Libertad y propaganda

“Niemand ist hoffnungsloser versklavt als jene, die fälschlicherweise glauben, frei zu sein.”

― Johann Wolfgang von Goethe

Johann Wolfgang von Goethe (28 de agosto de 1749-22 de marzo de 1832) era un escritor, filósofo, poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán.

Goethe pertenece a la última generación que vio el entorno como un todo cognoscible. El hombre del XVIII podía comprender el funcionamiento de sus aparatos domésticos y estar al tanto del último descubrimiento astronómico. Es por lo tanto la descripción precisa de las causas un caractersitica de su discurso.

Uno de los temas centrales de la obra de Goethe era la tensión entre la libertad del individuo y la fabrica social. Goethe busca el límite, corrosivo y fascinante, donde las decisiones individuales se desvían o revierten por la influencia de los otros. Para Goethe la libertad era un privilegio que había que ganar individualmente, decía Goethe: Sólo es digno de libertad quien sabe conquistarla cada día.

¿Cómo singularizar la experiencia en un ámbito donde las normas sociales y religiosas definen la conducta? Goethe defendió a ultranza la libertad individual pero alertó sobre sus excesos. En este empeño el diablo aparece como inesperado auxiliar de la sabiduría. En el «Prólogo en el cielo», de Fausto, la desaforada búsqueda de conocimientos suscita una curiosa alianza entre Dios y el diablo. El Creador explica: «el hombre se extravía siempre que, no satisfecho de lo que tiene, busca su felicidad fuera de los límites de lo posible.» Mefisto nos aconseja: Rompe con todo, sé libre, y averigua todo lo bueno de la buena vida. Mefistófeles simboliza a la sociedad para cuyos miembros resulta importante el bienestar personal, no el bien común.

La tensión dialéctica entre la realización individual y la cohesión social que preocupaba a Goethe se da en el contexto del trabajo de parto del sistema capitalista basado en la competencia individual y empresarial, en vez de la posesión de recursos y privilegios de casta obtenidos por derecho de nacimiento. Goethe nos dice con una intuición profética: Nadie es más esclavo que aquel que falsamente se cree libre. Esta frase representa a nuestra sociedad actual, donde los que gobiernan, mandan y deciden sobre la vida y el futuro de los demás mortales, sin respeto o consideración con el prójimo.

La propaganda se asocia en el discurso formal con regímenes autoritarios, pero es parte de la practica y vocación de todos los gobiernos. Estados Unidos, adalid de la democracia y la libertad, a desarrollado una tecnología de control de masas de gran sofisticación y eficiencia que se ha difundido por el mundo entero. Estos esquemas de control se apoyan en la creación de micro mundos, burbujas, esferas que otorgan seguridad y sentido de pertenencia al individuo y a las sociedades más desarrolladas. Es una desigualdad planificada (político-social-económica) en el mundo que genera división y conflicto. La seguridad o inseguridad se mide por comparación y se aplica según los intereses del Estado y el Capital.

Donde hay acumulación hay limitación, y por ende inseguridad y desconfianza en un mismo y en el prójimo. El hombre moderno sólo se siente libre en la ejecución de funciones primarias, como alimentarse o en la práctica sexual, porque para la massa damnata, su supervivencia está supeditada al trabajo asalariado, es decir, a una forma de trabajo impuesta, dependiente y sumisa que hace difícil hallar algún atisbo de libertad o creatividad en el trabajo que se desempeña.

El grado de manipulación o sumisión viene determinado por la asimilación y creencia que tiene cada individuo o colectivo de la propaganda que emana del Poder. En este contexto la propaganda determina la conciencia del sujeto o como dirían los marxistas, «el individuo es un producto de la sociedad.» Si la propaganda como tal no ejerciera el influjo sobre el hombre, dejaría de tener la relevancia para modificar el pensamiento y la conducta sobre la sociedad.

El pensamiento único o más bien unidimensional, se impone, asimila y adscribe y por la tanto se consiente, tolera y finalmente también se acaba ejerciendo como dogma de fe por parte del individuo y de la sociedad. Si no existiera una élite de poder, la propaganda dejaría de tener la relevancia que tiene en la actualidad para el individuo y la sociedad.

Por dar un ejemplo concreto de esta falta de libertad que se da en las sociedades democráticas es el hecho establecido que el ganador de un proceso electoral es el que más invierte en su campaña. Andrés Manuel López Obrador utiliza para promoción de su imagen millones de spots. Mientras más nos acercamos a los procesos electorales, más se ve la calamidad que es la ley electoral mexicana para quien quiere expresarse con libertad. Ciertamente hay consejeros electorales o magistrados que se exceden en la interpretación de la ley, pero es una ley que ellos no hicieron y que les toca aplicar. Es entonces cuando el criterio personal o la falta de éste genera acciones de corte persecutorio. El INE la emprendió contra Joaquín López-Dóriga, Javier Alatorre y otros periodistas porque hablaron mal del instituto. La cosa no pasó a mayores, pero el puro efecto de amedrentar la libertad de periodistas es francamente absurdo.

Entre las víctimas del terror del 11 de septiembre en Nueva York y Washington se encuentra la gran prensa estadounidense, en especial los noticieros de televisión comercial. Diezmadas por la autocensura, la caída económica y el deber de informar patrióticamente, las cadenas privadas de noticias angloamericanas están lejos de ser el “Quinto Poder” que soñaron ser antes de perder su rumbo en el último cuarto del siglo XX. Televidentes con experiencia ratifican a diario cómo el periodismo audiovisual de la Guerra Fría, a pesar del provincialismo y el oligopolio de la época, enfrentó con decisión y relativa independencia los retos del Macartismo, de la era espacial, del asesinato del presidente Kennedy, y de las revueltas por derechos civiles o contra la guerra del Vietnam. Lamentablemente, los noticieros comerciales de la actual globalización y la lucha contra el terrorismo en Estados Unidos tienen poco que ver con la televisión de la edad dorada.

Edward R. Murrow, el gran comentarista del entonces nuevo medio de la televisión creía por ejemplo que los programas noticiosos desperdiciaban la Primera Enmienda si no promovían un debate libre y vigoroso, con escenarios abiertos, con una práctica de obtener noticias independientemente, y con una actitud crítica hacia los asuntos públicos. Desilusionado, no tuvo más alternativa que renunciar, acusando a las cadenas de una comercialización y una sed de ratings que acabaría por asfixiar al periodismo audiovisual.

Murrow, con increíble precisión, adivinó la suerte del periodismo actual por televisión hace cuarenta años. El replanteamiento, puramente mercantil y tecnológico del viejo precepto del libre mercado de las ideas, empujó a las cadenas privadas en los años ochenta a concentrarse casi exclusivamente en la rentabilidad. Atemorizadas por la competencia interna (Fox Network), la televisión por cable (CNN), el satélite y otros sistemas, la industria de la televisión comercial adoptó una evidente actitud prorrégimen al lado de los grandes intereses del gobierno o del mundo empresarial, según le favoreciera. Envueltas en un torbellino de fusiones, con alianzas comerciales que para mediados de 1990 ya alcanzaban los 375 mil millones de dólares al año en Estados Unidos, las cadenas de TV comerciales buscaron asegurar o establecer lazos rentables con los consorcios transnacionales.

La tendencia a la megaempresa y la concentración, aun con la diversidad por el ingreso de nuevas tecnologías y canales, hundió a los noticieros en un festín de inversiones e intereses cada vez más opuestos a la “objetividad” y la libertad de prensa. Para fines del siglo XX, la industria de la noticia por televisión comercial en Estados Unidos era un negocio de dura competencia entre la CNN, subsidiaria del poderoso conglomerado AOL-Time Warner, y las cuatro grandes redes al aire con sus respectivas casas matrices: NBC-General Electric, Fox-News Corporation, CBS-Viacom, y ABC-Disney. Las semi cadenas UPN y WB ya habían caído también en manos de los conglomerados, mientras que las hispanas, Univisión y Telemundo, jugaban un papel muy marginal.

Una ideología es un conjunto de valores, creencias, en parte falsas, opiniones, actitudes, compartido en diversa medida por los miembros de una clase social, un grupo de interés, una élite, una profesión, un partido, que tiene la función principal de describir, explicar y sobre todo justificar para sí y para los demás la posición o el estatus presente o bien las acciones dirigidas a mejorarlo. Es decir, una ideología es portadora de una función política ya sea conservando o subvirtiendo los valores de determinado orden social.

En síntesis, la ideología refiere al mundo de las ideas, y como tal, su origen (el del propio concepto de idea) arrastra una ambigüedad entre lo que es y lo que es percibido, lo que la visión genera/construye a partir de la realidad que mira. La ambivalencia entre la verdad y la negación de esta alcanzó desde el marxismo su expresión más acabada. La gran dificultad que presenta ese enfoque es que supone la existencia de una verdad no ideológica, de un acceso a la realidad que no está mediado por lo simbólico, o que dicha mediación puede ser aséptica, pura. Entre los abordajes actuales predomina una concepción de la ideología que no la reduce a la distorsión intencionada y manipuladora de la realidad -que por supuesto sabemos que existe-, sino que acepta que las ideas, los sistemas de creencias desde los que vemos el mundo difícilmente -imposiblemente- puedan ver la realidad tal cual es, por lo que lo ideológico estaría presente en todo visón del mundo, ya sea su intención de conservarlo o subvertirlo.
Las creencias ideológicas son las grupales, aquellas que remiten a los intereses específicos de un grupo al interior de un conjunto social más amplio compuesto por otros grupos en conflicto -o al menos en competencia. Desde esta idea, las creencias grupales se distinguen de las culturales, es decir, de aquellas que constituyen la base común compartida por un conjunto de grupos sociales. En una sociedad en la que una gran mayoría es católica, las creencias religiosas (el catolicismo) tienden a pasar de ser creencias ideológicas para constituirse en creencias culturales.
Sintéticamente, la ideología aparece como la base (por ser generales y abstractas) de creencias compartidas por un grupo.
Las ideologías no son «verdaderas» o «falsas», o más precisamente, que no pueden definirse en términos de verdad o falsedad. Esto no significa que no se pueda constatar que determinados supuestos de una ideología son verdaderos o falsos: las creencias de los racistas sobre los negros, las de los machistas sobre las mujeres o las de los ecologistas sobre los niveles de polución existentes. Lo que quiere destacar es que «las ideologías representan la posibilidad partidista de verdad ‘auto servida’ de un grupo social».
Las ideologías no se limitan a los grandes ismos, sino que incluyen los «axiomas básicos implícitos en la teoría social que tiene un grupo sobre sí mismo y sobre su posición en la sociedad.» Tampoco tienen un poder determinante sobre las producciones del discurso, sino que presentan manifestaciones contextuales variables, sujetas a la influencia de otros factores sociales, sociocognitivos y personales. Por último, más allá de sus manifestaciones, las ideologías son generales y abstractas, lo que se observa en las similitudes de las acciones y discursos de los miembros de un grupo independientemente del contexto específico del que se trate.
Las ideologías son marcos básicos de cognición social, son compartidas por miembros de grupos sociales, están constituidas por selecciones de valores socioculturales relevantes, y se organizan mediante esquemas ideológicos que representan la autodefinición de un grupo. Además de su función social de sostener los intereses de los grupos, las ideologías tienen la función cognitiva de organizar las representaciones (actitudes, conocimientos) sociales del grupo, y así monitorizar indirectamente las prácticas sociales grupales, y por lo tanto también el texto y el habla de sus miembros.
Las ideologías son inherentes a la constitución de los grupos sociales, es decir, al establecimiento entre el ellos y el nosotros.

Un primer paso para la definición de las identidades políticas puede ser pensarlas como un conjunto de representaciones sociales construidas y compartidas por los miembros de una organización política, que operan en la dinámica política y actúan (se activan y monitorean) en las prácticas políticas. Estas representaciones se apoyan a su vez en una base axiomática compartida que permite un lenguaje común por encima de las diferencias que puedan surgir en la práctica política cotidiana. En este sentido, lo ideológico funciona como un sustrato que resulta imprescindible para que la suerte del grupo en cuestión no quede librada sólo a la disputa identitaria, más dinámica e inestable.
La concentración de la información y del acceso a la información en empresas como Google y Facebook permite un control bastante efectivo de la creación y gestión de identidades e ideologías grupales.
Los motores de búsqueda en Internet empezaron siendo una especie de índice temático de sitios web. Hoy, en todo el mundo, googlear algo es prácticamente universalmente aceptado como una frase. Como marca y oferta de servicios, Google es casi insustituible en la vida cotidiana de las personas. Lo que alguna vez fue solo un directorio de sitios web es actualmente una conciencia humana colectiva.
La información que almacena, y el acceso las masas del mundo, le da a Google el poder de manipular la identidad social y las premisas ideológicas de los individuos. Es decir, de cómo percibimos la realidad en lo colectivo, y últimamente, en lo individual. Los metadatos de búsqueda de cada usuario le permiten a Google crear un perfil detallado del usuario, y por lo tanto la capacidad de predecir, y en última instancia manipular, con precisión cómo reacciona el individuo a una campaña propagandística.

El modelo de negocio que respalda a estas corporaciones masivas es la mercadotecnia masiva por Internet Las empresas pagan por ajustar los motores de búsqueda para encontrar clientes y generar ventas. Google puede evaluar la intención de compra, las necesidades de los consumidores y los hábitos de los usuarios, permitiéndole perfilar a los usuarios y ofrecer a sus clientes corporativos un producto mercadológico eficiente y efectivo. Las empresas que pagan por el acceso a estos usuarios son sus consumidores finales, los usuarios de los motores de búsqueda, el producto y servicio.

A medida que crecen los motores de búsqueda y las redes sociales, empresas como Google y Facebook se encuentran con bases de datos cada vez más extensas. Con su negocio, está claro que sus usuarios están aprovechando sus productos. El debate sobre el valor de los servicios gratuitos prevé la pérdida de privacidad a cambio de la conveniencia sociales sigue enfureciéndose. Es un gran problema la acumulación de poder de estas empresas acumuladoras de datos, poder que trasciende su base de usuarios formales y ya se extiende a las actividades del publico en general, inclusive fuera de Internet.

En primer lugar, es completamente discrecional que limites morales o éticos se aplica a las acciones de estas empresas. El usuario individual no tiene los recursos para defenderse de prácticas cuestionables, que en cualquier caso, no entiende o ni siquiera conoce.

Los motores de búsqueda y las redes sociales afectan la opinión pública, las ideologías, y decisiones políticas de alto impactanto. 

La Comisión Europea presentó recientemente una declaración de objeciones contra Google. La Oficina de Competencia de Canadá continúa realizando su propia revisión. Si bien los detalles precisos de las objeciones de las CE no son públicos, sabemos que después de que la FTC cerró su caso con Google, muchos denunciantes argumentan que Google está abusando de su poder y que no les está enviando suficiente tráfico.

¿Es un motor de búsqueda un cancerbero? Se puede alegar que los consumidores tienen muchas formas de navegar por la Web, pueden visitar directamente sus sitios web favoritos, participar en redes sociales, o pasar el tiempo dentro de las aplicaciones móviles. Pero la tecnología está cada vez más arraigada en la vida ocupada de las personas, que buscan respuestas rápidas y recomendaciones confiables, utilizando la configuración de default de sus teléfonos inteligentes. Este tipo de beneficio se ha extendido a áreas como las compras en línea. Con Google o los sitios de la competencia, los usuarios pueden hacer clic en numerosos enlaces y buscar diferentes sitios, luego hacer clic directamente en el comerciante. Y hoy, la mayoría de los compradores en línea van a sitios como Amazon, eBay o sus contrapartes como Allegro y Zalando de Europa o RedFlagDeals de Canadá, sin pasar por alto los motores de búsqueda tradicionales.

Ya sea por iniciativa deGoogle mismo, o por la aplicación de un régimen regulatorio gubernamental, la información proporcionada en Internet esta filtrada por consideraciones ideológicas, políticas, y comerciales. Esto socaba la dinámica democrática, que supuestamente esta sustentada en un público racional e informado, con la elección de opciones sustancialmente diferentes.

Aunque existen diferencias entre centros de poder regionales como Europa, Rusia, China, y Estados Unidos, en muchas formas existe una elite de poder transnacional que trasciende y manipula los centros regionales de poder político. Los resultados de los motores de búsqueda influyen en la visibilidad de diferentes puntos de vista en los debates políticos, culturales y científicos. Tratar los motores de búsqueda como productos editoriales, con sesgos intrínsecos, permite comprender la estructura de los flujos de información en los nuevos medios.

Lejos de ser agregadores neutrales de información, los motores de búsqueda crean una infraestructura de información con características y sesgos específicos.

Paralelamente a la aparición de estos nuevos guardianes de la información global, la producción y difusión del contenido de los medios también ha cambiado drásticamente.

Por otro lado, las reducidas barreras de entrada para la publicación en línea y la explosión de blogs, foros y redes sociales proporciona un territorio abierto para los productores de contenidos alternos, cuyas narrativas han encontrado nuevas audiencias. Los motores de búsqueda son los nuevos medios de comunicación capaces de dar forma al discurso público. Como lo demuestra el auge del campo de optimización de motores de búsqueda (SEO), los motores de búsqueda son un factor decisivo en la formación de la opinión publica.

Los motores de búsqueda pueden empoderar a grupos con ideas no convencionales, o reforzar la posición dominante de los poderosos. Organizan y sirven arbitrariamente contenido, al tiempo que afirman que adoptan criterios «objetivos» de relevancia, muestran grados preocupantes de concentración y falta de transparencia. Además, los motores de búsqueda favorecen la popularidad sobre la confiabilidad y la credibilidad, y presentan sesgos de cobertura geográfica, mientras que suprimen temas controvertidos. En principio, proporcionan nuevas plataformas a grupos marginales, pero los viejos medios siguen siendo dominantes. En principio, el sesgo de los motores de búsqueda es intrínseco a la optimización de los resultados, y que la personalización de la búsqueda mitigará los aspectos negativos de la hegemonía de los motores, en la práctica los algoritmos de búsqueda son manipulados por consideraciones ideológicas, políticas, y comerciales.

La credibilidad de los resultados de búsqueda desempeña un papel crucial en la formación de opinión y, sin embargo, permanece en gran medida sin examinar. Al usar motores de búsqueda, los usuarios están propensos a muchos sesgos subconscientes, que influyen en gran medida en el procesamiento y la percepción de la información. Las investigaciones experimentales sugieren que los usuarios tienden a confiar en la clasificación de los motores de búsqueda de una manera sorprendentemente acrítica.

En resumen, el acceso a la información esta cada vez mas controlado y centralizado, lo que permite manipular la opinión publica de una manera cada vez mas efectiva, afectando la percepción de la realidad mediante filtros ideológicos que deforman la percepción social de la realidad. Por ejemplo, el tema de la afectación ambiental de la activad humana esta politizado, lo que compromete, al inhibir la toma de soluciones adecuadas, la viabilidad a mediano y largo plazo de la humanidad misma.

“Niemand ist hoffnungsloser versklavt als jene, die fälschlicherweise glauben, frei zu sein.”




“Niemand ist hoffnungsloser versklavt als jene, die fälschlicherweise glauben, frei zu sein.”

? Johann Wolfgang von Goethe

Johann Wolfgang von Goethe (28 de agosto de 1749-22 de marzo de 1832) era un escritor, filósofo, poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán.

Goethe pertenece a la última generación que vio el entorno como un todo cognoscible. El hombre del XVIII podía comprender el funcionamiento de sus aparatos domésticos y estar al tanto del último descubrimiento astronómico. Es por lo tanto la descripción precisa de las causas un caractersitica de su discurso.

Uno de los temas centrales de la obra de Goethe era la tensión entre la libertad del individuo y la fabrica social. Goethe busca el límite, corrosivo y fascinante, donde las decisiones individuales se desvían o revierten por la influencia de los otros. Para Goethe la libertad era un privilegio que había que ganar individualmente, decía Goethe: Sólo es digno de libertad quien sabe conquistarla cada día.

¿Cómo singularizar la experiencia en un ámbito donde las normas sociales y religiosas definen la conducta? Goethe defendió a ultranza la libertad individual pero alertó sobre sus excesos. En este empeño el diablo aparece como inesperado auxiliar de la sabiduría. En el "Prólogo en el cielo", de Fausto, la desaforada búsqueda de conocimientos suscita una curiosa alianza entre Dios y el diablo. El Creador explica: "el hombre se extravía siempre que, no satisfecho de lo que tiene, busca su felicidad fuera de los límites de lo posible." Mefisto nos aconseja: Rompe con todo, sé libre, y averigua todo lo bueno de la buena vida. Mefistófeles simboliza a la sociedad para cuyos miembros resulta importante el bienestar personal, no el bien común.

La tensión dialéctica entre la realización individual y la cohesión social que preocupaba a Goethe se da en el contexto del trabajo de parto del sistema capitalista basado en la competencia individual y empresarial, en vez de la posesión de recursos y privilegios de casta obtenidos por derecho de nacimiento. Goethe nos dice con una intuición profética: Nadie es más esclavo que aquel que falsamente se cree libre. Esta frase representa a nuestra sociedad actual, donde los que gobiernan, mandan y deciden sobre la vida y el futuro de los demás mortales, sin respeto o consideración con el prójimo.

La propaganda se asocia en el discurso formal con regímenes autoritarios, pero es parte de la practica y vocación de todos los gobiernos. Estados Unidos, adalid de la democracia y la libertad, a desarrollado una tecnología de control de masas de gran sofisticación y eficiencia que se ha difundido por el mundo entero. Estos esquemas de control se apoyan en la creación de micro mundos, burbujas, esferas que otorgan seguridad y sentido de pertenencia al individuo y a las sociedades más desarrolladas. Es una desigualdad planificada (político-social-económica) en el mundo que genera división y conflicto. La seguridad o inseguridad se mide por comparación y se aplica según los intereses del Estado y el Capital.

Donde hay acumulación hay limitación, y por ende inseguridad y desconfianza en un mismo y en el prójimo. El hombre moderno sólo se siente libre en la ejecución de funciones primarias, como alimentarse o en la práctica sexual, porque para la massa damnata, su supervivencia está supeditada al trabajo asalariado, es decir, a una forma de trabajo impuesta, dependiente y sumisa que hace difícil hallar algún atisbo de libertad o creatividad en el trabajo que se desempeña.

El grado de manipulación o sumisión viene determinado por la asimilación y creencia que tiene cada individuo o colectivo de la propaganda que emana del Poder. En este contexto la propaganda determina la conciencia del sujeto o como dirían los marxistas, "el individuo es un producto de la sociedad." Si la propaganda como tal no ejerciera el influjo sobre el hombre, dejaría de tener la relevancia para modificar el pensamiento y la conducta sobre la sociedad.

El pensamiento único o más bien unidimensional, se impone, asimila y adscribe y por la tanto se consiente, tolera y finalmente también se acaba ejerciendo como dogma de fe por parte del individuo y de la sociedad. Si no existiera una élite de poder, la propaganda dejaría de tener la relevancia que tiene en la actualidad para el individuo y la sociedad.

Por dar un ejemplo concreto de esta falta de libertad que se da en las sociedades democráticas es el hecho establecido que el ganador de un proceso electoral es el que más invierte en su campaña. Andrés Manuel López Obrador utiliza para promoción de su imagen millones de spots. Mientras más nos acercamos a los procesos electorales, más se ve la calamidad que es la ley electoral mexicana para quien quiere expresarse con libertad. Ciertamente hay consejeros electorales o magistrados que se exceden en la interpretación de la ley, pero es una ley que ellos no hicieron y que les toca aplicar. Es entonces cuando el criterio personal o la falta de éste genera acciones de corte persecutorio. El INE la emprendió contra Joaquín López-Dóriga, Javier Alatorre y otros periodistas porque hablaron mal del instituto. La cosa no pasó a mayores, pero el puro efecto de amedrentar la libertad de periodistas es francamente absurdo.


Entre las víctimas del terror del 11 de septiembre en Nueva York y Washington se encuentra la gran prensa estadounidense, en especial los noticieros de televisión comercial. Diezmadas por la autocensura, la caída económica y el deber de informar patrióticamente, las cadenas privadas de noticias angloamericanas están lejos de ser el “Quinto Poder” que soñaron ser antes de perder su rumbo en el último cuarto del siglo XX. Televidentes con experiencia ratifican a diario cómo el periodismo audiovisual de la Guerra Fría, a pesar del provincialismo y el oligopolio de la época, enfrentó con decisión y relativa independencia los retos del Macartismo, de la era espacial, del asesinato del presidente Kennedy, y de las revueltas por derechos civiles o contra la guerra del Vietnam. Lamentablemente, los noticieros comerciales de la actual globalización y la lucha contra el terrorismo en Estados Unidos tienen poco que ver con la televisión de la edad dorada.

Edward R. Murrow, el gran comentarista del entonces nuevo medio de la televisión creía por ejemplo que los programas noticiosos desperdiciaban la Primera Enmienda si no promovían un debate libre y vigoroso, con escenarios abiertos, con una práctica de obtener noticias independientemente, y con una actitud crítica hacia los asuntos públicos. Desilusionado, no tuvo más alternativa que renunciar, acusando a las cadenas de una comercialización y una sed de ratings que acabaría por asfixiar al periodismo audiovisual.

Murrow, con increíble precisión, adivinó la suerte del periodismo actual por televisión hace cuarenta años. El replanteamiento, puramente mercantil y tecnológico del viejo precepto del libre mercado de las ideas, empujó a las cadenas privadas en los años ochenta a concentrarse casi exclusivamente en la rentabilidad. Atemorizadas por la competencia interna (Fox Network), la televisión por cable (CNN), el satélite y otros sistemas, la industria de la televisión comercial adoptó una evidente actitud prorrégimen al lado de los grandes intereses del gobierno o del mundo empresarial, según le favoreciera. Envueltas en un torbellino de fusiones, con alianzas comerciales que para mediados de 1990 ya alcanzaban los 375 mil millones de dólares al año en Estados Unidos, las cadenas de TV comerciales buscaron asegurar o establecer lazos rentables con los consorcios transnacionales.

La tendencia a la megaempresa y la concentración, aun con la diversidad por el ingreso de nuevas tecnologías y canales, hundió a los noticieros en un festín de inversiones e intereses cada vez más opuestos a la “objetividad” y la libertad de prensa. Para fines del siglo XX, la industria de la noticia por televisión comercial en Estados Unidos era un negocio de dura competencia entre la CNN, subsidiaria del poderoso conglomerado AOL-Time Warner, y las cuatro grandes redes al aire con sus respectivas casas matrices: NBC-General Electric, Fox-News Corporation, CBS-Viacom, y ABC-Disney. Las semi cadenas UPN y WB ya habían caído también en manos de los conglomerados, mientras que las hispanas, Univisión y Telemundo, jugaban un papel muy marginal.

Una ideología es un conjunto de valores, creencias, en parte falsas, opiniones, actitudes, compartido en diversa medida por los miembros de una clase social, un grupo de interés, una élite, una profesión, un partido, que tiene la función principal de describir, explicar y sobre todo justificar para sí y para los demás la posición o el estatus presente o bien las acciones dirigidas a mejorarlo. Es decir, una ideología es portadora de una función política ya sea conservando o subvirtiendo los valores de determinado orden social.

En síntesis, la ideología refiere al mundo de las ideas, y como tal, su origen (el del propio concepto de idea) arrastra una ambigüedad entre lo que es y lo que es percibido, lo que la visión genera/construye a partir de la realidad que mira. La ambivalencia entre la verdad y la negación de esta alcanzó desde el marxismo su expresión más acabada. La gran dificultad que presenta ese enfoque es que supone la existencia de una verdad no ideológica, de un acceso a la realidad que no está mediado por lo simbólico, o que dicha mediación puede ser aséptica, pura. Entre los abordajes actuales predomina una concepción de la ideología que no la reduce a la distorsión intencionada y manipuladora de la realidad -que por supuesto sabemos que existe-, sino que acepta que las ideas, los sistemas de creencias desde los que vemos el mundo difícilmente -imposiblemente- puedan ver la realidad tal cual es, por lo que lo ideológico estaría presente en todo visón del mundo, ya sea su intención de conservarlo o subvertirlo.
Las creencias ideológicas son las grupales, aquellas que remiten a los intereses específicos de un grupo al interior de un conjunto social más amplio compuesto por otros grupos en conflicto -o al menos en competencia. Desde esta idea, las creencias grupales se distinguen de las culturales, es decir, de aquellas que constituyen la base común compartida por un conjunto de grupos sociales. En una sociedad en la que una gran mayoría es católica, las creencias religiosas (el catolicismo) tienden a pasar de ser creencias ideológicas para constituirse en creencias culturales.
Sintéticamente, la ideología aparece como la base (por ser generales y abstractas) de creencias compartidas por un grupo.
Las ideologías no son "verdaderas" o "falsas", o más precisamente, que no pueden definirse en términos de verdad o falsedad. Esto no significa que no se pueda constatar que determinados supuestos de una ideología son verdaderos o falsos: las creencias de los racistas sobre los negros, las de los machistas sobre las mujeres o las de los ecologistas sobre los niveles de polución existentes. Lo que quiere destacar es que "las ideologías representan la posibilidad partidista de verdad 'auto servida' de un grupo social".
Las ideologías no se limitan a los grandes ismos, sino que incluyen los "axiomas básicos implícitos en la teoría social que tiene un grupo sobre sí mismo y sobre su posición en la sociedad." Tampoco tienen un poder determinante sobre las producciones del discurso, sino que presentan manifestaciones contextuales variables, sujetas a la influencia de otros factores sociales, sociocognitivos y personales. Por último, más allá de sus manifestaciones, las ideologías son generales y abstractas, lo que se observa en las similitudes de las acciones y discursos de los miembros de un grupo independientemente del contexto específico del que se trate.
Las ideologías son marcos básicos de cognición social, son compartidas por miembros de grupos sociales, están constituidas por selecciones de valores socioculturales relevantes, y se organizan mediante esquemas ideológicos que representan la autodefinición de un grupo. Además de su función social de sostener los intereses de los grupos, las ideologías tienen la función cognitiva de organizar las representaciones (actitudes, conocimientos) sociales del grupo, y así monitorizar indirectamente las prácticas sociales grupales, y por lo tanto también el texto y el habla de sus miembros.
Las ideologías son inherentes a la constitución de los grupos sociales, es decir, al establecimiento entre el ellos y el nosotros.

Un primer paso para la definición de las identidades políticas puede ser pensarlas como un conjunto de representaciones sociales construidas y compartidas por los miembros de una organización política, que operan en la dinámica política y actúan (se activan y monitorean) en las prácticas políticas. Estas representaciones se apoyan a su vez en una base axiomática compartida que permite un lenguaje común por encima de las diferencias que puedan surgir en la práctica política cotidiana. En este sentido, lo ideológico funciona como un sustrato que resulta imprescindible para que la suerte del grupo en cuestión no quede librada sólo a la disputa identitaria, más dinámica e inestable.
La concentración de la información y del acceso a la información en empresas como Google y Facebook permite un control bastante efectivo de la creación y gestión de identidades e ideologías grupales.
Los motores de búsqueda en Internet empezaron siendo una especie de índice temático de sitios web. Hoy, en todo el mundo, googlear algo es prácticamente universalmente aceptado como una frase. Como marca y oferta de servicios, Google es casi insustituible en la vida cotidiana de las personas. Lo que alguna vez fue solo un directorio de sitios web es actualmente una conciencia humana colectiva.
La información que almacena, y el acceso las masas del mundo, le da a Google el poder de manipular la identidad social y las premisas ideológicas de los individuos. Es decir, de cómo percibimos la realidad en lo colectivo, y últimamente, en lo individual. Los metadatos de búsqueda de cada usuario le permiten a Google crear un perfil detallado del usuario, y por lo tanto la capacidad de predecir, y en última instancia manipular, con precisión cómo reacciona el individuo a una campaña propagandística.

El modelo de negocio que respalda a estas corporaciones masivas es la mercadotecnia masiva por Internet Las empresas pagan por ajustar los motores de búsqueda para encontrar clientes y generar ventas. Google puede evaluar la intención de compra, las necesidades de los consumidores y los hábitos de los usuarios, permitiéndole perfilar a los usuarios y ofrecer a sus clientes corporativos un producto mercadológico eficiente y efectivo. Las empresas que pagan por el acceso a estos usuarios son sus consumidores finales, los usuarios de los motores de búsqueda, el producto y servicio.

A medida que crecen los motores de búsqueda y las redes sociales, empresas como Google y Facebook se encuentran con bases de datos cada vez más extensas. Con su negocio, está claro que sus usuarios están aprovechando sus productos. El debate sobre el valor de los servicios gratuitos prevé la pérdida de privacidad a cambio de la conveniencia sociales sigue enfureciéndose. Es un gran problema la acumulación de poder de estas empresas acumuladoras de datos, poder que trasciende su base de usuarios formales y ya se extiende a las actividades del publico en general, inclusive fuera de Internet.

En primer lugar, es completamente discrecional que limites morales o éticos se aplica a las acciones de estas empresas. El usuario individual no tiene los recursos para defenderse de prácticas cuestionables, que en cualquier caso, no entiende o ni siquiera conoce.

Los motores de búsqueda y las redes sociales afectan la opinión pública, las ideologías, y decisiones políticas de alto impactanto. 

La Comisión Europea presentó recientemente una declaración de objeciones contra Google. La Oficina de Competencia de Canadá continúa realizando su propia revisión. Si bien los detalles precisos de las objeciones de las CE no son públicos, sabemos que después de que la FTC cerró su caso con Google, muchos denunciantes argumentan que Google está abusando de su poder y que no les está enviando suficiente tráfico.

¿Es un motor de búsqueda un cancerbero? Se puede alegar que los consumidores tienen muchas formas de navegar por la Web, pueden visitar directamente sus sitios web favoritos, participar en redes sociales, o pasar el tiempo dentro de las aplicaciones móviles. Pero la tecnología está cada vez más arraigada en la vida ocupada de las personas, que buscan respuestas rápidas y recomendaciones confiables, utilizando la configuración de default de sus teléfonos inteligentes. Este tipo de beneficio se ha extendido a áreas como las compras en línea. Con Google o los sitios de la competencia, los usuarios pueden hacer clic en numerosos enlaces y buscar diferentes sitios, luego hacer clic directamente en el comerciante. Y hoy, la mayoría de los compradores en línea van a sitios como Amazon, eBay o sus contrapartes como Allegro y Zalando de Europa o RedFlagDeals de Canadá, sin pasar por alto los motores de búsqueda tradicionales.

Ya sea por iniciativa deGoogle mismo, o por la aplicación de un régimen regulatorio gubernamental, la información proporcionada en Internet esta filtrada por consideraciones ideológicas, políticas, y comerciales. Esto socaba la dinámica democrática, que supuestamente esta sustentada en un público racional e informado, con la elección de opciones sustancialmente diferentes.

Aunque existen diferencias entre centros de poder regionales como Europa, Rusia, China, y Estados Unidos, en muchas formas existe una elite de poder transnacional que trasciende y manipula los centros regionales de poder político. Los resultados de los motores de búsqueda influyen en la visibilidad de diferentes puntos de vista en los debates políticos, culturales y científicos. Tratar los motores de búsqueda como productos editoriales, con sesgos intrínsecos, permite comprender la estructura de los flujos de información en los nuevos medios.

Lejos de ser agregadores neutrales de información, los motores de búsqueda crean una infraestructura de información con características y sesgos específicos.

Paralelamente a la aparición de estos nuevos guardianes de la información global, la producción y difusión del contenido de los medios también ha cambiado drásticamente.

Por otro lado, las reducidas barreras de entrada para la publicación en línea y la explosión de blogs, foros y redes sociales proporciona un territorio abierto para los productores de contenidos alternos, cuyas narrativas han encontrado nuevas audiencias. Los motores de búsqueda son los nuevos medios de comunicación capaces de dar forma al discurso público. Como lo demuestra el auge del campo de optimización de motores de búsqueda (SEO), los motores de búsqueda son un factor decisivo en la formación de la opinión publica.

Los motores de búsqueda pueden empoderar a grupos con ideas no convencionales, o reforzar la posición dominante de los poderosos. Organizan y sirven arbitrariamente contenido, al tiempo que afirman que adoptan criterios "objetivos" de relevancia, muestran grados preocupantes de concentración y falta de transparencia. Además, los motores de búsqueda favorecen la popularidad sobre la confiabilidad y la credibilidad, y presentan sesgos de cobertura geográfica, mientras que suprimen temas controvertidos. En principio, proporcionan nuevas plataformas a grupos marginales, pero los viejos medios siguen siendo dominantes. En principio, el sesgo de los motores de búsqueda es intrínseco a la optimización de los resultados, y que la personalización de la búsqueda mitigará los aspectos negativos de la hegemonía de los motores, en la práctica los algoritmos de búsqueda son manipulados por consideraciones ideológicas, políticas, y comerciales.

La credibilidad de los resultados de búsqueda desempeña un papel crucial en la formación de opinión y, sin embargo, permanece en gran medida sin examinar. Al usar motores de búsqueda, los usuarios están propensos a muchos sesgos subconscientes, que influyen en gran medida en el procesamiento y la percepción de la información. Las investigaciones experimentales sugieren que los usuarios tienden a confiar en la clasificación de los motores de búsqueda de una manera sorprendentemente acrítica.

En resumen, el acceso a la información esta cada vez mas controlado y centralizado, lo que permite manipular la opinión publica de una manera cada vez mas efectiva, afectando la percepción de la realidad mediante filtros ideológicos que deforman la percepción social de la realidad. Por ejemplo, el tema de la afectación ambiental de la activad humana esta politizado, lo que compromete, al inhibir la toma de soluciones adecuadas, la viabilidad a mediano y largo plazo de la humanidad misma.

“Niemand ist hoffnungsloser versklavt als jene, die fälschlicherweise glauben, frei zu sein.”













El virus Zika

El virus Zika, culpado ahora por el nacimiento de bebés con cabezas muy pequeñas y cerebros dañados, ha existido por largo tiempo -fines de los años 40 y principios de los 50- y repentinamente, sin aviso o razón, después de inducir, en el mejor de los casos, enfermedad suave. Además, muchas de las mujeres que están dando a luz bebés deformados dan negativo para la presencia del virus Zika. Así es que ¿Qué es lo que está causando que nazcan bebés con cabezas muy pequeñas y cerebros dañados?
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el virus Zika

Eugenesia: el verdadero objetivo del virus Zika

Una nueva ola de pánico inducido recorre el planeta: 

 la OMS declara la emergencia global

Rockefeller es el propietario del virus Zika

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