the future

What the Marshmallow Test Really Teaches About Self-Control JACOBA URIST SEP 24, 2014 One of the most influential modern psychologists, Walter Mischel, addresses misconceptions about his study, and discusses how both adults and kids can master willpower. Published on Dec 14, 2012 Silvia Helena Barcellos is an Associate Economist at RAND Corporation, Santa Monica Office. […]

What the Marshmallow Test Really Teaches About Self-Control

One of the most influential modern psychologists, Walter Mischel, addresses misconceptions about his study, and discusses how both adults and kids can master willpower.

Published on Dec 14, 2012
Silvia Helena Barcellos is an Associate Economist at RAND Corporation, Santa Monica Office. Her research focuses on applied microeconomics topics in labor and development economics. Her labor economics research includes works on the economic causes and consequences of immigration to the United States and on the effects of taxation on location and organizational choices of firms and individuals. In research on development economics, Barcellos has investigated the existence of gender discrimination in parental time investments in India.

The Stanford marshmallow experiment[1] was a series of studies on delayed gratification in the late 1960s and early 1970s led by psychologist Walter Mischel, then a professor at Stanford University. In these studies, a child was offered a choice between one small reward provided immediately or two small rewards (i.e., a larger later reward) if they waited for a short period, approximately 15 minutes, during which the tester left the room and then returned. (The reward was sometimes a marshmallow, but often a cookie or apretzel.) In follow-up studies, the researchers found that children who were able to wait longer for the preferred rewards tended to have better life outcomes, as measured by SAT scores,[2] educational attainment,[3] body mass index (BMI),[4] and other life measures.[5]

The experiment has its roots in an earlier one performed in Trinidad, where Mischel noticed that the different ethnic groups living on the island had contrasting stereotypes about one another, specifically the other’s perceived recklessness, self-control, and ability to have fun.[6] This small (n= 53) study focused on male and female children aged 7 to 9 (35Black and 18 East Indian) in a rural Trinidad school. The children were required to indicate a choice between receiving a 1¢ candy immediately, or having a (preferable) 10¢ candy given to them in one week’s time. Mischel reported a significant ethnic difference, with Indian children showing far more ability to delay gratification as compared to African students, as well as large age differences, and that “Comparison of the ‘high’ versus ‘low’ socioeconomic groups on the experimental choice did not yield a significant difference”.[6] Absence of the father was prevalent in the African-descent group (occurring only once in the East Indian group), and this variable showed the strongest link to delay of gratification, with children from intact families showing superior ability to delay.

entrevistas al narco

Popeye, Sicario de Pablo Escobar

¿Qué significa ser psicópata? Las actitudes de los profesionales de la violencia chocan por la naturalidad con que se manifiestan y las historias de sus vidas, simplemente ejemplos de la racionalidad instrumental del ser humano.

Published on Sep 14, 2015
Seguramente la entrevista mas reveladora del ex jefe de sicario del Cartel de Medellin y mano derecha de Pablo Escobar Jhon Jairo Velasquez. Uno de los mejores reporteros de Puerto Rico Normando Valentin fue a Colombia y realizo esta entrevista que fue transmitida en su programa investigativo Ahi esta la Verdad.

Published on Jan 10, 2016
Este video originalmente fue publicado en rollingstone.com

Ciudad de México, 10 de enero (AP/SinEmbargo/EFE).– Fuentes del Gobierno de México dijeron ayer sábado a ABC News que investigan a los actores Sean Penn y Kate del Castillo por la entrevista para Rolling Stone con Joaquín Archivaldo Guzmán, alias “El Chapo”, mientras el Departamento de Justicia de Estados Unidos rechazó cualquier comentario al respecto.

Una segunda fuente dijo a AFP que no estaba claro si los actores habrían cometido un crimen. Explicó que un reportero puede entrevistar a un presunto narcotraficante, pero “ellos no son periodistas”.

Popeye, Sicario de Pablo Escobar

¿Qué significa ser psicópata? Las actitudes de los profesionales de la violencia chocan por la naturalidad con que se manifiestan y las historias de sus vidas, simplemente ejemplos de la racionalidad instrumental del ser humano.

Published on Sep 14, 2015
Seguramente la entrevista mas reveladora del ex jefe de sicario del Cartel de Medellin y mano derecha de Pablo Escobar Jhon Jairo Velasquez. Uno de los mejores reporteros de Puerto Rico Normando Valentin fue a Colombia y realizo esta entrevista que fue transmitida en su programa investigativo Ahi esta la Verdad.

Published on Jan 10, 2016
Este video originalmente fue publicado en rollingstone.com

Ciudad de México, 10 de enero (AP/SinEmbargo/EFE).– Fuentes del Gobierno de México dijeron ayer sábado a ABC News que investigan a los actores Sean Penn y Kate del Castillo por la entrevista para Rolling Stone con Joaquín Archivaldo Guzmán, alias “El Chapo”, mientras el Departamento de Justicia de Estados Unidos rechazó cualquier comentario al respecto.

Una segunda fuente dijo a AFP que no estaba claro si los actores habrían cometido un crimen. Explicó que un reportero puede entrevistar a un presunto narcotraficante, pero “ellos no son periodistas”.

canibalismo en América

La existencia de caníbales y canibalismo en América es uno de los primeros mitos establecidos por los españoles. Aunque Colón dice haber oído de los indios taínos sobre la existencia de otras tribus que devoraban hombres y a los que llamaban “caniba”, el navegante le restó importancia en su crónica del primer viaje, considerando que … Continue reading canibalismo en América

La existencia de caníbales y canibalismo en América es uno de los primeros mitos establecidos por los españoles.

Aunque Colón dice haber oído de los indios taínos sobre la existencia de otras tribus que devoraban hombres y a los que llamaban “caniba”, el navegante le restó importancia en su crónica del primer viaje, considerando que los taínos, tribus mal armadas, eran cobardes y exageraban la ferocidad de los caribes. Pero ¿cómo supo eso Colón?, si no hablaba ningún idioma indígena y su traductor” era un judío que hablaba árabe.

El Vaticano prohibió hacer esclavos a los nativos americanos, a menos que estos fueran caníbales. Entonces era válido esclavizarlos y cristianizarlos por la fuerza por el bien de su alma. Los pueblos que ofrecían resistencia a los españoles fueron declarados caníbales.

Arens, un antropólogo, afirma  en su libro El mito del come-hombres que una revisión crítica todas las evidencias antropológicas no muestra evidencia de canibalismo generalizado como costumbre en ninguna cultura.

En el año 2006, Hollywood trajo nuevamente a la escena mundial el mito de los comedores de carne humana en el Caribe con la superproducción: Piratas del caribe 2: El cofre del hombre muerto. La película está ambientada en el siglo XVIII y presenta escenas donde los protagonistas tienen que enfrentar una tribu caníbal en la isla caribeña de Pelegosto.

Vale la pena recordar que el canibalismo famoso en los relatos de viaje del siglo XVIII ya no era el del Nuevo Mundo, el Caribe o Brasil; era principalmente el practicado por las tribus que habitaban el Pacífico Sur, la nueva frontera para el siglo XVIII. Es precisamente a partir de los relatos de exploración del capitán Cook y especialmente el episodio de su muerte a manos de los hawaianos, el 14 de febrero de 1779, la que marcará al Pacífico como la nueva región del mundo donde habitaban los caníbales. Una de las versiones de la muerte del capitán Cook cuenta que durante la celebración religiosa del Makahiqui el capitán es sacrificado por los hawaianos que lo identificaron con el dios de la fertilidad Akua Lono.

La referida escena de los caníbales en Piratas del Caribe sigue los estereotipos y clichés del canibalismo del Pacífico: cómo la tribu nombra a su víctima rey-dios hasta el día del sacrificio, cuando deberá ser cocinada y devorada, o en otras versiones, sacrificada siendo lanzado en un volcán.

El mito del canibalismo en el Caribe se remonta al siglo XV, cuando los europeos arriban a las Antillas; entonces ésta es la frontera  a la que ellos habían llegado.

La Carta de Colón de 1493 registró una costumbre entre los indios que la tradición occidental abominaba y temía: el consumo de carne humana:

“[…] En estas islas adonde hay montañas grandes ahí tenia fuerza el frío este invierno; mas ellos lo sufren por la costumbre [y] con la ayuda de las viandas; comen con especias muchas y muy calientes en demasía. Asi que mostruos no he hallado, ni noticia, salvo de una isla que es aquí en la segunda a la entrada de las Yndias, que es poblada de una gente que tienen en todas las islas por muy feroces, los cuales comen carne humana. Estos tienen muchas canoas, con las cuales corren todas las islas de India [y] roban y toman cuanto pueden […]”.

 

En el Diario de Colón, en el episodio del viernes 23 de noviembre de 1492[6] sería registrado el nacimiento del término caníbal:

 

“[…] El Almirante navegó todo el día para la tierra, siempre al sur. Sobre ese cabo se sobrepone otra tierra o cabo, que también va para el este, y que aquellos indios que llevaba la llamaron de “Bohio”. Decían que era muy grande y que allá había una gente que tenía un ojo en la frente, y otros que los llamaban de caníbales, de quién demonstraban tener mucho miedo […]”.

Efectivamente, era la primera vez que, en un documento europeo se hacía mención al término caníbal, que vendría a estigmatizar a los habitantes de las Antillas que no se sometieron al dominio ibérico en las actuales costas de Colombia y Venezuela.

Lo que es fundamental  es la división es que se establece una clara demarcación entre el indio bueno, edénico e inocente, bases del futuro ‘buen salvaje’, y el indio malo feroz y antropófago, el caribe salvaje.

El mito del caníbal como devorador de carne humana comenzó a ser forjado con Colón y Vespucio. Estos comportamientos viciosos y salvajes de los aborígenes, desde la perspectiva occidental, sólo reforzaban la idea de la superioridad del europeo cristiano y justificaba la guerra justa, sus derechos como conquistadores y colonizadores para evangelizar y controlar los nuevos territorios, en la medida en que se necesitaban nativos para la conversión y para mano de obra. En la Real Cédula de 1503 se autoriza a los conquistadores españoles a esclavizar a los indios caribes bajo pretexto de su canibalismo y por haberse opuesto a sus requerimientos “pacíficos”.

Los intentos hechos al aplicar la concepción aristotélica de la esclavitud natural y la guerra justa contra los nativos llevaron a agitados debates en Europa, especialmente en España.  Autoridades, como el jurista español Juan Ginés de Sepúlveda, no sólo sustentaban este punto de vista con gran tenacidad y erudición, sino que también concluían que los indígenas eran de hecho tan rudos y brutales que era “oportuna y legal” una guerra contra ellos para hacer posible su cristianización.

 

Roberto Gambini y Williasm Arens están de acuerdo al afirmar que muchos aborígenes que no practicaban rituales antropofágicos, pero que habitaban las áreas de frontera o resistían al europeo conquistador, acabaron catalogados como caníbales, quitándoles su condición humana para justificar su dominación y posterior esclavitud. El canibalismo se saca del escenario ritual y se le considera como un hecho del que se tiene noticia por boca de terceros.

El indio hostil era un bárbaro, un salvaje que se oponía a la autoridad soberana de los monarcas españoles y a su propia salvación espiritual y por extensión, un claro candidato a ser considerado antropófago. El cronista Pedro Cieza de León, describiendo la región colombiana de Antioquía:

Todos los naturales desta región comen carne humana, y no se perdonan en este caso;  porque en tomándose unos a otros (como no sean naturales de un propio pueblo), se comen …

Las acusaciones de canibalismo contribuían a la deshumanización de los extraños, pues los hombres que comen a otros hombres nunca podían ser completamente humanos.

Las acusaciones y descripciones de canibalismo, ya vinieran de hombres de armas como Bernal Díaz del Castillo, de cronistas como Pedro Cieza de León o de eclesiásticos como fray Bernardino de Sahagún, por citar tres de las principales fuentes sobre el canibalismo indígena del XVI, encubrieron muchas veces la necesidad de ejercer un claro control sociopolítico y militar sobre esas sociedades y de delimitar claramente el sistema de valores propio. El desprecio etnocéntrico hacia formas culturales distintas, ya denunciado por Michel Eyquem de Montaigne en sus Essais (1580). En los argumentos y polémica del siglo XVI sobre la justificación ética de la conquista, el canibalismo, considerado como práctica antinatural, es inevitable referencia.

Como quiera que sea, nos encontramos en pleno siglo XVI con la paradoja de una nación que persigue el canibalismo y que lo emplea como casus belli contra los indígenas que quiere conquistar, y que no sólo tiene una larga tradición en la práctica del canibalismo de penuria, sino que a lo largo de su labor civilizadora en el Nuevo Mundo va a practicarlo con pasmosa asiduidad.

La práctica del canibalismo por parte hispana, utilizando exclusivamente víctimas indígenas es lo que denominamos como exocanibalismo violento, por cuanto las víctimas no pertenecen al mismo grupo social de los verdugos y además se utiliza el asesinato para adquirir el humano alimento. Cualquier estudio en profundidad revelaría seguramente que estos son los casos que con mayor frecuencia se produjeron y donde se evidenciaría un etnocentrismo de supervivencia llevado a sus últimas consecuencias. La condición básica para que se de esta circunstancia es evidentemente la presencia del indígena, al lado del conquistador, presencia fácilmente constatable en gran parte de los acontecimientos históricos del período de conquista. El razonamiento es bien sencillo y no deja lugar a dudas; convencidos los españoles del canibalismo de los indígenas con los que entran en contacto, antes que morir comidos, mejor morir comiendo.

Hay también instancias de comportamiento caníbal con asesinato previo entre los propios españoles. Nos encontraríamos ante un caso de endocanibalismo violento, por cuanto la víctima no solo pertenecería al mismo grupo social, sino que además se utilizaría el asesinato de los propios compañeros, como hecho previo al acto caníbal. La posible excepcionalidad de estos hechos no impide la existencia de referencias que nos ayudarían a situar los auténticos límites de la conquista. Aguado nos dice:

… y les sobrevino tiempo en que, considerando la canina hambre que entre los españoles avía, miraba cada cual por su persona, temiendo que la hambre no fuese causa de rescibir por mano de sus propios compañeros la muerte.

Durante la expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida (1528), esta queda desarmada y grupos de náufragos acaban vagando por diversas zonas costeras del golfo de México. El relato que de los hechos nos dejó Alvar Núñez Cabeza de Vaca en sus conocidos  Naufragios puede ser criticado y puesto en cuestión, por la dificultad de contrastar los acontecimientos, pero a priori Alvar Núñez tampoco tiene ningún reparo (dado que el no participó en los actos caníbales) en contar lo sucedido.

Y cinco cristianos que estaban en rancho en la costa llegaron a tal extremo, que se comieron los unos a los otros, hasta que quedó uno solo, que por ser solo no hubo quién lo comiese … De este caso se alteraron tanto los indios, y hubo entre ellos tan gran escándalo, que sin duda si al principio ellos lo vieran, los mataran, y todos nos viéramos en grande trabajo.

De esta cita, que representa seguramente el primer caso de canibalismo occidental en América del Norte nos quedamos con la segunda parte. La reacción de los nativos (tunicas o KaranKawas de las costas de Texas) es totalmente contraria a la que cabría esperarse de pueblos presuntamente bárbaros, hostiles y caníbales. La situación se invierte totalmente y el cuadro nos presenta a unos escandalizados indígenas ante las actitudes caníbales de unos extraños, totalmente alejados de su marco cultural. Y es verdad que en numerosas ocasiones, los españoles, para quiéncasi todos los grupos nativos eran potencialmente caníbales hasta que no se demostrase lo contrario, se encontraron con la sorpresa de averiguar que dichos indígenas también sospechaban de la posible antropofagia de los españoles. Aunque en el razonamiento de ambos grupos a la hora de atribuir la práctica caníbal al otro, encontraríamos elementos diferenciales, sin embargo no deja de llamar la atención el hecho de que en el mundo indígena se puedan encontrar discursos semejantes en lo que respecta a la peligrosidad caníbal. El canibalismo puede estar vinculado al hambre, pero el hambre no está necesariamente vinculada al canibalismo.

El mapa del canibalismo hispano en la América de la conquista, esta aún por realizarse. Pero las múltiples referencias que se pueden encontrar releyendo las principales fuentes y crónicas del momento, nos indican que estos casos son seguramente la punta visible de un iceberg,

El canibalismo hispano y sus formas, no pueden ser entendidas como una adaptación extrema al hambre y habrá que conceptualizar la práctica caníbal hispana como parte de la propia lógica cultural. En este sentido la asimétrica relación cultural que se establece entre sociedad colonial y mundo indígena, condicionaría la facilidad con que muchas veces se traspasa la barrera ética y moral que constituye el canibalismo en la sociedad occidental. Es un Canibalismo ligado a la propia dinámica del proceso de conquista y a las actividades de riesgo que esta comporta. En este sentido, a mayor riesgo mayores posibilidades de caer en situaciones de penuria alimenticia, de hambre prolongada, de angustia frente a la muerte y de llegar al terreno de las tentaciones caníbales. Nos encontraríamos básicamente ante la existencia de un canibalismo de proyección (exocanibalismo) hacia el mundo indígena, entendido este como un mundo de rango inferior en su condición humana y por tanto violable en todos los sentidos. Podríamos hablar de una actitud de superioridad caníbal. Se mata y se come porque uno se sitúa siempre por encima de lo que se come.

la altillanura

Economía 27 Mayo 2015 – 9:42 pm

En la altillanura colombiana

Agricultura familiar sí es posible

Estudio de U. Javeriana y Unillanos muestra casos de éxito de un modelo productivo que se ha pensado inviable.
Por: María Alejandra Medina c.

Investigadores de la Universidad Javeriana y la Universidad de los Llanos, en asocio con Oxfam, adelantaron un estudio que demuestra que el modelo del desarrollo productivo de la mano de la agroindustria como camino idóneo para la altillanura, es sólo una de las posibilidades, y que en muchos casos no es la mejor.

Economía 27 Mayo 2015 – 9:42 pm

En la altillanura colombiana

Agricultura familiar sí es posible

Estudio de U. Javeriana y Unillanos muestra casos de éxito de un modelo productivo que se ha pensado inviable.
Por: María Alejandra Medina c.

Investigadores de la Universidad Javeriana y la Universidad de los Llanos, en asocio con Oxfam, adelantaron un estudio que demuestra que el modelo del desarrollo productivo de la mano de la agroindustria como camino idóneo para la altillanura, es sólo una de las posibilidades, y que en muchos casos no es la mejor.

Mi verdad

Hay mentiras en los labios
Hay mentiras en la piel, que dolor
Hay mentiras, hay amantes
Que por instantes de placer
Ponen su vida a temblar

Hay mentiras compasivas
Hay mentiras por piedad
Que no quieren lastimar
Hay mentiras que nos hieren de verdad
Ay, ay, ay

Hay engaños que por años
Ocultaron la verdad
Haciendo mucho daño
Ay, yo me voy a refugiar
A la tierra de tu amor (mi

Hay mentiras en los labios
Hay mentiras en la piel, que dolor
Hay mentiras, hay amantes
Que por instantes de placer
Ponen su vida a temblar

Hay mentiras compasivas
Hay mentiras por piedad
Que no quieren lastimar
Hay mentiras que nos hieren de verdad
Ay, ay, ay

Hay engaños que por años
Ocultaron la verdad
Haciendo mucho daño
Ay, yo me voy a refugiar
A la tierra de tu amor (mi

sembrar papa

Published on Apr 2, 2013

Vanessa García nos explica cómo plantar patatas y nos da todos los consejos para tener éxito con la siembra.
http://www.atrapamallorca.com


Published on Mar 24, 2014
La papa en el huerto urbano con el Agro. Luis Reynaldo Santiago y el Dr. Joaquin A. Chong.

https://www.facebook.com/compostapr

La papa es un cultivo que responde al fotoperiodo, el largo de horas de luz, esto causa la florecida o la ausencia de flor. Esta semilla de papa siendo de EU responde diferente en PR donde los fotoperiodos son mas cortos.


Published on Sep 18, 2014
Cómo cultivar papas en espacios pequeños. Este método es ideal para Balcones o Patios. Las papas crecen en bolsas con un método muy interesante consiste en ir incorporando sustrato a medida que la papa va creciendo y desenrollar la bolsa a medida que se va necesitando más altura.

Si me querés hacer alguna pregunta envia un mail a cosasdeljardin@yahoo.com

Published on Apr 2, 2013

Vanessa García nos explica cómo plantar patatas y nos da todos los consejos para tener éxito con la siembra.
http://www.atrapamallorca.com


Published on Mar 24, 2014
La papa en el huerto urbano con el Agro. Luis Reynaldo Santiago y el Dr. Joaquin A. Chong.

https://www.facebook.com/compostapr

La papa es un cultivo que responde al fotoperiodo, el largo de horas de luz, esto causa la florecida o la ausencia de flor. Esta semilla de papa siendo de EU responde diferente en PR donde los fotoperiodos son mas cortos.


Published on Sep 18, 2014
Cómo cultivar papas en espacios pequeños. Este método es ideal para Balcones o Patios. Las papas crecen en bolsas con un método muy interesante consiste en ir incorporando sustrato a medida que la papa va creciendo y desenrollar la bolsa a medida que se va necesitando más altura.

Si me querés hacer alguna pregunta envia un mail a cosasdeljardin@yahoo.com

9.70

UPDATE – 6 September 2013

The Colombian government has just announced that it is suspending Resolution 970, which was the subject of massive public outcry in recent weeks thanks to the huge peasant mobilisation launched on 19 August. The Resolution, adopted in 2010 and sometimes referred to as Law 970, made it illegal for Colombian farmers to save seeds in order for private companies and transnational corporations to gain monopoly control over the market.

 
Resolution 970 will be suspended for a period of two years, and this will only apply to domestically produced seeds (not imports). The government says it will use the two-year freeze to write new rules on seed use “which will not affect small farmers”.

This is NOT a reversal of policy. It is a public statement from the government. People are waiting to see it written into a document with legal force, and are reiterating calls for the Resolution to be repealed instead.

Sources (in Spanish):

On 19 August, Colombian farmers’ organisations initiated a massive nationwide strike. They blocked roads, dumped milk on cars and basically stopped producing food for the cities. The problem? Farmers are being driven out of existence by the government’s policies.

The state provides almost no support for the small-scale farming sector.
1 Instead, it embraces a social and economic model that serves the interests of a wealthy elite minority. Recent free trade agreements (FTAs) signed with the US and the EU are undercutting Colombian producers, who can’t compete with subsidised imports.
2 The Colombian government has been actively promoting land grabbing by large corporations, many of them foreign (Monica Semillas from Brazil, Merhav from Israel, Cargill from the US), to promote export-oriented agribusiness at the expense of family farming oriented towards food sovereignty.

UPDATE – 6 September 2013

The Colombian government has just announced that it is suspending Resolution 970, which was the subject of massive public outcry in recent weeks thanks to the huge peasant mobilisation launched on 19 August. The Resolution, adopted in 2010 and sometimes referred to as Law 970, made it illegal for Colombian farmers to save seeds in order for private companies and transnational corporations to gain monopoly control over the market.

 
Resolution 970 will be suspended for a period of two years, and this will only apply to domestically produced seeds (not imports). The government says it will use the two-year freeze to write new rules on seed use “which will not affect small farmers”.

This is NOT a reversal of policy. It is a public statement from the government. People are waiting to see it written into a document with legal force, and are reiterating calls for the Resolution to be repealed instead.

Sources (in Spanish):

On 19 August, Colombian farmers’ organisations initiated a massive nationwide strike. They blocked roads, dumped milk on cars and basically stopped producing food for the cities. The problem? Farmers are being driven out of existence by the government’s policies.

The state provides almost no support for the small-scale farming sector.
1 Instead, it embraces a social and economic model that serves the interests of a wealthy elite minority. Recent free trade agreements (FTAs) signed with the US and the EU are undercutting Colombian producers, who can’t compete with subsidised imports.
2 The Colombian government has been actively promoting land grabbing by large corporations, many of them foreign (Monica Semillas from Brazil, Merhav from Israel, Cargill from the US), to promote export-oriented agribusiness at the expense of family farming oriented towards food sovereignty.

huertos verticales

Cómo hacer un huerto vertical

Los ingenieros agrónomos Claudia Barriga y Pablo Sepúlveda, ilustran cómo usted puede hacer un jardín vertical. Puede usar especies ornamentales, medicinales, aromáticas, hortalizas, incluso pequeños frutales como frutillas.

Cómo hacer un huerto vertical

Los ingenieros agrónomos Claudia Barriga y Pablo Sepúlveda, ilustran cómo usted puede hacer un jardín vertical. Puede usar especies ornamentales, medicinales, aromáticas, hortalizas, incluso pequeños frutales como frutillas.

Discurso de Fernando Vallejo al recibir el Premio Feria Internacional del Libro de Literatura (FIL) y Lenguas Romances

Como este acto se encamina a su final y ya queda poco tiempo, les diré brevemente que me siento muy honrado por el premio que me dan; que no pienso que lo merezca; que este diploma lo guardaré en mi casa con orgullo; y que los ciento cincuenta mil dólares que lo acompañan se los doy, por partes iguales, a dos asociaciones caritativas de México: los “Amigos de los Animales”, de la señora Martha Alarcón de la ciudad de Jalapa; y los “Animales Desamparados”, de la señora Patricia Rico de la ciudad de México. En mi encuentro del lunes con los jóvenes universitarios que tendrá lugar en esta misma sala, se los entregaré a las señoras.

Habría preferido que esos dólares se los hubiera dado la FIL directamente a ellas sin pasar por mí, porque cuando tomo dinero me tengo que lavar las manos, pero no pudo ser por razones burocráticas. Eso de la lavada de las manos es una manía que me viene de la infancia, de la educación familiar. Cada que cogíamos una moneda, mi mamá nos decía: “Vaya lávese las manos m’hijo, que tocó plata”. (Allá a los niños les hablan de “usted”.) De unos niños educados así, ¿qué se podía esperar? Puros pobres. Me hubieran educado en la escuela del PRI, y hoy estaría millonario. ¡Pero qué iba a haber allá PRI! Medellín era una ciudad encerrada entre montañas, lejos del mundo y sus adelantos. Y mi mamá viendo microbios por todas partes como si fuera bacterióloga. No. Era una señora de su casa entregada a la reproducción como quiere el papa, una santa. ¡Cómo la hicimos sufrir! Muy merecido. ¡Quién la mandó a tener hijos!

De México supe por primera vez de niño, una noche de diciembre próxima a la navidad, lo recuerdo muy bien. Estábamos en el corredor delantero de Santa Anita, la finca de mis abuelos, con mis abuelos, rezando la novena del Niño Dios. Entonces éramos pocos, cinco o seis, aunque después fuimos muchos. Mis papás tenían instalada en Medellín una fábrica de niños: niños carnívoros que alimentaban con costales de salchichas, unos demonios, unas fieras, todos contra todos, mi casa era un manicomio, el pandemónium. El papa, Pío Doce, les mandó de Roma un diploma que un vecino nos compró en la Via della Conciliazione con indulgencia plenaria (que costaban más), para que se fueran los dos derechito al cielo sin pasar por el purgatorio por haber fabricado tanto niño que se les habrían de reunir todos allá a medida que el Señor los fuera llamando. ¡Qué nos iba a llamar! Nos hemos ido yendo de uno en uno a los infiernos y el que nos llamó fue Satanás.

Santa Anita estaba entre los pueblos de Envigado y Sabaneta, en la mitad de la carretera que los une, a ocho kilómetros de Medellín, lejísimos. Hagan de cuenta saliendo de la Ciudad de México camino de Tlanepantla. Teníamos que ir en carro, en el Ford de mi papá. Si no, habríamos podido ir en burro: en la burrita de la canción de Ventura Romero: “Arre que llegando al caminito, achimichú, achimichú. Arre que llegando al caminito, achimichú, achimichú”. Tarata tata tara tara tata tata tara tara tata tata tara tata tá. “¡Burra! ¡Burra! Ya vamos llegando a la Mesa de Cacaxtla. ¡Burra! Arre que llegando al caminito, achimichú, achimichú a mi burrita y aunque vaya enojadita porque no le di su alfalfa porque no le di su máiz”. ¡Qué raro! También en Antioquia decíamos “máiz”! Antioquia es hagan de cuenta Jalisco. El disco de la burrita lo trajeron mis papás de México esa noche. En setenta y ocho revoluciones que era los que había entonces. Una aguja gruesa iba de surco en surco tocándolos (los surcos que abrían en la tierra las yuntas de bueyes roturando los campos de Sayula hace cien años, cuando pasó por aquí mi paisano el poeta Porfirio Barba Jacob), y de tanto tocarlos uno los discos se rayaban y la aguja se atascaba en el rayón, y seguía tocando lo mismo, lo mismo, lo mismo. “Pobrecita mi burrita ya no quiere caminar, da unos pasos p’adelante, otros pasos para atrás…” El disco me sigue resonando desde entonces, atascado, en mi corazón rayado.

Venían de México por el camino de entrada de Santa Anita en dos carros, con los faros rompiendo la oscuridad. Pero en el corredor nosotros no estábamos a oscuras, no: iluminados. ¡Cómo íbamos a rezar a oscuras la novena del Niño Dios! Además en Medellín ya había luz eléctrica. Yo seré viejo pero no tanto. Yo soy posterior al radio y al avión. El que sí me tocó ver llegar fue el televisor, la caja estúpida. Estaban también encendidas esa noche las luces del pesebre, el nacimiento, donde nacía en lo alto de una montaña el Niño Dios. Lucecitas verdes, rojas, azules, amarillas, de todos los colores. Nos íbamos ya a dormir cuando llegaron. Venían cargados de juguetes. Maromeros de cuerda que daban volteretas en el aire… Jeeps con llantas de caucho, o sea de hule… Sombreros de charro para niños y para viejos… Una foto de mis papás en La Villa manejando avión. Las trescientas sesenta y cinco iglesias de Cholula. Un tren eléctrico. La Virgen de Guadalupe. Pocas veces he visto brillar tan fuerte, enceguecedora, la felicidad. Y con el disco de Ventura Romero de la burrita traían, en el álbum de las maravillas, a José Alfredo Jiménez y a Rubén Méndez: “Ella”, “Pénjamo”, y ese “Senderito” que me rompe el alma cantado por Alfredo Pineda, que fue el que amó Medellín. Y al más grande de todos, Fernando Rosas, de Jerónimo de Juárez, Estado de Guerrero, el de la “Carta a Eufemia”: “Cuando recibas esta carta sin razón, Ufemia, ya sabrás que entre nosotros todo terminó, y no la des en recibida por traición, Ufemia, te devuelvo tu palabra, te la vuelvo sin usarla, y que conste en esta carta que acabamos de un jalón”. ¡Muy bien dicho, tocayo, a la China con la méndiga! El fraseo perfecto, la dicción perfecta, y eso que mi tocayo era de Guerrero y cuando hablaba no podía pronunciar las eses. Y las trompetas burlonas detrás de él haciendo jua, jua, jua, en el registro bajo, riéndose de mí y del mundo, y detrás de ellas punteando, siguiéndolas como unos gordos cojos, los guitarrones: do, sol; do, sol; do, sol. Tónica, dominante; tónica, dominante; tónica, dominante. Sólo eso van diciendo, pero sin ellos no hay mariachi, como sin muerto no hubo fiesta.

¡Ah se me olvidaba Chava Flórez, el compositor, el genio de los genios, amigo de mi tocayo Fernando Rosas! Juntos echaron a rodar por el mundo “Peso sobre peso”, la canción más burlona: “Mira, Bartola, ái te dejo estos dos pesos. Pagas la renta, el teléfono y la luz. De lo que sobre, coges d’iái para tu gasto. Guárdame el resto pa comprarme mi alipús”. Ta ra ta ta ta tán. Ésa era la que le cantaba todavía a México el PRI cuando llegué de Nueva York hace cuarenta años. Y se la siguió cantando otros treinta, hasta ajustar setenta, cuando los tumbó mi gallo. ¡Qué noche tan inolvidable aquella cuando lo dijeron por televisión! Tan esplendorosa, o casi, como la de la finca Santa Anita de que les he hablado. Fernando Rosas murió joven, una noche, allá por 1960, en Acapulco. Lo mataron por defender a un borracho al que estaba apaleando la policía. Fernando Rosas, tocayo, paisano, te mató la policía de Acapulco, los esbirros del presidente municipal. La siniestra policía del PRI, semillero de todos los cárteles de México.

Mi gallo era un gallo con botas. No bien subió al poder y se instaló en los Pinos, se infló de vanidad y se transformó en un pavorreal, y el pavorreal en un burro, y la quimera de gallo, pavorreal y burro empezó a rebuznar, a rebuznar, a rebuznar, día y noche sin parar, hasta que ajustó seis años, cuando se le ocurrió, como a Perón con Evita o con Isabelita, que podía seguir rebuznando otros seis a través de su mujer. No se le hizo, no pudo ser. Hoy de vez en cuando rebuzna, pero poco, y lo critican. ¡Por qué! Déjenlo que rebuzne, que se exprese, que él también tiene derecho. Yo soy defensor de los animales. Yo quiero a los burros, a los pavorreales, a los perros, a los gallos. Cuando estoy cerca de ellos se me calma unos instantes el caos de adentro y creo sentir lo que llaman la paz del alma.

Yo venía pues de Nueva York, una ciudad de nadie, un hormiguero promiscuo que nunca quise, y de un país que tampoco, plano, soso, lleno de gringos ventajosos y sin música. Los anglosajones no nacieron para la música: se enmarihuanan y con una guitarra eléctrica y un bombo hacen ruido. Mi primera noche en México, en la plaza Garibaldi, ¡cómo la voy a olvidar! Cien mariachis tocando cada cual por su lado en un caos hermoso. Todo lo que tocaban me lo sabía. Y más. Yo sabía de boleros y rancheras lo que nadie. Entré al Tenampa. ¿La hora? Diez de la noche. Me sentía como un curita de pueblo tercermundista entrando al Vaticano por primera vez, y que se arrodilla para comulgar. Yo también comulgué, pero con tequila. Desde un mural de una pared enmarcado por unos tubos fluorescentes de colores me miraba José Alfredo, y en la noche del Tenampa brillaba el sol de México. “¿Qué más va a tomar, joven?”, me preguntó el mesero. “Otro”. Entonces sí estaba joven, pero hoy me siguen preguntando igual: “¿Qué va a tomar joven?” ¡Cómo no va a ser maravilloso un país donde la gente ve tan bien!

Y el amanecer, mi primer amanecer, ¡qué amanecer! Había llegado a un hotelito viejo, pobre, del centro, de altos techos, fresco, de otros tiempos, el más hermoso en que haya estado. Me despertaron las campanas y los gallos. ¿Tañido de campanas? ¿Canto de gallos? ¡Claro, los gallos de las azoteas y las campanas de las iglesias, y el sol entrando por mi ventana! ¡Y yo que venía del invierno de Nueva York donde amanecía a las diez y oscurecía a las cuatro y se me achicaba el alma! Salí a la calle, al rumor envolvente de la calle. México vivo, el del pasado más profundo, el eterno, el mío, el que se ha detenido en mi recuerdo, el de siempre, el que no cambia, el que no pasa, el de ayer. “¿En qué estás pensando, México? ¿A quién quieres para quererlo? ¿A quién odias para odiarlo?” Inescrutable. Ni una palabra. Jamás me contestó. Entonces aprendí a callar. Y han pasado cuarenta años desde esa noche en el Tenampa y ese amanecer en ese hotelito de la calle de Isabel la Católica y esa mañana soleada, y me fui quedando, quedando, quedando, y aquí he escrito todos mis libros y hoy me piden que hable, pero como México calla, yo tampoco pienso hablar. Sólo para decirles que me siguen resonando en el alma unas canciones.

Yo digo que la muerte no es tan terrible como se cree. Ha de ser como un sueño sin sueños, del cual simplemente no despertamos. Yo no la pienso llamar. Pero cuando llegue y llame a mi puerta, con gusto le abro.

Nadie tiene la obligación de hacer el bien, todos tenemos la obligación de no hacer el mal. Y diez mandamientos son muchos, con tres basta:

Uno, no te reproduzcas que no tienes derecho, nadie te lo dio; no le hagas a otro el mal que te hicieron a ti sacándote de la paz de la nada, a la que tarde que temprano tendrás que volver, comido por los gusanos o las llamas.

Dos, respeta a los animales que tengan un sistema nervioso complejo, como las vacas y los cerdos, por el cual sienten el hambre, el dolor, la sed, el miedo, el terror cuando los acuchillan en los mataderos, como lo sentirías tú, y que por lo tanto son tu prójimo. Quítate la venda moral que te pusieron en los ojos desde niño y que hoy te impide percibir su tragedia y su dolor. Si Cristo no los vio, si no tuvo ni una palabra de amor por ellos, ni una sola (y búscala en los evangelios a ver si está), despreocúpate de Cristo, que ni siquiera existió. Es un burdo mito. Nadie puede probar su existencia histórica, real. Tal vez aquí el cardenal Sandoval Íñiguez…

Y tres, no votes. No te dejes engañar por los bribones de la democracia, y recuerda siempre que: que no hay servidores públicos sino aprovechadores públicos. Escoger al malo para evitar al peor es inmoral. No alcahuetees a ninguno de estos sinvergüenzas con tu voto. Que el que llegue llegue respaldado por el viento y por el voto de su madre. Y si por la falta de tu voto, porque el día de las elecciones no saliste a votar un tirano se apodera de tu país, ¡mátalo!

A Jorge Volpi le agradezco el dictamen tan generoso que ha leído, y a Juan Cruz sus adjetivos. Querido Juan: ya sé que si hubieras tenido más tiempo me habrías puesto más, siquiera unos quinientos. No importa. Con los que me alcanzaste a dar me conformo.

Algunos amigos vinieron desde muy lejos a Guadalajara a acompañarme. Me siento muy contento de estar hoy con ustedes en esta Feria tan hermosa, que pronto se llenará de niños y de jóvenes, y de haber vuelto a Jalisco, la tierra de Rulfo, donde los muertos hablan.

Como este acto se encamina a su final y ya queda poco tiempo, les diré brevemente que me siento muy honrado por el premio que me dan; que no pienso que lo merezca; que este diploma lo guardaré en mi casa con orgullo; y que los ciento cincuenta mil dólares que lo acompañan se los doy, por partes iguales, a dos asociaciones caritativas de México: los “Amigos de los Animales”, de la señora Martha Alarcón de la ciudad de Jalapa; y los “Animales Desamparados”, de la señora Patricia Rico de la ciudad de México. En mi encuentro del lunes con los jóvenes universitarios que tendrá lugar en esta misma sala, se los entregaré a las señoras.

Habría preferido que esos dólares se los hubiera dado la FIL directamente a ellas sin pasar por mí, porque cuando tomo dinero me tengo que lavar las manos, pero no pudo ser por razones burocráticas. Eso de la lavada de las manos es una manía que me viene de la infancia, de la educación familiar. Cada que cogíamos una moneda, mi mamá nos decía: “Vaya lávese las manos m’hijo, que tocó plata”. (Allá a los niños les hablan de “usted”.) De unos niños educados así, ¿qué se podía esperar? Puros pobres. Me hubieran educado en la escuela del PRI, y hoy estaría millonario. ¡Pero qué iba a haber allá PRI! Medellín era una ciudad encerrada entre montañas, lejos del mundo y sus adelantos. Y mi mamá viendo microbios por todas partes como si fuera bacterióloga. No. Era una señora de su casa entregada a la reproducción como quiere el papa, una santa. ¡Cómo la hicimos sufrir! Muy merecido. ¡Quién la mandó a tener hijos!

De México supe por primera vez de niño, una noche de diciembre próxima a la navidad, lo recuerdo muy bien. Estábamos en el corredor delantero de Santa Anita, la finca de mis abuelos, con mis abuelos, rezando la novena del Niño Dios. Entonces éramos pocos, cinco o seis, aunque después fuimos muchos. Mis papás tenían instalada en Medellín una fábrica de niños: niños carnívoros que alimentaban con costales de salchichas, unos demonios, unas fieras, todos contra todos, mi casa era un manicomio, el pandemónium. El papa, Pío Doce, les mandó de Roma un diploma que un vecino nos compró en la Via della Conciliazione con indulgencia plenaria (que costaban más), para que se fueran los dos derechito al cielo sin pasar por el purgatorio por haber fabricado tanto niño que se les habrían de reunir todos allá a medida que el Señor los fuera llamando. ¡Qué nos iba a llamar! Nos hemos ido yendo de uno en uno a los infiernos y el que nos llamó fue Satanás.

Santa Anita estaba entre los pueblos de Envigado y Sabaneta, en la mitad de la carretera que los une, a ocho kilómetros de Medellín, lejísimos. Hagan de cuenta saliendo de la Ciudad de México camino de Tlanepantla. Teníamos que ir en carro, en el Ford de mi papá. Si no, habríamos podido ir en burro: en la burrita de la canción de Ventura Romero: “Arre que llegando al caminito, achimichú, achimichú. Arre que llegando al caminito, achimichú, achimichú”. Tarata tata tara tara tata tata tara tara tata tata tara tata tá. “¡Burra! ¡Burra! Ya vamos llegando a la Mesa de Cacaxtla. ¡Burra! Arre que llegando al caminito, achimichú, achimichú a mi burrita y aunque vaya enojadita porque no le di su alfalfa porque no le di su máiz”. ¡Qué raro! También en Antioquia decíamos “máiz”! Antioquia es hagan de cuenta Jalisco. El disco de la burrita lo trajeron mis papás de México esa noche. En setenta y ocho revoluciones que era los que había entonces. Una aguja gruesa iba de surco en surco tocándolos (los surcos que abrían en la tierra las yuntas de bueyes roturando los campos de Sayula hace cien años, cuando pasó por aquí mi paisano el poeta Porfirio Barba Jacob), y de tanto tocarlos uno los discos se rayaban y la aguja se atascaba en el rayón, y seguía tocando lo mismo, lo mismo, lo mismo. “Pobrecita mi burrita ya no quiere caminar, da unos pasos p’adelante, otros pasos para atrás…” El disco me sigue resonando desde entonces, atascado, en mi corazón rayado.

Venían de México por el camino de entrada de Santa Anita en dos carros, con los faros rompiendo la oscuridad. Pero en el corredor nosotros no estábamos a oscuras, no: iluminados. ¡Cómo íbamos a rezar a oscuras la novena del Niño Dios! Además en Medellín ya había luz eléctrica. Yo seré viejo pero no tanto. Yo soy posterior al radio y al avión. El que sí me tocó ver llegar fue el televisor, la caja estúpida. Estaban también encendidas esa noche las luces del pesebre, el nacimiento, donde nacía en lo alto de una montaña el Niño Dios. Lucecitas verdes, rojas, azules, amarillas, de todos los colores. Nos íbamos ya a dormir cuando llegaron. Venían cargados de juguetes. Maromeros de cuerda que daban volteretas en el aire… Jeeps con llantas de caucho, o sea de hule… Sombreros de charro para niños y para viejos… Una foto de mis papás en La Villa manejando avión. Las trescientas sesenta y cinco iglesias de Cholula. Un tren eléctrico. La Virgen de Guadalupe. Pocas veces he visto brillar tan fuerte, enceguecedora, la felicidad. Y con el disco de Ventura Romero de la burrita traían, en el álbum de las maravillas, a José Alfredo Jiménez y a Rubén Méndez: “Ella”, “Pénjamo”, y ese “Senderito” que me rompe el alma cantado por Alfredo Pineda, que fue el que amó Medellín. Y al más grande de todos, Fernando Rosas, de Jerónimo de Juárez, Estado de Guerrero, el de la “Carta a Eufemia”: “Cuando recibas esta carta sin razón, Ufemia, ya sabrás que entre nosotros todo terminó, y no la des en recibida por traición, Ufemia, te devuelvo tu palabra, te la vuelvo sin usarla, y que conste en esta carta que acabamos de un jalón”. ¡Muy bien dicho, tocayo, a la China con la méndiga! El fraseo perfecto, la dicción perfecta, y eso que mi tocayo era de Guerrero y cuando hablaba no podía pronunciar las eses. Y las trompetas burlonas detrás de él haciendo jua, jua, jua, en el registro bajo, riéndose de mí y del mundo, y detrás de ellas punteando, siguiéndolas como unos gordos cojos, los guitarrones: do, sol; do, sol; do, sol. Tónica, dominante; tónica, dominante; tónica, dominante. Sólo eso van diciendo, pero sin ellos no hay mariachi, como sin muerto no hubo fiesta.

¡Ah se me olvidaba Chava Flórez, el compositor, el genio de los genios, amigo de mi tocayo Fernando Rosas! Juntos echaron a rodar por el mundo “Peso sobre peso”, la canción más burlona: “Mira, Bartola, ái te dejo estos dos pesos. Pagas la renta, el teléfono y la luz. De lo que sobre, coges d’iái para tu gasto. Guárdame el resto pa comprarme mi alipús”. Ta ra ta ta ta tán. Ésa era la que le cantaba todavía a México el PRI cuando llegué de Nueva York hace cuarenta años. Y se la siguió cantando otros treinta, hasta ajustar setenta, cuando los tumbó mi gallo. ¡Qué noche tan inolvidable aquella cuando lo dijeron por televisión! Tan esplendorosa, o casi, como la de la finca Santa Anita de que les he hablado. Fernando Rosas murió joven, una noche, allá por 1960, en Acapulco. Lo mataron por defender a un borracho al que estaba apaleando la policía. Fernando Rosas, tocayo, paisano, te mató la policía de Acapulco, los esbirros del presidente municipal. La siniestra policía del PRI, semillero de todos los cárteles de México.

Mi gallo era un gallo con botas. No bien subió al poder y se instaló en los Pinos, se infló de vanidad y se transformó en un pavorreal, y el pavorreal en un burro, y la quimera de gallo, pavorreal y burro empezó a rebuznar, a rebuznar, a rebuznar, día y noche sin parar, hasta que ajustó seis años, cuando se le ocurrió, como a Perón con Evita o con Isabelita, que podía seguir rebuznando otros seis a través de su mujer. No se le hizo, no pudo ser. Hoy de vez en cuando rebuzna, pero poco, y lo critican. ¡Por qué! Déjenlo que rebuzne, que se exprese, que él también tiene derecho. Yo soy defensor de los animales. Yo quiero a los burros, a los pavorreales, a los perros, a los gallos. Cuando estoy cerca de ellos se me calma unos instantes el caos de adentro y creo sentir lo que llaman la paz del alma.

Yo venía pues de Nueva York, una ciudad de nadie, un hormiguero promiscuo que nunca quise, y de un país que tampoco, plano, soso, lleno de gringos ventajosos y sin música. Los anglosajones no nacieron para la música: se enmarihuanan y con una guitarra eléctrica y un bombo hacen ruido. Mi primera noche en México, en la plaza Garibaldi, ¡cómo la voy a olvidar! Cien mariachis tocando cada cual por su lado en un caos hermoso. Todo lo que tocaban me lo sabía. Y más. Yo sabía de boleros y rancheras lo que nadie. Entré al Tenampa. ¿La hora? Diez de la noche. Me sentía como un curita de pueblo tercermundista entrando al Vaticano por primera vez, y que se arrodilla para comulgar. Yo también comulgué, pero con tequila. Desde un mural de una pared enmarcado por unos tubos fluorescentes de colores me miraba José Alfredo, y en la noche del Tenampa brillaba el sol de México. “¿Qué más va a tomar, joven?”, me preguntó el mesero. “Otro”. Entonces sí estaba joven, pero hoy me siguen preguntando igual: “¿Qué va a tomar joven?” ¡Cómo no va a ser maravilloso un país donde la gente ve tan bien!

Y el amanecer, mi primer amanecer, ¡qué amanecer! Había llegado a un hotelito viejo, pobre, del centro, de altos techos, fresco, de otros tiempos, el más hermoso en que haya estado. Me despertaron las campanas y los gallos. ¿Tañido de campanas? ¿Canto de gallos? ¡Claro, los gallos de las azoteas y las campanas de las iglesias, y el sol entrando por mi ventana! ¡Y yo que venía del invierno de Nueva York donde amanecía a las diez y oscurecía a las cuatro y se me achicaba el alma! Salí a la calle, al rumor envolvente de la calle. México vivo, el del pasado más profundo, el eterno, el mío, el que se ha detenido en mi recuerdo, el de siempre, el que no cambia, el que no pasa, el de ayer. “¿En qué estás pensando, México? ¿A quién quieres para quererlo? ¿A quién odias para odiarlo?” Inescrutable. Ni una palabra. Jamás me contestó. Entonces aprendí a callar. Y han pasado cuarenta años desde esa noche en el Tenampa y ese amanecer en ese hotelito de la calle de Isabel la Católica y esa mañana soleada, y me fui quedando, quedando, quedando, y aquí he escrito todos mis libros y hoy me piden que hable, pero como México calla, yo tampoco pienso hablar. Sólo para decirles que me siguen resonando en el alma unas canciones.

Yo digo que la muerte no es tan terrible como se cree. Ha de ser como un sueño sin sueños, del cual simplemente no despertamos. Yo no la pienso llamar. Pero cuando llegue y llame a mi puerta, con gusto le abro.

Nadie tiene la obligación de hacer el bien, todos tenemos la obligación de no hacer el mal. Y diez mandamientos son muchos, con tres basta:

Uno, no te reproduzcas que no tienes derecho, nadie te lo dio; no le hagas a otro el mal que te hicieron a ti sacándote de la paz de la nada, a la que tarde que temprano tendrás que volver, comido por los gusanos o las llamas.

Dos, respeta a los animales que tengan un sistema nervioso complejo, como las vacas y los cerdos, por el cual sienten el hambre, el dolor, la sed, el miedo, el terror cuando los acuchillan en los mataderos, como lo sentirías tú, y que por lo tanto son tu prójimo. Quítate la venda moral que te pusieron en los ojos desde niño y que hoy te impide percibir su tragedia y su dolor. Si Cristo no los vio, si no tuvo ni una palabra de amor por ellos, ni una sola (y búscala en los evangelios a ver si está), despreocúpate de Cristo, que ni siquiera existió. Es un burdo mito. Nadie puede probar su existencia histórica, real. Tal vez aquí el cardenal Sandoval Íñiguez…

Y tres, no votes. No te dejes engañar por los bribones de la democracia, y recuerda siempre que: que no hay servidores públicos sino aprovechadores públicos. Escoger al malo para evitar al peor es inmoral. No alcahuetees a ninguno de estos sinvergüenzas con tu voto. Que el que llegue llegue respaldado por el viento y por el voto de su madre. Y si por la falta de tu voto, porque el día de las elecciones no saliste a votar un tirano se apodera de tu país, ¡mátalo!

A Jorge Volpi le agradezco el dictamen tan generoso que ha leído, y a Juan Cruz sus adjetivos. Querido Juan: ya sé que si hubieras tenido más tiempo me habrías puesto más, siquiera unos quinientos. No importa. Con los que me alcanzaste a dar me conformo.

Algunos amigos vinieron desde muy lejos a Guadalajara a acompañarme. Me siento muy contento de estar hoy con ustedes en esta Feria tan hermosa, que pronto se llenará de niños y de jóvenes, y de haber vuelto a Jalisco, la tierra de Rulfo, donde los muertos hablan.