canibalismo en América

La existencia de caníbales y canibalismo en América es uno de los primeros mitos establecidos por los españoles. Aunque Colón dice haber oído de los indios taínos sobre la existencia de otras tribus que devoraban hombres y a los que llamaban “caniba”, el navegante le restó importancia en su crónica del primer viaje, considerando que … Continue reading canibalismo en América

La existencia de caníbales y canibalismo en América es uno de los primeros mitos establecidos por los españoles.

Aunque Colón dice haber oído de los indios taínos sobre la existencia de otras tribus que devoraban hombres y a los que llamaban “caniba”, el navegante le restó importancia en su crónica del primer viaje, considerando que los taínos, tribus mal armadas, eran cobardes y exageraban la ferocidad de los caribes. Pero ¿cómo supo eso Colón?, si no hablaba ningún idioma indígena y su traductor” era un judío que hablaba árabe.

El Vaticano prohibió hacer esclavos a los nativos americanos, a menos que estos fueran caníbales. Entonces era válido esclavizarlos y cristianizarlos por la fuerza por el bien de su alma. Los pueblos que ofrecían resistencia a los españoles fueron declarados caníbales.

Arens, un antropólogo, afirma  en su libro El mito del come-hombres que una revisión crítica todas las evidencias antropológicas no muestra evidencia de canibalismo generalizado como costumbre en ninguna cultura.

En el año 2006, Hollywood trajo nuevamente a la escena mundial el mito de los comedores de carne humana en el Caribe con la superproducción: Piratas del caribe 2: El cofre del hombre muerto. La película está ambientada en el siglo XVIII y presenta escenas donde los protagonistas tienen que enfrentar una tribu caníbal en la isla caribeña de Pelegosto.

Vale la pena recordar que el canibalismo famoso en los relatos de viaje del siglo XVIII ya no era el del Nuevo Mundo, el Caribe o Brasil; era principalmente el practicado por las tribus que habitaban el Pacífico Sur, la nueva frontera para el siglo XVIII. Es precisamente a partir de los relatos de exploración del capitán Cook y especialmente el episodio de su muerte a manos de los hawaianos, el 14 de febrero de 1779, la que marcará al Pacífico como la nueva región del mundo donde habitaban los caníbales. Una de las versiones de la muerte del capitán Cook cuenta que durante la celebración religiosa del Makahiqui el capitán es sacrificado por los hawaianos que lo identificaron con el dios de la fertilidad Akua Lono.

La referida escena de los caníbales en Piratas del Caribe sigue los estereotipos y clichés del canibalismo del Pacífico: cómo la tribu nombra a su víctima rey-dios hasta el día del sacrificio, cuando deberá ser cocinada y devorada, o en otras versiones, sacrificada siendo lanzado en un volcán.

El mito del canibalismo en el Caribe se remonta al siglo XV, cuando los europeos arriban a las Antillas; entonces ésta es la frontera  a la que ellos habían llegado.

La Carta de Colón de 1493 registró una costumbre entre los indios que la tradición occidental abominaba y temía: el consumo de carne humana:

“[…] En estas islas adonde hay montañas grandes ahí tenia fuerza el frío este invierno; mas ellos lo sufren por la costumbre [y] con la ayuda de las viandas; comen con especias muchas y muy calientes en demasía. Asi que mostruos no he hallado, ni noticia, salvo de una isla que es aquí en la segunda a la entrada de las Yndias, que es poblada de una gente que tienen en todas las islas por muy feroces, los cuales comen carne humana. Estos tienen muchas canoas, con las cuales corren todas las islas de India [y] roban y toman cuanto pueden […]”.

 

En el Diario de Colón, en el episodio del viernes 23 de noviembre de 1492[6] sería registrado el nacimiento del término caníbal:

 

“[…] El Almirante navegó todo el día para la tierra, siempre al sur. Sobre ese cabo se sobrepone otra tierra o cabo, que también va para el este, y que aquellos indios que llevaba la llamaron de “Bohio”. Decían que era muy grande y que allá había una gente que tenía un ojo en la frente, y otros que los llamaban de caníbales, de quién demonstraban tener mucho miedo […]”.

Efectivamente, era la primera vez que, en un documento europeo se hacía mención al término caníbal, que vendría a estigmatizar a los habitantes de las Antillas que no se sometieron al dominio ibérico en las actuales costas de Colombia y Venezuela.

Lo que es fundamental  es la división es que se establece una clara demarcación entre el indio bueno, edénico e inocente, bases del futuro ‘buen salvaje’, y el indio malo feroz y antropófago, el caribe salvaje.

El mito del caníbal como devorador de carne humana comenzó a ser forjado con Colón y Vespucio. Estos comportamientos viciosos y salvajes de los aborígenes, desde la perspectiva occidental, sólo reforzaban la idea de la superioridad del europeo cristiano y justificaba la guerra justa, sus derechos como conquistadores y colonizadores para evangelizar y controlar los nuevos territorios, en la medida en que se necesitaban nativos para la conversión y para mano de obra. En la Real Cédula de 1503 se autoriza a los conquistadores españoles a esclavizar a los indios caribes bajo pretexto de su canibalismo y por haberse opuesto a sus requerimientos “pacíficos”.

Los intentos hechos al aplicar la concepción aristotélica de la esclavitud natural y la guerra justa contra los nativos llevaron a agitados debates en Europa, especialmente en España.  Autoridades, como el jurista español Juan Ginés de Sepúlveda, no sólo sustentaban este punto de vista con gran tenacidad y erudición, sino que también concluían que los indígenas eran de hecho tan rudos y brutales que era “oportuna y legal” una guerra contra ellos para hacer posible su cristianización.

 

Roberto Gambini y Williasm Arens están de acuerdo al afirmar que muchos aborígenes que no practicaban rituales antropofágicos, pero que habitaban las áreas de frontera o resistían al europeo conquistador, acabaron catalogados como caníbales, quitándoles su condición humana para justificar su dominación y posterior esclavitud. El canibalismo se saca del escenario ritual y se le considera como un hecho del que se tiene noticia por boca de terceros.

El indio hostil era un bárbaro, un salvaje que se oponía a la autoridad soberana de los monarcas españoles y a su propia salvación espiritual y por extensión, un claro candidato a ser considerado antropófago. El cronista Pedro Cieza de León, describiendo la región colombiana de Antioquía:

Todos los naturales desta región comen carne humana, y no se perdonan en este caso;  porque en tomándose unos a otros (como no sean naturales de un propio pueblo), se comen …

Las acusaciones de canibalismo contribuían a la deshumanización de los extraños, pues los hombres que comen a otros hombres nunca podían ser completamente humanos.

Las acusaciones y descripciones de canibalismo, ya vinieran de hombres de armas como Bernal Díaz del Castillo, de cronistas como Pedro Cieza de León o de eclesiásticos como fray Bernardino de Sahagún, por citar tres de las principales fuentes sobre el canibalismo indígena del XVI, encubrieron muchas veces la necesidad de ejercer un claro control sociopolítico y militar sobre esas sociedades y de delimitar claramente el sistema de valores propio. El desprecio etnocéntrico hacia formas culturales distintas, ya denunciado por Michel Eyquem de Montaigne en sus Essais (1580). En los argumentos y polémica del siglo XVI sobre la justificación ética de la conquista, el canibalismo, considerado como práctica antinatural, es inevitable referencia.

Como quiera que sea, nos encontramos en pleno siglo XVI con la paradoja de una nación que persigue el canibalismo y que lo emplea como casus belli contra los indígenas que quiere conquistar, y que no sólo tiene una larga tradición en la práctica del canibalismo de penuria, sino que a lo largo de su labor civilizadora en el Nuevo Mundo va a practicarlo con pasmosa asiduidad.

La práctica del canibalismo por parte hispana, utilizando exclusivamente víctimas indígenas es lo que denominamos como exocanibalismo violento, por cuanto las víctimas no pertenecen al mismo grupo social de los verdugos y además se utiliza el asesinato para adquirir el humano alimento. Cualquier estudio en profundidad revelaría seguramente que estos son los casos que con mayor frecuencia se produjeron y donde se evidenciaría un etnocentrismo de supervivencia llevado a sus últimas consecuencias. La condición básica para que se de esta circunstancia es evidentemente la presencia del indígena, al lado del conquistador, presencia fácilmente constatable en gran parte de los acontecimientos históricos del período de conquista. El razonamiento es bien sencillo y no deja lugar a dudas; convencidos los españoles del canibalismo de los indígenas con los que entran en contacto, antes que morir comidos, mejor morir comiendo.

Hay también instancias de comportamiento caníbal con asesinato previo entre los propios españoles. Nos encontraríamos ante un caso de endocanibalismo violento, por cuanto la víctima no solo pertenecería al mismo grupo social, sino que además se utilizaría el asesinato de los propios compañeros, como hecho previo al acto caníbal. La posible excepcionalidad de estos hechos no impide la existencia de referencias que nos ayudarían a situar los auténticos límites de la conquista. Aguado nos dice:

… y les sobrevino tiempo en que, considerando la canina hambre que entre los españoles avía, miraba cada cual por su persona, temiendo que la hambre no fuese causa de rescibir por mano de sus propios compañeros la muerte.

Durante la expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida (1528), esta queda desarmada y grupos de náufragos acaban vagando por diversas zonas costeras del golfo de México. El relato que de los hechos nos dejó Alvar Núñez Cabeza de Vaca en sus conocidos  Naufragios puede ser criticado y puesto en cuestión, por la dificultad de contrastar los acontecimientos, pero a priori Alvar Núñez tampoco tiene ningún reparo (dado que el no participó en los actos caníbales) en contar lo sucedido.

Y cinco cristianos que estaban en rancho en la costa llegaron a tal extremo, que se comieron los unos a los otros, hasta que quedó uno solo, que por ser solo no hubo quién lo comiese … De este caso se alteraron tanto los indios, y hubo entre ellos tan gran escándalo, que sin duda si al principio ellos lo vieran, los mataran, y todos nos viéramos en grande trabajo.

De esta cita, que representa seguramente el primer caso de canibalismo occidental en América del Norte nos quedamos con la segunda parte. La reacción de los nativos (tunicas o KaranKawas de las costas de Texas) es totalmente contraria a la que cabría esperarse de pueblos presuntamente bárbaros, hostiles y caníbales. La situación se invierte totalmente y el cuadro nos presenta a unos escandalizados indígenas ante las actitudes caníbales de unos extraños, totalmente alejados de su marco cultural. Y es verdad que en numerosas ocasiones, los españoles, para quiéncasi todos los grupos nativos eran potencialmente caníbales hasta que no se demostrase lo contrario, se encontraron con la sorpresa de averiguar que dichos indígenas también sospechaban de la posible antropofagia de los españoles. Aunque en el razonamiento de ambos grupos a la hora de atribuir la práctica caníbal al otro, encontraríamos elementos diferenciales, sin embargo no deja de llamar la atención el hecho de que en el mundo indígena se puedan encontrar discursos semejantes en lo que respecta a la peligrosidad caníbal. El canibalismo puede estar vinculado al hambre, pero el hambre no está necesariamente vinculada al canibalismo.

El mapa del canibalismo hispano en la América de la conquista, esta aún por realizarse. Pero las múltiples referencias que se pueden encontrar releyendo las principales fuentes y crónicas del momento, nos indican que estos casos son seguramente la punta visible de un iceberg,

El canibalismo hispano y sus formas, no pueden ser entendidas como una adaptación extrema al hambre y habrá que conceptualizar la práctica caníbal hispana como parte de la propia lógica cultural. En este sentido la asimétrica relación cultural que se establece entre sociedad colonial y mundo indígena, condicionaría la facilidad con que muchas veces se traspasa la barrera ética y moral que constituye el canibalismo en la sociedad occidental. Es un Canibalismo ligado a la propia dinámica del proceso de conquista y a las actividades de riesgo que esta comporta. En este sentido, a mayor riesgo mayores posibilidades de caer en situaciones de penuria alimenticia, de hambre prolongada, de angustia frente a la muerte y de llegar al terreno de las tentaciones caníbales. Nos encontraríamos básicamente ante la existencia de un canibalismo de proyección (exocanibalismo) hacia el mundo indígena, entendido este como un mundo de rango inferior en su condición humana y por tanto violable en todos los sentidos. Podríamos hablar de una actitud de superioridad caníbal. Se mata y se come porque uno se sitúa siempre por encima de lo que se come.

sembrar papa

Published on Apr 2, 2013

Vanessa García nos explica cómo plantar patatas y nos da todos los consejos para tener éxito con la siembra.
http://www.atrapamallorca.com


Published on Mar 24, 2014
La papa en el huerto urbano con el Agro. Luis Reynaldo Santiago y el Dr. Joaquin A. Chong.

https://www.facebook.com/compostapr

La papa es un cultivo que responde al fotoperiodo, el largo de horas de luz, esto causa la florecida o la ausencia de flor. Esta semilla de papa siendo de EU responde diferente en PR donde los fotoperiodos son mas cortos.


Published on Sep 18, 2014
Cómo cultivar papas en espacios pequeños. Este método es ideal para Balcones o Patios. Las papas crecen en bolsas con un método muy interesante consiste en ir incorporando sustrato a medida que la papa va creciendo y desenrollar la bolsa a medida que se va necesitando más altura.

Si me querés hacer alguna pregunta envia un mail a cosasdeljardin@yahoo.com

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Si me querés hacer alguna pregunta envia un mail a cosasdeljardin@yahoo.com

comercio mundial de la cocaína

4 Enero, 2013 – 01:05
Credito:

Ana Langner / El Economista

Hoy por hoy, los cárteles mexicanos son los principales actores del comercio mundial de la cocaína y trabajan para tomar control del mercado que no está bajo su jurisdicción, refirió la consultora en geopolítica Stratfor, citando a fuentes estadounidenses antinarco.

La firma detalló que los esfuerzos de los cárteles en México no se limita a incrementar la producción de cocaína, sino a intervenir en el contrabando de Sudamérica a Europa y Australia, y han establecido presencia en África, Asia y Europa.

Además, han intensificado sus actividades en lugares como República Dominicana y Haití, en un intento por aumentar la participación en el contrabando a través del Caribe para EU.

Con las recientes operaciones estadounidenses, como la Operación Xcellerator, Chokehold y Operación Emperador Imperial, los cárteles mexicanos también han aumentado su presencia en los puntos de distribución dentro de la Unión Americana, como en Chicago, Atlanta y Dallas, en un esfuerzo por aumentar su participación en la cadena de beneficios de la cocaína en EU.

Mientras que las ventas de marihuana siempre han sido una importante fuente financiera, los grandes beneficios del comercio de la cocaína son los que han permitido que los cárteles sean tan poderosos. Los miles de millones de dólares de ganancias que se obtienen de tráfico de cocaína han motivado a la expansión de los cárteles mexicanos a nivel global, lo han financiado, pues las ganancias de la cocaína permiten que puedan comprar barcos, aviones, contrabandistas y asesinos de alquiler (sicarios), así como sobornar a funcionarios.

ana.langner@eleconomista.mx


MÉXICO, D.F. (apro).- Un tribunal de Guatemala condenó a 36 integrantes de Los Zetas con penas que van de los dos a los 158 años de cárcel, luego de hallarlos culpables de los delitos de asesinato, secuestro, tráfico y tenencia de armas de fuego y municiones.

De todos los sentenciados por el Tribunal Primero de Mayor Riesgo, solo uno, Salvador Argüelles Briones, es mexicano y el resto de nacionalidad guatemalteca, según informó la agencia Europa Press.

Argüelles fue condenado a 97 años de cárcel, junto a otros dos guatemaltecos, al ser encontrados culpables del asesinato del fiscal Allan Stowlinski Vidaurre, perpetrado el 24 de mayo de 2011 en el departamento (estado) de Alta Verapaz.

El fiscal –quien había participado en un operativo para decomisar 500 kilogramos de droga que pertenecía al grupo criminal– fue desmembrado por sus victimarios, que dejaron sus restos esparcidos frente al edificio de la Gobernación Departamental.

Las mayores condenas, de 158 años, fueron impuestas a los guatemaltecos Hugo Álvaro Gómez Vásquez, El Comandante Bruja, y Élder Estuardo Morales Madrid, El Comandante Fresa, de acuerdo con la resolución judicial.

Los dos fueron hallados culpables de un secuestro y tres asesinatos perpetrados en mayo de 2011 en el departamento norteño de Petén.

Otro miembro de Los Zetas, el guatemalteco Carlos Martínez, fue condenado a 58 años por asesinato y asociación ilícita.

Según el Tribunal, dos guatemaltecos cumplirán una condena de 47 años por tenencia ilegal de armas, comercio y tráfico de drogas, y uno más cumplirá 45 años por conspiración para el asesinato y posesión de drogas, entre otros delitos.

Por su parte, José Arístides Xol recibió una sentencia de 44 años de prisión por asociación ilícita, conspiración y tenencia ilegal de municiones, mientras que Luswin Alberto Zelada, Comandante Lombriz, fue condenado a 43 años por homicidio en grado de tentativa y atentado contra las fuerzas de seguridad en junio de 2011.

Otros cinco guatemaltecos deberán cumplir 23 años de prisión por los delitos de asociación ilícita y porte ilegal de explosivos, y el resto entre ocho y 58 años de cárcel por diferentes delitos

Los 36 miembros de Los Zetas condenados –entre los que figuran dos mujeres que cumplirán dos y 16 años de cárcel por porte ilegal de armas de fuego, asociación ilícita y encubrimiento propio– fueron detenidos durante 2011 en diferentes regiones del interior del país.


Monterrey.- El Ejército Mexicano desarticuló una banda de narcomenudistas que operaba para el grupo delictivo de los Zetas en el Municipio de Cadereyta, entre los que destaca la presencia de dos hondureños, quienes confesaron haber pertenecido a la milicia en su país.

En presentación en las instalaciones de la Policía Ministerial, el vocero castrense informó que durante un patrullaje de rutina en la colonia Privada de San Juan, elementos del Ejército Mexicano detuvieron en flagrancia a nueve individuos, cinco de ellos menores de edad, en posesión de 225 envoltorios de marihuana y 225 envoltorios de cocaína, además de tres equipos de comunicación.

Los detenidos responden a los nombres de Alex Alan Rodríguez Loredo, Liliana Juanita Guerrero Moreno, y cinco menores que por ley no fueron identificados ni presentados.

Además, fueron detenidos Roger Ivan López Dávila y Carlos Alfredo Herrera Gómez, ambos de nacionalidad hondureña, quienes reconocieron haber sido elementos activos del Ejército en el país centroamericano.

En las primeras indagatorias, ambos refieren haber llegado a la entidad con la consigna de adiestrar a los integrantes de una célula delictiva de los Zetas en el uso de armas de fuego y tácticas de la milicia, por lo que su detención supone un importante logro de las autoridades.

Los detenidos y lo decomisado fueron puestos a disposición de las autoridades correspondientes, mientras los originarios de Honduras serán puestos además a disposición del servicio migratorio y sus fichas giradas a la justicia internacional, para descartar su posible participación en otros delitos fuera del país.

4 Enero, 2013 – 01:05
Credito:

Ana Langner / El Economista

Hoy por hoy, los cárteles mexicanos son los principales actores del comercio mundial de la cocaína y trabajan para tomar control del mercado que no está bajo su jurisdicción, refirió la consultora en geopolítica Stratfor, citando a fuentes estadounidenses antinarco.

La firma detalló que los esfuerzos de los cárteles en México no se limita a incrementar la producción de cocaína, sino a intervenir en el contrabando de Sudamérica a Europa y Australia, y han establecido presencia en África, Asia y Europa.

Además, han intensificado sus actividades en lugares como República Dominicana y Haití, en un intento por aumentar la participación en el contrabando a través del Caribe para EU.

Con las recientes operaciones estadounidenses, como la Operación Xcellerator, Chokehold y Operación Emperador Imperial, los cárteles mexicanos también han aumentado su presencia en los puntos de distribución dentro de la Unión Americana, como en Chicago, Atlanta y Dallas, en un esfuerzo por aumentar su participación en la cadena de beneficios de la cocaína en EU.

Mientras que las ventas de marihuana siempre han sido una importante fuente financiera, los grandes beneficios del comercio de la cocaína son los que han permitido que los cárteles sean tan poderosos. Los miles de millones de dólares de ganancias que se obtienen de tráfico de cocaína han motivado a la expansión de los cárteles mexicanos a nivel global, lo han financiado, pues las ganancias de la cocaína permiten que puedan comprar barcos, aviones, contrabandistas y asesinos de alquiler (sicarios), así como sobornar a funcionarios.

ana.langner@eleconomista.mx


MÉXICO, D.F. (apro).- Un tribunal de Guatemala condenó a 36 integrantes de Los Zetas con penas que van de los dos a los 158 años de cárcel, luego de hallarlos culpables de los delitos de asesinato, secuestro, tráfico y tenencia de armas de fuego y municiones.

De todos los sentenciados por el Tribunal Primero de Mayor Riesgo, solo uno, Salvador Argüelles Briones, es mexicano y el resto de nacionalidad guatemalteca, según informó la agencia Europa Press.

Argüelles fue condenado a 97 años de cárcel, junto a otros dos guatemaltecos, al ser encontrados culpables del asesinato del fiscal Allan Stowlinski Vidaurre, perpetrado el 24 de mayo de 2011 en el departamento (estado) de Alta Verapaz.

El fiscal –quien había participado en un operativo para decomisar 500 kilogramos de droga que pertenecía al grupo criminal– fue desmembrado por sus victimarios, que dejaron sus restos esparcidos frente al edificio de la Gobernación Departamental.

Las mayores condenas, de 158 años, fueron impuestas a los guatemaltecos Hugo Álvaro Gómez Vásquez, El Comandante Bruja, y Élder Estuardo Morales Madrid, El Comandante Fresa, de acuerdo con la resolución judicial.

Los dos fueron hallados culpables de un secuestro y tres asesinatos perpetrados en mayo de 2011 en el departamento norteño de Petén.

Otro miembro de Los Zetas, el guatemalteco Carlos Martínez, fue condenado a 58 años por asesinato y asociación ilícita.

Según el Tribunal, dos guatemaltecos cumplirán una condena de 47 años por tenencia ilegal de armas, comercio y tráfico de drogas, y uno más cumplirá 45 años por conspiración para el asesinato y posesión de drogas, entre otros delitos.

Por su parte, José Arístides Xol recibió una sentencia de 44 años de prisión por asociación ilícita, conspiración y tenencia ilegal de municiones, mientras que Luswin Alberto Zelada, Comandante Lombriz, fue condenado a 43 años por homicidio en grado de tentativa y atentado contra las fuerzas de seguridad en junio de 2011.

Otros cinco guatemaltecos deberán cumplir 23 años de prisión por los delitos de asociación ilícita y porte ilegal de explosivos, y el resto entre ocho y 58 años de cárcel por diferentes delitos

Los 36 miembros de Los Zetas condenados –entre los que figuran dos mujeres que cumplirán dos y 16 años de cárcel por porte ilegal de armas de fuego, asociación ilícita y encubrimiento propio– fueron detenidos durante 2011 en diferentes regiones del interior del país.


Monterrey.- El Ejército Mexicano desarticuló una banda de narcomenudistas que operaba para el grupo delictivo de los Zetas en el Municipio de Cadereyta, entre los que destaca la presencia de dos hondureños, quienes confesaron haber pertenecido a la milicia en su país.

En presentación en las instalaciones de la Policía Ministerial, el vocero castrense informó que durante un patrullaje de rutina en la colonia Privada de San Juan, elementos del Ejército Mexicano detuvieron en flagrancia a nueve individuos, cinco de ellos menores de edad, en posesión de 225 envoltorios de marihuana y 225 envoltorios de cocaína, además de tres equipos de comunicación.

Los detenidos responden a los nombres de Alex Alan Rodríguez Loredo, Liliana Juanita Guerrero Moreno, y cinco menores que por ley no fueron identificados ni presentados.

Además, fueron detenidos Roger Ivan López Dávila y Carlos Alfredo Herrera Gómez, ambos de nacionalidad hondureña, quienes reconocieron haber sido elementos activos del Ejército en el país centroamericano.

En las primeras indagatorias, ambos refieren haber llegado a la entidad con la consigna de adiestrar a los integrantes de una célula delictiva de los Zetas en el uso de armas de fuego y tácticas de la milicia, por lo que su detención supone un importante logro de las autoridades.

Los detenidos y lo decomisado fueron puestos a disposición de las autoridades correspondientes, mientras los originarios de Honduras serán puestos además a disposición del servicio migratorio y sus fichas giradas a la justicia internacional, para descartar su posible participación en otros delitos fuera del país.

Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños

Caracas, Venezuela.- Los 33 países que conforman la recién nacida Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) expresaron hoy su “más enérgico rechazo” al “bloqueo” de Estados Unidos a Cuba y exigieron que se ponga fin a esta medida “coercitiva”.

En un documento especial rubricado hoy al termino de la cumbre constitutiva de la CELAC, en Caracas, este organismo reclamó al Gobierno estadounidense que “ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero” que mantiene contra Cuba desde 1962, por ser contrario al derecho internacional y en cumplimiento de sucesivas resoluciones de la Asamblea General de la ONU.

Este bloqueo “causa daños cuantiosos e injustificables al bienestar del pueblo cubano y afecta la paz y la convivencia entre las naciones americanas”, continúa el texto.

Los signatarios de la CELAC consideraron el embargo estadounidense a Cuba como parte de unas medidas “coercitivas y unilaterales aplicadas por motivos políticos”.

Para los 33 países latinoamericanos y caribeños, el bloqueo está concebido para “impedir” a los cubanos “que ejerzan su derecho a decidir, por su propia voluntad, sus propios sistemas políticos, económicos y sociales”.

También exhortaron al Gobierno norteamericano que ponga fin a la aplicación a leyes “contrarias al derecho internacional” como la Helms-Burton, que refuerza el embargo permitiendo entablar demandas contra las empresas extranjeras que negocien con propiedades confiscadas a estadounidenses por el Gobierno de Cuba.

Cuba es uno de los 33 miembros de la CELAC, el nuevo organismo de integración americano en el no están Estados Unidos y Canadá, y además forma parte de la troika que presidirá el foro junto a Chile y Venezuela, por ser el país que acogerá la cumbre de 2013.

Caracas, Venezuela.- Los 33 países que conforman la recién nacida Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) expresaron hoy su “más enérgico rechazo” al “bloqueo” de Estados Unidos a Cuba y exigieron que se ponga fin a esta medida “coercitiva”.

En un documento especial rubricado hoy al termino de la cumbre constitutiva de la CELAC, en Caracas, este organismo reclamó al Gobierno estadounidense que “ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero” que mantiene contra Cuba desde 1962, por ser contrario al derecho internacional y en cumplimiento de sucesivas resoluciones de la Asamblea General de la ONU.

Este bloqueo “causa daños cuantiosos e injustificables al bienestar del pueblo cubano y afecta la paz y la convivencia entre las naciones americanas”, continúa el texto.

Los signatarios de la CELAC consideraron el embargo estadounidense a Cuba como parte de unas medidas “coercitivas y unilaterales aplicadas por motivos políticos”.

Para los 33 países latinoamericanos y caribeños, el bloqueo está concebido para “impedir” a los cubanos “que ejerzan su derecho a decidir, por su propia voluntad, sus propios sistemas políticos, económicos y sociales”.

También exhortaron al Gobierno norteamericano que ponga fin a la aplicación a leyes “contrarias al derecho internacional” como la Helms-Burton, que refuerza el embargo permitiendo entablar demandas contra las empresas extranjeras que negocien con propiedades confiscadas a estadounidenses por el Gobierno de Cuba.

Cuba es uno de los 33 miembros de la CELAC, el nuevo organismo de integración americano en el no están Estados Unidos y Canadá, y además forma parte de la troika que presidirá el foro junto a Chile y Venezuela, por ser el país que acogerá la cumbre de 2013.

Colón: paradigma de la modernidad

Reflexiones irreverentes sobre el quinto centenario y un almirante perdido.

Luis N. Rivera Pagán

Todos aquellos que supieron de mi
inpresa con rixa le negaron burlando.
Cristóbal Colón
“Carta a los Reyes Católicos”
1501.

Introducción. ¡A las raíces!

Este acto es para mí motivo de honor por partida doble. En primera instancia, por invitárseme a dictar una conferencia en homenaje a dos insignes figuras del mundo académico y cultural puertorriqueño: doña Isabel Gutiérrez del Arroyo y don Ricardo Alegría. Agradezco profundamente la oportunidad de honrar a quienes con sus ingentes labores han fecundado la vida espiritual de nuestro país.

Isabel Gutiérrez del Arroyo ha sido paradigma de rigurosidad y elegancia en la investigación historiográfica, en la cátedra, en el atril de la conferencia pública y en sus nutridos ensayos. Sus notas eruditas y críticas a la obra clásica de Salvador Brau, La colonización de Puerto Rico, y sus apuntes sobre el desarrollo de la historiografía en nuestra isla, son ejemplos notables de sus muchos e insignes aportes. Ricardo Alegría nos ha incitado a reflexionar sobre la diversidad de los orígenes étnicos y culturales de la historia puertorriqueña, a la vez que se hace ubicuo fundador y director de entidades, como el Instituto de Cultura Puertorriqueña, el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe y el Museo de las Américas, que sirven de monumentos a esa historia y de promotores de aquellas actividades del intelecto y la imaginación que la enriquecen.

Isabel Gutiérrez del Arroyo y Ricardo Alegría han cuidado de las honduras de nuestro ser colectivo. Saben bien que el secreto para una ceiba frondosa o un cupey vigoroso estriba en sus raíces. Algo similar sucede con la identidad cultural y la conciencia nacional de un pueblo. Ambos han prestado especial atención al dramático y crucial momento del encuentro entre los aborígenes que por generaciones forjaban en esta tierra su cultura, religiosidad y sus tradiciones, con la súbita aparición de un ignoto pueblo europeo cristiano, irrupción a la vez civilizadora y exterminadora, evangelizadora y aniquiladora. Desde el primer momento en que esos indígenas se confrontaron con la presencia, para ellos trágica y apocalíptica, de los europeos cristianos, se hizo visible también otro ser humano, el africano, fácil de distinguir por la pigmentación de su fisonomía, marcado por el hierro y el destino de la esclavitud, cargado su espíritu por el menosprecio racial del bello color del ébano y por la maldición de Noé al segundo de sus hijos, compelido a participar en un proceso de conquista y colonización cuyos frutos otros usufructuarían.

El interés académico primario de Isabel Gutiérrez del Arroyo y Ricardo Alegría ha recaído en los orígenes de la vida espiritual de Puerto Rico. Es, pues justo, y apropiado que se les honre mediante un acto que constituye la primera conferencia universitaria formal a la que asiste la mayoría de los aquí presentes.

Es esta lección inaugural la primera ínsula notable en el mar tenebroso cuya travesía recién inicia la mayor parte de esta audiencia. Ése es mi segundo honor. Pido, por consiguiente, la venia de mis colegas claustrales para seguir la tradición establecida hace seis años por don José Echeverría Yañez, en la primera de las lecciones inaugurales de la Facultad de Estudios Generales, y dirigirme preferentemente a quienes se estrenan como estudiantes universitarios.

De las carabelas a las regatas (¡y una cacería humana!)

Y de orígenes tratamos hoy. Desde hace meses el mundo hispanoamericano festeja la efeméride del quinto centenario de la gesta en la que un marino genovés, bajo las órdenes de los Reyes Católicos de las Españas, al mando de una nao y dos carabelas surcó el mare tenebrosum y propició el trascendental encuentro entre pueblos, razas y culturas del cual surgimos. Todos presenciamos la visita a nuestras costas, a fines de diciembre de 1991, de réplicas de la Santa María, la Niña y la Pinta. Aguantamos la respiración cuando pieles rojas canadienses invadieron la Santa María para abandonarla sólo después de lograr la satisfacción simbólica de expresarles a los cónsules españoles y canadienses, en su idioma nativo y mediante sus ceremonias
autóctonas, lo que piensan sobre el evento del cual se festeja el aniversario número quinientos. Las naves fueron bien recibidas, a diferencia de la canoa Hatuey, a la que en 1987, en otro acto preparatorio del quinto centenario, se le prohibió la entrada a los puertos boricuas por las autoridades federales. Al parecer algún burócrata de la aduana norteamericana sabía suficiente historia como para conocer el carácter indómito y rebelde de Hatuey, uno de los primeros caciques antillanos en resistir la invasión europea.

También fuimos testigos del paroxismo de la Gran Regata Colón, en la que se dieron cita centenares de vistosas fragatas. Fue una fiesta popular, en la que aconteció de todo, inclusive una espectacular cacería de apuestos y viriles jóvenes extranjeros llevada a cabo con caribeño gusto por nuestras amazonas boricuas. Tengo a mucho orgullo el que una de mis hijas gemelas, Tamara, capturase una de las mejores presas, un joven oficial de la fragata argentina Libertad, quien, al perder su serenidad de espíritu envió un pasaje para que ella le visitase un par de semanas en Buenos Aires. Desde la guerra por las Malvinas no era tan vapuleado un buque argentino. Tras el viaje de mi gemela a la tierra de gauchos, hay un joven oficial porteño que baila el tango con marcado ritmo de salsa antillana. Felicitaciones a mi querida amazona y a todas las otras aquí presentes que convirtieron en leyenda internacional la seductora belleza de la mujer puertorriqueña.

Esta secuencia de eventos, la cual incluye el salsero pabellón puertorriqueño en la exposición de Sevilla, las olimpiadas de Barcelona y la audaz propuesta de unir en sagradas nupcias la estatua de Colón, situada en la mentada metrópolis catalana, con la neoyorquina estatua de la libertad, tiene lugar en el contexto mayor del festejo del evento magno tradicionalmente llamado descubrimiento de América.

Colón: paradigma de la modernidad científica

Este acontecimiento tiene un protagonista heroico, Cristóbal Colón, convertido por la ilustración y el positivismo en héroe cultural paradigmático, quien como alegado paladín de la ciencia, la experiencia y el conocimiento se enfrenta victoriosamente al pesado fardo de la ignorancia y superstición medieval. Se nos presenta a Colón con reverencia, como quien soporta por largos años de adversidad la burla de aquellos que parlotean dogmáticamente sobre la forma de un cosmos que en realidad desconocen. Desde fines del siglo dieciocho se transmuta así a Colón en náutico anticipador de Copérnico y Galileo.

En el caso del mundo hispanoamericano, a esa reverencia por el paladín del conocimiento empírico se une la reverencia por el Colón portador de las semillas de nuestra hispanidad civilizada y culta. Colón es, se alega, quien inicia la fecundación de la América salvaje y primitiva con la cultura literaria ibérica, a punto de florecer en su Siglo de Oro, matriz de universidades, bibliotecas, museos y catedrales.

A ello unen sus loas algunos jerarcas eclesiásticos que ven en Cristóbal Colón al Christo ferens, como él se nominaba, al portador de Cristo que lleva las bendiciones del evangelio a los pueblos paganos sumidos en falsas religiones. Así, una conquista colonizadora se convierte en empresa redentora y misionera. En el seno de la Iglesia Católica hubo el siglo pasado, en el contexto del cuarto centenario de la gesta, esfuerzos considerables por beatificar a Colón.

Los sumos pontífices Pío IX y León XIII, respaldados por centenares de obispos, propusieron tres veces su beatificación a la Sacra Congregación de Ritos. El papa León XIII tildó la gesta colombina como la hazaña más grandiosa y hermosa que hayan podido ver los tiempos. Luego añade que mediante ella, se aumentó la autoridad del nombre europeo de manera extraordinaria, uniendo así el evangelio con la autoridad del nombre europeo. Colón adquirió de esa manera, ribetes de devoto monje franciscano, que se unieron a su imagen de paladín del conocimiento empírico y de promotor cultural para configurar una de las figuras de héroe cultural mítico más impresionantes que ha forjado la fantasía moderna.

Los esfuerzos por beatificar a Colón, dicho sea de paso, no obtuvieron el éxito deseado por sus sacros promotores. Resultó imposible, en el seno de una iglesia atenta a estrictos moralismos, santificar a un marino que por más de dos décadas sostuvo amores con una concubina. Era pedir demasiado tener un santo con excesivas libertades eróticas.

Colón, iniciador de la modernidad; Colón, vencedor del salvajismo iletrado; y, San Cristóbal, nuevo apóstol de los gentiles. El aventurero ligur se transformó en icono mítico, en héroe cultural, imagen personificada de la ciencia occidental, subyugadora y transformadora del planeta a su imagen y semejanza, capaz de imprimir nueva vida a lugares recónditos, o de exterminar a quienes se oponen a su dominio —¿no fue acaso ése el destino fatal de nuestros indígenas?—; de icono mítico de la cultura de Occidente, con su literatura y sus artes, y sobre todo su radical distinción entre pueblos creadores de cultura y pueblos bárbaros, útiles solamente para servir a los primeros; de icono mítico del cristianismo, de origen semítico, pero adoptado y adaptado por Occidente, en sus reclamos de religión universal exclusiva, como instrumento legitimador de dominio global.

Nos encontramos, como puede verse por esta apretada síntesis, ante una proyección de una imagen mítica, hecha a la medida de los intereses occidentales de dominio global. Sería demasiado ambicioso de mi parte intentar, en su primera conferencia universitaria, desmontar la totalidad de la imagen mítica de Cristóbal Colón. Me limitaré a examinar al Colón propulsor de la modernidad científica contra la ignorancia medieval.

Conocemos el primer obstáculo a esa noción. Colón nunca aspiró a descubrir tal cosa como un nuevo mundo, un cuarto continente, ni mucho menos una tierra llamada América. Su objetivo al zarpar de Andalucía es otro y lo describe bien su cronista Bartolomé de las Casas: Lo que se ofrecía a hacer es lo siguiente: Que por la vía del Poniente… entendía toparse con tierra de la India, y con la gran isla de Çipango y los reinos del Gran Khan.

Colón pretendía hallar la ruta más corta y directa hacia las tierras orientales descritas a principios del siglo catorce por el viajero Marco Polo. Entre ellas se destacan el imperio del Gran Khan, la isla de Çipango (que algunos lectores entienden referirse a Japón), plétora de grandes riquezas, y un número considerable de islas fabulosas, contiguas al extremo oriental de Asia, y de las cuales el peripatético veneciano había escrito que: El oro abunda en las islas hasta producir asombro.

¿Por qué Colón se lanzó a su aventura marina? Por informado y valiente, contesta la historiografía mitológica. Colón mismo lo reitera. En los largos años que pasó en la corte portuguesa primero y en la castellana luego, escribe, todos aquellos que supieron de mi inpresa con rixa le negaron burlando. Veamos en qué consisten los fundamentos teóricos de su inpresa.

Colón concibe inicialmente al planeta como una esfera; desde la traducción al latín en 1410 de la Geografía de Tolomeo, lo hacía todo intelectual en el siglo quince que valiese algo (veremos luego el cambio que al respecto se operará en su mente). Lo peculiar de la geografía colombina estriba en su escaso cálculo de la magnitud del planeta. El estimado de Colón es relativamente pequeño, alrededor de veinticinco por ciento menor de lo que en realidad es, con seis partes cubiertas por tierra y una por agua. Las seis partes de tierra se dividen en tres continentes: Europa, África y Asia, la séptima parte acuática se compone sobre todo de un sólo gran mar, el mar Océano, contiguo a los tres continentes.

La escasa magnitud del planeta la deduce de lecturas precipitadas de los geógrafos clásicos griegos, latinos y árabes; la equivocada proporción entre la tierra y el océano la extrae de un texto bíblico apócrifo, El segundo libro de Esdras 6:42, que afirma que en la creación Dios recogió las aguas en una séptima parte de la tierra; las otras seis partes las hizo tierra seca… La trilogía de los continentes la obtiene, por una parte, de la búsqueda medieval de reflejos de la naturaleza trinitaria de Dios y por otra, de los textos bíblicos canónicos de Génesis 9:19 y 10:5, que aseveran que la tierra se dividió en tres regiones correspondiendo cada una de ellas a los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, adobados éstos por la exégesis medieval de la leyenda evangélica, relatada únicamente por Mateo, de unos magos que llevan obsequios al bebé Jesús, y según la cual éstos son tres príncipes representantes de los tres continentes.

Como ven, es una cosmografía que de científica o ilustrada nada tiene. Sus raíces son el enredo conceptual y las especulaciones legendarias. Aceptémoslo: el llamado descubrimiento de América es el resultado de uno de los disparates conceptuales más colosales de la historia.

Algunos intérpretes insisten, en este contexto, en un objetivo evangelizador, misionero, primario. De acuerdo con esa lectura, el motivo principal que inspira a Colón a surcar el proceloso y desconocido océano sería religioso, la conversión de los paganos.

Hay ciertamente algo de eso desde el principio, como atestiguan el prólogo del Diario y el epílogo de su epístola de febrero de 1493. De los textos colombinos mesiánicos, uno de mis preferidos procede de 1501, tras su expulsión de la Española. Colón escribe a los Reyes una misiva que intenta demostrar que en sus empresas náuticas se cumplen las profecías bíblicas sobre la conversión al cristianismo de todos los pueblos, que él es el escogido por Dios para recuperar de manos de los aborrecidos musulmanes el santo sepulcro y es, además, figura apocalíptica que anuncia el advenimiento de los nuevos cielos y la nueva tierra prometida en el Apocalipsis. Para darle urgencia escatológica a sus negocios ilustra a los Reyes sobre la cronología universal. La historia, dice, durará siete mil años, como alegóricamente señalan los siete días de la creación. Desde Adán, polo inicial de la historia, hasta Cristo, su eje central, son çinco mill e tresientos y cuarenta e tres años y tresientos y diez e ocho días, como asevera el marino convertido en profeta, a los que hay que añadir, sigue, mill y quingentos y uno inperfeto, hasta él, nuevo pilar de la historia, para un total de seis mill ochoçientos cuarenta e çinco inperfetos. Por tanto, concluye, restan sólo ciento cincuenta y cinco años para el momento en que, en sus palabras, avrá de feneçer el mundo. Es un tiempo apocalíptico en el que advendrán la conversión acelerada de los paganos y la recuperación de la tierra santa. En ambas empresas apocalípticas, Colón se atribuye el papel protagonista.

Creo, sin embargo, que Felipe Fernández Armesto, en su reciente biografía de Colón, atina al indicar que esta mentalidad mesiánica y apocalíptica domina el escenario mental de Colón sólo tardíamente, tras el colapso de sus planes más seglares de explotación colonial económica. Es ciertamente especulación muy posterior a su zarpada del puerto de Palos.

Fantasía geográfica y realismo mágico

Retornemos a la incongruencia entre lo que Colón buscaba y lo que encontró. Buscaba a Asia y encontró a América. ¿Y qué? No siempre lo que encontramos coincide con lo que buscamos. Es lo que hace a la existencia interesante, además de arriesgada.

Además, la ciencia adelanta mediante el reconocimiento de sus errores.

Colón, empero, se niega inicialmente a rehacer sus concepciones cosmográficas a la luz de su propia experiencia. Tras explorar buena parte de lo que hoy conocemos como las Antillas, escribe, en el prólogo de su famosa carta del 15 de febrero de 1493: En treinta y tres días pasé a las Indias con la armada que los illustríssimos Rey e Reina, Nuestros Señores, me dieron, donde yo fallé muy muchas islas pobladas con gente sin número, y d’ellas todas he tomado posesión por sus Altezas.

Resistamos la tentación de desviarnos y llamar la atención a que Colón no dice en ese prólogo que él descubre algo. El acento recae sobre otro proceso diferente, de distinto significado histórico: la toma de posesión de las tierras encontradas.

Resistamos, repito, la tentación de señalar que el énfasis moderno sobre el descubrimiento de América es un encubrimiento de lo que Colón dice que hace, por ejemplo, el 15 de octubre de 1492: Mi voluntad era de no passar por ninguna isla de que no tomase possessión.

Lo que deseo recalcar hoy no es eso, sino el lugar al que afirma llegar: las Indias. Ninguno de los escritos colombinos de la primera expedición puede entenderse sino se ubican en la fantasía geográfica de Colón. Cree haber encontrado las islas orientales fabulosas, llenas de oro y valiosas especies descritas por Marco Polo.

Colón decide, en su primer viaje, a la altura de las Bahamas, no seguir al este, de haberlo hecho se hubiese tropezado con la Florida, y se torna al sudeste. Se adentra en el trópico, pues piensa, en consonancia con sus medievales ideas, que el oro surge en las tierras calientes, de mucho sol. Busca la fabulosa Çipango, y al encontrar la Española cree hallarla (es cierto que los nativos dicen algo como Çibao, pero es que los pobres no saben pronunciar tan correctamente como los europeos Marco Polo y Cristóbal Colón). Cree oír decir a los nativos que hay otra isla, Baneque, la cual se describe como isla que era todo oro. La imagen mítica de Baneque como isla aurífera provoca la hostil competencia entre Colón y Martín Alonso Pinzón, quien se aleja, a bordo de la Pinta, en su búsqueda. Algunos lectores, entre ellos Luis Lloréns Torres, y más recientemente el profesor Adam Szásdi, identifican a Baneque con Boriquén y presumen que el primer europeo en avistar nuestra isla no fue Colón en noviembre de 1493, sino Martín Alonso Pinzón en diciembre de 1492.

Probablemente tienen razón, pero cuidado no perdamos lo esencial; no se busca una isla real, sino un mito, una ínsula dorada. Al no encontrar la añorada ínsula aurífera, se conforma Colón con Çipango, a la que rebautiza con el nombre de Española y en la que piensa se encuentran Ofir y Tarsis, las legendarias minas
del rey Salomón.

Al toparse con Cuba, duda si es isla o península. Los nativos, él los llama indios, es el primero en imponerles tal falso gentilicio, dicen que es isla, pero Colón sospecha que se equivocan, que en realidad es tierra continental, China.

Envía a Luis de Torres, diestro en hebreo, caldeo y árabe para que intente localizar al Gran Khan, emperador del Asia y le entregue una misiva evangelizadora a nombre de los Reyes Católicos. Huelga mencionar el resultado de tan pintoresca embajada. En el segundo viaje firmará, y obligará a firmar a la tripulación de tres carabelas, una declaración jurada de que Cuba es península, tierra continental, en especial, dice, la provincia de Mango, descrita por Marco Polo. Estipula la declaración que cualquiera que afirme lo contrario sería castigado con una multa de 10,000 maravedíes, 100 azotes o el corte de la lengua. Los aborígenes unánimemente afirman que Cuba es isla, pero, ¿quién hace caso de unos primitivos salvajes, que son, como indica la declaración jurada colombina, gente desnuda que… ni saben que sea el mundo…? También cree Colón localizar en Cuba, según afirma su sobrio amigo Miguel de Cuneo, a Saba, la cuna de uno de los tres Reyes Magos, el oriundo de Asia.

Colón considera su primer viaje un rotundo éxito. Ha llegado, cree, a las postrimerías del Asia, ha tomado posesión, en nombre de los Reyes Católicos, de la fabulosa Çipango, con las espléndidas minas del rey Salomón, ha escuchado referencias a Baneque, la ínsula aurífera y ha localizado valiosísimas cantidades de especies.

Además, ha comenzado a ubicar una geografía fabulosa. Descubre una provincia en Cuba donde la gente nace con cola y una isla en la que todos son calvos. Halla otro lugar en el Caribe en el que residen exclusivamente hombres (supongo que también mujeres) de un ojo, igual que otro en el que sus habitantes tienen hoçicos de perros y son caníbales. Asegura la existencia de una isla, Matininó, poblada exclusivamente por bravas amazonas, quienes, dice Colón, no usan exercicio femenil, excepto lo necesario para la reproducción y eso únicamente con unos feroces antropófagos, que habitan otra isla llamada Carib. Esas fantasías de Colón provocaron insaciables búsquedas, por un lado, de las Amazonas, que redundó en el hallazgo no de espléndidas mujeres, sino de un río lleno de pirañas, y de los antropófagos, sean éstos reales, o, como sugieren algunos escépticos historiadores, imaginados para ser esclavizados.

He aquí el origen de la literatura hispanoamericana que los críticos llaman “real maravillosa”. Colón anticipa a Gabriel García Márquez, sólo que sus fronteras literarias entre lo real y lo fabuloso son más tenues que la del eminente escritor colombiano.

Son, además, las tierras que el Almirante describe felicísimas, sus relatos nos obligan a usar expresiones hiperbólicas. Extremadamente saludables, nadie de la tripulación se enfermó, algo poco común en viajes ultramarinos. Un marino que por años padecía de piedras intestinales quedó milagrosamente curado de su vieja aflicción. En su segundo viaje, observemos, la tercera parte de sus acompañantes se enfermaría de diversas dolencias tropicales.

Pedro Henríquez Ureña ha escrito que la literatura colombina es la progenitora de la lírica paisajista antillana en castellano. Colón de marino se hace poeta ensalzando líricamente el paisaje caribeño. Cada isla supera en belleza a la anterior, prematuramente descrita como el más hermoso lugar del mundo. La Española, alega, tiene muy muchas… montañas altíssimas… llenas de árboles de mil maneras i altas, i parece que llegan al cielo; i tengo por dicho que iamás pierden la foia… que los vi tan verdes tan hermosos como son por Mayo en Spaña; y déllos stavan florridos, d’ellos con fruto… Y cantava el ruiseñor i otros paxaricos de mil maneras… Ay pinares a maravilla e ay canpiñas grandíssimas, e ay miel i de muchas maneras de aves y frutas muy diversas.

Una verdadera Arcadia ensoñada.

Acierta Henríquez Ureña, pero sólo si el lirismo colombino, que tampoco alcanza muchos brillos literarios, se percibe en el contexto, por un lado, de las fábulas de Marco Polo y, por el otro, para que no se crea que la empresa es un ejercicio exclusivo de la imaginación literaria, de la búsqueda de las fabulosas riquezas concebidas en esas míticas tierras. Es un lirismo tan interesado como fantasioso.

En la Española funda, al iniciar su administración colonial, la primera ciudad al estilo europeo en el Nuevo Mundo. La bautiza Isabela, en honor de su protectora, la reina de Castilla, ubicada, según opina, en el lugar mejor y más idóneo de la tierra. Ha sido Alejo Carpentier, en El arpa y la sombra, quien genialmente exploró las imaginarias posibilidades eróticas de las relaciones entre la católica reina y el aventurero marinero, para escándalo de piadosos feligreses. Pronto habrá que abandonar la Isabela por sus malas aguas, peores aires, implacables insectos e insoportable calor.

La seducción del oro

Son otros, sin embargo, los principales atractivos de las tierras halladas que seducen a Colón: El omnipresente oro y la numerosa y servicial población indígena. La imaginación de Colón bucea en oro. Oro es quizá el sustantivo más repetido en su diario. De la Española, Colón, tras breve estadía se arriesga a decir: En ésta ay oro sin cuento… sus ríos, los más de los cuales traen oro. Luego remacha triunfalmente: En conclusión… pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuanto ovieren menester… Los Reyes recordarán esa solemne promesa, en 1500, cuando después de siete años de caótico gobierno colonial, sus reservas auríferas poco hayan adquirido de las fabulosas minas caribeñas forjadas por la imaginación colombina. El Almirante sería entonces desalojado sin mucho protocolo de sus ilusas pretensiones de poder.

Colón llega incluso a sacralizar el oro. En su cuarto viaje, perdido en Jamaica, rechazado por nativos y españoles, asegura que ha encontrado en Veragua, provincia del actual Panamá, los yacimientos más fabulosos de oro.

Corrige su creencia del primer viaje y ubica ahora las minas de Salomón en Veragua, no en la Española. Añade: El oro es excelentíssimo; del oro se hace tesoro, y con él, quien lo tiene, haçe cuanto quiere en el mundo, y llega a que echa las ánimas al Paraíso.

En el primer viaje no se atreve a ir tan lejos. Se conforma en certificar a los Reyes Católicos que con las sumas inmensas de oro que pronto llevará de las islas encontradas, en el curso de sólo tres años se logrará lo que la cristiandad había intentado durante cuatro siglos y fracasado: la conquista de la tierra santa, la recuperación del santo sepulcro de las contaminantes manos musulmanas.

Naturalmente, esa proeza puede lograrse únicamente si la corona, además de usar el oro de las Antillas para culminar el sueño de las cruzadas, nombra para dirigirla nada menos que a su nuevo Almirante del Mar Océano: Cristóbal Colón.

Colón recuerda con velada amargura la reacción de los reyes a ese proyecto, Vuestras Altezas se rieron.

El mercader de esclavos

El otro gran atractivo de las islas es su población. La descripción que de ella hace Colón es significativa. Refiere primero su desnudez —andan todos desnudos, hombres y mugeres, así como sus madres los paren— iniciando así una doble vertiente del pensamiento europeo sobre los nativos americanos.

Desnudos estaban Adán y Eva antes del pecado original, ¿es entonces la desnudez de los nativos señal de inocencia, de falta de malicia? Aquí nace el mito del salvaje noble. Por otro lado, desnudos están los animales, las bestias; la cultura humana medieval encubre moralmente el cuerpo, sobre todo el femenino, raíz de las peores tentaciones carnales, ¿es entonces la desnudez de los nativos señal de bestialidad, de lascivia maliciosa? Aquí nace el mito del salvaje malo.

El énfasis de Colón es más prosaico, de menor vuelo especulativo. La observación de la desnudez va ligada a la próxima. Los indios, dice, no tienen fierro ni azero ni armas. No es un apunte etnográfico. Es más bien una astuta anotación militar. Sus cuerpos desnudos y la ausencia de armas de hierro o acero aseguran la conquista.

Pero, quizá no hay que recurrir a las armas. Porque, ésta es su tercera observación antropológica, los nativos son los seres más tímidos y dóciles del mundo. Las tres observaciones colombinas sobre los indígenas van generalmente ligadas. Señala el 16 de diciembre de 1492: Son todos desnudos y de ningún ingenio en las armas y muy cobardes.

Por eso deja confiado cuatro decenas de hombres en el llamado fuerte de la Navidad, para que busquen oro y sienten las bases de la explotación colonial. A base de su apreciación sobre los nativos, juzga que ese destacamento español no corre peligro alguno, pues los nativos, dice, no saben qué sean armas, y andan desnudos como ya he dicho. Son los más temerosos que ay en el mundo, así que… es isla sin peligro… Supongo que todos los presentes conocen la desdichada suerte de esos hombres. Fueron todos matados en la primera batalla entre los invasores europeos y los indígenas, a quienes parece no les agradó mucho la presencia de unos intrusos fisgoneando en sus territorios y mucho menos violando a sus mujeres (Colón volvió a equivocarse: Olvidó que eran marinos, no monjes).

Antes de esa sonada frustración, imbuido de sus ilusas e interesadas percepciones sobre los nativos, sentencia su conclusión: Ellos deven ser buenos servidores. Y remacha: Son buenos para les mandar y les hazer trabajar y hacer todo lo otro que fuere menester… Para que nadie se equivoque sobre el carácter preciso de la sugerencia, Colón lo explicita. Tras prometer toneles de oro e infinidad de especies exóticas, añade otro encanto comercial de las nuevas posesiones: Y esclavos cuantos mandaran cargar. A Cristóbal Colón, al Christo ferens, al portador de Cristo, a quien dos papas y centenares de obispos quisieron beatificar, compete el honor de ser el primer europeo en sugerir esclavizar a los nativos americanos.

Hombre de acción más que de teoría, pone en práctica su propia sugerencia y en febrero de 1495 intenta iniciar lo que espera sea un negocio lucrativo: el mercado trasatlántico de esclavos indígenas, embarcando para España 600 nativos, en su opinión los de mayor resistencia física. Miguel de Cuneo, quien viajó con ellos, relata el lúgubre resultado. Habiendo llegado al mar de España, creo que por lo insólito del aire más frío que el de ellos, de dichos indios murieron unas 200 personas, que echamos al mar… [En] Cadiz descargamos a todos los esclavos, quienes estaban medio enfermos… No son hombres para trabajos pesados, le temen mucho al frío y tampoco tienen larga vida.

Ese atroz fracaso no desanimó al Christo ferens, quien replica: Bien que mueran agora, así no será siempre desta manera, que así hacían los negros… a la primera… Reitera luego a la corona, absolutamente convencido de la moralidad y la veracidad de sus palabras lo siguiente: En Castilla y Portugal y Aragón y Italia y Sicilia y las islas de Portugal y Aragón y las Canarias gastan muchos esclavos, y creo que de Guinea ya no vengan tantos; y que viniesen, uno déstos vale por tres…

El mensaje es claro: el mercado europeo de esclavos es insaciable, la fuente africana se agota y los indígenas americanos son más resistentes que los negros.

¡La tierra no es esférica!

Debo rechazar la tentación de desviarme por alamedas paralelas.

Quedémonos con el Colón arquetipo del conocimiento científico. Si durante sus primeras expediciones, debido a su errónea geografía, Colón está totalmente confundido, ¿no habrá acaso, cómo opinan algunos intérpretes, corregido posteriormente su perspectiva y entendido que no había hallado la mejor ruta marina para las asiáticas Indias sino un inédito e inmenso nuevo continente, un Nuevo Mundo? La pregunta es pertinente, porque sólo una respuesta afirmativa justificaría la trillada aseveración “Cristóbal Colón descubrió América” a pesar de la evidente contradicción en términos que ella contiene [si Colón es el descubridor, América no debía llamarse “América”; si América realmente debe llamarse “América”, Colón no es su verdadero descubridor].

El momento crucial es a mediados de agosto de 1498, en su tercer viaje. Se encuentra súbitamente con un paisaje impresionante, el torrencial delta del río Orinoco, en la región de la hoy Venezuela. Aunque sigue creyendo que Cuba es península, es su primera confrontación real con tierra continental americana. El
delta y la elevación marina que éste produce golpean el alma del cansado navegante y le obliga a meditar hondamente sobre su significado cosmológico.

Revisemos brevemente los resultados de esa reflexión. Los textos en que se recogen constituyen, desde Bartolomé de las Casas hasta hoy, el punto más agudo de contención y debate entre los lectores e intérpretes de la mentalidad colombina.

Colón se apresta a corregir sustancialmente a Tolomeo, quien había postulado la esfericidad del planeta. Sentencia que el geógrafo clásico y todos sus seguidores se han equivocado al afirmar que el mundo es esférico. Su error procede de que han tenido experiencia únicamente de su hemisferio, el cual parece apuntar a la esfericidad del mundo. Sólo Colón ha tenido la experiencia única de comparar ambos hemisferios del planeta y descubrir que éste no es esférico, ya que de su parte central surge un promontorio.

Para explicarse recurre a dos analogías. El mundo, escribe, no era redondo en la forma qu’escriven, salvo que es de la forma de una pera… El planeta, pues, no es esférico, sino espérico. La segunda analogía es aún más gráfica e interesante. El planeta dice, y cito, fuesse como una teta de muger… la cua toviese el peçon alto… Es asunto de escoger que se prefiere para ilustrar la novedosa cosmografía colombina, la pera o la teta de muger.

Falta lo mejor. Del clima excepcionalmente templado que encuentra y de la benignidad y armonía de los nativos concluye que se encuentra contiguo a un lugar excepcional, extraordinario: el perdido paraíso terrenal, el Edén. Muy assentado, recalca, tengo el ánima que allí… es el Paraíso Terrenal… Por eso llama al lugar, la costa norte de Suramérica, Isla de Gracia. Se trata del descubrimiento de mayor importancia y grandeza en la historia de las exploraciones: Al sur de la Isla de la Trinidad, en la Isla de la Gracia, encuentra nuestro ilustrado Almirante, justo en el ocaso de la historia, el origen de la especie humana, el escenario del drama trascendental de la creación y del pecado: el paraíso terrenal perdido.

Con el descubrimiento del paraíso bíblico, ubicado en el pezón del planeta culminan la geografía y cosmografía colombinas. En el cuarto viaje se limita a repetir sus dislocadas especulaciones, en un momento en el que ya a nadie interesan: El mundo es poco; el injuto d’ello es seis partes, la séptima solamente cubierta de agua. La experiencia ya está vista, y la escreví por otras letras… con el sitio del Paraíso Terrenal… Digo que el mundo non es tan grande…

Terminemos estas irreverentes reflexiones. En febrero de 1505, marginado por el rey católico quien se había hastiado de las especulaciones febriles y la improductividad financiera del genovés, escribe Colón a Diego, su hijo, encomendándole a un compatriota, a quien, dice, la fortuna le ha sido contraria. Se trata de un individuo llamado Américo Vespucio, bajo cuyo nombre, sin saberlo el Almirante, circulaba ya una epístola cuya percepción de las tierras encontradas como un nuevo mundo, de la inmensa magnitud del planeta y de la necesidad de superar las concepciones geográficas medievales y legendarias en las que todavía estaba sumido Colón, llevaría a la trascendental e irreversible decisión de nominar ese nuevo mundo América, en honor imperecedero de ese florentino a quien Colón consideraba infortunado.

¡Pobre Almirante perdido!

Reflexiones irreverentes sobre el quinto centenario y un almirante perdido.

Luis N. Rivera Pagán

Todos aquellos que supieron de mi
inpresa con rixa le negaron burlando.
Cristóbal Colón
“Carta a los Reyes Católicos”
1501.

Introducción. ¡A las raíces!

Este acto es para mí motivo de honor por partida doble. En primera instancia, por invitárseme a dictar una conferencia en homenaje a dos insignes figuras del mundo académico y cultural puertorriqueño: doña Isabel Gutiérrez del Arroyo y don Ricardo Alegría. Agradezco profundamente la oportunidad de honrar a quienes con sus ingentes labores han fecundado la vida espiritual de nuestro país.

Isabel Gutiérrez del Arroyo ha sido paradigma de rigurosidad y elegancia en la investigación historiográfica, en la cátedra, en el atril de la conferencia pública y en sus nutridos ensayos. Sus notas eruditas y críticas a la obra clásica de Salvador Brau, La colonización de Puerto Rico, y sus apuntes sobre el desarrollo de la historiografía en nuestra isla, son ejemplos notables de sus muchos e insignes aportes. Ricardo Alegría nos ha incitado a reflexionar sobre la diversidad de los orígenes étnicos y culturales de la historia puertorriqueña, a la vez que se hace ubicuo fundador y director de entidades, como el Instituto de Cultura Puertorriqueña, el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe y el Museo de las Américas, que sirven de monumentos a esa historia y de promotores de aquellas actividades del intelecto y la imaginación que la enriquecen.

Isabel Gutiérrez del Arroyo y Ricardo Alegría han cuidado de las honduras de nuestro ser colectivo. Saben bien que el secreto para una ceiba frondosa o un cupey vigoroso estriba en sus raíces. Algo similar sucede con la identidad cultural y la conciencia nacional de un pueblo. Ambos han prestado especial atención al dramático y crucial momento del encuentro entre los aborígenes que por generaciones forjaban en esta tierra su cultura, religiosidad y sus tradiciones, con la súbita aparición de un ignoto pueblo europeo cristiano, irrupción a la vez civilizadora y exterminadora, evangelizadora y aniquiladora. Desde el primer momento en que esos indígenas se confrontaron con la presencia, para ellos trágica y apocalíptica, de los europeos cristianos, se hizo visible también otro ser humano, el africano, fácil de distinguir por la pigmentación de su fisonomía, marcado por el hierro y el destino de la esclavitud, cargado su espíritu por el menosprecio racial del bello color del ébano y por la maldición de Noé al segundo de sus hijos, compelido a participar en un proceso de conquista y colonización cuyos frutos otros usufructuarían.

El interés académico primario de Isabel Gutiérrez del Arroyo y Ricardo Alegría ha recaído en los orígenes de la vida espiritual de Puerto Rico. Es, pues justo, y apropiado que se les honre mediante un acto que constituye la primera conferencia universitaria formal a la que asiste la mayoría de los aquí presentes.

Es esta lección inaugural la primera ínsula notable en el mar tenebroso cuya travesía recién inicia la mayor parte de esta audiencia. Ése es mi segundo honor. Pido, por consiguiente, la venia de mis colegas claustrales para seguir la tradición establecida hace seis años por don José Echeverría Yañez, en la primera de las lecciones inaugurales de la Facultad de Estudios Generales, y dirigirme preferentemente a quienes se estrenan como estudiantes universitarios.

De las carabelas a las regatas (¡y una cacería humana!)

Y de orígenes tratamos hoy. Desde hace meses el mundo hispanoamericano festeja la efeméride del quinto centenario de la gesta en la que un marino genovés, bajo las órdenes de los Reyes Católicos de las Españas, al mando de una nao y dos carabelas surcó el mare tenebrosum y propició el trascendental encuentro entre pueblos, razas y culturas del cual surgimos. Todos presenciamos la visita a nuestras costas, a fines de diciembre de 1991, de réplicas de la Santa María, la Niña y la Pinta. Aguantamos la respiración cuando pieles rojas canadienses invadieron la Santa María para abandonarla sólo después de lograr la satisfacción simbólica de expresarles a los cónsules españoles y canadienses, en su idioma nativo y mediante sus ceremonias
autóctonas, lo que piensan sobre el evento del cual se festeja el aniversario número quinientos. Las naves fueron bien recibidas, a diferencia de la canoa Hatuey, a la que en 1987, en otro acto preparatorio del quinto centenario, se le prohibió la entrada a los puertos boricuas por las autoridades federales. Al parecer algún burócrata de la aduana norteamericana sabía suficiente historia como para conocer el carácter indómito y rebelde de Hatuey, uno de los primeros caciques antillanos en resistir la invasión europea.

También fuimos testigos del paroxismo de la Gran Regata Colón, en la que se dieron cita centenares de vistosas fragatas. Fue una fiesta popular, en la que aconteció de todo, inclusive una espectacular cacería de apuestos y viriles jóvenes extranjeros llevada a cabo con caribeño gusto por nuestras amazonas boricuas. Tengo a mucho orgullo el que una de mis hijas gemelas, Tamara, capturase una de las mejores presas, un joven oficial de la fragata argentina Libertad, quien, al perder su serenidad de espíritu envió un pasaje para que ella le visitase un par de semanas en Buenos Aires. Desde la guerra por las Malvinas no era tan vapuleado un buque argentino. Tras el viaje de mi gemela a la tierra de gauchos, hay un joven oficial porteño que baila el tango con marcado ritmo de salsa antillana. Felicitaciones a mi querida amazona y a todas las otras aquí presentes que convirtieron en leyenda internacional la seductora belleza de la mujer puertorriqueña.

Esta secuencia de eventos, la cual incluye el salsero pabellón puertorriqueño en la exposición de Sevilla, las olimpiadas de Barcelona y la audaz propuesta de unir en sagradas nupcias la estatua de Colón, situada en la mentada metrópolis catalana, con la neoyorquina estatua de la libertad, tiene lugar en el contexto mayor del festejo del evento magno tradicionalmente llamado descubrimiento de América.

Colón: paradigma de la modernidad científica

Este acontecimiento tiene un protagonista heroico, Cristóbal Colón, convertido por la ilustración y el positivismo en héroe cultural paradigmático, quien como alegado paladín de la ciencia, la experiencia y el conocimiento se enfrenta victoriosamente al pesado fardo de la ignorancia y superstición medieval. Se nos presenta a Colón con reverencia, como quien soporta por largos años de adversidad la burla de aquellos que parlotean dogmáticamente sobre la forma de un cosmos que en realidad desconocen. Desde fines del siglo dieciocho se transmuta así a Colón en náutico anticipador de Copérnico y Galileo.

En el caso del mundo hispanoamericano, a esa reverencia por el paladín del conocimiento empírico se une la reverencia por el Colón portador de las semillas de nuestra hispanidad civilizada y culta. Colón es, se alega, quien inicia la fecundación de la América salvaje y primitiva con la cultura literaria ibérica, a punto de florecer en su Siglo de Oro, matriz de universidades, bibliotecas, museos y catedrales.

A ello unen sus loas algunos jerarcas eclesiásticos que ven en Cristóbal Colón al Christo ferens, como él se nominaba, al portador de Cristo que lleva las bendiciones del evangelio a los pueblos paganos sumidos en falsas religiones. Así, una conquista colonizadora se convierte en empresa redentora y misionera. En el seno de la Iglesia Católica hubo el siglo pasado, en el contexto del cuarto centenario de la gesta, esfuerzos considerables por beatificar a Colón.

Los sumos pontífices Pío IX y León XIII, respaldados por centenares de obispos, propusieron tres veces su beatificación a la Sacra Congregación de Ritos. El papa León XIII tildó la gesta colombina como la hazaña más grandiosa y hermosa que hayan podido ver los tiempos. Luego añade que mediante ella, se aumentó la autoridad del nombre europeo de manera extraordinaria, uniendo así el evangelio con la autoridad del nombre europeo. Colón adquirió de esa manera, ribetes de devoto monje franciscano, que se unieron a su imagen de paladín del conocimiento empírico y de promotor cultural para configurar una de las figuras de héroe cultural mítico más impresionantes que ha forjado la fantasía moderna.

Los esfuerzos por beatificar a Colón, dicho sea de paso, no obtuvieron el éxito deseado por sus sacros promotores. Resultó imposible, en el seno de una iglesia atenta a estrictos moralismos, santificar a un marino que por más de dos décadas sostuvo amores con una concubina. Era pedir demasiado tener un santo con excesivas libertades eróticas.

Colón, iniciador de la modernidad; Colón, vencedor del salvajismo iletrado; y, San Cristóbal, nuevo apóstol de los gentiles. El aventurero ligur se transformó en icono mítico, en héroe cultural, imagen personificada de la ciencia occidental, subyugadora y transformadora del planeta a su imagen y semejanza, capaz de imprimir nueva vida a lugares recónditos, o de exterminar a quienes se oponen a su dominio —¿no fue acaso ése el destino fatal de nuestros indígenas?—; de icono mítico de la cultura de Occidente, con su literatura y sus artes, y sobre todo su radical distinción entre pueblos creadores de cultura y pueblos bárbaros, útiles solamente para servir a los primeros; de icono mítico del cristianismo, de origen semítico, pero adoptado y adaptado por Occidente, en sus reclamos de religión universal exclusiva, como instrumento legitimador de dominio global.

Nos encontramos, como puede verse por esta apretada síntesis, ante una proyección de una imagen mítica, hecha a la medida de los intereses occidentales de dominio global. Sería demasiado ambicioso de mi parte intentar, en su primera conferencia universitaria, desmontar la totalidad de la imagen mítica de Cristóbal Colón. Me limitaré a examinar al Colón propulsor de la modernidad científica contra la ignorancia medieval.

Conocemos el primer obstáculo a esa noción. Colón nunca aspiró a descubrir tal cosa como un nuevo mundo, un cuarto continente, ni mucho menos una tierra llamada América. Su objetivo al zarpar de Andalucía es otro y lo describe bien su cronista Bartolomé de las Casas: Lo que se ofrecía a hacer es lo siguiente: Que por la vía del Poniente… entendía toparse con tierra de la India, y con la gran isla de Çipango y los reinos del Gran Khan.

Colón pretendía hallar la ruta más corta y directa hacia las tierras orientales descritas a principios del siglo catorce por el viajero Marco Polo. Entre ellas se destacan el imperio del Gran Khan, la isla de Çipango (que algunos lectores entienden referirse a Japón), plétora de grandes riquezas, y un número considerable de islas fabulosas, contiguas al extremo oriental de Asia, y de las cuales el peripatético veneciano había escrito que: El oro abunda en las islas hasta producir asombro.

¿Por qué Colón se lanzó a su aventura marina? Por informado y valiente, contesta la historiografía mitológica. Colón mismo lo reitera. En los largos años que pasó en la corte portuguesa primero y en la castellana luego, escribe, todos aquellos que supieron de mi inpresa con rixa le negaron burlando. Veamos en qué consisten los fundamentos teóricos de su inpresa.

Colón concibe inicialmente al planeta como una esfera; desde la traducción al latín en 1410 de la Geografía de Tolomeo, lo hacía todo intelectual en el siglo quince que valiese algo (veremos luego el cambio que al respecto se operará en su mente). Lo peculiar de la geografía colombina estriba en su escaso cálculo de la magnitud del planeta. El estimado de Colón es relativamente pequeño, alrededor de veinticinco por ciento menor de lo que en realidad es, con seis partes cubiertas por tierra y una por agua. Las seis partes de tierra se dividen en tres continentes: Europa, África y Asia, la séptima parte acuática se compone sobre todo de un sólo gran mar, el mar Océano, contiguo a los tres continentes.

La escasa magnitud del planeta la deduce de lecturas precipitadas de los geógrafos clásicos griegos, latinos y árabes; la equivocada proporción entre la tierra y el océano la extrae de un texto bíblico apócrifo, El segundo libro de Esdras 6:42, que afirma que en la creación Dios recogió las aguas en una séptima parte de la tierra; las otras seis partes las hizo tierra seca… La trilogía de los continentes la obtiene, por una parte, de la búsqueda medieval de reflejos de la naturaleza trinitaria de Dios y por otra, de los textos bíblicos canónicos de Génesis 9:19 y 10:5, que aseveran que la tierra se dividió en tres regiones correspondiendo cada una de ellas a los tres hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, adobados éstos por la exégesis medieval de la leyenda evangélica, relatada únicamente por Mateo, de unos magos que llevan obsequios al bebé Jesús, y según la cual éstos son tres príncipes representantes de los tres continentes.

Como ven, es una cosmografía que de científica o ilustrada nada tiene. Sus raíces son el enredo conceptual y las especulaciones legendarias. Aceptémoslo: el llamado descubrimiento de América es el resultado de uno de los disparates conceptuales más colosales de la historia.

Algunos intérpretes insisten, en este contexto, en un objetivo evangelizador, misionero, primario. De acuerdo con esa lectura, el motivo principal que inspira a Colón a surcar el proceloso y desconocido océano sería religioso, la conversión de los paganos.

Hay ciertamente algo de eso desde el principio, como atestiguan el prólogo del Diario y el epílogo de su epístola de febrero de 1493. De los textos colombinos mesiánicos, uno de mis preferidos procede de 1501, tras su expulsión de la Española. Colón escribe a los Reyes una misiva que intenta demostrar que en sus empresas náuticas se cumplen las profecías bíblicas sobre la conversión al cristianismo de todos los pueblos, que él es el escogido por Dios para recuperar de manos de los aborrecidos musulmanes el santo sepulcro y es, además, figura apocalíptica que anuncia el advenimiento de los nuevos cielos y la nueva tierra prometida en el Apocalipsis. Para darle urgencia escatológica a sus negocios ilustra a los Reyes sobre la cronología universal. La historia, dice, durará siete mil años, como alegóricamente señalan los siete días de la creación. Desde Adán, polo inicial de la historia, hasta Cristo, su eje central, son çinco mill e tresientos y cuarenta e tres años y tresientos y diez e ocho días, como asevera el marino convertido en profeta, a los que hay que añadir, sigue, mill y quingentos y uno inperfeto, hasta él, nuevo pilar de la historia, para un total de seis mill ochoçientos cuarenta e çinco inperfetos. Por tanto, concluye, restan sólo ciento cincuenta y cinco años para el momento en que, en sus palabras, avrá de feneçer el mundo. Es un tiempo apocalíptico en el que advendrán la conversión acelerada de los paganos y la recuperación de la tierra santa. En ambas empresas apocalípticas, Colón se atribuye el papel protagonista.

Creo, sin embargo, que Felipe Fernández Armesto, en su reciente biografía de Colón, atina al indicar que esta mentalidad mesiánica y apocalíptica domina el escenario mental de Colón sólo tardíamente, tras el colapso de sus planes más seglares de explotación colonial económica. Es ciertamente especulación muy posterior a su zarpada del puerto de Palos.

Fantasía geográfica y realismo mágico

Retornemos a la incongruencia entre lo que Colón buscaba y lo que encontró. Buscaba a Asia y encontró a América. ¿Y qué? No siempre lo que encontramos coincide con lo que buscamos. Es lo que hace a la existencia interesante, además de arriesgada.

Además, la ciencia adelanta mediante el reconocimiento de sus errores.

Colón, empero, se niega inicialmente a rehacer sus concepciones cosmográficas a la luz de su propia experiencia. Tras explorar buena parte de lo que hoy conocemos como las Antillas, escribe, en el prólogo de su famosa carta del 15 de febrero de 1493: En treinta y tres días pasé a las Indias con la armada que los illustríssimos Rey e Reina, Nuestros Señores, me dieron, donde yo fallé muy muchas islas pobladas con gente sin número, y d’ellas todas he tomado posesión por sus Altezas.

Resistamos la tentación de desviarnos y llamar la atención a que Colón no dice en ese prólogo que él descubre algo. El acento recae sobre otro proceso diferente, de distinto significado histórico: la toma de posesión de las tierras encontradas.

Resistamos, repito, la tentación de señalar que el énfasis moderno sobre el descubrimiento de América es un encubrimiento de lo que Colón dice que hace, por ejemplo, el 15 de octubre de 1492: Mi voluntad era de no passar por ninguna isla de que no tomase possessión.

Lo que deseo recalcar hoy no es eso, sino el lugar al que afirma llegar: las Indias. Ninguno de los escritos colombinos de la primera expedición puede entenderse sino se ubican en la fantasía geográfica de Colón. Cree haber encontrado las islas orientales fabulosas, llenas de oro y valiosas especies descritas por Marco Polo.

Colón decide, en su primer viaje, a la altura de las Bahamas, no seguir al este, de haberlo hecho se hubiese tropezado con la Florida, y se torna al sudeste. Se adentra en el trópico, pues piensa, en consonancia con sus medievales ideas, que el oro surge en las tierras calientes, de mucho sol. Busca la fabulosa Çipango, y al encontrar la Española cree hallarla (es cierto que los nativos dicen algo como Çibao, pero es que los pobres no saben pronunciar tan correctamente como los europeos Marco Polo y Cristóbal Colón). Cree oír decir a los nativos que hay otra isla, Baneque, la cual se describe como isla que era todo oro. La imagen mítica de Baneque como isla aurífera provoca la hostil competencia entre Colón y Martín Alonso Pinzón, quien se aleja, a bordo de la Pinta, en su búsqueda. Algunos lectores, entre ellos Luis Lloréns Torres, y más recientemente el profesor Adam Szásdi, identifican a Baneque con Boriquén y presumen que el primer europeo en avistar nuestra isla no fue Colón en noviembre de 1493, sino Martín Alonso Pinzón en diciembre de 1492.

Probablemente tienen razón, pero cuidado no perdamos lo esencial; no se busca una isla real, sino un mito, una ínsula dorada. Al no encontrar la añorada ínsula aurífera, se conforma Colón con Çipango, a la que rebautiza con el nombre de Española y en la que piensa se encuentran Ofir y Tarsis, las legendarias minas
del rey Salomón.

Al toparse con Cuba, duda si es isla o península. Los nativos, él los llama indios, es el primero en imponerles tal falso gentilicio, dicen que es isla, pero Colón sospecha que se equivocan, que en realidad es tierra continental, China.

Envía a Luis de Torres, diestro en hebreo, caldeo y árabe para que intente localizar al Gran Khan, emperador del Asia y le entregue una misiva evangelizadora a nombre de los Reyes Católicos. Huelga mencionar el resultado de tan pintoresca embajada. En el segundo viaje firmará, y obligará a firmar a la tripulación de tres carabelas, una declaración jurada de que Cuba es península, tierra continental, en especial, dice, la provincia de Mango, descrita por Marco Polo. Estipula la declaración que cualquiera que afirme lo contrario sería castigado con una multa de 10,000 maravedíes, 100 azotes o el corte de la lengua. Los aborígenes unánimemente afirman que Cuba es isla, pero, ¿quién hace caso de unos primitivos salvajes, que son, como indica la declaración jurada colombina, gente desnuda que… ni saben que sea el mundo…? También cree Colón localizar en Cuba, según afirma su sobrio amigo Miguel de Cuneo, a Saba, la cuna de uno de los tres Reyes Magos, el oriundo de Asia.

Colón considera su primer viaje un rotundo éxito. Ha llegado, cree, a las postrimerías del Asia, ha tomado posesión, en nombre de los Reyes Católicos, de la fabulosa Çipango, con las espléndidas minas del rey Salomón, ha escuchado referencias a Baneque, la ínsula aurífera y ha localizado valiosísimas cantidades de especies.

Además, ha comenzado a ubicar una geografía fabulosa. Descubre una provincia en Cuba donde la gente nace con cola y una isla en la que todos son calvos. Halla otro lugar en el Caribe en el que residen exclusivamente hombres (supongo que también mujeres) de un ojo, igual que otro en el que sus habitantes tienen hoçicos de perros y son caníbales. Asegura la existencia de una isla, Matininó, poblada exclusivamente por bravas amazonas, quienes, dice Colón, no usan exercicio femenil, excepto lo necesario para la reproducción y eso únicamente con unos feroces antropófagos, que habitan otra isla llamada Carib. Esas fantasías de Colón provocaron insaciables búsquedas, por un lado, de las Amazonas, que redundó en el hallazgo no de espléndidas mujeres, sino de un río lleno de pirañas, y de los antropófagos, sean éstos reales, o, como sugieren algunos escépticos historiadores, imaginados para ser esclavizados.

He aquí el origen de la literatura hispanoamericana que los críticos llaman “real maravillosa”. Colón anticipa a Gabriel García Márquez, sólo que sus fronteras literarias entre lo real y lo fabuloso son más tenues que la del eminente escritor colombiano.

Son, además, las tierras que el Almirante describe felicísimas, sus relatos nos obligan a usar expresiones hiperbólicas. Extremadamente saludables, nadie de la tripulación se enfermó, algo poco común en viajes ultramarinos. Un marino que por años padecía de piedras intestinales quedó milagrosamente curado de su vieja aflicción. En su segundo viaje, observemos, la tercera parte de sus acompañantes se enfermaría de diversas dolencias tropicales.

Pedro Henríquez Ureña ha escrito que la literatura colombina es la progenitora de la lírica paisajista antillana en castellano. Colón de marino se hace poeta ensalzando líricamente el paisaje caribeño. Cada isla supera en belleza a la anterior, prematuramente descrita como el más hermoso lugar del mundo. La Española, alega, tiene muy muchas… montañas altíssimas… llenas de árboles de mil maneras i altas, i parece que llegan al cielo; i tengo por dicho que iamás pierden la foia… que los vi tan verdes tan hermosos como son por Mayo en Spaña; y déllos stavan florridos, d’ellos con fruto… Y cantava el ruiseñor i otros paxaricos de mil maneras… Ay pinares a maravilla e ay canpiñas grandíssimas, e ay miel i de muchas maneras de aves y frutas muy diversas.

Una verdadera Arcadia ensoñada.

Acierta Henríquez Ureña, pero sólo si el lirismo colombino, que tampoco alcanza muchos brillos literarios, se percibe en el contexto, por un lado, de las fábulas de Marco Polo y, por el otro, para que no se crea que la empresa es un ejercicio exclusivo de la imaginación literaria, de la búsqueda de las fabulosas riquezas concebidas en esas míticas tierras. Es un lirismo tan interesado como fantasioso.

En la Española funda, al iniciar su administración colonial, la primera ciudad al estilo europeo en el Nuevo Mundo. La bautiza Isabela, en honor de su protectora, la reina de Castilla, ubicada, según opina, en el lugar mejor y más idóneo de la tierra. Ha sido Alejo Carpentier, en El arpa y la sombra, quien genialmente exploró las imaginarias posibilidades eróticas de las relaciones entre la católica reina y el aventurero marinero, para escándalo de piadosos feligreses. Pronto habrá que abandonar la Isabela por sus malas aguas, peores aires, implacables insectos e insoportable calor.

La seducción del oro

Son otros, sin embargo, los principales atractivos de las tierras halladas que seducen a Colón: El omnipresente oro y la numerosa y servicial población indígena. La imaginación de Colón bucea en oro. Oro es quizá el sustantivo más repetido en su diario. De la Española, Colón, tras breve estadía se arriesga a decir: En ésta ay oro sin cuento… sus ríos, los más de los cuales traen oro. Luego remacha triunfalmente: En conclusión… pueden ver Sus Altezas que yo les daré oro cuanto ovieren menester… Los Reyes recordarán esa solemne promesa, en 1500, cuando después de siete años de caótico gobierno colonial, sus reservas auríferas poco hayan adquirido de las fabulosas minas caribeñas forjadas por la imaginación colombina. El Almirante sería entonces desalojado sin mucho protocolo de sus ilusas pretensiones de poder.

Colón llega incluso a sacralizar el oro. En su cuarto viaje, perdido en Jamaica, rechazado por nativos y españoles, asegura que ha encontrado en Veragua, provincia del actual Panamá, los yacimientos más fabulosos de oro.

Corrige su creencia del primer viaje y ubica ahora las minas de Salomón en Veragua, no en la Española. Añade: El oro es excelentíssimo; del oro se hace tesoro, y con él, quien lo tiene, haçe cuanto quiere en el mundo, y llega a que echa las ánimas al Paraíso.

En el primer viaje no se atreve a ir tan lejos. Se conforma en certificar a los Reyes Católicos que con las sumas inmensas de oro que pronto llevará de las islas encontradas, en el curso de sólo tres años se logrará lo que la cristiandad había intentado durante cuatro siglos y fracasado: la conquista de la tierra santa, la recuperación del santo sepulcro de las contaminantes manos musulmanas.

Naturalmente, esa proeza puede lograrse únicamente si la corona, además de usar el oro de las Antillas para culminar el sueño de las cruzadas, nombra para dirigirla nada menos que a su nuevo Almirante del Mar Océano: Cristóbal Colón.

Colón recuerda con velada amargura la reacción de los reyes a ese proyecto, Vuestras Altezas se rieron.

El mercader de esclavos

El otro gran atractivo de las islas es su población. La descripción que de ella hace Colón es significativa. Refiere primero su desnudez —andan todos desnudos, hombres y mugeres, así como sus madres los paren— iniciando así una doble vertiente del pensamiento europeo sobre los nativos americanos.

Desnudos estaban Adán y Eva antes del pecado original, ¿es entonces la desnudez de los nativos señal de inocencia, de falta de malicia? Aquí nace el mito del salvaje noble. Por otro lado, desnudos están los animales, las bestias; la cultura humana medieval encubre moralmente el cuerpo, sobre todo el femenino, raíz de las peores tentaciones carnales, ¿es entonces la desnudez de los nativos señal de bestialidad, de lascivia maliciosa? Aquí nace el mito del salvaje malo.

El énfasis de Colón es más prosaico, de menor vuelo especulativo. La observación de la desnudez va ligada a la próxima. Los indios, dice, no tienen fierro ni azero ni armas. No es un apunte etnográfico. Es más bien una astuta anotación militar. Sus cuerpos desnudos y la ausencia de armas de hierro o acero aseguran la conquista.

Pero, quizá no hay que recurrir a las armas. Porque, ésta es su tercera observación antropológica, los nativos son los seres más tímidos y dóciles del mundo. Las tres observaciones colombinas sobre los indígenas van generalmente ligadas. Señala el 16 de diciembre de 1492: Son todos desnudos y de ningún ingenio en las armas y muy cobardes.

Por eso deja confiado cuatro decenas de hombres en el llamado fuerte de la Navidad, para que busquen oro y sienten las bases de la explotación colonial. A base de su apreciación sobre los nativos, juzga que ese destacamento español no corre peligro alguno, pues los nativos, dice, no saben qué sean armas, y andan desnudos como ya he dicho. Son los más temerosos que ay en el mundo, así que… es isla sin peligro… Supongo que todos los presentes conocen la desdichada suerte de esos hombres. Fueron todos matados en la primera batalla entre los invasores europeos y los indígenas, a quienes parece no les agradó mucho la presencia de unos intrusos fisgoneando en sus territorios y mucho menos violando a sus mujeres (Colón volvió a equivocarse: Olvidó que eran marinos, no monjes).

Antes de esa sonada frustración, imbuido de sus ilusas e interesadas percepciones sobre los nativos, sentencia su conclusión: Ellos deven ser buenos servidores. Y remacha: Son buenos para les mandar y les hazer trabajar y hacer todo lo otro que fuere menester… Para que nadie se equivoque sobre el carácter preciso de la sugerencia, Colón lo explicita. Tras prometer toneles de oro e infinidad de especies exóticas, añade otro encanto comercial de las nuevas posesiones: Y esclavos cuantos mandaran cargar. A Cristóbal Colón, al Christo ferens, al portador de Cristo, a quien dos papas y centenares de obispos quisieron beatificar, compete el honor de ser el primer europeo en sugerir esclavizar a los nativos americanos.

Hombre de acción más que de teoría, pone en práctica su propia sugerencia y en febrero de 1495 intenta iniciar lo que espera sea un negocio lucrativo: el mercado trasatlántico de esclavos indígenas, embarcando para España 600 nativos, en su opinión los de mayor resistencia física. Miguel de Cuneo, quien viajó con ellos, relata el lúgubre resultado. Habiendo llegado al mar de España, creo que por lo insólito del aire más frío que el de ellos, de dichos indios murieron unas 200 personas, que echamos al mar… [En] Cadiz descargamos a todos los esclavos, quienes estaban medio enfermos… No son hombres para trabajos pesados, le temen mucho al frío y tampoco tienen larga vida.

Ese atroz fracaso no desanimó al Christo ferens, quien replica: Bien que mueran agora, así no será siempre desta manera, que así hacían los negros… a la primera… Reitera luego a la corona, absolutamente convencido de la moralidad y la veracidad de sus palabras lo siguiente: En Castilla y Portugal y Aragón y Italia y Sicilia y las islas de Portugal y Aragón y las Canarias gastan muchos esclavos, y creo que de Guinea ya no vengan tantos; y que viniesen, uno déstos vale por tres…

El mensaje es claro: el mercado europeo de esclavos es insaciable, la fuente africana se agota y los indígenas americanos son más resistentes que los negros.

¡La tierra no es esférica!

Debo rechazar la tentación de desviarme por alamedas paralelas.

Quedémonos con el Colón arquetipo del conocimiento científico. Si durante sus primeras expediciones, debido a su errónea geografía, Colón está totalmente confundido, ¿no habrá acaso, cómo opinan algunos intérpretes, corregido posteriormente su perspectiva y entendido que no había hallado la mejor ruta marina para las asiáticas Indias sino un inédito e inmenso nuevo continente, un Nuevo Mundo? La pregunta es pertinente, porque sólo una respuesta afirmativa justificaría la trillada aseveración “Cristóbal Colón descubrió América” a pesar de la evidente contradicción en términos que ella contiene [si Colón es el descubridor, América no debía llamarse “América”; si América realmente debe llamarse “América”, Colón no es su verdadero descubridor].

El momento crucial es a mediados de agosto de 1498, en su tercer viaje. Se encuentra súbitamente con un paisaje impresionante, el torrencial delta del río Orinoco, en la región de la hoy Venezuela. Aunque sigue creyendo que Cuba es península, es su primera confrontación real con tierra continental americana. El
delta y la elevación marina que éste produce golpean el alma del cansado navegante y le obliga a meditar hondamente sobre su significado cosmológico.

Revisemos brevemente los resultados de esa reflexión. Los textos en que se recogen constituyen, desde Bartolomé de las Casas hasta hoy, el punto más agudo de contención y debate entre los lectores e intérpretes de la mentalidad colombina.

Colón se apresta a corregir sustancialmente a Tolomeo, quien había postulado la esfericidad del planeta. Sentencia que el geógrafo clásico y todos sus seguidores se han equivocado al afirmar que el mundo es esférico. Su error procede de que han tenido experiencia únicamente de su hemisferio, el cual parece apuntar a la esfericidad del mundo. Sólo Colón ha tenido la experiencia única de comparar ambos hemisferios del planeta y descubrir que éste no es esférico, ya que de su parte central surge un promontorio.

Para explicarse recurre a dos analogías. El mundo, escribe, no era redondo en la forma qu’escriven, salvo que es de la forma de una pera… El planeta, pues, no es esférico, sino espérico. La segunda analogía es aún más gráfica e interesante. El planeta dice, y cito, fuesse como una teta de muger… la cua toviese el peçon alto… Es asunto de escoger que se prefiere para ilustrar la novedosa cosmografía colombina, la pera o la teta de muger.

Falta lo mejor. Del clima excepcionalmente templado que encuentra y de la benignidad y armonía de los nativos concluye que se encuentra contiguo a un lugar excepcional, extraordinario: el perdido paraíso terrenal, el Edén. Muy assentado, recalca, tengo el ánima que allí… es el Paraíso Terrenal… Por eso llama al lugar, la costa norte de Suramérica, Isla de Gracia. Se trata del descubrimiento de mayor importancia y grandeza en la historia de las exploraciones: Al sur de la Isla de la Trinidad, en la Isla de la Gracia, encuentra nuestro ilustrado Almirante, justo en el ocaso de la historia, el origen de la especie humana, el escenario del drama trascendental de la creación y del pecado: el paraíso terrenal perdido.

Con el descubrimiento del paraíso bíblico, ubicado en el pezón del planeta culminan la geografía y cosmografía colombinas. En el cuarto viaje se limita a repetir sus dislocadas especulaciones, en un momento en el que ya a nadie interesan: El mundo es poco; el injuto d’ello es seis partes, la séptima solamente cubierta de agua. La experiencia ya está vista, y la escreví por otras letras… con el sitio del Paraíso Terrenal… Digo que el mundo non es tan grande…

Terminemos estas irreverentes reflexiones. En febrero de 1505, marginado por el rey católico quien se había hastiado de las especulaciones febriles y la improductividad financiera del genovés, escribe Colón a Diego, su hijo, encomendándole a un compatriota, a quien, dice, la fortuna le ha sido contraria. Se trata de un individuo llamado Américo Vespucio, bajo cuyo nombre, sin saberlo el Almirante, circulaba ya una epístola cuya percepción de las tierras encontradas como un nuevo mundo, de la inmensa magnitud del planeta y de la necesidad de superar las concepciones geográficas medievales y legendarias en las que todavía estaba sumido Colón, llevaría a la trascendental e irreversible decisión de nominar ese nuevo mundo América, en honor imperecedero de ese florentino a quien Colón consideraba infortunado.

¡Pobre Almirante perdido!

América

Calle 13 – Latinoamérica
Directores Jorge Carmona y Milovan Radovic
Productor Alejandro Noriega
Patria Producciones


Soy, soy lo que dejaron,
Soy las sobras de lo que te robaron,
Un pueblo escondido en la cima,
Mi piel es de cuero por eso aguata cualquier clima,
Soy una fábrica de humo,
Mano de obra campesina para tu consumo,
En el medio del verano,
El amor en los tiempos del cólera,
¡Mi hermano!

Soy el que nace y el día que muere,
Con los mejores atardeceres,
Soy el desarrollo en carne viva,
Un discurso sin saliva,
Las caras más bonitas que he conocido,
Soy la fotografía de un desaparecido,
La sangre dentro de tus venas,
Soy un pedazo de tierra que vale la pena,
Una canasta con frijoles.

Soy Maradona contra Inglaterra
Anotándole dos goles.
Soy lo que sostiene mi bandera,
La espina dorsal de mi planeta, en mi cordillera.
Soy lo que me enseño mi padre,
El que no quiere a su patria no quiere a su madre.
Soy América Latina un pueblo sin piernas pero que camina.

Tú no puedes comprar al viento,
Tú no puedes comprar al sol
Tú no puedes comprar la lluvia,
Tú no puedes comprar al calor.
Tú no puedes comprar las nubes,
Tú no puedes comprar mi alegría,
Tú no puedes comprar mis dolores.

Tengo los lagos, tengo los ríos,
Tengo mis dientes pa cuando me sonrío,
La nieve que maquilla mis montañas,
Tengo el sol que me seca y la lluvia que me baña,
Un desierto embriagado con pellotes,
Un trago de pulque para cantar con los coyotes,
¡Todo lo que necesito!

Tengo a mis pulmones respirando azul clarito,
La altura que sofoca,
Soy las muelas de mi boca mascando coca,
El otoño con sus hojas desmayadas,
Los versos escritos bajo las noches estrelladas,
Una viña repleta de uvas,
Un cañaveral bajo el sol en cuba,
Soy el mar Caribe que vigila las casitas,
Haciendo rituales de agua bendita,
El viento que peina mi cabello,
Soy todos los santos que cuelgan de mi cuello,
El jugo de mi lucha no es artificial porque el abono de mi tierra es natural.
Vamos caminando, ¡vamos dibujando el camino!

Trabajo bruto pero con orgullo,
Aquí se comparte lo mío es tuyo,
Este pueblo no se ahoga con marullos,
Y si se derrumba yo lo reconstruyo,
Tampoco pestañeo cuando te miro,
Para que te recuerdes de mi apellido,
La operación cóndor invadiendo mi nido,
Perdono pero nunca olvido, ¡oye!

Vamos caminado, aquí se respira lucha.
Vamos caminando, yo canto porque se escucha.
Vamos caminando, aquí estamos de pie.
¡Que viva Latinoamérica!
¡No puedes comprar mi vida!

Calle 13 – Latinoamérica
Directores Jorge Carmona y Milovan Radovic
Productor Alejandro Noriega
Patria Producciones


Soy, soy lo que dejaron,
Soy las sobras de lo que te robaron,
Un pueblo escondido en la cima,
Mi piel es de cuero por eso aguata cualquier clima,
Soy una fábrica de humo,
Mano de obra campesina para tu consumo,
En el medio del verano,
El amor en los tiempos del cólera,
¡Mi hermano!

Soy el que nace y el día que muere,
Con los mejores atardeceres,
Soy el desarrollo en carne viva,
Un discurso sin saliva,
Las caras más bonitas que he conocido,
Soy la fotografía de un desaparecido,
La sangre dentro de tus venas,
Soy un pedazo de tierra que vale la pena,
Una canasta con frijoles.

Soy Maradona contra Inglaterra
Anotándole dos goles.
Soy lo que sostiene mi bandera,
La espina dorsal de mi planeta, en mi cordillera.
Soy lo que me enseño mi padre,
El que no quiere a su patria no quiere a su madre.
Soy América Latina un pueblo sin piernas pero que camina.

Tú no puedes comprar al viento,
Tú no puedes comprar al sol
Tú no puedes comprar la lluvia,
Tú no puedes comprar al calor.
Tú no puedes comprar las nubes,
Tú no puedes comprar mi alegría,
Tú no puedes comprar mis dolores.

Tengo los lagos, tengo los ríos,
Tengo mis dientes pa cuando me sonrío,
La nieve que maquilla mis montañas,
Tengo el sol que me seca y la lluvia que me baña,
Un desierto embriagado con pellotes,
Un trago de pulque para cantar con los coyotes,
¡Todo lo que necesito!

Tengo a mis pulmones respirando azul clarito,
La altura que sofoca,
Soy las muelas de mi boca mascando coca,
El otoño con sus hojas desmayadas,
Los versos escritos bajo las noches estrelladas,
Una viña repleta de uvas,
Un cañaveral bajo el sol en cuba,
Soy el mar Caribe que vigila las casitas,
Haciendo rituales de agua bendita,
El viento que peina mi cabello,
Soy todos los santos que cuelgan de mi cuello,
El jugo de mi lucha no es artificial porque el abono de mi tierra es natural.
Vamos caminando, ¡vamos dibujando el camino!

Trabajo bruto pero con orgullo,
Aquí se comparte lo mío es tuyo,
Este pueblo no se ahoga con marullos,
Y si se derrumba yo lo reconstruyo,
Tampoco pestañeo cuando te miro,
Para que te recuerdes de mi apellido,
La operación cóndor invadiendo mi nido,
Perdono pero nunca olvido, ¡oye!

Vamos caminado, aquí se respira lucha.
Vamos caminando, yo canto porque se escucha.
Vamos caminando, aquí estamos de pie.
¡Que viva Latinoamérica!
¡No puedes comprar mi vida!

América

Calle 13 – Latinoamérica
Directores Jorge Carmona y Milovan Radovic
Productor Alejandro Noriega
Patria Producciones


Soy, soy lo que dejaron,
Soy las sobras de lo que te robaron,
Un pueblo escondido en la cima,
Mi piel es de cuero por eso aguata cualquier clima,
Soy una fábrica de humo,
Mano de obra campesina para tu consumo,
En el medio del verano,
El amor en los tiempos del cólera,
¡Mi hermano!

Soy el que nace y el día que muere,
Con los mejores atardeceres,
Soy el desarrollo en carne viva,
Un discurso sin saliva,
Las caras más bonitas que he conocido,
Soy la fotografía de un desaparecido,
La sangre dentro de tus venas,
Soy un pedazo de tierra que vale la pena,
Una canasta con frijoles.

Soy Maradona contra Inglaterra
Anotándole dos goles.
Soy lo que sostiene mi bandera,
La espina dorsal de mi planeta, en mi cordillera.
Soy lo que me enseño mi padre,
El que no quiere a su patria no quiere a su madre.
Soy América Latina un pueblo sin piernas pero que camina.

Tú no puedes comprar al viento,
Tú no puedes comprar al sol
Tú no puedes comprar la lluvia,
Tú no puedes comprar al calor.
Tú no puedes comprar las nubes,
Tú no puedes comprar mi alegría,
Tú no puedes comprar mis dolores.

Tengo los lagos, tengo los ríos,
Tengo mis dientes pa cuando me sonrío,
La nieve que maquilla mis montañas,
Tengo el sol que me seca y la lluvia que me baña,
Un desierto embriagado con pellotes,
Un trago de pulque para cantar con los coyotes,
¡Todo lo que necesito!

Tengo a mis pulmones respirando azul clarito,
La altura que sofoca,
Soy las muelas de mi boca mascando coca,
El otoño con sus hojas desmayadas,
Los versos escritos bajo las noches estrelladas,
Una viña repleta de uvas,
Un cañaveral bajo el sol en cuba,
Soy el mar Caribe que vigila las casitas,
Haciendo rituales de agua bendita,
El viento que peina mi cabello,
Soy todos los santos que cuelgan de mi cuello,
El jugo de mi lucha no es artificial porque el abono de mi tierra es natural.
Vamos caminando, ¡vamos dibujando el camino!

Trabajo bruto pero con orgullo,
Aquí se comparte lo mío es tuyo,
Este pueblo no se ahoga con marullos,
Y si se derrumba yo lo reconstruyo,
Tampoco pestañeo cuando te miro,
Para que te recuerdes de mi apellido,
La operación cóndor invadiendo mi nido,
Perdono pero nunca olvido, ¡oye!

Vamos caminado, aquí se respira lucha.
Vamos caminando, yo canto porque se escucha.
Vamos caminando, aquí estamos de pie.
¡Que viva Latinoamérica!
¡No puedes comprar mi vida!

Calle 13 – Latinoamérica
Directores Jorge Carmona y Milovan Radovic
Productor Alejandro Noriega
Patria Producciones


Soy, soy lo que dejaron,
Soy las sobras de lo que te robaron,
Un pueblo escondido en la cima,
Mi piel es de cuero por eso aguata cualquier clima,
Soy una fábrica de humo,
Mano de obra campesina para tu consumo,
En el medio del verano,
El amor en los tiempos del cólera,
¡Mi hermano!

Soy el que nace y el día que muere,
Con los mejores atardeceres,
Soy el desarrollo en carne viva,
Un discurso sin saliva,
Las caras más bonitas que he conocido,
Soy la fotografía de un desaparecido,
La sangre dentro de tus venas,
Soy un pedazo de tierra que vale la pena,
Una canasta con frijoles.

Soy Maradona contra Inglaterra
Anotándole dos goles.
Soy lo que sostiene mi bandera,
La espina dorsal de mi planeta, en mi cordillera.
Soy lo que me enseño mi padre,
El que no quiere a su patria no quiere a su madre.
Soy América Latina un pueblo sin piernas pero que camina.

Tú no puedes comprar al viento,
Tú no puedes comprar al sol
Tú no puedes comprar la lluvia,
Tú no puedes comprar al calor.
Tú no puedes comprar las nubes,
Tú no puedes comprar mi alegría,
Tú no puedes comprar mis dolores.

Tengo los lagos, tengo los ríos,
Tengo mis dientes pa cuando me sonrío,
La nieve que maquilla mis montañas,
Tengo el sol que me seca y la lluvia que me baña,
Un desierto embriagado con pellotes,
Un trago de pulque para cantar con los coyotes,
¡Todo lo que necesito!

Tengo a mis pulmones respirando azul clarito,
La altura que sofoca,
Soy las muelas de mi boca mascando coca,
El otoño con sus hojas desmayadas,
Los versos escritos bajo las noches estrelladas,
Una viña repleta de uvas,
Un cañaveral bajo el sol en cuba,
Soy el mar Caribe que vigila las casitas,
Haciendo rituales de agua bendita,
El viento que peina mi cabello,
Soy todos los santos que cuelgan de mi cuello,
El jugo de mi lucha no es artificial porque el abono de mi tierra es natural.
Vamos caminando, ¡vamos dibujando el camino!

Trabajo bruto pero con orgullo,
Aquí se comparte lo mío es tuyo,
Este pueblo no se ahoga con marullos,
Y si se derrumba yo lo reconstruyo,
Tampoco pestañeo cuando te miro,
Para que te recuerdes de mi apellido,
La operación cóndor invadiendo mi nido,
Perdono pero nunca olvido, ¡oye!

Vamos caminado, aquí se respira lucha.
Vamos caminando, yo canto porque se escucha.
Vamos caminando, aquí estamos de pie.
¡Que viva Latinoamérica!
¡No puedes comprar mi vida!

Yuca

Cassava (Manihot esculenta), also called yuca, mogo, manioc, mandioca and kamoting kahoy, a woody shrub of the Euphorbiaceae (spurge family) native to South America, is extensively cultivated as an annual crop in tropical and subtropical regions for it…

Cassava (Manihot esculenta), also called yuca, mogo, manioc, mandioca and kamoting kahoy, a woody shrub of the Euphorbiaceae (spurge family) native to South America, is extensively cultivated as an annual crop in tropical and subtropical regions for its edible starchy, tuberous root, a major source of carbohydrates. It differs from the similarly-spelled yucca, an unrelated fruit-bearing shrub in the Asparagaceae family. Cassava, when dried to a starchy, powdery (or pearly) extract is called tapioca, while its fermented, flaky version is named garri.

Cassava is the third-largest source of food carbohydrates in the tropics.[1][2] Cassava is a major staple food in the developing world, providing a basic diet for around 500 million people.[3] Cassava is one of the most drought-tolerant crops, capable of growing on marginal soils. Nigeria is the world’s largest producer of cassava.

Cassava root is a good source of carbohydrates, but a poor source of protein. A predominantly cassava root diet can cause protein-energy malnutrition.[4]

Cassava is classified as sweet or bitter. Like other roots and tubers, Cassava contains anti-nutrition factors and toxins.[5]
It must be properly prepared before consumption. Improper preparation
of cassava can leave enough residual cyanide to cause acute cyanide
intoxication and goiters, and may even cause ataxia or partial paralysis.[6] Nevertheless, farmers often prefer the bitter varieties because they deter pests, animals, and thieves.[7] The more-toxic varieties of Cassava are a fall-back resource (a “food security crop”) in times of famine in some places.

Yuca frita

Tortitas de yuca

750 gr. de Yuca,
1/2 cucharadita de bicarbonato,
2 huevos,
1 cucharada de harina,
un poco de aceite,
un pizca de sal,
Miel

Se pone a cocer la yuca, pelada con una pizca de sal y 1/2 cucharadita de bicarbonato. Se cuela cuando aun esta caliente. Ya fría se le agregan los huevos y la harina. Se hacen y fríen en aceite caliente, doradas de ambos lados. Se comen con miel blanca y salen deliciosas.


Ingredientes

De una a dos piezas de yuca de tamaño mediano.
Aceite para freír (preferentemente de girasol, pues no tiene fuerte sabor propio)
Sal a gusto
Preparación

Pelar la yuca, cortarla en trozos de más o menos un dedo de largo sin partirlas por el centro y ponerlas a cocer en abundante agua SIN SAL. Una vez que el agua hierva, darle un “susto” (verter en la olla una o dos tazas de agua fría), añadir la sal y dejar cocer hasta que se ablande, sin romperse (probar con un tenedor). Una vez blandas, tirar el agua de cocción y dejarlas enfriar.Luego, partir los trozos en barritas de un dedo de grosor aproximadamente, retirando la hebra central que suele tener la yuca. Freír las barritas en aceite caliente, hasta que alcancen un color doradito. Espolvorear con sal a gusto y servir muy calientes

Consejos

El “susto” con agua fría, suele ablandar notablemente más rápido la yuca. es mejor dejarla refrescar antes de proceder a freírla. Puede aprovecharse para esta receta un sobrante de yuca cocida del día anterior.

Tortitas de yuca

750 gr. de Yuca,
1/2 cucharadita de bicarbonato,
2 huevos,
1 cucharada de harina,
un poco de aceite,
un pizca de sal,
Miel

Se pone a cocer la yuca, pelada con una pizca de sal y 1/2 cucharadita de bicarbonato. Se cuela cuando aun esta caliente. Ya fría se le agregan los huevos y la harina. Se hacen y fríen en aceite caliente, doradas de ambos lados. Se comen con miel blanca y salen deliciosas.



Ingredientes

De una a dos piezas de yuca de tamaño mediano.
Aceite para freír (preferentemente de girasol, pues no tiene fuerte sabor propio)
Sal a gusto
Preparación

Pelar la yuca, cortarla en trozos de más o menos un dedo de largo sin partirlas por el centro y ponerlas a cocer en abundante agua SIN SAL. Una vez que el agua hierva, darle un “susto” (verter en la olla una o dos tazas de agua fría), añadir la sal y dejar cocer hasta que se ablande, sin romperse (probar con un tenedor). Una vez blandas, tirar el agua de cocción y dejarlas enfriar.Luego, partir los trozos en barritas de un dedo de grosor aproximadamente, retirando la hebra central que suele tener la yuca. Freír las barritas en aceite caliente, hasta que alcancen un color doradito. Espolvorear con sal a gusto y servir muy calientes

Consejos

El “susto” con agua fría, suele ablandar notablemente más rápido la yuca. es mejor dejarla refrescar antes de proceder a freírla. Puede aprovecharse para esta receta un sobrante de yuca cocida del día anterior.

flan de Calabaza

This recipe for pumpkin flan (flan de Calabaza) is prepared using West Indian pumpkin, which is a type of squash. Don’t let that fool you, it is a sweet, smooth and delicious custard treat.
You can easily change up this recipe for Halloween. Jus…

This recipe for pumpkin flan (flan de Calabaza) is prepared using West Indian pumpkin, which is a type of squash. Don’t let that fool you, it is a sweet, smooth and delicious custard treat.

You can easily change up this recipe for Halloween. Just substitute a pie pumpkin in place of the calabaza and use pumpkin pie spice in place of the cinnamon.

Prep Time: 20 minutes

Cook Time: 1 hour

Total Time: 1 hour, 20 minutes

Ingredients:

  • 3/4 cup sugar
  • 1 1/2 pounds calabaza (peeled and cut into 1 inch chunks)
  • Water for boiling the calabaza
  • 4 eggs
  • 1 12-ounce can evaporated milk
  • 1 14-ounce can sweetened condensed milk
  • 1 tablespoon vanilla extract
  • 1 teaspoon cinnamon (ground)

Preparation:

  1. Preheat oven to 350 Fahrenheit.
  2. Melt the sugar slowly and carefully in a heavy saucepan over medium heat. Don’t rush it. You want the sugar to caramelize, not burn.
  3. Once the sugar has completely melted, pour into a flan mold or 8 inch glass pie plate. Set aside.
  4. Place the cut up calabaza in a pot with enough water to cover. Bring to a boil and continue to boil until the calabaza is fork tender, about 20 minutes.
  5. Drain the calabaza in a colander. Then mash with a potato masher; or puree in a blender or food processor.
  6. In a mixing bowl, beat together the eggs, calabaza and the remaining ingredients. Mix well.
  7. Pour the mix into the prepared glass mold. Don’t worry if the sugar is hard. It will melt when the flan is cooked.
  8. Place the glass dish inside a larger baking pan and fill the larger pan with boiling water until the water reaches halfway on the outside of the mold.
  9. Place on the center rack in the oven and bake for 1 hour. The center should be set firm.
  10. Allow to cool to room temperature. Flip upside down onto serving platter, garnish and serve.

Servings: Makes 8 servings.