The EPIC OF GILGAMESH

Published on Jun 9, 2014The EPIC OF GILGAMESH is the earliest great work of literature that we know of, and was first written down by the Sumerians around 2100 B.C.Ancient Sumer was the land that lay between the two rivers, the Tigris and Euphrates, in…

Published on Jun 9, 2014
The EPIC OF GILGAMESH is the earliest great work of literature that we know of, and was first written down by the Sumerians around 2100 B.C.

Ancient Sumer was the land that lay between the two rivers, the Tigris and Euphrates, in Mesopotamia. The language that the Sumerians spoke was unrelated to the Semitic languages of their neighbors the Akkadians and Babylonians, and it was written in a syllabary (a kind of alphabet) called “cuneiform”. By 2000 B.C., the language of Sumer had almost completely died out and was used only by scholars (like Latin is today). No one knows how it was pronounced because it has not been heard in 4000 years.

What you hear in this video are a few of the opening lines of part of the epic poem, accompanied only by a long-neck, three-string, Sumerian lute known as a “gish-gu-di”. The instrument is tuned to G – G – D, and although it is similar to other long neck lutes still in use today (the tar, the setar, the saz, etc.) the modern instruments are low tension and strung with fine steel wire. The ancient long neck lutes (such as the Egyptian “nefer”) were strung with gut and behaved slightly differently. The short-neck lute known as the “oud” is strung with gut/nylon, and its sound has much in common with the ancient long-neck lute although the oud is not a fretted instrument and its strings are much shorter (about 25 inches or 63 cm) as compared to 32 inches (82 cm) on a long-neck instrument.

For anyone interested in these lutes, I highly recommend THE ARCHAEOMUSICOLOGY OF THE ANCIENT NEAR EAST by Professor Richard Dumbrill.

The location for this performance is the courtyard of Nebuchadnezzar’s palace in Babylon. The piece is four minutes long and is intended only as a taste of what the music of ancient Sumer might have sounded like.

Chalchiuhtlicue

Chalchiuhtlicue (en náhuatl: chalcihuitlìcue, ‘la que tiene su falda de jade’chalchihuitl, jade; i, su; cueitl, falda; e, que tiene’)? en la mitología mexica es la diosa de los lagos y corrientes de agua. También es patrona de los nacimientos, y desempeña un papel importante en los bautismos aztecas. Preside sobre el día 5 Serpiente y sobre el tricenal de 1 Caña. Fue una de las figuras femeninas más importantes vinculada al líquido en la cultura mesoamericana. Chalchiuhtlicue fue considerada también como la más importante protectora de la navegación costera en el México antiguo.

En el mito de los cinco soles, ella alumbró al mundo en el Primer Sol, dominaba el cuarto mundo, en la era Cuatro-Agua. Durante su reinado el cielo era de agua, la cual cayó sobre la tierra como un gran diluvio a manos de esta diosa. Los seres humanos se transformaron en peces. Pareja o dualidad de Tláloc y con él fue madre de Tecciztécatl y rigió sobre Tlalocan. En su aspecto acuático, es conocida como Acuecucyoticihuati, diosa de los océanos, los ríos y todas las aguas que corren, así como patrona de las parturientas. Se dice también que fue esposa de Xiuhtecuhtli. A veces se la asocia con la diosa de la lluvia, Matlálcueitl.
En el arte, Chalchiuhtlicue se ilustra usando una falda verde y con breves líneas negras verticales en la parte inferior de su rostro. En algunos casos pueden verse niños recién nacidos en una corriente de agua que surge de sus faldas. Se la encuentra representada en varios manuscritos de México, incluyendo las placas 11 y 65 del Códice Borgia (precolombino), en la página 5 del Códice Borbónico del siglo XVI, y en la página 17 del Códice Ríos. Sus esculturas están generalmente hechas de piedra verde, como corresponde a su nombre.

Chalchiuhtlicue (en náhuatl: chalcihuitlìcue, ‘la que tiene su falda de jade’chalchihuitl, jade; i, su; cueitl, falda; e, que tiene’)? en la mitología mexica es la diosa de los lagos y corrientes de agua. También es patrona de los nacimientos, y desempeña un papel importante en los bautismos aztecas. Preside sobre el día 5 Serpiente y sobre el tricenal de 1 Caña. Fue una de las figuras femeninas más importantes vinculada al líquido en la cultura mesoamericana. Chalchiuhtlicue fue considerada también como la más importante protectora de la navegación costera en el México antiguo.

En el mito de los cinco soles, ella alumbró al mundo en el Primer Sol, dominaba el cuarto mundo, en la era Cuatro-Agua. Durante su reinado el cielo era de agua, la cual cayó sobre la tierra como un gran diluvio a manos de esta diosa. Los seres humanos se transformaron en peces. Pareja o dualidad de Tláloc y con él fue madre de Tecciztécatl y rigió sobre Tlalocan. En su aspecto acuático, es conocida como Acuecucyoticihuati, diosa de los océanos, los ríos y todas las aguas que corren, así como patrona de las parturientas. Se dice también que fue esposa de Xiuhtecuhtli. A veces se la asocia con la diosa de la lluvia, Matlálcueitl.
En el arte, Chalchiuhtlicue se ilustra usando una falda verde y con breves líneas negras verticales en la parte inferior de su rostro. En algunos casos pueden verse niños recién nacidos en una corriente de agua que surge de sus faldas. Se la encuentra representada en varios manuscritos de México, incluyendo las placas 11 y 65 del Códice Borgia (precolombino), en la página 5 del Códice Borbónico del siglo XVI, y en la página 17 del Códice Ríos. Sus esculturas están generalmente hechas de piedra verde, como corresponde a su nombre.

Tlazoltéotl

Tlazoltéotl (en náhuatl: tlazōlteōtl, ‘diosa de la inmundicia’tla, prefijo; zōlli, inmundicia; téōtl, dios’)? Deidad de origen Huasteco, que en la mitología mexica es la diosa de la lujuria y de los amores ilícitos, patrona de la incontinencia, del adulterio, del sexo, de las pasiones, de la carnalidad y de las transgresiones morales; era la diosa que eliminaba del mundo el pecado y la diosa más relacionada con la sexualidad y con la Luna. En los códices se la representaba en la postura azteca habitual para dar a luz o a veces defecando debido a que los pecados de lujuria se simbolizaban con excrementos. Así como en otros códices aparece sosteniendo “la raíz del diablo”, planta usada para hacer más fuertes los efectos del pulque (bebida relacionada con la inmoralidad) y disminuir los dolores del parto.
Era conocida como “la comedora de suciedad” debido a que se creía que visitaba a la gente que estaba por morir. La diosa Tlazoltéotl mostraba las contradicciones de algunos valores morales sobre la feminidad en la sociedad azteca: traía el sufrimiento con enfermedades venéreas y lo curaba con la medicina, inspiraba las desviaciones sexuales pero a la vez tenía la capacidad de absolverlas, y todo ello siendo diosa madre de la fertilidad, del parto, patrona de los médicos y a la vez diosa cruel que traía locura.
Tlazoltéotl (en náhuatl: tlaz?lte?tl, ‘diosa de la inmundicia’tla, prefijo; z?lli, inmundicia; té?tl, dios’)? Deidad de origen Huasteco, que en la mitología mexica es la diosa de la lujuria y de los amores ilícitos, patrona de la incontinencia, del adulterio, del sexo, de las pasiones, de la carnalidad y de las transgresiones morales; era la diosa que eliminaba del mundo el pecado y la diosa más relacionada con la sexualidad y con la Luna. En los códices se la representaba en la postura azteca habitual para dar a luz o a veces defecando debido a que los pecados de lujuria se simbolizaban con excrementos. Así como en otros códices aparece sosteniendo “la raíz del diablo”, planta usada para hacer más fuertes los efectos del pulque (bebida relacionada con la inmoralidad) y disminuir los dolores del parto.
Era conocida como “la comedora de suciedad” debido a que se creía que visitaba a la gente que estaba por morir. La diosa Tlazoltéotl mostraba las contradicciones de algunos valores morales sobre la feminidad en la sociedad azteca: traía el sufrimiento con enfermedades venéreas y lo curaba con la medicina, inspiraba las desviaciones sexuales pero a la vez tenía la capacidad de absolverlas, y todo ello siendo diosa madre de la fertilidad, del parto, patrona de los médicos y a la vez diosa cruel que traía locura.

Tepeyóllotl

Tepeyóllotl (en náhuatl: tepeyollotl, ‘corazón del monte’tépetl, monte, montaña, cerro; yóllotl, corazón’)? en la mitología mexica es el dios de las montañas y de los ecos, patrono de los jaguares
Tepeyóllotl (en náhuatl: tepeyollotl, ‘corazón del monte’tépetl, monte, montaña, cerro; yóllotl, corazón’)? en la mitología mexica es el dios de las montañas y de los ecos, patrono de los jaguares

Iztli

Iztli (o Itztli) era un dios mexica de piedra, en la forma de un cuchillo de sacrificios.
Servía a Tezcatlipoca como dios de la Segunda Hora de la Noche.
Está asociado con Chalchiuhtlicue y Tlazoltéotl.
Iztli (o Itztli) era un dios mexica de piedra, en la forma de un cuchillo de sacrificios.
Servía a Tezcatlipoca como dios de la Segunda Hora de la Noche.
Está asociado con Chalchiuhtlicue y Tlazoltéotl.

Huehuetéotl

Escultura de Huehuetéotl.
Véase también: Xiuhtecuhtli

Huehuetéotl (en náhuatl: huēhueh-teōtl, ‘dios-viejo’)? es el nombre con el que se conoce genéricamente a la divinidad mesoamericana del fuego. Su culto fue uno de los más antiguos de Mesoamérica, como lo testifican las efigies encontradas en sitios tan antiguos como Cuicuilco y Monte Albán.
En tanto que divinidad solar, estaba relacionado con el calendario. Se le representaba como un anciano arrugado, barbado, desdentado y encorvado. Sentado, Huehuetéotl llevaba un enorme brasero sobre sus espaldas. En otras ocasiones, el mismo brasero era la propia representación del dios. La Serpiente de Fuego (Xiuhtecuhtli) parece haber sido su nahual. Uno de sus símbolos era la cruz de los cuatro rumbos del universo o quincunce, que partían del centro donde él residía.

Escultura de Huehuetéotl.

Huehuetéotl (en náhuatl: hu?hueh-te?tl, ‘dios-viejo’)? es el nombre con el que se conoce genéricamente a la divinidad mesoamericana del fuego. Su culto fue uno de los más antiguos de Mesoamérica, como lo testifican las efigies encontradas en sitios tan antiguos como Cuicuilco y Monte Albán.
En tanto que divinidad solar, estaba relacionado con el calendario. Se le representaba como un anciano arrugado, barbado, desdentado y encorvado. Sentado, Huehuetéotl llevaba un enorme brasero sobre sus espaldas. En otras ocasiones, el mismo brasero era la propia representación del dios. La Serpiente de Fuego (Xiuhtecuhtli) parece haber sido su nahual. Uno de sus símbolos era la cruz de los cuatro rumbos del universo o quincunce, que partían del centro donde él residía.

Tonatiuh

Tonatiuh o Tonatiuhtéotl (en náhuatl: tonatiuh, ‘el sol’tonatiuh, sol’)? en la mitología Azteca es el dios del Sol. El pueblo mexicano lo consideró como el líder del cielo. También fue conocido como el Quinto Sol, debido a que los mexicas creían que asumió el control cuando el Cuarto Sol fue expulsado del cielo, y de acuerdo a su Cosmogonía, cada sol era un dios con su propia era cósmica y según los aztecas, ellos aún se encontraban en la era de Tonatiuh (Nahui-Ollin).
Según cuenta el mito mexica que los dioses, después de la muerte del cuarto sol, buscaban al quinto nuevo sol. Encontraron a dos dioses, a Tecusiztécatl, un hombre cobarde pero orgulloso de sí mismo, y Nanahuatzin, un dios noble y muy pobre. Cuando se sentaron alrededor de la pira (fogata para sacrificios) dijeron los dioses que debían sacrificarse en la misma pira para ser el quinto sol. Tecuciztécatl se metió en la pira y del dolor, se salió. Quedó manchado y se cuenta que así surgieron las manchas en el jaguar. Después de la cobardía de Tecuciztécatl, Nanahuatzin se metió en la pira, salió una chispa hacia el cielo y éste mismo se iluminó, surgiendo así el quinto sol. Luego de ver Tecuciztécatl al dios pobre, que se había convertido en el quinto sol, le dio envidia y se metió en la pira. Así surgió una nueva chispa, se lanzó al cielo y apareció un segundo sol. Era invencible. Llegó el momento en que lo mataron los dioses menores. En todo el trayecto de la batalla de los dioses menores con Tecuciztécatl, Nanahuatzin se quedó callado. El segundo sol, murió porque uno de los dioses menores le lanzó un conejo y lo atravesó. De esta forma, murió y se convirtió en la Luna, y se cuenta que vemos un conejo en la Luna por el conejo que le lanzó el dios. Nanahuatzin luego de esto, se autonombró Tonatiuh.[2]
Así, el dios demandaba sacrificios humanos como tributo y si estos se le rehusaban, él se movería a través del cielo para ocultarse. Cada día exigía dos sacrificios humanos, el corazón de dos personas, para alimentarse después de sus batallas durante la noche, durante el día, lo acompañaban dioses y diosas; las diosas eran llamadas Cihuateteo, y acompañaban a Tonatiuh por haber muerto en el parto, o por algo relacionado con el agua, tanto sequía como inundación; los mexicas estaban fascinados con el sol y lo observaban cuidadosamente, y tenían un calendario solar que estaba en segundo lugar en cuanto a precisión, solamente superado por el calendario de los mayas, donde muchos de los monumentos mexicas que se mantienen en pie en la actualidad, están alineados con el sol, en la Piedra del Sol (conocida como calendario azteca) se representó con un cuchillo de sacrificio como lengua; era dibujado con el disco solar en la espalda y con el cuerpo y la cara rojos.
Al conquistador español Pedro de Alvarado se le atribuyó el nombre de Tonatiuh por su pelo rubio y ojos celestes.[3] El icono del sol de manera ancestral era el águila, en náhuatl cuauhtli.
Tonatiuh o Tonatiuhtéotl (en náhuatl: tonatiuh, ‘el sol’tonatiuh, sol’)? en la mitología Azteca es el dios del Sol. El pueblo mexicano lo consideró como el líder del cielo. También fue conocido como el Quinto Sol, debido a que los mexicas creían que asumió el control cuando el Cuarto Sol fue expulsado del cielo, y de acuerdo a su Cosmogonía, cada sol era un dios con su propia era cósmica y según los aztecas, ellos aún se encontraban en la era de Tonatiuh (Nahui-Ollin).
Según cuenta el mito mexica que los dioses, después de la muerte del cuarto sol, buscaban al quinto nuevo sol. Encontraron a dos dioses, a Tecusiztécatl, un hombre cobarde pero orgulloso de sí mismo, y Nanahuatzin, un dios noble y muy pobre. Cuando se sentaron alrededor de la pira (fogata para sacrificios) dijeron los dioses que debían sacrificarse en la misma pira para ser el quinto sol. Tecuciztécatl se metió en la pira y del dolor, se salió. Quedó manchado y se cuenta que así surgieron las manchas en el jaguar. Después de la cobardía de Tecuciztécatl, Nanahuatzin se metió en la pira, salió una chispa hacia el cielo y éste mismo se iluminó, surgiendo así el quinto sol. Luego de ver Tecuciztécatl al dios pobre, que se había convertido en el quinto sol, le dio envidia y se metió en la pira. Así surgió una nueva chispa, se lanzó al cielo y apareció un segundo sol. Era invencible. Llegó el momento en que lo mataron los dioses menores. En todo el trayecto de la batalla de los dioses menores con Tecuciztécatl, Nanahuatzin se quedó callado. El segundo sol, murió porque uno de los dioses menores le lanzó un conejo y lo atravesó. De esta forma, murió y se convirtió en la Luna, y se cuenta que vemos un conejo en la Luna por el conejo que le lanzó el dios. Nanahuatzin luego de esto, se autonombró Tonatiuh.[2]
Así, el dios demandaba sacrificios humanos como tributo y si estos se le rehusaban, él se movería a través del cielo para ocultarse. Cada día exigía dos sacrificios humanos, el corazón de dos personas, para alimentarse después de sus batallas durante la noche, durante el día, lo acompañaban dioses y diosas; las diosas eran llamadas Cihuateteo, y acompañaban a Tonatiuh por haber muerto en el parto, o por algo relacionado con el agua, tanto sequía como inundación; los mexicas estaban fascinados con el sol y lo observaban cuidadosamente, y tenían un calendario solar que estaba en segundo lugar en cuanto a precisión, solamente superado por el calendario de los mayas, donde muchos de los monumentos mexicas que se mantienen en pie en la actualidad, están alineados con el sol, en la Piedra del Sol (conocida como calendario azteca) se representó con un cuchillo de sacrificio como lengua; era dibujado con el disco solar en la espalda y con el cuerpo y la cara rojos.
Al conquistador español Pedro de Alvarado se le atribuyó el nombre de Tonatiuh por su pelo rubio y ojos celestes.[3] El icono del sol de manera ancestral era el águila, en náhuatl cuauhtli.

Cintéotl

Cintéotl o Centéotl (en náhuatl: cinteotl, ‘dios del maíz’cintli, maíz; teotl, dios’)? en la mitología mexica es el dios del maíz, en ocasiones es considerado como un ser dual, hombre y mujer, o bien solo del sexo masculino mientras en sexo femenino pasó a ser Chicomecóatl, que según la Cosmogonía mexica nació de la unión de Piltzintecuhtli, dios de los temporales, y Xochiquétzal, diosa de la belleza, de las flores, de la juventud y de la fertilidad, patrona de las jóvenes, del embarazo, de los partos y de los oficios de las mujeres, que tras su nacimiento se refugió bajo la tierra convirtiéndose en distintos sustentos, de entre ellos, el maíz divinizado. Entre sus diversos cultos se le celebraba junto a Chicomecóatl, la diosa de la agricultura, de las cosechas y de la fecundidad, en los meses de “Huey tozoztli” y “Huey tecuilhuitl” sacrificando a una cautiva.
Cintéotl o Centéotl (en náhuatl: cinteotl, ‘dios del maíz’cintli, maíz; teotl, dios’)? en la mitología mexica es el dios del maíz, en ocasiones es considerado como un ser dual, hombre y mujer, o bien solo del sexo masculino mientras en sexo femenino pasó a ser Chicomecóatl, que según la Cosmogonía mexica nació de la unión de Piltzintecuhtli, dios de los temporales, y Xochiquétzal, diosa de la belleza, de las flores, de la juventud y de la fertilidad, patrona de las jóvenes, del embarazo, de los partos y de los oficios de las mujeres, que tras su nacimiento se refugió bajo la tierra convirtiéndose en distintos sustentos, de entre ellos, el maíz divinizado. Entre sus diversos cultos se le celebraba junto a Chicomecóatl, la diosa de la agricultura, de las cosechas y de la fecundidad, en los meses de “Huey tozoztli” y “Huey tecuilhuitl” sacrificando a una cautiva.

Xiuhtecuhtli

Xiuhtecuhtli (en náhuatl: xiuhtecuhtli, ‘señor de la hierba’xihuitl, hierba; tecuhtli, señor’) en la mitología mexica, es el dios del fuego y el calor. Se le representaba con un rostro rojo o amarillo y con aspecto de un hombre anciano, su contraparte femenina era la diosa Chantico. En el final del xiuhmolpilli —período de 52 años— se temía que los dioses se apartasen de los humanos dejándolos a su suerte, y para evitarlo se celebraban festines en honor de Xiuhtecuhtli y se realizaban sacrificios humanos en los que se inmolaba a un cautivo ataviado con el ropaje del dios tras haberle extraído su corazón.

Xihuitl originalmente significa hierba, y además. por extensión, tambien tiene las acepciones de año, turqueza y cometa. Xiuhtecuhtli era el regente del fuego, los antiguos mexicanos encendían el fuego frotando una vara contra una viga y una ves que la viga generaba un poco de brasa por la fricción, se le acercaba un puñado de hierbas secas para que la brasa se transmitiera a la hierba, y cuando eso sucedía, se le soplaba al puño de hierba hasta que levantaba la flama. Así que propiamente ellos generaban el fuego a partir de hierbas y madera, y es por eso que Xiuhtecuhtli. Xiuhtli también significa año, probablemente porque las hierbas reverdecen y se secan en el transcurso de las estaciones del año, así que las estaciones fueron primero que nada observadas en el reverdecimiento y en el posterior secado de las hierbas. Xihuitl además significa turquesa, probablemente por el color verde que lo asocia automáticamente a las plantas.

,”xiutláltic” significa verdor “xiuhízuatl” lo relacionado con la yerba “xiuhtla” lugar lleno de hierba, “xiuitl” o “xiuhitl” significa atado de hierba o varas verdes, por extensión se llama así a la cuenta de los años y los días; Xiutecutli o Xiuhtecuhtli es el señor del año, y su contraparte Chantico son personificaciones de los dioses padres de los dioses y de la humanidad, los Huehuetéotl, los dioses viejos, mismos que fueron los Ometéotl; literalmente, Ometecuhtli y Omecíhuatl literalmente los “Dios dos”; Su primera fiesta se celebraba a principios del mes de Xocohuetzi, la segunda a final del mes Izcalli, último del año, Xiutlaltla significa tener hambre, pero sin relación con Xiutecuhtli, la palabra se relaciona con tlatle o tlalti sufijo para cosas relacionadas con la tierra: “tlatletontli”, montón de tierra, “tlatelolco” montón de arena; La ceremonia del fuego nuevo en lo que respecta al sacrificio se verificaba encendiendo fuego sobre el pecho del sacrificado esto según los cronistas españoles.

“Xiuhtl” o “Xihuitl” o atado de hierbas significa año, el xiuhmolpilli es la cuenta de 52 años de los días solares por lo tanto es la cuenta de los días de fuego. El señor del año es xiutecutli, inventor y posedor de la cuenta de los años o “Xiutlalpilli” o atado de hierbas o cuenta de los años, y el Xiutlapoalamatl de xiu; hierba poalli; cuenta y amatl; papel o libro, era la cuenta de los años; Como otros dioses nahuas Xiuhtecuhtli y Xiuhtecíhuatl (Chantico) son herencia de culturas anteriores asimilados al panteón nahua originalmente era el dios del fuego, el abuelo de los hombres, el dueño del tiempo, y se le representa como un anciano que carga un brasero; Por último, Ometeotl es también los Tonacatéotl, es decir, el dios creador de nuestra carne, tonacatl en nahua y se representan en Tonacatecuhtli el dios y la diosa de nuestra carne, la Tonacacíhuatl.

Chalchitlicue es la señora de las aguas quietas por extensión esposa o contraparte de Tláloc, señor de la lluvia o de las aguas móviles nombre antiguo no nahua que algunos autores traducen como “sobre la tierra”. Ometéotl habita en el Omeyocan, el lugar del dos o lo doble, y desde ahí crea el Anáhuac o el lugar rodeado de agua que ahora se conoce como América. En otras culturas mesoamericanas Yahui es el nombre de la Serpiente de fuego en la cultura mixteca. Aparece representado en varios códices mixtecos, como el Nuttall; En la mitología mexica, Xiuhtecuhtli también es llamado Huehuetéotl (este último nombre de significado dios viejo), dios del fuego y el calor que generalmente se le representaba con un rostro rojo o amarillo y con aspecto de un hombre anciano.

Los mexicas consideraban al universo como una gran flor de cuatro pétalos, Tenochtitlán estaba al centro. Los puntos cardinales eran representados por los pétalos; la región del este tenía el glifo acatl (la caña), el oeste calli (casa), el norte tecpatl (cuchillo de pedernal) y el sur tochitl (conejo). Una tradición heredada de los toltecas fue la adoración del Sol, quien regía en todos los seres y para honrarlo era necesario ofrecerle corazones y sangre de guerreros sacrificados.(INAH)[3] Por lo tanto, cada 52 años, con el inicio de los calendarios (religioso y civil), los sacerdotes efectuaban la ceremonia del Fuego Nuevo, evitando la muerte del Sol para evitar la total oscuridad del universo, surgían entonces los tsitsimeme (devoradores de humanos).[3]
Al atardecer del día de la ceremonia, los sacerdotes se vestían con sus mejores galas, y bajo la coordinación de un sacerdote de Copilco, iban a la cima del Huizachtecatl para hacer la ceremonia. Se presentaba a un prisionero en el altar principal, al cual, durante la ceremonia se ponía fuego en el pecho con un madero o mamahuastli para encender el Fuego Nuevo; en tanto, la gran Tenochtitlán y sus vecinos permanecían en completa oscuridad.[3]

El cerro de La Estrella es una eminencia orográfica que se levanta en el centro de la delegación Iztapalapa, en el oriente del Distrito Federal de México. Es un punto geográfico de gran importancia arqueológica, puesto que en sus faldas se han descubierto indicios de antiguos asentamientos humanos cuya antigüedad se remonta hasta el Preclásico mesoamericano. Según información histórica, los antiguos habitantes del Valle de México se referían a este sitio como Huizachtecatl. Este lugar fue muy importante para los mexicas, pues en el se efectuaba la ceremonia del Fuego Nuevo, ésta con mucha importancia ritual para los pobladores de la región.[3 Los Colhuas fueron los primeros en utilizar la cima del cerro para realizar la ceremonia del Fuego Nuevo. Fuentes históricas establecen que se llevaron a cabo cuatro de estas ceremonias en 1351, 1403, 1455 y 1507. La gran Tenochtitlán fue invadida antes de poder realizar la quinta ceremonia.[3]

Los indicios más antiguos de ocupación humana en el territorio de Iztapalapa proceden del pueblo de Santa María Aztahuacan. En ese lugar, en 1953 fueron encontrados los restos de dos individuos que, según los análisis de la Facultad de Estudios Superiores de Zaragoza (UNAM) y del Instituto Nacional de Antropología e Historia, tienen una antigüedad aproximada de nueve mil años.[4]
Materiales arqueológicos más recientes indican la ocupación continua de las laderas del cerro de la Estrella, por lo menos desde el Preclásico. En aquella época, aquí se debió establecer alguna aldea que estaba relacionada con la cultura de Cuicuilco. El declive de esta cultura, cuyo centro era la población del mismo nombre en el sur del valle de México, debió ocurrir en aproximadamente por el siglo II d. C., y posiblemente esté relacionada con la erupción del volcán Xitle.[5]
Hacia el final del preclásico debió dar comienzo la ocupación de Culhuacán. Durante el periodo clásico, Culhuacán, como la mayor parte de las poblaciones del valle de México y de Mesoamérica, fue parte de un sistema de intercambio comercial que tuvo a Teotihuacan como centro. Tras la caída de esta ciudad, aproximadamente en el siglo VIII d. C., algunos de sus pobladores se refugiaron en los antiguos pueblos ribereños del lago de Texcoco como Culhuacán. Allí permaneció un reducto cultural teotihuacano que se fusionó con los pueblos guerreros que migraban hacia el centro de México.

Principiaba en el Templo mayor de Huitzilopochtli en Tenochtitlan. En el día final del ciclo azteca, cada cincuenta y dos años en la llamada “Toxiuhmolpilia” (átense nuestros años); representaba la cuenta de los años según la tabla del inventor Quetzalcóatl. El pueblo se reunía en la plaza, ante la pirámide de Huitzilopochtli al medio día. Los cuatro sacerdotes representativos de los cuatro Dioses creadores, que enviaron a la Tierra los del decimotercer cielo; Ometecutli y Omecíhuatl (dos señor y dos señora) subían las trece gradas del Teocalli y en la plataforma daban trece vueltas simbólicas, deteniéndose en cada señal de los cuatro puntos cardinales, de la cuenta de los años aztecas del ciclo Nahoa (13 x 4 años =52 años), al son de melancólicos caracoles, chirimías, teponaxtles y huéhuetles. La primera vuelta principiaba por el Sur o huitztlampa.- El que representaba a Huitzilopochtli, iba vestido de azul con un águila en la mano, se adelantaba y decía: ¡ce Tochtli! -“un conejo”-, repetían los demás sacerdotes Dioses (al tomar un conejo y con las manos en alto Huitzilopochtlilo ofrecía a Tonatiuh y giraba, dando una vuelta completa). Después, al dirigirse todos los sacerdotes al Oriente o tlapcopa.- Le tocaba el turno al Dios sacerdote de la siembra Xipe Tótec, el que se vestía con la piel desollada, el del ropaje rojo, empuñando dos cañas giraba dos veces con la mirada en el cielo y pronunciaba: ¡ome ácatl! -“dos cañas”-, respondían los demás. Caminaban lentamente hacia el Norte o mictlampa.- El Dios Tezcatlipoca, todo de negro, cubierto con una piel de jaguar; en su cetro, un espejo de obsidiana; en alto mostraba tres cuchillos de pedernal, al girar tres vueltas decía: ¡yei Técpatl! -“tres cuchillos de pedernal, tres años”- contestaban los acompañantes Dioses sacerdotes. Luego se deslizaban al Poniente o cihuatlampa.- Descansaban un poco, se adelantaba el sacerdote Dios Quetzalcóatl, ataviado de blanco con una estrella refulgente pintada en la espalda y sosteniendo en una mano el planeta Venus; se apoyaba en un báculo en forma de serpiente emplumada; levantaba las manos hacia el cielo y exclamaba: ¡nahui calli! respondían -“cuatro casas, cuatro años, la morada de las Diosas Mujeres”-, y con respeto los demás sacerdotes se inclinaban con una reverencia, rendían pleitesía a las mujeres muertas convertidas en Diosas, mientras Quetzalcóatl terminaba los cuatro giros sobre sí mismo. Al final de los cuatro años, después de caminar hacia los cuatro puntos cardinales, comienza el quinto año, es la segunda vuelta para contar otros cuatro años; seguían dando vueltas sobre la plataforma hasta la vuelta decimotercera; se adelantaba Huitzilopochtli al: Sur o huitztlampa. Huitzilopochtli gritaba: ¡Toxiuhmolpilia! Todos gritaban ¡Toxiuhmolpilia! -“se atan nuestros años” ¡cincuenta y dos años! – ¡Toxiuhmolpilia! Repetían estruendosamente las voces del pueblo.
Invocaban la ayuda de sus Dioses para otros cincuenta y dos años: ¡Tonatiuh! ¡Huitzilopochtli! ¡Quetzalcóatl! (mientras giraban los cuatro Dioses sacerdotes),y al detenerse, se apagaban las llamas de los cuatro pebeteros situados en los cuatro puntos cardinales, callaban las voces y el acompañamiento musical; en silencio bajaban la escalinata de la pirámide. Los residentes tenochcas regresaban a sus hogares. Toda la muchedumbre formada por sacerdotes, reyes, gobernadores o caciques, guerreros, enviados especiales de todos los confines del vasto Imperio Nahoa, se encaminaban hacia el Cerro del Uizachtécatl o de la Estrella al atardecer.
Otro aspecto de este día. Consistía en arrojar al cieno de la laguna todos los ídolos de sus Dioses, así como sus utensilios domésticos: esteras o petates, las piedras del fogón, los incensarios y cuanta lumbre había se apagaba; las casas quedaban limpias, vacías; ayunaban, se punzaban las orejas con espinas de maguey y sangraban.
En todo el Imperio invadía la incertidumbre de la muerte o de la vida. Hasta en los pueblos conquistados más allá de las montañas que circundaban por doquier se escuchaban sollozos, lamentos e invocaciones a los Dioses para que les concediera la prolongación de la vida, otros cincuenta y dos años “Un Tonatiuh resplandeciente”.

Última Ceremonia del Fuego Nuevo

Los aztecas habían dado por concluido el cuarto sol con la destrucción de Tollan, en el año 1116, y empezaron un quinto sólo de ellos. Como todo sol tenía que terminar por una gran desgracia que pusiese en peligro la existencia de la humanidad, creían que llegaría vez en que al fin de uno de sus ciclos de cincuenta y dos años no saldría el sol de nuevo, pereciendo por tal causa la especie humana. Para conjurar el peligro hacían fiesta el último día de cada ciclo al fuego que era su dios creador y padre del sol ofreciendo en sacrificio a las víctimas que resultaban en las guerras que hacían desde su peregrinación. Los mexica dieron mayores solemnidades a la ceremonia y preocupación y fiesta se fueron extendiendo por el territorio.
Fray Juan de Torquemada relata que llegado el último día del ciclo, en todo el reino se esperaba con miedo lo que aconteciera, porque creían que si no se sacaba fuego se acabaría el mundo y sería el fin de la humanidad y que aquella noche y aquellas tinieblas serían perpetuas, que el sol no volvería a nacer ni a aparecer por el horizonte y que de arriba vendrían y descenderían los tzitzimime -demonios feos y terribles- que se comerían a los hombres. Por todo esto se instituyó la ceremonía del fuego nuevo.
De ésta ceremonia dice Fray Bernardino de Sahagún describió que, acabada la rueda de los años del ciclo, se hacía una gran fiesta que llamaban Toxiuhmolpilli que significa “atadura de los años”, y que se hacía cada cincuenta y dos años. Cuando se acercaba el día señalado para sacar el fuego nuevo, cada vecino de México arrojaba el agua de las acequias o la laguna a los dioses que tenían en su casa, las piedras del hogar y los texólotl para moler, y limpiaban muy bien las casas y apagaban todas las lumbres.

El lugar señalado donde se hacía la dicha nueva lumbre era encima de una sierra que se llamaba Huixachtlán o Huizachtépetl —situada entre los pueblos de Iztapalápan y Culhuacán— donde se hacía la lumbre a media noche y el palo de donde se sacaba el fuego estaba sobre el pecho de un cautivo tomado en la guerra; sacaban la lumbre de un palo bien seco con otro palillo largo y delgado como asta y cuando acertaban a sacarla y estaba ya hecha inmediatamente abrían las entrañas del cautivo, le arrancaban el corazón y lo arrojaban en el fuego atizándole con él y todo el cuerpo se consumía en la lumbre.

En la víspera de la fiesta, ya puesto el sol, los sacerdotes se vestían como los dioses y caminaban despacio y en silencio desde el centro y llegaban al cerro de la estrella casi a la media noche. Mientras tanto el resto de la población esperaba con miedo, algunos en lugares altos, a que apareciera la lumbre en lo alto del cerro y una vez vista la luz, se cortaban las orejas, adultos y niños, para tomar su sangre y esparcirla en dirección al fuego.

Mientras en lo alto del cerro, los sacerdotes tomaban el fuego y se lo daban a corredores muy ligeros que iban con rapidez a repartir la lumbre a las diversas poblaciones. Los de Tenochtitlán llevaban las teas de pino primero al templo de Huitzilopochtli y de ahí a otros templos y a sus aposentos, así como al resto de la ciudad llenando cada rincón de luz y regocijo.

Así los pobladores renovaban sus alhajas, vestidos y colocaban petates nuevos en señal del ciclo que comenzaba.

Xiuhtecuhtli (en náhuatl: xiuhtecuhtli, ‘señor de la hierba’xihuitl, hierba; tecuhtli, señor’) en la mitología mexica, es el dios del fuego y el calor. Se le representaba con un rostro rojo o amarillo y con aspecto de un hombre anciano, su contraparte femenina era la diosa Chantico. En el final del xiuhmolpilli —período de 52 años— se temía que los dioses se apartasen de los humanos dejándolos a su suerte, y para evitarlo se celebraban festines en honor de Xiuhtecuhtli y se realizaban sacrificios humanos en los que se inmolaba a un cautivo ataviado con el ropaje del dios tras haberle extraído su corazón.

Xihuitl originalmente significa hierba, y además. por extensión, tambien tiene las acepciones de año, turqueza y cometa. Xiuhtecuhtli era el regente del fuego, los antiguos mexicanos encendían el fuego frotando una vara contra una viga y una ves que la viga generaba un poco de brasa por la fricción, se le acercaba un puñado de hierbas secas para que la brasa se transmitiera a la hierba, y cuando eso sucedía, se le soplaba al puño de hierba hasta que levantaba la flama. Así que propiamente ellos generaban el fuego a partir de hierbas y madera, y es por eso que Xiuhtecuhtli. Xiuhtli también significa año, probablemente porque las hierbas reverdecen y se secan en el transcurso de las estaciones del año, así que las estaciones fueron primero que nada observadas en el reverdecimiento y en el posterior secado de las hierbas. Xihuitl además significa turquesa, probablemente por el color verde que lo asocia automáticamente a las plantas.

,”xiutláltic” significa verdor “xiuhízuatl” lo relacionado con la yerba “xiuhtla” lugar lleno de hierba, “xiuitl” o “xiuhitl” significa atado de hierba o varas verdes, por extensión se llama así a la cuenta de los años y los días; Xiutecutli o Xiuhtecuhtli es el señor del año, y su contraparte Chantico son personificaciones de los dioses padres de los dioses y de la humanidad, los Huehuetéotl, los dioses viejos, mismos que fueron los Ometéotl; literalmente, Ometecuhtli y Omecíhuatl literalmente los “Dios dos”; Su primera fiesta se celebraba a principios del mes de Xocohuetzi, la segunda a final del mes Izcalli, último del año, Xiutlaltla significa tener hambre, pero sin relación con Xiutecuhtli, la palabra se relaciona con tlatle o tlalti sufijo para cosas relacionadas con la tierra: “tlatletontli”, montón de tierra, “tlatelolco” montón de arena; La ceremonia del fuego nuevo en lo que respecta al sacrificio se verificaba encendiendo fuego sobre el pecho del sacrificado esto según los cronistas españoles.

“Xiuhtl” o “Xihuitl” o atado de hierbas significa año, el xiuhmolpilli es la cuenta de 52 años de los días solares por lo tanto es la cuenta de los días de fuego. El señor del año es xiutecutli, inventor y posedor de la cuenta de los años o “Xiutlalpilli” o atado de hierbas o cuenta de los años, y el Xiutlapoalamatl de xiu; hierba poalli; cuenta y amatl; papel o libro, era la cuenta de los años; Como otros dioses nahuas Xiuhtecuhtli y Xiuhtecíhuatl (Chantico) son herencia de culturas anteriores asimilados al panteón nahua originalmente era el dios del fuego, el abuelo de los hombres, el dueño del tiempo, y se le representa como un anciano que carga un brasero; Por último, Ometeotl es también los Tonacatéotl, es decir, el dios creador de nuestra carne, tonacatl en nahua y se representan en Tonacatecuhtli el dios y la diosa de nuestra carne, la Tonacacíhuatl.

Chalchitlicue es la señora de las aguas quietas por extensión esposa o contraparte de Tláloc, señor de la lluvia o de las aguas móviles nombre antiguo no nahua que algunos autores traducen como “sobre la tierra”. Ometéotl habita en el Omeyocan, el lugar del dos o lo doble, y desde ahí crea el Anáhuac o el lugar rodeado de agua que ahora se conoce como América. En otras culturas mesoamericanas Yahui es el nombre de la Serpiente de fuego en la cultura mixteca. Aparece representado en varios códices mixtecos, como el Nuttall; En la mitología mexica, Xiuhtecuhtli también es llamado Huehuetéotl (este último nombre de significado dios viejo), dios del fuego y el calor que generalmente se le representaba con un rostro rojo o amarillo y con aspecto de un hombre anciano.

Los mexicas consideraban al universo como una gran flor de cuatro pétalos, Tenochtitlán estaba al centro. Los puntos cardinales eran representados por los pétalos; la región del este tenía el glifo acatl (la caña), el oeste calli (casa), el norte tecpatl (cuchillo de pedernal) y el sur tochitl (conejo). Una tradición heredada de los toltecas fue la adoración del Sol, quien regía en todos los seres y para honrarlo era necesario ofrecerle corazones y sangre de guerreros sacrificados.(INAH)[3] Por lo tanto, cada 52 años, con el inicio de los calendarios (religioso y civil), los sacerdotes efectuaban la ceremonia del Fuego Nuevo, evitando la muerte del Sol para evitar la total oscuridad del universo, surgían entonces los tsitsimeme (devoradores de humanos).[3]
Al atardecer del día de la ceremonia, los sacerdotes se vestían con sus mejores galas, y bajo la coordinación de un sacerdote de Copilco, iban a la cima del Huizachtecatl para hacer la ceremonia. Se presentaba a un prisionero en el altar principal, al cual, durante la ceremonia se ponía fuego en el pecho con un madero o mamahuastli para encender el Fuego Nuevo; en tanto, la gran Tenochtitlán y sus vecinos permanecían en completa oscuridad.[3]

El cerro de La Estrella es una eminencia orográfica que se levanta en el centro de la delegación Iztapalapa, en el oriente del Distrito Federal de México. Es un punto geográfico de gran importancia arqueológica, puesto que en sus faldas se han descubierto indicios de antiguos asentamientos humanos cuya antigüedad se remonta hasta el Preclásico mesoamericano. Según información histórica, los antiguos habitantes del Valle de México se referían a este sitio como Huizachtecatl. Este lugar fue muy importante para los mexicas, pues en el se efectuaba la ceremonia del Fuego Nuevo, ésta con mucha importancia ritual para los pobladores de la región.[3 Los Colhuas fueron los primeros en utilizar la cima del cerro para realizar la ceremonia del Fuego Nuevo. Fuentes históricas establecen que se llevaron a cabo cuatro de estas ceremonias en 1351, 1403, 1455 y 1507. La gran Tenochtitlán fue invadida antes de poder realizar la quinta ceremonia.[3]

Los indicios más antiguos de ocupación humana en el territorio de Iztapalapa proceden del pueblo de Santa María Aztahuacan. En ese lugar, en 1953 fueron encontrados los restos de dos individuos que, según los análisis de la Facultad de Estudios Superiores de Zaragoza (UNAM) y del Instituto Nacional de Antropología e Historia, tienen una antigüedad aproximada de nueve mil años.[4]
Materiales arqueológicos más recientes indican la ocupación continua de las laderas del cerro de la Estrella, por lo menos desde el Preclásico. En aquella época, aquí se debió establecer alguna aldea que estaba relacionada con la cultura de Cuicuilco. El declive de esta cultura, cuyo centro era la población del mismo nombre en el sur del valle de México, debió ocurrir en aproximadamente por el siglo II d. C., y posiblemente esté relacionada con la erupción del volcán Xitle.[5]
Hacia el final del preclásico debió dar comienzo la ocupación de Culhuacán. Durante el periodo clásico, Culhuacán, como la mayor parte de las poblaciones del valle de México y de Mesoamérica, fue parte de un sistema de intercambio comercial que tuvo a Teotihuacan como centro. Tras la caída de esta ciudad, aproximadamente en el siglo VIII d. C., algunos de sus pobladores se refugiaron en los antiguos pueblos ribereños del lago de Texcoco como Culhuacán. Allí permaneció un reducto cultural teotihuacano que se fusionó con los pueblos guerreros que migraban hacia el centro de México.

Principiaba en el Templo mayor de Huitzilopochtli en Tenochtitlan. En el día final del ciclo azteca, cada cincuenta y dos años en la llamada “Toxiuhmolpilia” (átense nuestros años); representaba la cuenta de los años según la tabla del inventor Quetzalcóatl. El pueblo se reunía en la plaza, ante la pirámide de Huitzilopochtli al medio día. Los cuatro sacerdotes representativos de los cuatro Dioses creadores, que enviaron a la Tierra los del decimotercer cielo; Ometecutli y Omecíhuatl (dos señor y dos señora) subían las trece gradas del Teocalli y en la plataforma daban trece vueltas simbólicas, deteniéndose en cada señal de los cuatro puntos cardinales, de la cuenta de los años aztecas del ciclo Nahoa (13 x 4 años =52 años), al son de melancólicos caracoles, chirimías, teponaxtles y huéhuetles. La primera vuelta principiaba por el Sur o huitztlampa.- El que representaba a Huitzilopochtli, iba vestido de azul con un águila en la mano, se adelantaba y decía: ¡ce Tochtli! -“un conejo”-, repetían los demás sacerdotes Dioses (al tomar un conejo y con las manos en alto Huitzilopochtlilo ofrecía a Tonatiuh y giraba, dando una vuelta completa). Después, al dirigirse todos los sacerdotes al Oriente o tlapcopa.- Le tocaba el turno al Dios sacerdote de la siembra Xipe Tótec, el que se vestía con la piel desollada, el del ropaje rojo, empuñando dos cañas giraba dos veces con la mirada en el cielo y pronunciaba: ¡ome ácatl! -“dos cañas”-, respondían los demás. Caminaban lentamente hacia el Norte o mictlampa.- El Dios Tezcatlipoca, todo de negro, cubierto con una piel de jaguar; en su cetro, un espejo de obsidiana; en alto mostraba tres cuchillos de pedernal, al girar tres vueltas decía: ¡yei Técpatl! -“tres cuchillos de pedernal, tres años”- contestaban los acompañantes Dioses sacerdotes. Luego se deslizaban al Poniente o cihuatlampa.- Descansaban un poco, se adelantaba el sacerdote Dios Quetzalcóatl, ataviado de blanco con una estrella refulgente pintada en la espalda y sosteniendo en una mano el planeta Venus; se apoyaba en un báculo en forma de serpiente emplumada; levantaba las manos hacia el cielo y exclamaba: ¡nahui calli! respondían -“cuatro casas, cuatro años, la morada de las Diosas Mujeres”-, y con respeto los demás sacerdotes se inclinaban con una reverencia, rendían pleitesía a las mujeres muertas convertidas en Diosas, mientras Quetzalcóatl terminaba los cuatro giros sobre sí mismo. Al final de los cuatro años, después de caminar hacia los cuatro puntos cardinales, comienza el quinto año, es la segunda vuelta para contar otros cuatro años; seguían dando vueltas sobre la plataforma hasta la vuelta decimotercera; se adelantaba Huitzilopochtli al: Sur o huitztlampa. Huitzilopochtli gritaba: ¡Toxiuhmolpilia! Todos gritaban ¡Toxiuhmolpilia! -“se atan nuestros años” ¡cincuenta y dos años! – ¡Toxiuhmolpilia! Repetían estruendosamente las voces del pueblo.
Invocaban la ayuda de sus Dioses para otros cincuenta y dos años: ¡Tonatiuh! ¡Huitzilopochtli! ¡Quetzalcóatl! (mientras giraban los cuatro Dioses sacerdotes),y al detenerse, se apagaban las llamas de los cuatro pebeteros situados en los cuatro puntos cardinales, callaban las voces y el acompañamiento musical; en silencio bajaban la escalinata de la pirámide. Los residentes tenochcas regresaban a sus hogares. Toda la muchedumbre formada por sacerdotes, reyes, gobernadores o caciques, guerreros, enviados especiales de todos los confines del vasto Imperio Nahoa, se encaminaban hacia el Cerro del Uizachtécatl o de la Estrella al atardecer.
Otro aspecto de este día. Consistía en arrojar al cieno de la laguna todos los ídolos de sus Dioses, así como sus utensilios domésticos: esteras o petates, las piedras del fogón, los incensarios y cuanta lumbre había se apagaba; las casas quedaban limpias, vacías; ayunaban, se punzaban las orejas con espinas de maguey y sangraban.
En todo el Imperio invadía la incertidumbre de la muerte o de la vida. Hasta en los pueblos conquistados más allá de las montañas que circundaban por doquier se escuchaban sollozos, lamentos e invocaciones a los Dioses para que les concediera la prolongación de la vida, otros cincuenta y dos años “Un Tonatiuh resplandeciente”.

Última Ceremonia del Fuego Nuevo

Los aztecas habían dado por concluido el cuarto sol con la destrucción de Tollan, en el año 1116, y empezaron un quinto sólo de ellos. Como todo sol tenía que terminar por una gran desgracia que pusiese en peligro la existencia de la humanidad, creían que llegaría vez en que al fin de uno de sus ciclos de cincuenta y dos años no saldría el sol de nuevo, pereciendo por tal causa la especie humana. Para conjurar el peligro hacían fiesta el último día de cada ciclo al fuego que era su dios creador y padre del sol ofreciendo en sacrificio a las víctimas que resultaban en las guerras que hacían desde su peregrinación. Los mexica dieron mayores solemnidades a la ceremonia y preocupación y fiesta se fueron extendiendo por el territorio.
Fray Juan de Torquemada relata que llegado el último día del ciclo, en todo el reino se esperaba con miedo lo que aconteciera, porque creían que si no se sacaba fuego se acabaría el mundo y sería el fin de la humanidad y que aquella noche y aquellas tinieblas serían perpetuas, que el sol no volvería a nacer ni a aparecer por el horizonte y que de arriba vendrían y descenderían los tzitzimime -demonios feos y terribles- que se comerían a los hombres. Por todo esto se instituyó la ceremonía del fuego nuevo.
De ésta ceremonia dice Fray Bernardino de Sahagún describió que, acabada la rueda de los años del ciclo, se hacía una gran fiesta que llamaban Toxiuhmolpilli que significa “atadura de los años”, y que se hacía cada cincuenta y dos años. Cuando se acercaba el día señalado para sacar el fuego nuevo, cada vecino de México arrojaba el agua de las acequias o la laguna a los dioses que tenían en su casa, las piedras del hogar y los texólotl para moler, y limpiaban muy bien las casas y apagaban todas las lumbres.

El lugar señalado donde se hacía la dicha nueva lumbre era encima de una sierra que se llamaba Huixachtlán o Huizachtépetl —situada entre los pueblos de Iztapalápan y Culhuacán— donde se hacía la lumbre a media noche y el palo de donde se sacaba el fuego estaba sobre el pecho de un cautivo tomado en la guerra; sacaban la lumbre de un palo bien seco con otro palillo largo y delgado como asta y cuando acertaban a sacarla y estaba ya hecha inmediatamente abrían las entrañas del cautivo, le arrancaban el corazón y lo arrojaban en el fuego atizándole con él y todo el cuerpo se consumía en la lumbre.

En la víspera de la fiesta, ya puesto el sol, los sacerdotes se vestían como los dioses y caminaban despacio y en silencio desde el centro y llegaban al cerro de la estrella casi a la media noche. Mientras tanto el resto de la población esperaba con miedo, algunos en lugares altos, a que apareciera la lumbre en lo alto del cerro y una vez vista la luz, se cortaban las orejas, adultos y niños, para tomar su sangre y esparcirla en dirección al fuego.

Mientras en lo alto del cerro, los sacerdotes tomaban el fuego y se lo daban a corredores muy ligeros que iban con rapidez a repartir la lumbre a las diversas poblaciones. Los de Tenochtitlán llevaban las teas de pino primero al templo de Huitzilopochtli y de ahí a otros templos y a sus aposentos, así como al resto de la ciudad llenando cada rincón de luz y regocijo.

Así los pobladores renovaban sus alhajas, vestidos y colocaban petates nuevos en señal del ciclo que comenzaba.

El tiempo-espacio nahua

Cipactli era una voraz, primitiva y monstruosa criatura marina, mitad cocodrilo y mitad pez. Estaba siempre hambrienta y en cada junta que unía sus 18 cuerpos había una boca adornándola.

Su nombre también es el del primer día del calendario sagrado azteca. Que en este aspecto la mayoría de civilizaciones de Mesoamérica coinciden en que es muestra de una enseñanza aun más profunda. El orden de los días tiene mucho que ver en eso, ya que no es un orden hecho al azar. Los días están ordenados de manera que parece que van en ascenso en cuanto a belleza estética y virtudes que podemos relacionar con cada uno de los días y las virtudes que los seres humanos podemos desarrollar. De ahí se infiere que Cipactli es la representación mas primitiva de la tierra, el origen, la materia pura, el estado inerte de las cosas y es el primer día de dicho calendario le seguirán los demás días hasta llegar al último que es [Xochitl], lo más sublime, Este modo de entender el calendario nos explica cómo debe ser nuestro desarrollo como seres humanos partiendo de lo más arcaico a lo sublime.

Creación del mundo

Cipactli era el único ser marino que existía en aquel entonces, hasta que Quetzalcóatl lo mató para crear la tierra. Para ello, su hermano Tezcatlipoca tuvo que sacrificar un pie al utilizarlo como cebo para atraer al monstruo. Con el cuerpo de Cipactli los dioses crearon la Tierra. Así, cuando se vieron en la necesidad de dar forma al mundo, un espacio, un suelo, se decidió que Cipactli se partiría por la mitad: una mitad sobre la otra, obteniendo cielo y tierra. El problema es que no había lugar para el hombre, entonces con dos árboles se erigió un espacio que separaba las dos mitades. Así, entre nueve cuerpos por arriba, “los nueve que están sobre nosotros” (“chicnauhtopa”), y otros nueve abajo, “los nueve mundos de los muertos” (“chicnauhmictlan”) la mitología situaba la vida del hombre. Otra cuestión fue la creación del tiempo de la que se encargaron los esposos Oxmócoc y Cipactónal, así con el consejo de Quetzalcóatl crearon el calendario azteca que en honor de la criatura constaba de 18 “meses” de veinte días (360 días en total), el primero de ellos con su nombre y dedicado a ella.

Cipactónal (en náhuatl: cipactonal, ‘espíritu de lagarto’cipactli, lagarto; tonalli, espíritu’) en la mitología mexica, es el dios de la astrología y de los calendarios, los cuales inventó junto con su esposa Oxomoco, es la personificación del día. Cipactónal y Oxomoco juntos son los Adán y Eva de la mitología náhuatl, posteriormente deificados. Oxomoco debía hilar, y Cipactonal trabajar la tierra y no estar ocioso. Quetzalcóatl les trajo el maíz desde Mictlán confrontándose con Mictlantecuhtli para que Oxomoco lo sembrara, cuidara y cosechara y luego Cipactonal lo moliera y cocinara para que ambos se fortaleciesen al comerlo.

El nombre ‘Cipactonal[li]’ puede significar también ‘Dia del Lagarto’ o ‘Dia Cipactli’; Esto nombre puede ser una alusión a dos cosas:

  1. Era el primero hombre, de echo el tonalli llamado “Cipactli” es el primer dia del calendario mexica y era el día del comienzo, de la origen.
  2. Inventó el calendario, de echo (como ya se ha especificado) “Cipactli” es un tonalli [«Dia»] del calendario sagrado méxica.

Alfonso Chavero en el tomo 1 de México a traves de los siglos elabora sobre el mito de la creación nahua.


Los nahoas creían en un creador de todas las cosas, Ometecuhtli, y lo colocaban en la región más alta de los cielos, en un lugar llamado Omeyócan. Pintábanlo sentado en un icpalli real, adornado de riquísimas plumas y de los símbolos de la luna y de la estrella de la tarde, teniendo sobre la frente, en su tocado, el signo de la luz. Poníanle detrás, para representar su nombre jeroglífico, según era costumbre, un copilli ó corona real, queriendo así expresar que era el dios principal, el rey de los dioses.
Ometéotl (en náhuatl: ometeotl, ‘dos dios’ōme ‘dos’; teō-tl, dios’)? en la mitología mexica es el dios de la dualidad; eruditos como Miguel León-Portilla traducen a Ometecuhtli (en náhuatl: ometecuhtli, ‘dos señor’ōme ‘dos’; tecuhtli, señor’)? y Omecíhuatl] (en náhuatl: omecihuatl, ‘dos señora’ōme ‘dos’; cihuatl, señora’)? como Señory Señora de la dualidad, implicando un solo dios de carácter dual llamado Ometéotl. Ometecuhtli, representa la esencia masculina de la creación y es esposo de Omecíhuatl y padre de Tezcatlipoca rojo (Xipetótec), Tezcatlipoca negro (Tezcatlipoca), Tezcatlipoca blanco (Quetzalcóatl), y Tezcatlipoca azul (Huitzilopochtli). Este es un dios antiguo, que no tenía templos, y era casi desconocido por el pueblo, pero muy nombrado en los poemas de las clases altas. Debido a que se lo menciona de una manera que parece ignorar el resto de la Cosmogonía mexica, León Portilla sugiere que tal vez los sabios mexicas estaban en un proceso de aglutinar a los demás dioses en esta deidad (Wikipedia, 2014) (León Portilla, 1993).
Ometeótl es también llamado in Tonān ‘nuestra madre’, in Totah ‘nuestro padre’, Huehuetéotl (en náhuatl: madre nuestra, padre nuestro, dios viejo )? como dualidad y unidad masculino-femenina, reside en Ilhuicatl-Omeyocan (en náhuatl: ilhuicatl-omeyocan, ‘el cielo donde (está) la dualidad’ilhuicatl, cielo; ōme‘dos’ -yō; ōmeyōtl, dualidad; -cān, locativo’)? que, a su vez, ocupa el más alto lugar de los cielos, él/ella es padre/madre del universo y cuanto hay en él, como “Señor y Señora de Nuestra Carne y Sustento”, suministra la energía cósmica universal de la que todas las cosas derivan, así como la continuidad de su existencia y sustento. Provee y mantiene el ritmo oscilante del universo, y le confiere a cada cosa su naturaleza particular. Es en virtud de estos atributos que se lo/la llama “El Uno Mediante Quien Todos Vivimos” y el/la que “es el verdadero ser de todas las cosas, preservándolas y nutriéndolas”.
Por ser metafísicamente inmanente, Ometéotl es llamado/a Tloque Nahuaque (en náhuatl: ‘amo de lo cercano y lo lejano’) o (en náhuatl: ‘el/la que está cerca de todas las cosas y de quien todas las cosas están cerca’), en tanto epistemológicamente trascendente se lo/la llama Yohualli-ehecátl (en náhuatl: ‘uno que es invisible (como la noche) e intangible/impalpable (como el viento)’) recibe también los nombres de Moyocoyatzin (en náhuatl: ‘el inventor de sí mismo’) y Ipalnemohuani (en náhuatl: ‘el dador de vida’).[1]

La primera obra del Ometéotl fue la creación de los cielos, que está representada en la primera pintura del códice Vaticano. 

Tenemos ya al sol representado por su fuego y por su luz. y desde este momento se nos va á manifestar á su vez como creador. Siguiendo siempre la idea de la dualidad y de que solamente un par podía producir crea- ciones, al sol, Tonacatecuhtli, le dieron por mujer á la tierra. Tonacacihuatl; y cuenta la leyenda que tuvieron por hijos á Quetzalcoatl, la estrella de la tarde, y á la luna, Tezcatlipoca; que pasaron seiscientos años después de la creación de los dioses , y estaba el mundo sumergido en un océano de tinieblas ; y que de acuerdo Tonacatecuhtli , Tonacacihuatl, Quetzalcoatl y Tezcatlipoca hicieron el fuego y de él un medio sol. Este medio sol es la misma estrella de la tarde. Cuando crearon á este medio sol ó estrella de la tarde hicieron á un hombre y tina mujer, Cipactli y Oxomoco, y luego formaron los días. 
Después fueron creados los cielos y los dioses de los muertos, Mictlantecuhtli y su mujer Mictlancihuatl, y al fin los hombres maceguales ; y no colocaron á éstos en un paraíso de ociosidad sino en el sublime edén del trabajo , mandando que el hombre labrase la tierra y la mujer hilase y tejiese. Tal es el génesis nahoa. 
¿Pues que es ese Cipactli, creado antes que los cielos, antes que Mictlanteculitli, es decir, antes que el sol se ocultase detrás de la tierra y antes que los hombres maceguales, que en ella habían de vivir y trabajar?  El jeroglifico del códice Borgiano es un cuádrete en que se ve en primer término al Tonacatecuhtli ú Ometecuhfli, al sol como creador. El dios está sentado en un teoicpalli ó silla de los dioses; está representado por el carácter figurativo hombre , es decir , por una figura humana; se le contempla lujosamente ataviado y se distingue por un atributo que le es particular y que no tiene ningún otro dios, por su tocado, que lo forma la misma figura del Cipactli. En esta parte del códice Borgiano se trata de las diversas creaciones, pues más adelante se ven la de la estrella de la tarde , la de la luna, etc. La primera creación fué Cipactli. y Cipactli era el atributo del creador: ¿qué es, pues, ese sublime mito que distingue al hacedor nahoa y que es lo primero que sale de la nada? Es la luz, el sol considerado como luz ; es el primer día de la creación , los primeros rayos que atravesando las espesas nubes que rodeaban la tierra naciente, cayeron sobre los mares que empezaban á extender en calma sus azuladas ondas mientras la 
vigorosa vegetación primitiva brotaba en los islotes como rica esmeralda en un lecho de turquesas. Entonces en el cielo se desplegó el manto azul del infinito; lo que antes era noche fué vida; y por eso los nahoas hicieron de la luz la primera creación ; inventaron también su fíat lux. y con ella coronaron á su dios creador.

 ¡ Qué himno! La luz formando el tul del cielo, dejando ver por vez primera las aguas de los mares y los bosques de la tierra y en sus sublimes vibraciones haciendo sonar el nombre del Creador, luz; mientras el primer sol, saliendo Creación de Cipactli y formación del calendario de la primera aurora, daba el primer instante de vida á nuestra pobre tierra! Ese poema es Cipactli. 

Cipactli es un rayo de luz desplegándose y vibrando en el infinito. Veamos la etimología de esta palabra sagrada que nos abre el templo de los misterios de la religión nahoa. Cipactli. La letra i es la raíz de la luz en. la lengua náhuatl. Así i-xi son los ojos, é i-ztli es la obsidiana cuya punta semeja los rayos del sol, por lo que significa también la misma luz. Pac es una preposición que quiere decir encima , arriba. Así ipac es la luz de lo alto , y este nombre se da á la luz de la luna. Si le interponemos el numeral Ce, uno, nos dará Ce-ipuc y por contracción Cipac, que es la primera luz de arriba, la primera luz creada. Agregando el sufijo tli para significar un ser viviente, personificaremos la luz en el Dios Cipactli, y si en lugar de ese sufijo agregamos la voz tonal, día, tendremos Cipactónal, el día en que alumbró la primera luz, el primer día de la creación. Y como el sol es el astro que da la idea perfecta de la luz, el sol fué Cipactli, y bajo otro aspecto Cipactónal fué el día. Pero en este mito debió venir también la idea de la dualidad , y Cipactónal tuvo por mujer á Oxomoco. Si Cipactónal es el día, Oxomoco es la noche: si Cipactli es el sol, Oxomoco es la tierra. En efecto, xom-itl es pié, o-tli, camino, y co preposición de lugar; de donde viene Xomoco, y cuando se quiere dar más fuerza á la expresión Oxomoco, repitiendo el lugar, el camino. Así encontramos en los cronistas escrito, ya Xomoco, ya Oxomoco, y á ocasiones Xomico. Quiere, pues, decir el nombre: el lugar que si?’ve de camino á los pies, la tierra. En el jeroglífico del códice Borgiano, á la derecha de la creación del Cipactli , se ve á un hombre y una mujer envueltos en una manta : manifiestan estar procreando; son los mismos Cipactli y Oxomoco, y el asta que de en medio de ellos sale es la flecha del tiempo que se encuentra en todos los monumentos cronológicos del sol ; y aquí manifiesta que de la unión y combinación del día y de la noche se formó el tiempo. Por eso se decía que Cipactli y Oxomoco formaron el calendario.  Los poetas antiguos no cantaron nada más grandioso que esta unión íntima del sol y de la tierra , que este matrimonio de Cipactli y Oxomoco, que estos amores de la luz y de las tinieblas , del día y de la noche , que tuvieron por hijo al tiempo.

Bibliografía

Chavero, A. (1953). México a traves de los siglos; Historia antigua y de la conquista (Novena ed., Vol. 1). (V. Riva Palacios, Ed.) México, México: Cumbre S.A.
León Portilla, M. (1993). La filosofía nahuatl, estudiada en sus fuentes (Séptima ed.). México, México: Universidad Nacional Autónoma de México; Insituto de Investigaciones Historicas.
Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (Vigesimotercera ed., Vol. 2). México, México: Planeta .
Wikipedia. (4 de Mayo de 2014). Ometéotl. Recuperado el 16 de Agosto de 2015, de Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Omet%C3%A9otl
Wikipedia. (21 de Julio de 2015). Nahuas. Recuperado el 15 de Agosto de 2015, de Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Nahuas

 
 

Cipactli era una voraz, primitiva y monstruosa criatura marina, mitad cocodrilo y mitad pez. Estaba siempre hambrienta y en cada junta que unía sus 18 cuerpos había una boca adornándola.

Su nombre también es el del primer día del calendario sagrado azteca. Que en este aspecto la mayoría de civilizaciones de Mesoamérica coinciden en que es muestra de una enseñanza aun más profunda. El orden de los días tiene mucho que ver en eso, ya que no es un orden hecho al azar. Los días están ordenados de manera que parece que van en ascenso en cuanto a belleza estética y virtudes que podemos relacionar con cada uno de los días y las virtudes que los seres humanos podemos desarrollar. De ahí se infiere que Cipactli es la representación mas primitiva de la tierra, el origen, la materia pura, el estado inerte de las cosas y es el primer día de dicho calendario le seguirán los demás días hasta llegar al último que es [Xochitl], lo más sublime, Este modo de entender el calendario nos explica cómo debe ser nuestro desarrollo como seres humanos partiendo de lo más arcaico a lo sublime.

Creación del mundo

Cipactli era el único ser marino que existía en aquel entonces, hasta que Quetzalcóatl lo mató para crear la tierra. Para ello, su hermano Tezcatlipoca tuvo que sacrificar un pie al utilizarlo como cebo para atraer al monstruo. Con el cuerpo de Cipactli los dioses crearon la Tierra. Así, cuando se vieron en la necesidad de dar forma al mundo, un espacio, un suelo, se decidió que Cipactli se partiría por la mitad: una mitad sobre la otra, obteniendo cielo y tierra. El problema es que no había lugar para el hombre, entonces con dos árboles se erigió un espacio que separaba las dos mitades. Así, entre nueve cuerpos por arriba, “los nueve que están sobre nosotros” (“chicnauhtopa”), y otros nueve abajo, “los nueve mundos de los muertos” (“chicnauhmictlan”) la mitología situaba la vida del hombre. Otra cuestión fue la creación del tiempo de la que se encargaron los esposos Oxmócoc y Cipactónal, así con el consejo de Quetzalcóatl crearon el calendario azteca que en honor de la criatura constaba de 18 “meses” de veinte días (360 días en total), el primero de ellos con su nombre y dedicado a ella.

Cipactónal (en náhuatl: cipactonal, ‘espíritu de lagarto’cipactli, lagarto; tonalli, espíritu’) en la mitología mexica, es el dios de la astrología y de los calendarios, los cuales inventó junto con su esposa Oxomoco, es la personificación del día. Cipactónal y Oxomoco juntos son los Adán y Eva de la mitología náhuatl, posteriormente deificados. Oxomoco debía hilar, y Cipactonal trabajar la tierra y no estar ocioso. Quetzalcóatl les trajo el maíz desde Mictlán confrontándose con Mictlantecuhtli para que Oxomoco lo sembrara, cuidara y cosechara y luego Cipactonal lo moliera y cocinara para que ambos se fortaleciesen al comerlo.

El nombre ‘Cipactonal[li]’ puede significar también ‘Dia del Lagarto’ o ‘Dia Cipactli’; Esto nombre puede ser una alusión a dos cosas:

  1. Era el primero hombre, de echo el tonalli llamado “Cipactli” es el primer dia del calendario mexica y era el día del comienzo, de la origen.
  2. Inventó el calendario, de echo (como ya se ha especificado) “Cipactli” es un tonalli [«Dia»] del calendario sagrado méxica.

Alfonso Chavero en el tomo 1 de México a traves de los siglos elabora sobre el mito de la creación nahua.


Los nahoas creían en un creador de todas las cosas, Ometecuhtli, y lo colocaban en la región más alta de los cielos, en un lugar llamado Omeyócan. Pintábanlo sentado en un icpalli real, adornado de riquísimas plumas y de los símbolos de la luna y de la estrella de la tarde, teniendo sobre la frente, en su tocado, el signo de la luz. Poníanle detrás, para representar su nombre jeroglífico, según era costumbre, un copilli ó corona real, queriendo así expresar que era el dios principal, el rey de los dioses.
Ometéotl (en náhuatl: ometeotl, ‘dos dios’?me ‘dos’; te?-tl, dios’)? en la mitología mexica es el dios de la dualidad; eruditos como Miguel León-Portilla traducen a Ometecuhtli (en náhuatl: ometecuhtli, ‘dos señor’?me ‘dos’; tecuhtli, señor’)? y Omecíhuatl] (en náhuatl: omecihuatl, ‘dos señora’?me ‘dos’; cihuatl, señora’)? como Señory Señora de la dualidad, implicando un solo dios de carácter dual llamado Ometéotl. Ometecuhtli, representa la esencia masculina de la creación y es esposo de Omecíhuatl y padre de Tezcatlipoca rojo (Xipetótec), Tezcatlipoca negro (Tezcatlipoca), Tezcatlipoca blanco (Quetzalcóatl), y Tezcatlipoca azul (Huitzilopochtli). Este es un dios antiguo, que no tenía templos, y era casi desconocido por el pueblo, pero muy nombrado en los poemas de las clases altas. Debido a que se lo menciona de una manera que parece ignorar el resto de la Cosmogonía mexica, León Portilla sugiere que tal vez los sabios mexicas estaban en un proceso de aglutinar a los demás dioses en esta deidad (Wikipedia, 2014) (León Portilla, 1993).
Ometeótl es también llamado in Ton?n ‘nuestra madre’, in Totah ‘nuestro padre’, Huehuetéotl (en náhuatl: madre nuestra, padre nuestro, dios viejo )? como dualidad y unidad masculino-femenina, reside en Ilhuicatl-Omeyocan (en náhuatl: ilhuicatl-omeyocan, ‘el cielo donde (está) la dualidad’ilhuicatl, cielo; ?me‘dos’ -y?; ?mey?tl, dualidad; -c?n, locativo’)? que, a su vez, ocupa el más alto lugar de los cielos, él/ella es padre/madre del universo y cuanto hay en él, como “Señor y Señora de Nuestra Carne y Sustento”, suministra la energía cósmica universal de la que todas las cosas derivan, así como la continuidad de su existencia y sustento. Provee y mantiene el ritmo oscilante del universo, y le confiere a cada cosa su naturaleza particular. Es en virtud de estos atributos que se lo/la llama “El Uno Mediante Quien Todos Vivimos” y el/la que “es el verdadero ser de todas las cosas, preservándolas y nutriéndolas”.
Por ser metafísicamente inmanente, Ometéotl es llamado/a Tloque Nahuaque (en náhuatl: ‘amo de lo cercano y lo lejano’) o (en náhuatl: ‘el/la que está cerca de todas las cosas y de quien todas las cosas están cerca’), en tanto epistemológicamente trascendente se lo/la llama Yohualli-ehecátl (en náhuatl: ‘uno que es invisible (como la noche) e intangible/impalpable (como el viento)’) recibe también los nombres de Moyocoyatzin (en náhuatl: ‘el inventor de sí mismo’) y Ipalnemohuani (en náhuatl: ‘el dador de vida’).[1]

La primera obra del Ometéotl fue la creación de los cielos, que está representada en la primera pintura del códice Vaticano. 

Tenemos ya al sol representado por su fuego y por su luz. y desde este momento se nos va á manifestar á su vez como creador. Siguiendo siempre la idea de la dualidad y de que solamente un par podía producir crea- ciones, al sol, Tonacatecuhtli, le dieron por mujer á la tierra. Tonacacihuatl; y cuenta la leyenda que tuvieron por hijos á Quetzalcoatl, la estrella de la tarde, y á la luna, Tezcatlipoca; que pasaron seiscientos años después de la creación de los dioses , y estaba el mundo sumergido en un océano de tinieblas ; y que de acuerdo Tonacatecuhtli , Tonacacihuatl, Quetzalcoatl y Tezcatlipoca hicieron el fuego y de él un medio sol. Este medio sol es la misma estrella de la tarde. Cuando crearon á este medio sol ó estrella de la tarde hicieron á un hombre y tina mujer, Cipactli y Oxomoco, y luego formaron los días. 
Después fueron creados los cielos y los dioses de los muertos, Mictlantecuhtli y su mujer Mictlancihuatl, y al fin los hombres maceguales ; y no colocaron á éstos en un paraíso de ociosidad sino en el sublime edén del trabajo , mandando que el hombre labrase la tierra y la mujer hilase y tejiese. Tal es el génesis nahoa. 
¿Pues que es ese Cipactli, creado antes que los cielos, antes que Mictlanteculitli, es decir, antes que el sol se ocultase detrás de la tierra y antes que los hombres maceguales, que en ella habían de vivir y trabajar?  El jeroglifico del códice Borgiano es un cuádrete en que se ve en primer término al Tonacatecuhtli ú Ometecuhfli, al sol como creador. El dios está sentado en un teoicpalli ó silla de los dioses; está representado por el carácter figurativo hombre , es decir , por una figura humana; se le contempla lujosamente ataviado y se distingue por un atributo que le es particular y que no tiene ningún otro dios, por su tocado, que lo forma la misma figura del Cipactli. En esta parte del códice Borgiano se trata de las diversas creaciones, pues más adelante se ven la de la estrella de la tarde , la de la luna, etc. La primera creación fué Cipactli. y Cipactli era el atributo del creador: ¿qué es, pues, ese sublime mito que distingue al hacedor nahoa y que es lo primero que sale de la nada? Es la luz, el sol considerado como luz ; es el primer día de la creación , los primeros rayos que atravesando las espesas nubes que rodeaban la tierra naciente, cayeron sobre los mares que empezaban á extender en calma sus azuladas ondas mientras la 
vigorosa vegetación primitiva brotaba en los islotes como rica esmeralda en un lecho de turquesas. Entonces en el cielo se desplegó el manto azul del infinito; lo que antes era noche fué vida; y por eso los nahoas hicieron de la luz la primera creación ; inventaron también su fíat lux. y con ella coronaron á su dios creador.

 ¡ Qué himno! La luz formando el tul del cielo, dejando ver por vez primera las aguas de los mares y los bosques de la tierra y en sus sublimes vibraciones haciendo sonar el nombre del Creador, luz; mientras el primer sol, saliendo Creación de Cipactli y formación del calendario de la primera aurora, daba el primer instante de vida á nuestra pobre tierra! Ese poema es Cipactli. 

Cipactli es un rayo de luz desplegándose y vibrando en el infinito. Veamos la etimología de esta palabra sagrada que nos abre el templo de los misterios de la religión nahoa. Cipactli. La letra i es la raíz de la luz en. la lengua náhuatl. Así i-xi son los ojos, é i-ztli es la obsidiana cuya punta semeja los rayos del sol, por lo que significa también la misma luz. Pac es una preposición que quiere decir encima , arriba. Así ipac es la luz de lo alto , y este nombre se da á la luz de la luna. Si le interponemos el numeral Ce, uno, nos dará Ce-ipuc y por contracción Cipac, que es la primera luz de arriba, la primera luz creada. Agregando el sufijo tli para significar un ser viviente, personificaremos la luz en el Dios Cipactli, y si en lugar de ese sufijo agregamos la voz tonal, día, tendremos Cipactónal, el día en que alumbró la primera luz, el primer día de la creación. Y como el sol es el astro que da la idea perfecta de la luz, el sol fué Cipactli, y bajo otro aspecto Cipactónal fué el día. Pero en este mito debió venir también la idea de la dualidad , y Cipactónal tuvo por mujer á Oxomoco. Si Cipactónal es el día, Oxomoco es la noche: si Cipactli es el sol, Oxomoco es la tierra. En efecto, xom-itl es pié, o-tli, camino, y co preposición de lugar; de donde viene Xomoco, y cuando se quiere dar más fuerza á la expresión Oxomoco, repitiendo el lugar, el camino. Así encontramos en los cronistas escrito, ya Xomoco, ya Oxomoco, y á ocasiones Xomico. Quiere, pues, decir el nombre: el lugar que si?’ve de camino á los pies, la tierra. En el jeroglífico del códice Borgiano, á la derecha de la creación del Cipactli , se ve á un hombre y una mujer envueltos en una manta : manifiestan estar procreando; son los mismos Cipactli y Oxomoco, y el asta que de en medio de ellos sale es la flecha del tiempo que se encuentra en todos los monumentos cronológicos del sol ; y aquí manifiesta que de la unión y combinación del día y de la noche se formó el tiempo. Por eso se decía que Cipactli y Oxomoco formaron el calendario.  Los poetas antiguos no cantaron nada más grandioso que esta unión íntima del sol y de la tierra , que este matrimonio de Cipactli y Oxomoco, que estos amores de la luz y de las tinieblas , del día y de la noche , que tuvieron por hijo al tiempo.

Bibliografía

Chavero, A. (1953). México a traves de los siglos; Historia antigua y de la conquista (Novena ed., Vol. 1). (V. Riva Palacios, Ed.) México, México: Cumbre S.A.
León Portilla, M. (1993). La filosofía nahuatl, estudiada en sus fuentes (Séptima ed.). México, México: Universidad Nacional Autónoma de México; Insituto de Investigaciones Historicas.
Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (Vigesimotercera ed., Vol. 2). México, México: Planeta .
Wikipedia. (4 de Mayo de 2014). Ometéotl. Recuperado el 16 de Agosto de 2015, de Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Omet%C3%A9otl
Wikipedia. (21 de Julio de 2015). Nahuas. Recuperado el 15 de Agosto de 2015, de Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Nahuas