Itzcoatl dirigió personalmente en las batalla contra de los tepanecas. 15 días después del inicio de la batalla, Maxtla es derrotado por la Triple Alianza, y a comienzos del 1428 se dio por terminado el dominio tepaneca en el Valle de Anáhuac, siendo Azcapotzalco quemada y saqueada y convertido en un mercado de esclavos.

En ese momento se constituyó la Triple Alianza con Texcoco y Tlacopan como altepetl independientes y reservado el mando militar a Tenochtitlan.

México-Tenochtitlan, bajo el gobierno de Itzcóatl y el genio de Tlacaelel, conquistó a los altépetl de Mixcoac, Atlacohuayan (Tacubaya), Huitzillopochco (Churubusco), Xochimilco, Teotihuacan y Otompan en 1430, Coyohuacan Coyoacán en 1431, Míxquic en 1432, Cuitláhuac (Tláhuac) en 1433 y Cuauhnáhuac en 1439. Durante esta etapa se construyeron la calzada de Tepeyacac que unía a Tenochtitlan con la ribera norte del lago y los templos del Cihuacoatl y una ampliación adicional (etapa IV) del Templo Mayor dual a Huitzilopochtli y Tlaloc.

La acción más trascendente junto a la campaña militar contra Azcapotzalco fue la reforma religiosa mexica, impulsada por los tlamatinime mexicas encabezados por Tlacaelel. En ella realizó una destrucción de los repositorios de amoxtli (libros, códices), principalmente del tipo xiuhámatl, es decir, aquellos que consignaban hechos históricos del pasado mexica para crear una serie de conceptos cosmogónicos y cosmológicos sustentantes del origen mítico mexica (como la Leyenda de los Soles, la mayor parte de la teogonía mexica y el origen mítico de Aztlán) y como herederos de la toltecáyotl, es decir, de un linaje tolteca y de la toltequidad, la condensación de los avances civilizatorios mesoamericanos que incluían un lenguaje y discurso iconográfico homogéneo, arte, cultura y usos y costumbres heredados de los pueblos mesoamericanos del Altiplano y heredados de un núcleo religioso milenario. Entre lo reformado está también la promoción definitiva de la importancia sanguínea y del sacrificio humano para la existencia misma del universo (hecho que inició hacia el Epiclásico en las sociedades de Mesoamérica y de la vocación bélica de los mexicas.

Después de la Conquista de México-Tenochtitlan, algunos frailes tuvieron interés en conocer la historia antigua de la ciudad. Gracias a esta curiosidad se dispone de documentos que permiten acercarse a los relatos de los indígenas. Algunos de estos documentos, más tardíos, fueron elaborados directamente por los descendientes de la nobleza indígena. Todas estas fuentes indican que los mexicas eran originarios de Aztlán, sitio sobre el que se debate su ubicación precisa y su existencia real. De acuerdo con la Crónica Mexicáyotl, en Aztlán los futuros mexicas eran esclavos de los aztecas y llevaban este nombre. Cuando Huitzilopochtli manifestó a su pueblo el imperativo de que marcharan hacia nuevas tierras, también les ordenó que dejaran de llamarse aztecas porque a partir de ese momento serían todos mexicanos.3 Este episodio también es recreado por el Códice Aubin4 y el Códice Durán.5 La Tira de la Peregrinación señala que Aztlán estaba ubicado en una isla donde había seis calpullis y un gran templo, probablemente dedicado a Mixcóatl.6 En la Tira Huitzilopochtli sólo aparece después que los aztecas llegaron a Teoculhuacan en el año 1-pedernal. De ahí partieron ocho calpullis encabezados por cuatro teomamaque (“cargadores de los dioses”); uno de ellos, identificado como Tezcacóatl, cargaba el bulto de Huitzilopochtli.7

Según la mitología mexica Huitzilopochtli les ordenó que sólo fundarían su reino donde estuviera “un águila parada sobre un nopal devorando una serpiente”. Siguiendo este designio, los mexicas deambularon por varios lugares, siempre en busca del portento que indicara cuál era la tierra prometida por su dios. De acuerdo con la Tira de la Peregrinación, la gente de Cuitláhuac se separó del resto de los calpullis cuando aún estaban en migración. Más tarde, los mexicas llegaron a la región de Tollan-Xicocotitlan, donde Huitzilopochtli les ordenó que desviaran el cauce de un río para crear una laguna en torno de un cerro. El placer de vivir en esa tierra casi llevó a los mexicas a olvidar que su dios les había prometido otra tierra, y viendo esto, Huitzilopochtli les hizo salir de ese sitio y continuar la migración.8 Llegaron entonces al valle de México y pasaron por varios pueblos, hasta que se asentaron en territorio de los tepanecas de Azcapotzalco, a quienes les sirvieron como guerreros mercenarios. Finalmente, encontraron el sitio señalado por Huitzilopochtli en un islote del lago de Texcoco. En la Crónica Mexicáyotl, Tezozómoc dice que cuando hallaron el lugar, el sacerdote Cuauhtlaquezqui dijo las siguientes palabras:

Id y ved un nopal salvaje: y allí tranquila veréis un águila que está enhiesta. Allí come, allí se peina las plumas, y con eso quedará contento vuestro corazón: ¡allí está el corazón de Copil que tú fuiste a arrojar allá donde el agua hace giros y más giros! Pero allí donde vino a caer, y habéis visto entre los peñascos, en aquella cueva entre cañas y juncias, ¡del corazón de Cópil ha brotado ese nopal salvaje! ¡Y allí estaremos y allí reinaremos: allí esperaremos y daremos encuentro a toda clase de gentes!
Nuestro pechos, nuestra cabeza, nuestras flechas, nuestros escudos, allí les haremos ver: a todos los que nos rodean allí los conquistaremos! Aquí estará perdurable nuestra ciudad de Tenochtitlan! El sitio donde el águila grazna, en donde abre las alas; el sitio donde ella come y en donde vuelan los peces, donde las serpientes van haciendo ruedos y silban! ¡Ese será México Tenochtitlan, y muchas cosas han de suceder!9

Las fuentes señalan que este suceso ocurrió en el año dos-caña, 1325 del calendario occidental.

Evidencia arqueológica

La mayor parte de las fuentes históricas señalan que la fundación de México-Tenochtitlan ocurrió en el año 1325. Esta fecha corresponde a la que declararon los propios indígenas en los años siguientes a la Caída de Tenochtitlan. Los estudios arqueoastronómicos indican que en ese año también ocurrió un eclipse lunar, suceso astronómico que pudo ser tomado por los mexicas como un marcador mítico que pudiera legitimar la supuesta relación entre los toltecas y los tenochcas.10 Las exploraciones arqueológicas que se han llevado a cabo en el antiguo recinto del Templo Mayor tenochca han permitido recuperar piezas de cerámica anteriores al siglo XIV, lo que demuestra que el islote de México estuvo ocupado antes de la fecha indicada para la fundación de Tenochtitlan. En entredicho está también la primacía de México-Tenochtitlan sobre México-Tlatelolco. Las fuentes indican que la ciudad gemela de Tenochtitlan fue fundada 13 años más tarde, es decir, en 1338. Sin embargo, en el año 2007 se descubrió en la zona arqueológica de Tlatelolco una estructura que pudo ser erigida entre los siglos XI y XII. Esto podría indicar que la fundación de México-Tlatelolco fue anterior a la de México-Tenochtitlan.11


pohualli

The tonalpohualli, a Nahuatl word meaning “count of days”, is a 260-day sacred period (often termed a “year”) in use in pre-Columbian Mesoamerica, especially among the Aztecs. This calendrical period is neither solar nor lunar, but rather consists of 20 … Continue reading

The tonalpohualli, a Nahuatl word meaning “count of days”, is a 260-day sacred period (often termed a “year”) in use in pre-Columbian Mesoamerica, especially among the Aztecs. This calendrical period is neither solar nor lunar, but rather consists of 20 trecena, or 13-day periods. Each trecena is dedicated to and under the auspices of a different deity.

In part due to the sheer antiquity of the tonalpohualli, its origin is unknown. Several theories have been advanced for this unique calendrical period: that it represents a Venusian cycle, that it represents the human gestation period, or that it represents the number of days when the sun is not overhead between August 12 and April 30 in the tropical lowlands. On the other hand, some scholars including J. E. S. Thompson suggest that the tonalpohualli was not based on natural phenomenon at all, but rather on the integers 13 and 20, both considered important numbers in Mesoamerica.

The other major Aztec calendar, the xiuhpohualli, is a solar calendar, based on 18 months of 20 days. A xiuhpohualli was designated by the name of its first tonalpohualli day. For example, Hernan Cortes met Moctezuma II on the day 8 Wind in the year 1 Reed (or November 8, 1519 in the Julian calendar).

The xiuhpohualli and the tonalpohualli would coincide every 52 years. The “year” 1 Reed was the 1st in that 52 year cycle.

It is extremely unlikely that the 260-day cycle could have been based upon any natural
phenomenon that was not continuously repetitive and that was not observable in the
greater part of the area in which the sacred almanac was in use.

The nature of the 260-day cycle does not force the conclusion that it was based
upon a natural phenomenon. It could simply have resulted from the permutation of its
subcycles (13 and 20, both important numbers in Mesoamerican thought), in the same
way that the 52-year cycle resulted from the permutation of the 260-day cycle against the
solar year (4). Thus, any argument for a correspondence with some natural phenomenon
must be not merely plausible but compelling.

The earliest presently known Mesoamerican calendar system — probably (but not
unequivocally) involving a typical 260-day cycle — is that of Monte Albán I and II of
highland Oaxaca.

tonalpohualli (“count of the days”) refers to the 260-day cycle, and tonalámatl (“book of the days”) refers to the books in which it was depicted; xiuhmolpilli (“binding of the years”) was the Náhuatl word for the 52-year cycle (8). The term used by the Maya for the 260-day cycle is unknown; tzolkin, which would mean “count of the days” in Yucatec Maya, is a creation of modern Mayanists.

In the Aztec calendar, there are twenty day signs.

Nahuatl Translation
Cipactli Caiman or aquatic monster
Ehecatl Wind
Calli House
Cuetzpalin Lizard
Coatl Snake
Miquiztli Death
Mazatl Deer
Tochtli Rabbit
Atl Water
Itzcuintli Dog
Ozomahtli Monkey
Malinalli Grass
Acatl Reed
Ocelotl Ocelot or Jaguar
Cuauhtli Eagle
Cozcacuauhtli Vulture
Ollin Movement or Earthquake
Tecpatl Flint or Knife
Quiahuitl Rain
Xochitl Flower

The Xiuhpohualli (literally, year/xiuhitl-count/pohualli) was a 365-day calendar used by the Aztecs and other pre-Columbian Nahua peoples in central Mexico. It was composed of eighteen 20-day “months,” called veintenas or metztli (the contemporary Nahuatl word for month) with a separate 5 day period at the end of the year called the nemontemi. Whatever name that was used for these periods in pre-Columbian times is unknown. Through Spanish usage, the 20 day period of the Aztec calendar has become commonly known as a veintena. The Aztec word for moon is metztli, and this word is today to describe these 20-day periods, although as the sixteenth-century missionary and early ethnographer, Diego Durán explained:

In ancient times the year was composed of eighteen months, and thus it was observed by these Indian people. Since their months were made of no more than twenty days, these were all the days contained in a month, because they were not guided by the moon but by the days; therefore, the year had eighteen months. The days of the year were counted twenty by twenty.

The xiuhpohualli calendar, also known as the “vague year,”[citation needed] had its antecedents in form and function in earlier Mesoamerican calendars, and the 365-day count has a long history of use throughout the region. The Maya civilization version of the xiuhpohualli is known as the haab’, and 20-days period was the uinal. The Maya equivalent of nemontemi is Wayeb’. In common with other Mesoamerican cultures the Aztecs also used a separate 260-day calendar (in Nahuatl: ‘tonalpohualli). The Maya equivalent of the tonalpohualli is the tzolk’in. Together, these calendars would coincide once every 52 years, the so-called “calendar round,” which was initiated by a New Fire ceremony.

Aztec years were named for the last day of the 18th month according to the 260-day calendar the tonalpohualli. The first year of the Aztec calendar round was called 2 Acatl and the last 1 Tochtli. The solar calendar was connected to agricultural practices and held an important place in Aztec religion, with each month being associated with its own particular religious and agricultural festivals.

Each 20-day period started on a Cipactli (Crocodile) day of the tonalpohualli for which a festival was held. The eighteen veintena are listed below. The dates in the chart are from the early eye-witnesses, Diego Durán and Bernardino de Sahagún. Each wrote what they learned from Nahua informants. Sahagún’s date precedes the Durán’s observations by several decades and is believed to be more recent to the Aztec surrender to the Spanish. Both are shown to emphasize the fact that the beginning of the Native new year became non-uniform as a result of an absence of the unifying force of Tenochtitlan after the Mexica defeat.

The 20-day months (veintenas) of the Aztec solar calendar were called (in two sequences):

  1. Izcalli
  2. Atlcahualo or Xilomanaliztli
  3. Tlacaxipehualiztli
  4. Tozoztontli
  5. Hueytozoztli
  6. Toxcatl or Tepopochtli
  7. Etzalcualiztli
  8. Tecuilhuitontli
  9. Hueytecuilhuitl
  10. Tlaxochimaco or Miccailhuitontli
  11. Xocotlhuetzi or Hueymiccailhuitl
  12. Ochpaniztli
  13. Teotleco or Pachtontli
  14. Tepeilhiuitl or Hueypachtli
  15. Quecholli
  16. Panquetzaliztli
  17. Atemoztli
  18. Tititl

The five days inserted at the end of a year and which were considered unlucky:

  • Nemontemi
Duran Time Sahagun Time Fiesta Names Symbol English Translation
1. MAR 01 – MAR 20 1. FEB 02 – FEB 21 Atlcahualo, Cuauhitlehua MetzliAtlca.jpg Ceasing of Water, Rising Trees
2. MAR 21 – APR 09 2. FEB 22 – MAR 13 Tlacaxipehualiztli MetzliTlaca.jpg Rites of Fertility; Xipe-Totec
3. APR 10 – APR 29 3. MAR 14 – APR 02 Tozoztonli ..MetzliToz.jpg Small Perforation
4. APR 30 – MAY 19 4. APR 03 – APR 22 Huey Tozotli .MetzliToz2.jpg Great Perforation
5. MAY 20 – JUN 08 5. APR 23 – MAY 12 Toxcatl ..MeztliToxcatl.jpg Dryness
6. JUN 09 – JUN 28 6. MAY 13 – JUN 01 Etzalcualiztli. MeztliEtzal.jpg Eating Maize and Beans
7. JUN 29 – JULY 18 7. JUN 02 – JUN 21 Tecuilhuitontli MeztliTecu.jpg Feast for the Revered Ones
8. JULY 19 – AUG 07 8. JUN 22 – JUL 11 Huey Tecuilhuitl MeztliHTecu.jpg Feast for the Greatly Revered Ones
9. AUG 08 – AUG 27 9. JUL 12 – JUL 31 Miccailhuitontli MeztliMicc.jpg Feast to the Revered Deceased
10. AUG 28 – SEP 16 10. AUG01 – AUG 20 Huey Miccailhuitontli MeztliMiccH.jpg Feast to the Greatly Revered Deceased
11. SEPT 17 – OCT 06 11. AUG 21 – SEPT 09 Ochpaniztli MeztliOch.jpg Sweeping and Cleaning
12. OCT 07 – OCT 26 12. SEPT10 – SEPT 29 Teotleco MeztliTeo.jpg Return of the Gods
13. OCT 27 – NOV 15 13. SEPT 30 – OCT 19 Tepeilhuitl MeztliTep.jpg Feast for the Mountains
14. NOV 16 – DEC 05 14. OCT 20 – NOV 8 Quecholli MeztliQue.jpg Precious Feather
15. DEC 06 – DEC 25 15. NOV 09 – NOV 28 Panquetzaliztli MeztliPanq.jpg Raising the Banners
16. DEC 26 – JAN 14 16. NOV 29 – DEC 18 Atemoztli MetzliAtem.jpg Descent of the Water
17. JAN 15 – FEB 03 17. DEC 19 – JAN 07 Tititl MeztliTitl.jpg Stretching for Growth
18. FEB 04 – FEB 23 18. JAN 08 – JAN 27 Izcalli MeztliIzcalli.jpg Encouragement for the Land & People
18u. FEB 24 – FEB 28 18u.JAN 28 – FEB 01 nemontemi (5 day period) MeztliNem.jpg Empty-days (nameless, undefined)

Note: Aztec years were named for the first day of the first month according to the 260-day calendar the tonalpohualli.

tlàtòquê

Tlatoani (Classical Nahuatl: tlàto?ni pronounced [t?a?to?a?ni]; plural tlàtòquê, [t?a?.?to?.ke?]) is the Nahuatl term for the ruler of an altepetl, a pre-Hispanic state. The word literally means “speaker”, but may be translated into English as “king“.[1] A cihu?tlàto?ni ([si.wa?.t?a?.to.?a?.ni]) is a female … Continue reading

Tlatoani (Classical Nahuatl: tlàto?ni pronounced [t?a?to?a?ni]; plural tlàtòquê, [t?a?.?to?.ke?]) is the Nahuatl term for the ruler of an altepetl, a pre-Hispanic state. The word literally means “speaker”, but may be translated into English as “king“.[1] A cihu?tlàto?ni ([si.wa?.t?a?.to.?a?.ni]) is a female ruler, or queen regnant.[2]

The term quauhtlatoani refers to “provisional, interim, or at least non-dynastic rulers”.[3] The leaders of the Mexica prior to their settlement are sometimes referred to as quauhtlatoque, as are those colonial rulers who were not descended from the ruling dynasty.

Crónica Mexicayotl; The finding and Founding of Tenochtitlan

The “Cronica Mexicayotl“, one of the most important sources of Aztec mythical-historical information, was written in 1609 by Hernando Alvarado Tezozomoc, who was the grandson of Motecuhzoma on his mother’s side and a great grandson of Azayacatl on his father’s. … Continue reading

The “Cronica Mexicayotl“, one of the most important sources of Aztec mythical-historical information, was written in 1609 by Hernando Alvarado Tezozomoc, who was the grandson of Motecuhzoma on his mother’s side and a great grandson of Azayacatl on his father’s. He
tells in this portion of the chronicles of the emergence in 1064 of the Aztecs from Aztlan-Chicomoztoc, led by their god Huitzilopochtli, and their long journey to the place of their
destiny, Tenochtitlan. The chronicle as a whole contains this migration myth as well as myths of Huitzilopochtli, descriptions of the establishment of Tenochtitlan, dynastic history, and detailed genealogical data for the pre-Conquest and colonial Indian rulers of
Tenochtitlan and Tlatelolco up to about 1579.

This selection focuses on five episodes in the migration of the Aztecs, each repeating in varying form the essential details of the myth of Huitzilopochtli, who, like Athena among the Greeks, appears and disappears in accordance with the needs of his people.

Thelma Sullivan, the present translator of this work, the original of which is now in the Bibliotheque National de Paris, claims that in addition to its being one of the great sources of mythology and history for this period, the “Cronica Mexicayotl” is a “Saga of true
literary merit and heroic dimensions.” She has abridged this translation slightly to emphasize those features.

Translated from the Nahuatl by Thelma D. Sullivan.

Originally published in “The Finding and Founding of Tenochtitlan,” translated by Thelma D. Sullivan, in “Tlalocan” 6, no. 4 (1971): 312-36.

The myth was divided into sections and editorial corrections were made by the editors.

Taken from: “The Flayed God. The Mesoamerican Mythological Tradition: Sacred Texts and Images From Pre-Colombian and Central America.” Robert H. Markman and Peter T. Markman.

I.
Here it is told, it is recounted
How the ancients who were called, who were named,
Teochichimeca, Azteca, Mexitin, Chicomoztoca, came, arrived,
When they came to seek,
When they came to gain possession of their land here,
In the great city of Mexico Tenochtitlan. . . .
In the middle of the water where the cactus stands,
Where the eagle raises itself up,
Where the eagle screeches,
Where the eagle spreads his wings,
Where the eagle feeds,
Where the serpent is torn apart,
Where the fish fly,
Where the blue waters and the yellow waters join,
Where the water blazes up,
Where feathers came to be known,
Among the rushes, among the reeds where the battle is joined,
Where the peoples from the four directions are awaited,
There they arrived, there they settled…
They called themselves Teochichimeca, Azteca, Mexitin.
They brought along the image of their god,
The idol that they worshipped.
The Aztecs heard him speak and they answered him;
They did not see how it was he spoke to them…

II.
And after the Azteca, Mexitin sailed here from Aztlan,
They arrived in Culhuacan….
They went everywhere in Culhuacan,
In far-off Culhuacan, in Tona Ichuacan or Tonallan.
All of them journey far—
The people of Michoacan, kin of the Mexicans,
And the people of Malinalco—for all of them came.
And when the Aztecs abandoned the people of Michoacan,
The men and women were amusing themselves in the water at
A place called Patzcuaro.
They made off with the men’s capes and breechcloths
And they took the women’s skirts and huipiles.
The men no longer had breechcloths;
They went about with their bottoms bare,
Rather, they go about with their bottoms bare, uncovered.
The women gave up their blouses and the men became wearers
Of huipiles.
In this manner they abandoned the people of Michoacan.

III.
And the reason Huitzilopochtli went off and abandoned his
Sister, named Malinalxoch, along the way,
That all his fathers abandoned her while she was sleeping,
Was because she was cruel,
She was very evil.
She was an eater of people’s hearts,
An eater of people’s limbs—it was her work—
A bewitcher of people,
An enchanter of people.
She put people to sleep,
She made people eat snakes,
She made people eat scorpions,
She spoke to all the centipedes and spiders
And transformed herself into a sorcerers.
She was a very evil woman;
This was why Huitzilopochtli did not like her,
This was why he did not bring his sister, Malinalxoch, with him,
That they abandoned her and her fathers while they were sleeping.
Then the priest, Huitzilopochtli spoke,
He addressed his fathers, called the `idol-bearers,’ … he said to
them,
`O my fathers, the work that Malinalxoch does is not my work.
When I came forth, when I was sent here,
I was given arrows and a shield,
For battle is my work.
And with my belly, with my head,
I shall confront the cities everywhere.
I shall await the peoples from the four directions,
I shall join battle with them,
I shall provide people with drink,
I shall provide people with food!
Here I shall bring together the diverse peoples,
And not in vain, for I shall conquer them,
That I may see the house of jade, the house of gold, the house of
quetzal feathers;
The house of emeralds, the house of coral, the house of amethysts;
The sundry feathers—the lovely cotinga feathers, the roseate
Spoonbill feathers, the trogon feathers—
All the precious feathers;
And the cacao of variegated colors,
And the cotton of variegated colors!
I shall see all this,
For in truth, it is my work,
It was for this that I was sent here.
And now, O my fathers, ready the provisions. Let us go!
Off there we are going to find it!…”
And when the sister of Huitzilopochtli, called Malinalxoch,
Whom they had abandoned while sleeping,
Whom they had gone off and abandoned,
When Malinalxoch awakened, she wept.
She said to her fathers, “O my fathers, where shall we go?
My brother Huitzilopochtli, had abandoned us by trickery.
Where has the evil one gone?
Let us seek the land where we are to dwell….”
Then they saw the mountain called Texcaltepetl;
They established themselves upon it….
Along the way Malinalxoch became big with child,
And the child of Malinalxoch, a son named Copil, was born.
His father’s name was Chimalquauhtli;
He was king of Malinalco….

IV.
The others settled at Coatepec….
The Mexicans erected their temple, the house of Huitzilopochtli…
And they laid down Huitzilopochtli’s ball court
And constructed his skull rack.
Then they blocked the ravine, the gorge.
And the water collected, it filled up.
This was done at the word of Huitzilopochtli.
Then he said to his fathers, the Mexicans,
“O my fathers, the water has collected.
Plant, sow, willows, bald cypresses, reeds, rushes and water-lilies!
And the fish, frogs, ajolotes, crayfish, dragonfly larvae,
Ahuihuitlame, ephydrids, and the salamanders multiplied,
And also Izcahuitli,
And the birds, ducks, American coots, and the “red-shouldered”
and “yellow-throated” grackles.
And Huitzilopochtli said,
“The Izcahuitli are my flesh, my blood, my substance.”
Then he sang his song,
They all sang and danced;
The song was called Tlaxotecayotl and also Tecuilhuicuicatl;
He composed it there.
Then his fathers, the Centzonhuitznahua, spoke, they said to
Huitzilopochtli,
“O priest, the work for which you came shall be done here.
You shall await the people,
You shall meet in battle the people from the four directions,
You shall arouse the cities.
With your belly, with your head,
And your heart, your blood, your substance,
You shall capture them,
That you may see what you promised us—
The many jades, the precious stones, the gold,
The quetzal feathers and sundry precious feathers,
The cacao of variegated colors,
The cotton of variegated colors,
The diverse flowers, the diverse fruits, the diverse riches.
For, in truth, you have founded,
You have become the ruler of your city, here in Coatepec.
Let your fathers, your vassals, the Aztecs, the Mexicans, gather
Here!” The Centzonhuitznahua beseeched him.
Huitzilopochtli became enraged,
“What are you saying?” he said.
“Do you know?
Is it your work?
Are you better than I?
I know what I must do!”
Then, atop the temple, his house, Huitzilopochtli began to array
himself.
When he had arrayed himself,
When he had arrayed himself for battle,
He painted his face the color of a child’s excrement,
He made circles around his eyes,
And he took up his shield….
The he went off;
He went to destroy, he went to slay his uncles, the
Centzonhuitznahua.
On the sacred ball court he devoured his uncles;
And his mother, she whom he took as his mother, called
Coyolxauhcihuatl….
He cut her off head there and devoured her heart,
Huitzilopochtli devoured it….
The Mexicans were frightened.
The Centzonhuitznahua had thought that the city was to be there in
Coatepec,
That Mexico was to be there,
But Huitzilopochtli did not want it so.
He made a hole in the dam where the water had been,
And the water broke the dam.
All the bald cypresses, willows, reeds, rushes and water lilies
withered.
All the fish, frogs, ajolotes, ephydrids and insects,
And the crayfish and dragonfly larvae that lived in the water
Died….
And all the birds perished.

V.
Then Huitzilopochtli set out,
He went off with his fathers, his vassals, the Mexicans….
They came, they settled behind Chapultepec in a place called
Techcatitlan….
Then Huitzilopochtli gave orders to the Mexicans….
He said to the idol-bearers,
“O my fathers, wait, for you shall see,
wait, for I know what is to happen.
Gird yourselves, be courageous.
Gird yourselves, prepare yourselves.
We shall not dwell here,
We shall find the place off there,
There is where we shall posses it.
Let us await those who shall come to destroy us!…
…..
The son of Malinalxoch, sister of Huitzilopochtli, whose name was
Copil,
Spoke, he said to her,
“O my mother, well I know that your brother is off there.”
“Yes, your uncle, named Huitzilopochtli, is yonder,” she said.
“He abandoned me,
He abandoned me by trickery along the way.
Then we settled here in Texcaltepeticpac.”
“Very well, O my mother,” said Copil.
“I know that I must look for him in the place he has found
contentment,
In the place he has settled.
I shall destroy him,
I shall devour him,
And I shall destroy, I shall vanquish his fathers
And the vassals that he took with him.
Well I know all the gifts that are marked for him who is to see,
Who is to behold the manifold riches.
And it shall be I.
Mine shall be the knowledge of all the sundry jade and gold,
Of the quetzal feathers and the other feathers,
Of the cacao of variegated colors,
Of the cotton of variegated colors,
Of the diverse flowers and diverse fruits.
O my mother, be not sad.
I go now to seek out the evil one, my uncle….”
Then he came.
He arrayed himself, he adorned himself, he who was called Copil.
He was very evil,
He was a greater sorcerer than his mother, Malinalxoch;
Copil was a very evil man.
He came in the year 1-House, 1285
And in the place called Zoquitzinco he transformed himself.
Once more he came, and in the place called Atlapalco he transformed
himself.
He came once again and in the place called Itztapaltemoc he
transformed himself,
And because Copil transformed himself, because he turned himself
into a flagstone,
It is now called, all of us call it, Itztapaltetitlan.
And after the transformation of Copil,
After Copil had transformed himself into a flagstone,
Once again he returned to his home called Texcaltepeticpac;
(they now call it Malinalco because Malinalxoch dwelt there….)
Once more Copil came…
And in the place called Tecpantzinco he transformed himself.
But Huitzilopochtli knew him at once,
He recognized his nephew, now grown, called Copil.
The he said to his fathers,
“O my fathers, array yourselves, adorn yourselves,
Me nephew, the evil one, is coming.
I am off.
I shall destroy him, I shall slay him!”
He encountered him at the place called Tepetzinco,
And when he saw him, he said,
“Who are you? Where are you from?”
“It is I,” he replied,
Again he spoke to him.
“Where is your home?”
“In Texcaltepeticpac,” he answered.
Then Huitzilopochtli said, “Good. Are you not he whom my sister,
Malinalxoch, brought into the world?”
“Yes, I am he,” Copil said,
“And I shall capture you, I shall destroy you!
Why did you abandon my mother while she was sleeping?
Why did you abandon her by trickery?
I shall slay you!”
“Very well,” Huitzilopochtli said, “Come ahead.”
They pursued each other with cunning,
And they captured Copil in Tepetzinco.
When he was dead Huitzilopochtli cut off his head and slashed open
his chest,
And when he had slashed open his chest, he tore out his heart.
Then he placed his head on top of Tepetzintli, which is now called
Acopilco,
And there the head of Copil died.
And after Huitzilopochtli slew him,
He ran off with Copil’s heart.
And the idol-bearer, called Quauhtlequetzqui came upon
Huitzilopochtli.
When he encountered him, he said,
“You have wearied yourself, O priest.”
“Come, O Quauhtlequetzqui,” he said.
“Here is the heart of the evil one, Copil.
I have slain him.
Run with it into the rushes, into the reeds.
There you shall see the mat of stone
On which Quetzalcoatl rested when he went away,
And his seats, one red and one black.
There you shall halt
And you shall cast away the heart of Copil.”
Then Quauhtlequetzqui went off to cast away the heart.
When he came to the place he had described to him,
He saw the Mat of stone,
And he halted there and cast away the heart;
It fell in among the rushes, in among the reeds….
The place where Quauhcoatl stopped and cast away the heart,
We now call Tlalcocomoco….

VI.
Then the Mexicans went to Acuezcomac,
They passed through Huehuetlan, Atlixcan,
Teoculhuacan, Tepetocan, Huitzilac, Culhuacan,
Huixachtla, Cahualtepec, Tetlacuixomac.
They settled in Tlapitzahuayan in the year 2-Rabbit, 1286…
In the year 11-Reed, 1295… the Mexicans passed through Zacatla….
The people of Chalco drove them out,
They stoned them.
Once again they went to Chapultepec….
Behind Chapultepec all the Tepanecas, Azcapotzalcas and Culhuacans,
The Xochimilcas, Cuitlahuacas and Chalcas besieged the Mexicans….
The Mexicans were besieged in Chapultepec in 2-Reed, 1299.
Then the Mexicans moved to Acuezcomac….
Then they came, they settled in Mazatlan,
And all the Mexicans gathered in Tepetocan.

VII.
Then from there they went to Culhuacan.
Coxcoxtli was the king of Culhuacan….
Then Huitzilopochtli said to the Mexicans,
“My fathers, say to Coxcoxtli, `where shall we live?’”
They addressed Coxcoxtli, they said to him,
“O lord, O king, we are beseeching you.
Where shall we go?
We have known this to be your city.
Have mercy on us with a small piece of your land on which we may
live!”
Coxcoxtli replied, he said, “Very well.”
He summoned his Culhuacan Chiefs, he said to them,
“Where shall they live?”
“O lord, O King, let them go there,” his chiefs said.
“Let the Mexicans live beside the mountain, here in Tizaapan.”
Then they took them, they established them in Tizaapan.
They advised Coxcoxtli, the king, they said,
“O lord, O king, we have taken the Mexicans to Tizaapan.”
“Good,” Coxcoxtli said, “They are monstrous, they are evil.
Perhaps they will meet their end there,
Perhaps they will be devoured by the snakes,
For it is the dwelling place of many snakes.”
But the Mexicans were overjoyed when they saw the snakes.
They cooked them,
They roasted them over the fire, and they ate them….

VIII
In the year 13-Reed, 1323,
The Mexicans had passed, had spent twenty-five years in
Tizapan Culhuacan.
Then Huitzilopochtli spoke to his fathers, he said to them,
“O my fathers, another person shall appear whose name is Yaocihuatl.
She is my grandmother and we shall have her.
And hear this, O my chiefs, we are not to remain here.
We shall find the place off there.
There is where we shall possess it….
And now gird yourselves, make yourselves ready,
Foy you have heard the Yaocihuatl, my grandmother, will manifest
herself there.
I command that you go,
That you ask Achitometl for his child, his daughter.
You are to ask him for his precious child,
For I know he shall give her to you.”
And then the Mexicans went off,
They went to ask Achitometl for his daughter.
The Mexicans spoke to him, they said,
“O my prince, O lord, O king, we your grandfathers, we your vassals,
and all the Mexicans,
Pray that you grant, that you give us, your jewel, your quetzal
feather,
Your daughter, our granddaughter, the princess.
There, beside the mountain in Tizaapan she will keep guard.”
Achitometl said, “Very well, O Mexicans, you may take her with you.”
He gave her to the Mexicans.
They went off with the daughter of Achitometl,
They brought her,
They settled her in Tizaapan.
Then Huitzilopochtli spoke… he said to them,
“O my fathers, I order you to slay the daughter of Achitometl
And to flay her.
When you have flayed her, you are to dress a priest in her skin.”
They then slew the princess and they flayed her,
And after they flayed her, they dressed a priest in her skin.
Huitzilopochtli then said,
“O my chiefs, go and summon Achitometl.”
The Mexicans went off, they went to summon him.
They said, “O our lord, O my grandson, O lord, O king…
Your grandfathers, the Mexicans beseech you, they say,
`May he come to see, may he come to greet the goddess.
We invite him.’”
Achitometl said, “Very well. Let us go.”
He said to his lords, “Let us go to Tizaapan,
The Mexicans have invited us….”
They took along rubber, copal, papers, flowers, and tabacco,
And also what is called the “lord’s food” to set down in offering
before the goddess….
And when Achitometl arrived in Tizaapan, the Mexicans said,
As they received him,
“You have wearied yourself, O my grandson, O lord, O king.
We, your grandfathers, we, your vassals, shall cause you to become
ill.
May you see, ma you greet your goddess.”
“Very good, O my grandfathers,” he said.
He took the rubber, the copal, the flowers, the tabacco, and the
food offering,
And he offered them to her,
He set them down before the false goddess whom they had flayed.
Then Achitometl tore off the heads of quail before his goddess;
He still did not see the person before whom he was decapitating the
quail.
Then he made an offering of incense and the incense-burner
Blazed up,
And Achitometl saw a man in his daughter’s skin.
He was horror-struck.
He cried out, he shouted to his lords and to his vassals.
He said, “Who are they, eh, O Culhuacans?
Have you not seen?
They have flayed my daughter!
They shall not remain here, the fiends!
We shall slay them, we shall massacre them!
The evil ones shall be annihilated here!”
They began to fight….
The Culhuacan pursued them, they pursued the Mexicans,
They drove them into the water….
The Culhuacans thought that they had perished in the water,
But they crossed the water on their shields,
They crossed on their arrows and shields.
They bound together the arrows, called Tlacochtli,
And those called Tlatzontectli,
And, sitting upon them, they crossed the water….
And sitting upon the shields they crossed the water
When the Culhuacans pursued them.
And they came into the rushes, into the reeds at
Mexicatzinco….
There they dried their battle gear which had become wet,
Their insignias, their shields—all their gear.
And their women and children began to weep.
They said, “Where shall we go? Let us remain here in the reeds….”

IX.
And then the old Mexicans, Quauhtlequtzqui, or Quauhcoatl,
And also the one called Axolohua went off,
They went into the rushes, into the reeds
At the place that is now called Toltzalan, Acatzalan;
The two of them went to look for the place they were to settle.
And when they came upon it,
They saw the many wondrous things there in the reeds.
This was the reason Huitzilopochtli had given his orders to the idol-
bearers, his fathers,
Quauhtlequetzqui, or Quauhcoatl, and Axolohua, the priest.
For he had sent them off,
He had told them all that there was in the rushes, in the reeds,
And that there he, Huitzilopochtli, was to stand,
That there he was to keep guard.
He told them with his own lips,
Thus he sent off the Mexicans.
And then they saw the white bald cypresses, the white willows,
And the white reeds and the white rushes;
And also the white frogs, the white fish, and the white snakes
That lived there in the water.
And they saw the springs that joined;
The first spring faced east and was called Tleatl and Atlatlayan,
The second spring faced north and was called Matlalatl and also
Tozpalatl.
And when they saw this the old men wept.
They said, “Perhaps it is to be here.
We have seen what the priest, Huitzilopochtli, described to us
When he sent us off.
He said, `In the rushes, in the reeds, you shall see many things.’
And now we have seen them, we have beheld them!
It has come true, his words when he sent us off have come true!”
Then they said,
“O Mexicans, let us go, for we have beheld them.
Let us await the word of the priest;
He knows how it shall be done.”
Then they came, they sojourned in Temazcaltitlan.
And during the night he saw him,
Huitzilopochtli appeared to the idol-bearer, called
Quauhtlequetzqui, or Quauhcoatl.
He said to him, “O Quauhcoatl, you have seen all there is in among
the reeds,
In among the rushes,
You have beheld it.
But hear this:
There is something you still have not seen.
Go, go and look at the cactus,
And on it, standing on it, you shall see an eagle.
It is eating, it is warming itself in the sun,
And your heart will rejoice,
For it is the heart of Copil that you cast away
Where you halted in Tlalcocomoco.
There it fell, where you looked, at the edge of the spring,
Among the rushes, among the reeds.
And from Copil’s heart sprouted what is now called Tenochtli.
There we shall be, we shall keep guard,
We shall await, we shall meet the diverse peoples in battle.
With our bellies, with our heads,
With our arrows, with our shields,
We shall confront all who surround us
And we shall vanquish them all,
We shall make them captives,
And thus our city shall be established.
Mexico Tenochtitlan:
Where the Eagle Screeches
Where he spreads his wings,
Where the Eagle feeds,
Where the fish fly,
And where the Serpent is torn apart.
Mexico Tenochtitlan!
And many things shall come to pass.”
Then Quauhcoatl said to him, “Very well, Oh priest. Your heart has
granted it.
Let all the old men, your fathers, hear.”
Then Quauhcoatl gathered the Mexicans together,
He had them hear the words of Huitzilopochtli;
The Mexicans listened.
And then, once more, they went in among the rushes, in among the
reeds,
To the edge of the spring.
And when they came out into the reeds,
There at the edge of the spring, was the Tenochtli,
And they saw and Eagle on the Tenochtli, perched on it, standing
on it.
It was eating something, it was feeding,
It was pecking at what it was eating.
And when the Eagle saw the Mexicans, he bowed his head low.
(They had only seen the Eagle from afar).
Its nest, its pallet, was of every kind of precious feather—
Of lovely cotinga feathers, roseate spoonbill feathers, quetzal
feathers.
And they also saw strewn about the heads of sundry birds,
The head of precious birds strung together,
And some bird’s feet and bones.
And the god called out to them, he said to them,
“O Mexicans, it shall be here!”
(But the Mexicans did not see who spoke).
It is for this reason they call it Tenochtitlan.
And then the Mexicans wept, they said,
“O happy, O blessed are we!
We have beheld the city that shall be ours!
Let us go, now, let us rest….”
This was in the year 2-House, 1325.


The Aztec began as a tribe of people known as the Mexica or Mexitin, their name derived from their lord, Mexi. They left Chicomoztoc (the Seven Caves) located in the mythical land of Aztlan in 193 C.E. in search of their promised land. The migration was long and hard, lasting hundreds of years, and many settlements were founded en route. They were Huitzilopochtli, who would communicate to his people and advise them along their course via the priests, who were mediators between the earthly and the celestial realms.

When the Aztec finally reached the Valley of Mexico in the 13th century, they knew that they were close to their promised land, but Huitzilopochtli warned them of hardships to be encountered in this already-settled land. He urged them to prepare themselves accordingly. This land was none other than the area once controlled by the great city of Teotihuacan and later by Tula, which had been settled for hundreds of years prior to the arrival of the Aztec to that region. There were still many settlements in the area that were remnants of those grand civilizations, and so following the advice of Huitzilopochtli, the Aztec fortified themselves and prepared for battle in Chapultepec. However, the Aztec and their patron god had other adversaries to contend with, namely Huitzilopochtli’s nephew Copil, who was out to avenge his mother, Huitzilopochtli’s sister Malinalxochitl. Huitzilopochtli had ordered that Malinalxochitl, who was once part of the caravan in search for the promised land, be left behind, for she had developed wicked and evil practices of witchcraft and could contaminate the rest of the caravan. Accordingly, Malinalxochitl and her flock were abandoned, left alone to fend for themselves.

Copil could not bear his mother’s betrayal by his uncle, so he set out to search for Huitzilopochtli. He soon learned of Huitzilopochtli’s arrival at Chapultepec in the Valley of Mexico. Once in the valley, Copil gained support from the surrounding towns by telling them of the atrocious and tyrannical ways of the Aztec, thus joining forces and gaining the military support necessary to overcome the Aztec. Certain of the Aztec defeat, Copil went to the hill called Tepetzinco, or Place of the Small Hill, to view the massacre from a good vantage point. However, Huitzilopochtli could not be outwitted, as he was well aware of his nephew’s plans. He therefore instructed his people to go to Tepetzinco, where hot springs ran at the base of the hill. Huitzilopochtli demanded that they slay Copil, pull out his heart, and bring it to him.

The priest, Cuauhtlequetzqui, carrying an image of Huitzilopochtli, led the delegation to Tepetzinco and proceeded to do as Huitzilopochtli instructed. Once the heart of Copil was presented to Huitzilopochtli, he instructed the priest to throw the heart into the center of the lake. The place where Copil’s heart landed was called Tlacocomolco. Despite this defeat, the peoples from the region still wanted the Aztec to be ousted from their territory and so began to wage war against them. The enemies, namely the Chalca, continued to surround Chapultepec Hill and attacked the Aztec. They succeeded in their attack and even managed to capture the Aztec leader, Huitzilihuitl. The survivors, who included women, children, and the elderly, sought asylum in a deserted town named Atlacuihuayan (Tacubaya). The Chalca did not find it necessary to follow the survivors, as they were few and disenfranchised.

After replenishing themselves, the defeated Aztecs rebuilt their forces, and upon Huitzilopochtli’s request for them to be strong and proud, they went to their enemies at Colhuacan to ask for a place in which their wives and children could stay and live in peace. After much deliberation with his council, the king of Colhuacan granted the Aztec a site by the name of Tizapan, a most undesirable site, where snakes, reptiles, and other beasts resided. However, the Aztec took the offer and made that land theirs, taming the harsh environment and making do with what was given to them.

Later, the king of Colhuacan had his messengers report on the status of Tizapan. He was amazed to learn that the Aztec had cultivated the land, built a temple to Huitzilopochtli, and made the snakes and local reptiles a part of their diet. Impressed with the news he received from his messengers, the king granted the requests made by the Aztec that they be allowed to trade in Colhuacan and that they be able to intermarry with the people of Colhuacan. This was not the promised land of the Aztec, however, and Huitzilopochtli requested, via the priests, that they leave this land in search for the true Aztec capital, adding that their departure must be a violent departure, not a peaceful one. Huitzilopochtli ordered his people to ask the king of Colhuacan, named Achitometl, for his daughter, so that she might serve Huitzilopochtli and become a goddess, to be called the Woman of Discord. The Aztec did as they were told by their god.

King Achitometl agreed to this honor, and after the pageantry that followed this transaction between the tribes, the young woman was taken to Tizapan. Once in Tizapan, she was proclaimed Tonantzin (Our Mother) by the Aztec and then sacrificed in the name of Huitzilopochtli. As was customary and part of Aztec ritual practices, after the young woman was sacrificed, her skin was flayed. Her flayed skin was worn by a “principal youth” who sat next to the Aztec deity. From that time on, she was both Huitzilopochtli’s mother and bride and was worshipped by the Aztec.

King Achitometl was summoned and, not knowing that his daughter had been killed, accepted the invitation and attended the ceremony with other dignitaries of his town, bringing precious gifts in honor of his daughter, the new Aztec goddess, and the Aztec god Huitzilopochtli. When King Achitometl entered the dark temple, he commenced his offerings and other ceremonial rights. As he drew closer to the figures, with a torch light in his hand, he was able to discern what was before him, the youth wearing the flayed skin of his daughter and sitting next to their deity. Disgusted and filled with fright, the king left the temple and called on his people to bring an end to the Aztec.

The Aztec fought vigorously, and although they were pushed into the water by the opposition, they managed to flee to Iztapalapa. The Aztec were in a state of desolation. Huitzilopochtli tried to comfort his people who had suffered so much in search of their promised land. They were not far from it, so the Aztec continued moving from town to town, seeking refuge where they could.

One day as they roamed the waters, they saw signs that had been prophesied by the Aztec priests. One was a beautiful, white bald cypress (ahuehuetl), and from the base of the tree a spring flowed. This spring was surrounded by all white willows. All around the water were white reeds and rushes, and white frogs emerged, as well as white snakes and fish. The priests recognized all these signs as predicted by their god and rejoiced for they had found their promised land.

Soon after, Huitzilopochtli came to the priest named Cuauhtlequetzqui and told him Copil’s heart, which was thrown into the lake as prescribed by him, had landed on a stone, and from that stone a nopal (prickly pear cactus) sprang. The nopal was so grand and magnificent that an eagle perched there daily, feeding from its plentiful fruits and enjoying the sun. It would be surrounded by beautiful and colorful feathers from the birds that the eagle fed on.
The priest relayed this message to the people, who responded with joy and enthusiasm. Once more they went to the spring where they had seen the wonderful revelations of their god but were surprised to find two streams instead of one, and instead of white, one stream was red and the other was blue. Seeing all this as good omens, the Aztec continued their search for the eagle perched on a nopal, which they soon beheld. The people bowed their heads to this sight in all humbleness, and the eagle did the same in turn. They had finally reached their promised land, and here they built Tenochtitlan.

On the Mexican flag today is an eagle proudly standing on a nopal, which grows from a stone. This symbolism speaks to the Aztec myth and to the Aztec’s perseverance and spiritual belief system. Indeed, Tenochtitlan went on to be the capital of the Aztec Empire.

In pre-Hispanic imagery of this myth, the fruit that grows from the cactus is represented as human hearts, and in the eagle’s beak is an atl tlachinolli, a symbol of fire and water that could have been mistaken for a snake by the colonists, for this is what appears in the eagle’s beak on the modern-day flag. Today, Aztecs Art is sometimes used for Interior Design all around the world.

el nacimiento de una diosa

Al final del Pleistoceno llovía abundantemente en el valle de México y la tierra era frondosa can abundante fauna de grandes animales. Debido a las sierras, los vientos húmedos del pacifico no llegan directamente tierra adentro y el patrón de lluvias depende de  sistemas meteorológicos de latitudes medias durante el invierno, y por sistemas tropicales en el verano. Hace unos 13,000 años el clima cambio bruscamente en lo que se conoce como el Dryas Reciente. El Dryas Reciente significó un rápido regreso a las condiciones glaciares en las latitudes más altas del Hemisferio Norte y Meso-América se volvió una tierra árida.

La desertificación y el complejo patrón climático orillo a los primeros habitantes de Meso-américa a uno de los mayores logros científico y tecnológico en la historia de la humanidad: Un sistema agrícola para el cultivo del maíz. Este sistema requería de una cultura con saber profundo en agronomía, botánica, genética, astronomía, matemáticas, educación, sistema de registro y escritura. El maíz en si es solo un componente de todo una estructura tecnológica y social, basada en cuidadosas observaciones astronómicas, climáticas, y agronomicas, de la cual el sofisticado sistema calendarico que se ha rescatado es un mero ejemplo.

El centro geográfico de origen y dispersión del maíz se ubica en el Municipio de Coxcatlán en el valle de Tehucán, Estado de Puebla, en la denominada Mesa Central de México a 2.500 m sobre el nivel del mar.

Los primeros humanos llegaron al Anáhuac aproximadamente hace 20 mil años, época en la que han sido fechados los descubrimientos en Tequixquiac, y más tardíamente en Tocuila y Tlapacoya.

Eventualmente, en el altiplano se desarrollo una sofisticada cultura urbana y agrícola a la que después lo mexicas referirían como Tollan y Teotihuacan. En la mitología mesoamericana, Tollan era la ciudad gobernada por Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada. Tollan está vinculada con otro lugar mítico, el Tamoanchan, una especie de paraíso. No debe confundirse la ciudad mítica con las ciudades terrenales de Tula, Cholula y Teotihuacan, todas ellas nombradas Tollan en virtud de ser grandes capitales. Según el mito, los habitantes de Tollan cultivaban algodón de colores, maíz de la mejor calidad y vivían en paz.

La agricultura se convirtió paulatinamente en la base de la economía de los pueblos del valle de México. La complejidad social de estas sociedades era variable, pero en las mayores de ellas se observa una acentuada diferenciación social. Durante el Preclásico Medio (1200-400 a. C.) alcanzaron su apogeo algunas de estas aldeas, como Tlatilco, Copilco y Cuicuilco. Los asentamientos correspondientes a esta época combinaron la agricultura con la explotación de los recursos del entorno lacustre, y muestran una mezcla de influencias culturales de inspiración olmeca y de las culturas de Occidente.

Cuicuilco se convirtió en el principal centro político, cultural y económico en el valle de México hacia el año 600 a. C. En su época de apogeo pudo tener alrededor de 22 mil habitantes, aunque algunos cálculos proponen una población de 40 mil personas. En este lugar se erigió la primera pirámide de Mesoamérica y se desarrolló el culto al dios del fuego, quizá por la cercanía y actividad volcánica del Xitle. Este volcán hizo erupción hacia el año 100 a. C., sepultando con lava Copilco y una parte de Cuicuilco. Existe controversia sobre la suerte de la población de este lugar. La población de Cuicuilco participó en la fundación de Teotihuacan, pero parece que las migraciones desde la ciudad al sur de los lagos comenzaron antes de la erupción del Xitle, probablemente a partir del momento en que tuvieron lugar los eventos que acompañan al vulcanismo.33 Es plausible que durante algunos años Cuicuilco haya sido contemporánea y rival de la naciente Teotihuacan, pero finalmente declinó y desapareció en un escenario incierto y en una fecha imprecisa entre el año 200 a. C. y el 200 d. C.

A partir del Preclásico Medio se desarrolló en el valle de Teotihuacan un pequeño grupo de aldeas dedicadas a la agricultura. Estas aldeas eran contemporáneas a Terremote Tlaltenco, Tlatilco y Cuicuilco, y su desarrollo corresponde a las fases Cuanalán y Tezoyuca ( 500-100 a. C.). Durante la fase Cuanalán se establecen las primeras aldeas en el valle de Teotihuacan que aprovecharon las condiciones del entorno para la práctica de la agricultura.

Con la salida de los grupos portadores de la cultura teotihuacana, en la cuenca de México se observa un reacomodo demográfico y la difusión de la cerámica de Coyotlatelco. Entre Azcapotzalco y Ecatepec se encuentra un grupo de poblaciones con ese tipo de cerámica que intervinó en su difusión hacia el valle de Toluca.66 Otro grupo corresponde a la cuenca de Chalco-Xochimilco. El tercero se concentra en torno a Portezuelo, que debió ser uno de los mayores asentamientos de la cuenca de México durante el Epiclásico (c. 650-900). Un último grupo Coyotlatelco corresponde al que permaneció en Teotihuacan, donde ocuparon los conjuntos residenciales arruinados. Tula, Cacaxtla, Cholula y Xochitécatl son puntos fuera de la cuenca de México donde también se ha encontrado cerámica Coyotlatelco, aunque en menor proporción.

Todos los pueblos del Anahuac llegaron del norte pero a tiempos distintos.

Los que llegaron primero se aculturaron y urbanizaron en la cultura del maíz. En el norte quedaron pueblos bárbaros. Nómadas sin ley ni dios, los chichimeca.

Conforme las ciudades crecían y los sabios eran desplazados por los políticos y oportunistas, sucesivas oleadas de chichimeca destruían y reconstruían la religión y cultura, incorporando a los dios teotihuacanos – deidades, urbanas y agrícolas, de la creación, la resurrección, el devenir, la dualidad, y la rueda infinita del tiempo – jehovas racisatas y terribles que sabían ganar batallas y destruir enemigos.

Después de la caída de Teotihuacan hacia el año 700, hubo en Mesoamérica varios siglos de tinieblas y cambió el índole de la civilización. ,Las ciudades sin fortificaciones y gobernadas por sabios sacerdotes se desmoronaron y dieron lugar a ciudades guerreras y a religiones más belicosas. Hacia el año 950 surge Tula, la capital de los Toltecas.

La historia de los Toltecas comienza con una leyenda que los describe como una tribu Chichimeca que viene del norte a principios del siglo X conducida por un rey llamado Miscoatl y que se establece en Culhuacán.

Chicomóztoc es el nombre del mítico lugar de origen de los aztecas mexicas, Tepanecas, Acolhuas, y otros pueblos de lengua náhuatl (o nahuas) de la región central de Mexico de Mesoamérica, en el periodo Postclásico.

Hay una asociación de Chicomoztoc con ciertas tradiciones relativas legendario Culhuacán (Colhuacan), un verdadero asentamiento prehispánico en el Valle de México, que se consideró que había sido una de las primeras y más preeminente de los asentamientos en el valle. Culhuacán ( “lugar de las personas con antepasados” es su significado literal en náhuatl clásico) fue visto como un lugar prestigioso y venerado por los aztecas / mexicas (que también denominan a sí mismos’ Culhua-mexica ‘).

Los toltecas (náhuatl: tōltēcah; ‘[maestros] constructores’), fueron los miembros de una cultura precolombina que dominó la mayor parte del centro de México entre los siglos X y XII. Su lengua, el náhuatl, también fue hablado por los mexica. Mucho de lo que se conoce de los toltecas está envuelto en mitos.

Entre los pueblos nahuas de la época de la conquista, la palabra tolteca significaba alguien sabio que dominaba las artes y la palabra toltecayotl equivalía a lo que llamaríamos, alta cultura.

El lago de Texcoco formaba parte de un sistema de lagos, actualmente en proceso de desaparición,1 localizados al suroeste del valle de México, en el centro del Eje Neovolcánico que atraviesa el territorio nacional desde la costa del Pacífico.2 La historia que ha llevado a la desecación de buena parte de la superficie de las masas acuosas que formaban parte del sistema dio comienzo en la época prehispánica. Por aquella etapa de la historia, los indígenas construyeron islas artificiales en los bajos de la laguna, con el propósito de ganar tierras para el cultivo o, en el caso de México-Tenochtitlan, para construir poblados. 

La cuenca lacustre del valle de México estaba formada por los lagos de Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco. Ocasionalmente se habla de la laguna de México, pero ello sólo cuando se hace mención al período histórico en que los indígenas construyeron un dique entre la sierra de Guadalupe, al norte del lago de Texcoco, y el cerro de la Estrella, en el sur del mismo.

Una característica singular de este sistema de lagos era el carácter distinto de sus aguas. Mientras que los lagos de Xochimilco y Chalco estaban formados con aguas dulces, las aguas de Texcoco, Zumpango y Xaltocan eran salobres. De hecho, los antiguos pobladores de las riberas y los islotes de estos tres últimos lagos se dedicaban a la explotación de sal, que obtenían mediante la evaporación del agua del lago. De cualquier modo, el agua de los lagos del valle de México no era provechosa para la vida humana. Las aguas de los lagos de Texcoco, Zumpango y Xaltocan no eran potables por su alta salinidad y las aguas dulces de Xochimilco y Chalco no eran provechosas más que para la agricultura, pues los residuos de las plantas y animales que poblaban los ecosistemas asociados les daban mal sabor. Por ello, los pobladores de México-Tenochtitlan debieron introducir un sistema de abasto de agua potable para importar el líquido de los manantiales aledaños.

Las riberas del lago de Texcoco han sido ocupadas por lo menos desde hace unos 25 mil años, como demuestran los restos arqueológicos de Tlapacoya. Más recientes son los del Hombre de Tepexpan –que en realidad era mujer–, y de la mujer del Peñón. Estos datan de menos de 6 mil años AP. Los primeros habitantes de la ribera y los islotes se dedicaban a la cacería, recolección y pesca.

Luego de la consolidación de las sociedades agrícolas mesoamericanas, las riberas del lago de Texcoco se convirtieron en uno de los principales focos de desarrollo en el proceso civilizatorio de Mesoamérica.

Durante el horizonte preclásico (3000 a. C.–150 d. C.), el noroeste del lago fue el asiento de numerosos pueblos que recibieron influencia de las tradiciones cerámicas del occidente mesoamericano. Entre estos primeros establecimientos se encuentran Tlatilco, Zacatenco y El Arbolillo, que pertenecen al actual estado de México. Se ha propuesto como hipótesis que estos pueblos habrían pertenecido a la familia lingüística otomangueana, que por aquel tiempo debió ocupar extensas zonas del centro y sur de México. Por otro lado, en el oriente del lago, Chimalhuacán y Tlapacoya seguían siendo centros de población importantes, dedicados al cultivo del maíz.

A partir del siglo II d.C., la población de la cuenca comenzó a concentrarse en uno de los valles asociados al lago de Texcoco, para formar la que sería una de las más importantes metrópolis de Mesoamérica. Estamos hablando de Teotihuacan, ubicada al noreste del lago, dedicada a la agricultura y al comercio interregional. Teotihuacan fue una ciudad habitada por personas de distintos orígenes étnicos, y fue el corazón de la política, la economía y la cultura mesoamericana desde el siglo II hasta el siglo VIII, en que comenzó su proceso de decadencia.

Con la recesión teotihuacana, la cuenca del lago de Texcoco fue uno de los destinos principales de los grupos migrantes provenientes del norte de Mesoamérica. Algunos de estos pueblos habían abandonado sus lugares de origen debido a la catástrofe ecológica que puso fin a la cultura agrícola en el semidesierto del norte de Mesoamérica. Otros eran grupos nómadas de frontera que aprovecharon la situación de caos político dominante en el área nuclear mesoamericana. Además, algunos pobladores de Teotihuacan se refugiaron en antiguas poblaciones ribereñas del lago, como Azcapotzalco, Culhuacán, Chimalhuacán y Portezuelo.
Venidos del norte eran los chichimecas, pueblos de filiación náhuatl, que al mezclarse con la población originaria, dieron lugar a la cultura tolteca en el siglo IX. Su hegemonía no duraría más allá del siglo XI; cuando nuevos pueblos nahuas se establecieron en las orillas del lago de Texcoco. Ejemplo de ello es Tenayuca, una población en el noroeste del lago habitada por chichimecas. Los últimos en llegar fueron los mexica, que luego de merodear por la ribera de los lagos de Xaltocan, Texcoco y Xochimilco, finalmente se establecieron en el islote de México, donde fundaron Tenochtitlan, la capital del Estado militar más extenso que conoció Mesoamérica.

La mayor parte de los arqueólogos estudiosos del pasado prehispánico del valle de México convienen en que las chinampas son una innovación hidráulica que comenzó en el lago de Texcoco con la llegada de los pueblos chichimecas (siglo IX d. C.). Rojas Rabiela, basada en los trabajos arqueológicos de Ángel Palerm, propone que el período de mayor transformación del entorno lacustre comprende de los siglos XIV al XVI.13 Las chinampas –o jardines flotantes, como les llamaron los sorprendidos españoles que llegaron al valle en el siglo XVI–, son una técnica agrícola que permite ganar al lago mayores extensiones de campo cultivable.

Una chinampa era construida en los bajos del vaso lacustre. Se clavaban varias estacas de ahuejote que sujetaban un petate de tule, sobre el que se depositaba cieno del fondo de la laguna hasta que sobre el petate y entre las estacas quedara un montículo de tierra. Con el tiempo, las estacas producen retoños y raíces que ayudan a consolidar el suelo cultivable, de modo que se forma una isla artificial. La chinampa permitía una mayor eficiencia en la agricultura en comparación con otros sistemas de irrigación. Mientras en tierra firme se obtenían hasta dos cosechas al año, en la chinampería se obtenían –y se obtienen donde se continúan cultivando– varias más.

Tenochtitlan fue construida casi enteramente sobre chinampas. Su construcción alrededor del islote de México amplió la extensión de tierra disponible en medio del lago de Texcoco en diez veces. Pero la capital mexica era víctima de las crecidas periódicas del lago de Texcoco, además de que las aguas que la rodeaban eran poco benéficas para la agricultura. El asunto se resolvió por medio de la construcción de un dique.

México-Tenochtitlan, bajo el gobierno de Itzcóatl y el genio de Tlacaelel, conquistó a los altépetl de Mixcoac, Atlacohuayan (Tacubaya), Huitzillopochco (Churubusco), Xochimilco, Teotihuacan y Otompan en 1430, Coyohuacan Coyoacán en 1431, Míxquic en 1432, Cuitláhuac (Tláhuac) en 1433 y Cuauhnáhuac en 1439. Durante esta etapa se construyeron la calzada de Tepeyacac que unía a Tenochtitlan con la ribera norte del lago y los templos del Cihuacoatl y una ampliación adicional (etapa IV) del Templo Mayor dual a Huitzilopochtli y Tlaloc.

La acción más trascendente junto a la campaña militar contra Azcapotzalco fue la reforma religiosa mexica, impulsada por los tlamatinime mexicas encabezados por Tlacaelel. En ella realizó una destrucción de los repositorios de amoxtli (libros, códices), principalmente del tipo xiuhámatl, es decir, aquellos que consignaban hechos históricos del pasado mexica para crear una serie de conceptos cosmogónicos y cosmológicos sustentantes del origen mítico mexica (como la Leyenda de los Soles, la mayor parte de la teogonía mexica y el origen mítico de Aztlán) y como herederos de la toltecáyotl, es decir, de un linaje tolteca y de la toltequidad, la condensación de los avances civilizatorios mesoamericanos que incluían un lenguaje y discurso iconográfico homogéneo, arte, cultura y usos y costumbres heredados de los pueblos mesoamericanos del Altiplano y heredados de un núcleo religioso milenario. Entre lo reformado está también la promoción definitiva de la importancia sanguínea y del sacrificio humano para la existencia misma del universo (hecho que inició hacia el Epiclásico en las sociedades de Mesoamérica y de la vocación bélica de los mexicas.

Volviendo los mensajeros con la respuesta á los Mexicanos admitieron el sitio de buena gana, y así entraron en él. Comenzando á poblarse hallaron tantas malas sabandijas, que recibieron gran pena y temor, mas su ídolo les dio remedio para que las rindiesen y amansasen, y fuesen muy buen manjar para ellos, y así sé sustentaban de aquellas culebras y víboras, que les eran ya tan sabrosas que en breve dieron cabo dellas; hicieron en este lugar una muy buena población, con su templo, casería y sementeras muy bien labradas con que estaban ya muy contentos, y su gente en mucho aumento: a cabo de muchos días entendiendo los de Culhuacan que poco á poco se los habían consumido aquellas sabandijas, díjoles el Rey, “id y ved en que han parado los Mexicanos, y saluden de mi parte á los que hubieren quedado, y preguntales cómo les va en el sitio que se les dio.” Idos los mensajeros hallaron los Mexicanos muy alegres y contentos, con sus sementeras muy cultivadas y puestas en orden, hecho templo á su Dios y ellos en sus casas; los asadores y ollas llenas de culebras, dellas asadas y dellas cocidas. Dieron les los de Culhuiacan su embajada de parte del Rey y ellos teniéndolo en gran merced, respondieron el contento que tenían agradeciendo el bien que se les había hecho. Y pues tanta merced les hacia el Rey que le suplicaban les concediese dos cosas, que les diesen entrada y contratación en su ciudad, y consentimiento para que emparentasen los unos con los otros por vía de casamiento. Los mensajeros volvieron al Rey con las nuevas de la pujanza y multiplico de los Mexicanos, diciéndole lo que habían visto y lo que habían respondido; el Rey. y sus principales quedaron muy admirados de una cosa tan prodigiosa y nunca oída, y así cobraron de nuevo gran temor á los mexicanos diciendo el Rey á su gente, ‘yá os he dicho que esta gente es muy favorecida de su Dios, y gente mala y de malas mañas; dejales, no les hagan mal, que mientras no les enojares ellos estarán sosegados. Desde entonces comenzaron los Mexicanos á entrar en Culhuacan, y tratar y contratar libremente y á emparentar unos con otros tratándose como hermanos y parientes. Estando en esta paz y sosiego Huitzilopuchtli, Dios de los Mexicanos, viendo el poco provecho que se le seguía de sus intentos con tanta paz, dijo á sus viejos y ayos, “necesidad tenemos de buscar una mujer, la cual se ha de llamar la mujer de la discordia, y esta se ha de llamar mi agüela en el lugar donde hemos de ir á morar, porque no es este el sitio donde hemos de hacer nuestra habitación, mas atrás queda el asiento que os tengo prometido y es necesario que la ocasión de dejar este que agora habitamos sea con guerra y muerte y que empecemos á levantar nuestras armas, arcos, flechas, rodelas y espadas y demos á entender al mundo el valor de nuestras personas. Comenzad pues á apercibiros de las cosas necesarias para vuestra defensa y ofensa de nuestros enemigos, y búsquese luego medio para que salgamos deste lugar; y sea este que luego vais al Rey de Culhuacan, y le pidáis su hija para mi servicio, el qual luego ós la dará, y esta ha de ser la mujer de la discordia como adelante veréis.”

Los Mexicanos que siempre fueron obedientísimos á su Dios fueron luego al Rey de Culhuacan, y proponiendo su embajada viendo que le pedían la hija para Reina de los Mexicanos y abuela de su Dios, con cobdicía desto diosela sin dificultad; á la cual los Mexicanos llevaron con toda la honra posible con mucho contento y regocijo de ambas partes así de los Mexicanos como de los de Culhuacan, y puesta en su trono luego aquella noche habló el ídolo á sus ayos y sacerdotes diciéndoles, ‘ya os avisé que esta mujer habia de ser la de la discordia entre vosotros y los de Culhuacan, y para lo que yo tengo determinado se cumpla, matad esa moza y sacrificarla á mi nombre á la qual desde hoy tomo por mi madre: después de muerta degollarla heis toda y el cuero vestírselo á uno de los principales mancebos y encima vestirse de los demás vestidos mujeriles de la moza, y convidareis al Rey su padre que venga á hacer adoración á la diosa su hija y á ofrecerle sacrificio’ todo lo cual se puso por obra (y esta es la que después los mexicanos tuvieron por diosa que en el libro de los sacrificios se llama Toci que quiere decir nuestra agüela.) Llamaron luego al Rey su padre para que la viniese á adorar según el ídolo lo había mandado, aceptó el Rey el convite, y juntando sus principales y Señores les dijo que juntasen muchas ofrendas y presentes para ir á ofrecer á su hija que era ya Diosa de los Mexicanos; ellos teniéndolo por cosa muy justa, juntaron muchas y diversas cosas acostumbradas en sus ofrendas y sacrificios, y saliendo con todo este aparato con su Rey, vinieron al lugar de los Mexicanos, los cuales los recibieron y aposentaron lo mejor que pudieron, dándoles el parabién de su venida: después que hubieron descansado, metieron los mexicanos, el indio que estaba vestido con el cuero de la hija del Rey al aposento del ídolo Huitzilopuchtli, y poniéndolo á su lado, salieron á llamar al Rey de Culhuacan y padre de la moza, diciéndole ‘señor, si eres servido bien puedes entrar á ver á nuestro Dios y á la Diosa tu hija, y hacerles reverencia ofreciéndoles tus ofrendas.” El Rey teniéndolo por bien se levantó y entrando en el aposento del ídolo, comenzó á hazer grandes ceremonias, y á cortar las cabezas de muchas codornices y otras aves que habia llevado haziendo su sacrificio dellas, poniendo delante de los dioses muchos manjares, incienso y flores y otras cosas tocantes á sus sacrificios, y por estar la pieza obscura no via á quien ni delante de quien hazian aquellos sacrificios, hasta que tomando un brasero de lumbre en la mano según la industria que le dieron, echó encienso en él y comenzando á encensarse encendió de modo que la llama aclaró el lugar donde el ídolo y el cuero de su hija estaba, y reconociendo la crueldad tan grande, cobrando grandíssimo horror y espanto soltó de la mano el encensario y salió dando grandes vozes diziendo “aquí, aquí mis vasallos los de Culhuacan, contra una maldad tan grande como estos Mexicanos han cometido, que han muerto mi hija y desollándola vistieron el cuero á un mancebo á quien me han hecho adorar; mueran y sean destruidos los hombres tan malos y de tan crueles costumbres; no quede rastro ni memoria dellos; demos fin dellos, vasallos míos.”

Los Mexicanos viendo las voces que el Rey de Culhuacan daba y el alboroto en que á sus vasallos ponia, los quales echaban yá mano á las armas, los Mexicanos como gente que estaba ya sobre aviso, se retiraron metiéndose con SUS hijos y mujeres por l;i laguna ndentro, toniaiulo el agua por reparo contra los enemigos, pero los de Culhnacan dando aviso ea su ciudad salió toda la gente con mano armada y combatiendo á los Mejicanos los metieron tan adentro de la laguna, que casi perdian pid, por cuya causa las mujeres y niños levantaron gran llanto, mas no por esso los Mexicanos perdieron el ánimo, antes esforzííndose mas comenzaron á arrojar contra sus enemigos muchas varas arrojadizas como fisgas, con las quales los de Culhuacan rescibierou mucho detrimento dé suerte que se comenzaron á retirar, y así los Mexicanos comenzaron á salir de la laguna y á tornar á ganar tierra, yéndose á reparar á un lugar en la orilla de la laguna que se dize Ttztapalapan, y de allí…

Al final del Pleistoceno llovía abundantemente en el valle de México y la tierra era frondosa can abundante fauna de grandes animales. Debido a las sierras, los vientos húmedos del pacifico no llegan directamente tierra adentro y el patrón de lluvias depende de  sistemas meteorológicos de latitudes medias durante el invierno, y por sistemas tropicales en el verano. Hace unos 13,000 años el clima cambio bruscamente en lo que se conoce como el Dryas Reciente. El Dryas Reciente significó un rápido regreso a las condiciones glaciares en las latitudes más altas del Hemisferio Norte y Meso-América se volvió una tierra árida.

La desertificación y el complejo patrón climático orillo a los primeros habitantes de Meso-américa a uno de los mayores logros científico y tecnológico en la historia de la humanidad: Un sistema agrícola para el cultivo del maíz. Este sistema requería de una cultura con saber profundo en agronomía, botánica, genética, astronomía, matemáticas, educación, sistema de registro y escritura. El maíz en si es solo un componente de todo una estructura tecnológica y social, basada en cuidadosas observaciones astronómicas, climáticas, y agronomicas, de la cual el sofisticado sistema calendarico que se ha rescatado es un mero ejemplo.

El centro geográfico de origen y dispersión del maíz se ubica en el Municipio de Coxcatlán en el valle de Tehucán, Estado de Puebla, en la denominada Mesa Central de México a 2.500 m sobre el nivel del mar.

Los primeros humanos llegaron al Anáhuac aproximadamente hace 20 mil años, época en la que han sido fechados los descubrimientos en Tequixquiac, y más tardíamente en Tocuila y Tlapacoya.

Eventualmente, en el altiplano se desarrollo una sofisticada cultura urbana y agrícola a la que después lo mexicas referirían como Tollan y Teotihuacan. En la mitología mesoamericana, Tollan era la ciudad gobernada por Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada. Tollan está vinculada con otro lugar mítico, el Tamoanchan, una especie de paraíso. No debe confundirse la ciudad mítica con las ciudades terrenales de Tula, Cholula y Teotihuacan, todas ellas nombradas Tollan en virtud de ser grandes capitales. Según el mito, los habitantes de Tollan cultivaban algodón de colores, maíz de la mejor calidad y vivían en paz.

La agricultura se convirtió paulatinamente en la base de la economía de los pueblos del valle de México. La complejidad social de estas sociedades era variable, pero en las mayores de ellas se observa una acentuada diferenciación social. Durante el Preclásico Medio (1200-400 a. C.) alcanzaron su apogeo algunas de estas aldeas, como Tlatilco, Copilco y Cuicuilco. Los asentamientos correspondientes a esta época combinaron la agricultura con la explotación de los recursos del entorno lacustre, y muestran una mezcla de influencias culturales de inspiración olmeca y de las culturas de Occidente.

Cuicuilco se convirtió en el principal centro político, cultural y económico en el valle de México hacia el año 600 a. C. En su época de apogeo pudo tener alrededor de 22 mil habitantes, aunque algunos cálculos proponen una población de 40 mil personas. En este lugar se erigió la primera pirámide de Mesoamérica y se desarrolló el culto al dios del fuego, quizá por la cercanía y actividad volcánica del Xitle. Este volcán hizo erupción hacia el año 100 a. C., sepultando con lava Copilco y una parte de Cuicuilco. Existe controversia sobre la suerte de la población de este lugar. La población de Cuicuilco participó en la fundación de Teotihuacan, pero parece que las migraciones desde la ciudad al sur de los lagos comenzaron antes de la erupción del Xitle, probablemente a partir del momento en que tuvieron lugar los eventos que acompañan al vulcanismo.33 Es plausible que durante algunos años Cuicuilco haya sido contemporánea y rival de la naciente Teotihuacan, pero finalmente declinó y desapareció en un escenario incierto y en una fecha imprecisa entre el año 200 a. C. y el 200 d. C.

A partir del Preclásico Medio se desarrolló en el valle de Teotihuacan un pequeño grupo de aldeas dedicadas a la agricultura. Estas aldeas eran contemporáneas a Terremote Tlaltenco, Tlatilco y Cuicuilco, y su desarrollo corresponde a las fases Cuanalán y Tezoyuca ( 500-100 a. C.). Durante la fase Cuanalán se establecen las primeras aldeas en el valle de Teotihuacan que aprovecharon las condiciones del entorno para la práctica de la agricultura.

Con la salida de los grupos portadores de la cultura teotihuacana, en la cuenca de México se observa un reacomodo demográfico y la difusión de la cerámica de Coyotlatelco. Entre Azcapotzalco y Ecatepec se encuentra un grupo de poblaciones con ese tipo de cerámica que intervinó en su difusión hacia el valle de Toluca.66 Otro grupo corresponde a la cuenca de Chalco-Xochimilco. El tercero se concentra en torno a Portezuelo, que debió ser uno de los mayores asentamientos de la cuenca de México durante el Epiclásico (c. 650-900). Un último grupo Coyotlatelco corresponde al que permaneció en Teotihuacan, donde ocuparon los conjuntos residenciales arruinados. Tula, Cacaxtla, Cholula y Xochitécatl son puntos fuera de la cuenca de México donde también se ha encontrado cerámica Coyotlatelco, aunque en menor proporción.

Todos los pueblos del Anahuac llegaron del norte pero a tiempos distintos.

Los que llegaron primero se aculturaron y urbanizaron en la cultura del maíz. En el norte quedaron pueblos bárbaros. Nómadas sin ley ni dios, los chichimeca.

Conforme las ciudades crecían y los sabios eran desplazados por los políticos y oportunistas, sucesivas oleadas de chichimeca destruían y reconstruían la religión y cultura, incorporando a los dios teotihuacanos – deidades, urbanas y agrícolas, de la creación, la resurrección, el devenir, la dualidad, y la rueda infinita del tiempo – jehovas racisatas y terribles que sabían ganar batallas y destruir enemigos.

Después de la caída de Teotihuacan hacia el año 700, hubo en Mesoamérica varios siglos de tinieblas y cambió el índole de la civilización. ,Las ciudades sin fortificaciones y gobernadas por sabios sacerdotes se desmoronaron y dieron lugar a ciudades guerreras y a religiones más belicosas. Hacia el año 950 surge Tula, la capital de los Toltecas.

La historia de los Toltecas comienza con una leyenda que los describe como una tribu Chichimeca que viene del norte a principios del siglo X conducida por un rey llamado Miscoatl y que se establece en Culhuacán.

Chicomóztoc es el nombre del mítico lugar de origen de los aztecas mexicas, Tepanecas, Acolhuas, y otros pueblos de lengua náhuatl (o nahuas) de la región central de Mexico de Mesoamérica, en el periodo Postclásico.

Hay una asociación de Chicomoztoc con ciertas tradiciones relativas legendario Culhuacán (Colhuacan), un verdadero asentamiento prehispánico en el Valle de México, que se consideró que había sido una de las primeras y más preeminente de los asentamientos en el valle. Culhuacán ( “lugar de las personas con antepasados” es su significado literal en náhuatl clásico) fue visto como un lugar prestigioso y venerado por los aztecas / mexicas (que también denominan a sí mismos’ Culhua-mexica ‘).

Los toltecas (náhuatl: t?lt?cah; ‘[maestros] constructores’), fueron los miembros de una cultura precolombina que dominó la mayor parte del centro de México entre los siglos X y XII. Su lengua, el náhuatl, también fue hablado por los mexica. Mucho de lo que se conoce de los toltecas está envuelto en mitos.

Entre los pueblos nahuas de la época de la conquista, la palabra tolteca significaba alguien sabio que dominaba las artes y la palabra toltecayotl equivalía a lo que llamaríamos, alta cultura.

El lago de Texcoco formaba parte de un sistema de lagos, actualmente en proceso de desaparición,1 localizados al suroeste del valle de México, en el centro del Eje Neovolcánico que atraviesa el territorio nacional desde la costa del Pacífico.2 La historia que ha llevado a la desecación de buena parte de la superficie de las masas acuosas que formaban parte del sistema dio comienzo en la época prehispánica. Por aquella etapa de la historia, los indígenas construyeron islas artificiales en los bajos de la laguna, con el propósito de ganar tierras para el cultivo o, en el caso de México-Tenochtitlan, para construir poblados. 

La cuenca lacustre del valle de México estaba formada por los lagos de Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco. Ocasionalmente se habla de la laguna de México, pero ello sólo cuando se hace mención al período histórico en que los indígenas construyeron un dique entre la sierra de Guadalupe, al norte del lago de Texcoco, y el cerro de la Estrella, en el sur del mismo.

Una característica singular de este sistema de lagos era el carácter distinto de sus aguas. Mientras que los lagos de Xochimilco y Chalco estaban formados con aguas dulces, las aguas de Texcoco, Zumpango y Xaltocan eran salobres. De hecho, los antiguos pobladores de las riberas y los islotes de estos tres últimos lagos se dedicaban a la explotación de sal, que obtenían mediante la evaporación del agua del lago. De cualquier modo, el agua de los lagos del valle de México no era provechosa para la vida humana. Las aguas de los lagos de Texcoco, Zumpango y Xaltocan no eran potables por su alta salinidad y las aguas dulces de Xochimilco y Chalco no eran provechosas más que para la agricultura, pues los residuos de las plantas y animales que poblaban los ecosistemas asociados les daban mal sabor. Por ello, los pobladores de México-Tenochtitlan debieron introducir un sistema de abasto de agua potable para importar el líquido de los manantiales aledaños.

Las riberas del lago de Texcoco han sido ocupadas por lo menos desde hace unos 25 mil años, como demuestran los restos arqueológicos de Tlapacoya. Más recientes son los del Hombre de Tepexpan –que en realidad era mujer–, y de la mujer del Peñón. Estos datan de menos de 6 mil años AP. Los primeros habitantes de la ribera y los islotes se dedicaban a la cacería, recolección y pesca.

Luego de la consolidación de las sociedades agrícolas mesoamericanas, las riberas del lago de Texcoco se convirtieron en uno de los principales focos de desarrollo en el proceso civilizatorio de Mesoamérica.

Durante el horizonte preclásico (3000 a. C.–150 d. C.), el noroeste del lago fue el asiento de numerosos pueblos que recibieron influencia de las tradiciones cerámicas del occidente mesoamericano. Entre estos primeros establecimientos se encuentran Tlatilco, Zacatenco y El Arbolillo, que pertenecen al actual estado de México. Se ha propuesto como hipótesis que estos pueblos habrían pertenecido a la familia lingüística otomangueana, que por aquel tiempo debió ocupar extensas zonas del centro y sur de México. Por otro lado, en el oriente del lago, Chimalhuacán y Tlapacoya seguían siendo centros de población importantes, dedicados al cultivo del maíz.

A partir del siglo II d.C., la población de la cuenca comenzó a concentrarse en uno de los valles asociados al lago de Texcoco, para formar la que sería una de las más importantes metrópolis de Mesoamérica. Estamos hablando de Teotihuacan, ubicada al noreste del lago, dedicada a la agricultura y al comercio interregional. Teotihuacan fue una ciudad habitada por personas de distintos orígenes étnicos, y fue el corazón de la política, la economía y la cultura mesoamericana desde el siglo II hasta el siglo VIII, en que comenzó su proceso de decadencia.

Con la recesión teotihuacana, la cuenca del lago de Texcoco fue uno de los destinos principales de los grupos migrantes provenientes del norte de Mesoamérica. Algunos de estos pueblos habían abandonado sus lugares de origen debido a la catástrofe ecológica que puso fin a la cultura agrícola en el semidesierto del norte de Mesoamérica. Otros eran grupos nómadas de frontera que aprovecharon la situación de caos político dominante en el área nuclear mesoamericana. Además, algunos pobladores de Teotihuacan se refugiaron en antiguas poblaciones ribereñas del lago, como Azcapotzalco, Culhuacán, Chimalhuacán y Portezuelo.
Venidos del norte eran los chichimecas, pueblos de filiación náhuatl, que al mezclarse con la población originaria, dieron lugar a la cultura tolteca en el siglo IX. Su hegemonía no duraría más allá del siglo XI; cuando nuevos pueblos nahuas se establecieron en las orillas del lago de Texcoco. Ejemplo de ello es Tenayuca, una población en el noroeste del lago habitada por chichimecas. Los últimos en llegar fueron los mexica, que luego de merodear por la ribera de los lagos de Xaltocan, Texcoco y Xochimilco, finalmente se establecieron en el islote de México, donde fundaron Tenochtitlan, la capital del Estado militar más extenso que conoció Mesoamérica.

La mayor parte de los arqueólogos estudiosos del pasado prehispánico del valle de México convienen en que las chinampas son una innovación hidráulica que comenzó en el lago de Texcoco con la llegada de los pueblos chichimecas (siglo IX d. C.). Rojas Rabiela, basada en los trabajos arqueológicos de Ángel Palerm, propone que el período de mayor transformación del entorno lacustre comprende de los siglos XIV al XVI.13 Las chinampas –o jardines flotantes, como les llamaron los sorprendidos españoles que llegaron al valle en el siglo XVI–, son una técnica agrícola que permite ganar al lago mayores extensiones de campo cultivable.

Una chinampa era construida en los bajos del vaso lacustre. Se clavaban varias estacas de ahuejote que sujetaban un petate de tule, sobre el que se depositaba cieno del fondo de la laguna hasta que sobre el petate y entre las estacas quedara un montículo de tierra. Con el tiempo, las estacas producen retoños y raíces que ayudan a consolidar el suelo cultivable, de modo que se forma una isla artificial. La chinampa permitía una mayor eficiencia en la agricultura en comparación con otros sistemas de irrigación. Mientras en tierra firme se obtenían hasta dos cosechas al año, en la chinampería se obtenían –y se obtienen donde se continúan cultivando– varias más.

Tenochtitlan fue construida casi enteramente sobre chinampas. Su construcción alrededor del islote de México amplió la extensión de tierra disponible en medio del lago de Texcoco en diez veces. Pero la capital mexica era víctima de las crecidas periódicas del lago de Texcoco, además de que las aguas que la rodeaban eran poco benéficas para la agricultura. El asunto se resolvió por medio de la construcción de un dique.

México-Tenochtitlan, bajo el gobierno de Itzcóatl y el genio de Tlacaelel, conquistó a los altépetl de Mixcoac, Atlacohuayan (Tacubaya), Huitzillopochco (Churubusco), Xochimilco, Teotihuacan y Otompan en 1430, Coyohuacan Coyoacán en 1431, Míxquic en 1432, Cuitláhuac (Tláhuac) en 1433 y Cuauhnáhuac en 1439. Durante esta etapa se construyeron la calzada de Tepeyacac que unía a Tenochtitlan con la ribera norte del lago y los templos del Cihuacoatl y una ampliación adicional (etapa IV) del Templo Mayor dual a Huitzilopochtli y Tlaloc.

La acción más trascendente junto a la campaña militar contra Azcapotzalco fue la reforma religiosa mexica, impulsada por los tlamatinime mexicas encabezados por Tlacaelel. En ella realizó una destrucción de los repositorios de amoxtli (libros, códices), principalmente del tipo xiuhámatl, es decir, aquellos que consignaban hechos históricos del pasado mexica para crear una serie de conceptos cosmogónicos y cosmológicos sustentantes del origen mítico mexica (como la Leyenda de los Soles, la mayor parte de la teogonía mexica y el origen mítico de Aztlán) y como herederos de la toltecáyotl, es decir, de un linaje tolteca y de la toltequidad, la condensación de los avances civilizatorios mesoamericanos que incluían un lenguaje y discurso iconográfico homogéneo, arte, cultura y usos y costumbres heredados de los pueblos mesoamericanos del Altiplano y heredados de un núcleo religioso milenario. Entre lo reformado está también la promoción definitiva de la importancia sanguínea y del sacrificio humano para la existencia misma del universo (hecho que inició hacia el Epiclásico en las sociedades de Mesoamérica y de la vocación bélica de los mexicas.

Volviendo los mensajeros con la respuesta á los Mexicanos admitieron el sitio de buena gana, y así entraron en él. Comenzando á poblarse hallaron tantas malas sabandijas, que recibieron gran pena y temor, mas su ídolo les dio remedio para que las rindiesen y amansasen, y fuesen muy buen manjar para ellos, y así sé sustentaban de aquellas culebras y víboras, que les eran ya tan sabrosas que en breve dieron cabo dellas; hicieron en este lugar una muy buena población, con su templo, casería y sementeras muy bien labradas con que estaban ya muy contentos, y su gente en mucho aumento: a cabo de muchos días entendiendo los de Culhuacan que poco á poco se los habían consumido aquellas sabandijas, díjoles el Rey, “id y ved en que han parado los Mexicanos, y saluden de mi parte á los que hubieren quedado, y preguntales cómo les va en el sitio que se les dio.” Idos los mensajeros hallaron los Mexicanos muy alegres y contentos, con sus sementeras muy cultivadas y puestas en orden, hecho templo á su Dios y ellos en sus casas; los asadores y ollas llenas de culebras, dellas asadas y dellas cocidas. Dieron les los de Culhuiacan su embajada de parte del Rey y ellos teniéndolo en gran merced, respondieron el contento que tenían agradeciendo el bien que se les había hecho. Y pues tanta merced les hacia el Rey que le suplicaban les concediese dos cosas, que les diesen entrada y contratación en su ciudad, y consentimiento para que emparentasen los unos con los otros por vía de casamiento. Los mensajeros volvieron al Rey con las nuevas de la pujanza y multiplico de los Mexicanos, diciéndole lo que habían visto y lo que habían respondido; el Rey. y sus principales quedaron muy admirados de una cosa tan prodigiosa y nunca oída, y así cobraron de nuevo gran temor á los mexicanos diciendo el Rey á su gente, ‘yá os he dicho que esta gente es muy favorecida de su Dios, y gente mala y de malas mañas; dejales, no les hagan mal, que mientras no les enojares ellos estarán sosegados. Desde entonces comenzaron los Mexicanos á entrar en Culhuacan, y tratar y contratar libremente y á emparentar unos con otros tratándose como hermanos y parientes. Estando en esta paz y sosiego Huitzilopuchtli, Dios de los Mexicanos, viendo el poco provecho que se le seguía de sus intentos con tanta paz, dijo á sus viejos y ayos, “necesidad tenemos de buscar una mujer, la cual se ha de llamar la mujer de la discordia, y esta se ha de llamar mi agüela en el lugar donde hemos de ir á morar, porque no es este el sitio donde hemos de hacer nuestra habitación, mas atrás queda el asiento que os tengo prometido y es necesario que la ocasión de dejar este que agora habitamos sea con guerra y muerte y que empecemos á levantar nuestras armas, arcos, flechas, rodelas y espadas y demos á entender al mundo el valor de nuestras personas. Comenzad pues á apercibiros de las cosas necesarias para vuestra defensa y ofensa de nuestros enemigos, y búsquese luego medio para que salgamos deste lugar; y sea este que luego vais al Rey de Culhuacan, y le pidáis su hija para mi servicio, el qual luego ós la dará, y esta ha de ser la mujer de la discordia como adelante veréis.”

Los Mexicanos que siempre fueron obedientísimos á su Dios fueron luego al Rey de Culhuacan, y proponiendo su embajada viendo que le pedían la hija para Reina de los Mexicanos y abuela de su Dios, con cobdicía desto diosela sin dificultad; á la cual los Mexicanos llevaron con toda la honra posible con mucho contento y regocijo de ambas partes así de los Mexicanos como de los de Culhuacan, y puesta en su trono luego aquella noche habló el ídolo á sus ayos y sacerdotes diciéndoles, ‘ya os avisé que esta mujer habia de ser la de la discordia entre vosotros y los de Culhuacan, y para lo que yo tengo determinado se cumpla, matad esa moza y sacrificarla á mi nombre á la qual desde hoy tomo por mi madre: después de muerta degollarla heis toda y el cuero vestírselo á uno de los principales mancebos y encima vestirse de los demás vestidos mujeriles de la moza, y convidareis al Rey su padre que venga á hacer adoración á la diosa su hija y á ofrecerle sacrificio’ todo lo cual se puso por obra (y esta es la que después los mexicanos tuvieron por diosa que en el libro de los sacrificios se llama Toci que quiere decir nuestra agüela.) Llamaron luego al Rey su padre para que la viniese á adorar según el ídolo lo había mandado, aceptó el Rey el convite, y juntando sus principales y Señores les dijo que juntasen muchas ofrendas y presentes para ir á ofrecer á su hija que era ya Diosa de los Mexicanos; ellos teniéndolo por cosa muy justa, juntaron muchas y diversas cosas acostumbradas en sus ofrendas y sacrificios, y saliendo con todo este aparato con su Rey, vinieron al lugar de los Mexicanos, los cuales los recibieron y aposentaron lo mejor que pudieron, dándoles el parabién de su venida: después que hubieron descansado, metieron los mexicanos, el indio que estaba vestido con el cuero de la hija del Rey al aposento del ídolo Huitzilopuchtli, y poniéndolo á su lado, salieron á llamar al Rey de Culhuacan y padre de la moza, diciéndole ‘señor, si eres servido bien puedes entrar á ver á nuestro Dios y á la Diosa tu hija, y hacerles reverencia ofreciéndoles tus ofrendas.” El Rey teniéndolo por bien se levantó y entrando en el aposento del ídolo, comenzó á hazer grandes ceremonias, y á cortar las cabezas de muchas codornices y otras aves que habia llevado haziendo su sacrificio dellas, poniendo delante de los dioses muchos manjares, incienso y flores y otras cosas tocantes á sus sacrificios, y por estar la pieza obscura no via á quien ni delante de quien hazian aquellos sacrificios, hasta que tomando un brasero de lumbre en la mano según la industria que le dieron, echó encienso en él y comenzando á encensarse encendió de modo que la llama aclaró el lugar donde el ídolo y el cuero de su hija estaba, y reconociendo la crueldad tan grande, cobrando grandíssimo horror y espanto soltó de la mano el encensario y salió dando grandes vozes diziendo “aquí, aquí mis vasallos los de Culhuacan, contra una maldad tan grande como estos Mexicanos han cometido, que han muerto mi hija y desollándola vistieron el cuero á un mancebo á quien me han hecho adorar; mueran y sean destruidos los hombres tan malos y de tan crueles costumbres; no quede rastro ni memoria dellos; demos fin dellos, vasallos míos.”

Los Mexicanos viendo las voces que el Rey de Culhuacan daba y el alboroto en que á sus vasallos ponia, los quales echaban yá mano á las armas, los Mexicanos como gente que estaba ya sobre aviso, se retiraron metiéndose con SUS hijos y mujeres por l;i laguna ndentro, toniaiulo el agua por reparo contra los enemigos, pero los de Culhnacan dando aviso ea su ciudad salió toda la gente con mano armada y combatiendo á los Mejicanos los metieron tan adentro de la laguna, que casi perdian pid, por cuya causa las mujeres y niños levantaron gran llanto, mas no por esso los Mexicanos perdieron el ánimo, antes esforzííndose mas comenzaron á arrojar contra sus enemigos muchas varas arrojadizas como fisgas, con las quales los de Culhuacan rescibierou mucho detrimento dé suerte que se comenzaron á retirar, y así los Mexicanos comenzaron á salir de la laguna y á tornar á ganar tierra, yéndose á reparar á un lugar en la orilla de la laguna que se dize Ttztapalapan, y de allí…

Codex Magliabechiano

The Codex Magliabechiano is a pictorial Aztec codex created during the mid-16th century, in the early Spanish colonial period. It is representative of a set of codices known collectively as the Magliabechiano Group. Others in the group include the Codex … Continue reading

Click to view slideshow.

The Codex Magliabechiano is a pictorial Aztec codex created during the mid-16th century, in the early Spanish colonial period. It is representative of a set of codices known collectively as the Magliabechiano Group. Others in the group include the Codex Tudela and the Codex Ixtlilxochitl.

The Codex Magliabechiano is primarily a religious document. Its 92 pages are almost a glossary of cosmological and religious elements. They depict in turn the 20 day-names of the tonalpohualli the 18 monthly feasts, and the 52-year cycle. They also show various deities, indigenous religious rites, costumes, and cosmological beliefs.

 

Huitzilopochtli

HUITZILOPOCHTLI – (from huitzilin, “hummingbird,” and opochtli, “left”) was the Aztec sun and war god. The Aztecs believed that dead warriors came back to life as hummingbirds and that the south was the left side of the world. Huitzilopochtli’s name, … Continue reading

HUITZILOPOCHTLI – (from huitzilin, “hummingbird,” and opochtli, “left”) was the Aztec sun and war god.

The Aztecs believed that dead warriors came back to life as hummingbirds and that the south was the left side of the world. Huitzilopochtli’s name, therefore, meant the Warrior of the South brought back from the dead. His animal disguise, was the eagle.

Huitzilopochtli’s image, in the form of a hummingbird, was carried upon the shoulders of the priests when the Aztecs invaded, and at night his voice was heard giving orders.

Thus, according to Huitzilopochtli’s command, Tenochtitlan the Aztec capital, was founded in AD 1325 on a small rocky island in the lake of the Valley of Mexico. The god’s first shrine was built on a spot where priests found an eagle poised upon a rock and devouring a snake. Successive Aztec rulers enlarged the shrine until the year “Eight Reed” (1487), when an impressive temple was dedicated by the emperor Ahuitzotl.

Pictures of Huitzilopochtli usually show him as a hummingbird or as a warrior with armour and helmet made of humming bird feathers. His legs, arms and the lower part of his face were painted blue; the upper half of his face was black. He wore an elaborate feathered head dress and waved a round shield and a turquoise snake.

The Aztecs believed that the sun god needed daily “nourishment” (tlaxcaltiliztli) – that is, human blood and hearts – and that they, as the “people of the sun,” were required to provide the sun god with his victims. The sacrificial hearts were offered to the sun quauhtlehuanitl (“eagle who rises”) and burned in the quauhxicalli (“the eagle’s vase”).

Warriors who died in battle or on the sacrificial stone were called quauhteca (“the eagle’s people”).

It was believed that after their death the warriors first formed part of the sun’s brilliant retinue; then, after four years, they went to live forever in the bodies of hummingbirds.

Huitzilopochtli’s mother was Coatlicue, and his father was a ball of feathers (or, alternatively, Mixcoatl). His sister was Malinalxochitl, a beautiful sorceress, who was also his rival. His messenger or impersonator was Paynal.

In one of the recorded creation myths, Huitzilopochtli is one of the four sons of Ometeotl, and he made the first fire from which a half sun was created by Quetzalcoatl.

The legend of Huitzilopochtli is recorded in the Mexicayotl Chronicle. His sister, Coyolxauhqui, tried to kill their mother because she became pregnant in a shameful way (by a ball of feathers). Her offspring, Huitzilopochtli, learned of this plan while still in the womb, and before it was put into action, sprang from his mother’s womb fully grown and fully armed. He then killed his sister Coyolxauhqui and many of his 400 brothers. He tossed his sister’s head into the sky, where it became the moon, so that his mother would be comforted in seeing her daughter in the sky every night. He threw his other brothers and sisters into the sky, where they became the stars.[1]

Huitzilopochtli was a tribal god and a legendary wizard of the Aztecs. Originally he was of little importance to the Nahuas, but after the rise of the Aztecs, Tlacaelel reformed their religion and put Huitzilopochtli at the same level as Quetzalcoatl, Tlaloc, and Tezcatlipoca, making him a solar god. Through this, Huitzilopochtli replaced Nanahuatzin, the solar god from the Nahua legend. Huitzilopochtli was said to be in a constant struggle with the darkness and required nourishment in the form of sacrifices to ensure the sun would survive the cycle of 52 years, which was the basis of many Mesoamerican myths. While popular accounts claim it was necessary to have a daily sacrifice[citation needed], sacrifices were only done on festive days. There were 18 especially holy festive days, and only one of them was dedicated to Huitzilopochtli.

Every 52 years, the Nahuas feared the world would end as the other four creations of their legends had. Under Tlacaelel, Aztecs believed that they could give strength to Huitzilopochtli with human blood and thereby postpone the end of the world, at least for another 52 years.

The Great Temple of Tenochtitlan was dedicated to Huitzilopochtli and Tlaloc because they were considered equals in power. Sixteenth century Dominican Friar Diego Durán wrote, “These two gods were always meant to be together, since they were considered companions of equal power.” [2] The Templo Mayor actually consisted of a pyramidal platform, on top of which were twin temples. The left one was Huitzilopochtli’s, and the right one was Tlaloc‘s.

According to Miguel León-Portilla, in this new vision from Tlacaelel, the warriors that died in battle and women who died in childbirth would go to serve Huitzilopochtli in his palace (in the south, or left). From a description in the Florentine Codex, Huitzilopochtli was so bright that the warrior souls had to use their shields to protect their eyes. They could only see the god through the arrow holes in their shields, so it was the bravest warrior who could see him best. From time to time, those warriors could return to earth as butterflies or hummingbirds.

In his book “El Calendario Mexica y la Cronografia” by Rafael Tena and published by the National Institute of Anthropology and History of Mexico, the author gives the last day of the Nahuatl month Panquetzaliztli as the date of the celebration of the rebirth of the Lord Huitzilopochtli on top of Coatepec (Snake Hill); December 9th in the Julian Calendar or December the 19th in the Gregorian Calendar.

Boturini codex

Aztec codices are books written by pre-Columbian and colonial-era Aztecs. These codices provide some of the best primary sources for Aztec culture. The pre-Columbian codices differ from European codices in that they are largely pictorial; they were not meant to … Continue reading

Aztec codices are books written by pre-Columbian and colonial-era Aztecs. These codices provide some of the best primary sources for Aztec culture.

The pre-Columbian codices differ from European codices in that they are largely pictorial; they were not meant to symbolize spoken or written narratives.[1] The colonial era codices not only contain Aztec pictograms, but also Classical Nahuatl (in the Latin alphabet), Spanish, and occasionally Latin.

Although there are very few surviving pre-conquest codices, the tlacuilo (codex painter) tradition endured the transition to colonial culture; scholars now have access to a body of around 500 colonial-era codices.

According to the Madrid Codex, the fourth tlatoani Itzcoatl (ruling from 1427 (or 1428) to 1440) ordered the burning of all historical codices because it was “not wise that all the people should know the paintings”.[2] Among other purposes, this allowed the Aztec state to develop a state-sanctioned history and mythos that venerated Huitzilopochtli.

Click to view slideshow.

La Tira de la Peregrinación —también conocida como Códice Boturini— es uno de los llamados códices mexicas, probablemente elaborado en la primera mitad del siglo XVI. Se presume que puede ser una copia de un documento prehispánico original. Consta de veintiún láminas de papel amate, recubiertas de estuco. La temática del documento es la peregrinación de los mexicas desde su patria original, la mítica ciudad de Aztlán, que algunos autores localizan en el Occidente de México (más precisamente en Nayarit).

El Códice Boturini cuenta la historia desde que los mexicas salieron de Aztlán (Tierra de la blancura o Lugar de las garzas) hasta que llegaron al valle de México, donde fundaron su ciudad capital Tenochtitlan. Según la leyenda el dios principal de los mexicas, Huitzilopochtli (Colibrí Zurdo) les dijo que salieran de Aztlán en busca de una señal prometida, la cual era un águila posada sobre un nopal devorando una serpiente, y que en donde encontraran esa señal fundaran su ciudad. Al salir de Aztlán, lo hicieron acompañados de ocho grupos más. Algún tiempo después, los mexicas se separaron de estos pueblos, por órdenes de su dios, quien les dijo que a partir de ese momento tendrían que buscar el sitio prometido solos.

Tuvieron que pasar cientos de años hasta que los mexicas llegaron al valle de México; ahí encontraron su señal prometida y en un grupo de islotes que se encontraban en medio del lago de Texcoco fundaron Tenochtitlán. Es posible que el Tlatoani que gobernaba en ese tiempo, al llegar a la tierra prometida, reescribiera toda la historia acerca de su peregrinación y omitiera cierta información desde la salida hasta la llegada de su pueblo a la tierra prometida. Los aztecas tenían sacrificios y el códice cuenta con 20 imágenes y no está concluido.