El mito del México mestizo

Dice Héctor Pérez Martínez (Pérez-Martinez, 2014), en su biografía de Cuauhtémoc, que La Conquista es un hecho consumado, relevante como elemento formador de México como país mestizo: tal planteamiento supone la cauterización de heridas que todavía en el tercer mileno destilan pus. Si bien es cierto que la población mexicana es mestiza, caracterizar a México como país mestizo es una simplificación que ignora la realidad de varios Méxicos distintos y contra puestos: en una perspectiva mínima, el criollo, el mestizo, y el americano. Decía Paz en El Laberinto de la soledad (Paz, 2015):

«En nuestro territorio conviven no sólo distintas razas y lenguas, sino varios niveles históricos. Hay quienes viven antes de la historia; otros, como los otomíes, desplazados por sucesivas invasiones, al margen de ella. Y sin acudir a estos extremos, varias épocas se enfrentan, se ignoran o se entre devoran sobre una misma tierra o separadas apenas por unos kilómetros. Bajo un mismo cielo, con héroes, costumbres, calendarios y nociones morales diferentes, viven “católicos de Pedro el Ermitaño y jacobinos de la Era Terciaria”. Las épocas viejas nunca desaparecen completamente y todas las heridas, aun las más antiguas, manan sangre todavía. A veces, como las pirámides precortesianas que ocultan casi siempre otras, en una sola ciudad o en una sola alma se mezclan y superponen nociones y sensibilidades enemigas o distantes.»

México es nación apenas convencionalmente, sin embargo, basta que alguien cruce la frontera para que se plante su mexicanidad por el mismo y por los otros.

En el proceso de sucesión presidencial en Estados Unidos se ha manifestado como tema central el racismo contra la población nativa, particularmente expresado en los exabruptos antimexicanos de Donald Trump. La reacción popular y de los medios de comunicación ha sido la de considerar a Trump como un loco irresponsable y no ha faltado la obligada referencia a Hitler. Tal planteamiento pasa por alto que Trump no hace más que articular el sentir de una gran parte del pueblo gringo: Los Tea-partiers. Ignora también la endeble posición moral del gobierno mexicano, que no solo propicia con su corrupción e ineficiencia el sustrato socioeconómico que provoca la situación en primer lugar, sino que también permite y propicia un verdadero infierno para los hermanos centroamericanos que entran a México ilegalmente.

Los argumentos y expresiones de Trump se pudieran utilizar verbatim en reversa, ya que las políticas y acciones de los Estados Unidos provocan la crisis que empujan a los campesinos mexicanos hacia El Norte: en plena justicia se puede exigir que los culpables paguen las consecuencias de sus actos: las asimetrías de poder dictan la realidad de que los patos no le tiran a las escopetas.

La frontera México-Estados Unidos, o México-Centroamérica, es un accidente histórico que nada tiene de natural o fijo y que no es un argumento válido moralmente para negar el libre tránsito de gente que tiene arraigo ancestral en tierras americanas.

La probada metodología de alcohólicos anónimos ha establecido la práctica de que el primer paso para solucionar un problema es reconocer su existencia. México nunca podrá superar las contradicciones fundamentales que han inhibido su desarrollo por siglos sin antes reconocerlas plenamente.

Paz, O. (2015). El laberinto de la soledad. México: Fondo de Cultura Económica.

Pérez-Martinez, H. (2014). Cuauhtémoc, vida y muerte de una cultura. México: CONACULTA.

Dice Héctor Pérez Martínez (Pérez-Martinez, 2014), en su biografía de Cuauhtémoc, que La Conquista es un hecho consumado, relevante como elemento formador de México como país mestizo: tal planteamiento supone la cauterización de heridas que todavía en el tercer mileno destilan pus. Si bien es cierto que la población mexicana es mestiza, caracterizar a México como país mestizo es una simplificación que ignora la realidad de varios Méxicos distintos y contra puestos: en una perspectiva mínima, el criollo, el mestizo, y el americano. Decía Paz en El Laberinto de la soledad (Paz, 2015):

«En nuestro territorio conviven no sólo distintas razas y lenguas, sino varios niveles históricos. Hay quienes viven antes de la historia; otros, como los otomíes, desplazados por sucesivas invasiones, al margen de ella. Y sin acudir a estos extremos, varias épocas se enfrentan, se ignoran o se entre devoran sobre una misma tierra o separadas apenas por unos kilómetros. Bajo un mismo cielo, con héroes, costumbres, calendarios y nociones morales diferentes, viven “católicos de Pedro el Ermitaño y jacobinos de la Era Terciaria”. Las épocas viejas nunca desaparecen completamente y todas las heridas, aun las más antiguas, manan sangre todavía. A veces, como las pirámides precortesianas que ocultan casi siempre otras, en una sola ciudad o en una sola alma se mezclan y superponen nociones y sensibilidades enemigas o distantes.»

México es nación apenas convencionalmente, sin embargo, basta que alguien cruce la frontera para que se plante su mexicanidad por el mismo y por los otros.

En el proceso de sucesión presidencial en Estados Unidos se ha manifestado como tema central el racismo contra la población nativa, particularmente expresado en los exabruptos antimexicanos de Donald Trump. La reacción popular y de los medios de comunicación ha sido la de considerar a Trump como un loco irresponsable y no ha faltado la obligada referencia a Hitler. Tal planteamiento pasa por alto que Trump no hace más que articular el sentir de una gran parte del pueblo gringo: Los Tea-partiers. Ignora también la endeble posición moral del gobierno mexicano, que no solo propicia con su corrupción e ineficiencia el sustrato socioeconómico que provoca la situación en primer lugar, sino que también permite y propicia un verdadero infierno para los hermanos centroamericanos que entran a México ilegalmente.

Los argumentos y expresiones de Trump se pudieran utilizar verbatim en reversa, ya que las políticas y acciones de los Estados Unidos provocan la crisis que empujan a los campesinos mexicanos hacia El Norte: en plena justicia se puede exigir que los culpables paguen las consecuencias de sus actos: las asimetrías de poder dictan la realidad de que los patos no le tiran a las escopetas.

La frontera México-Estados Unidos, o México-Centroamérica, es un accidente histórico que nada tiene de natural o fijo y que no es un argumento válido moralmente para negar el libre tránsito de gente que tiene arraigo ancestral en tierras americanas.

La probada metodología de alcohólicos anónimos ha establecido la práctica de que el primer paso para solucionar un problema es reconocer su existencia. México nunca podrá superar las contradicciones fundamentales que han inhibido su desarrollo por siglos sin antes reconocerlas plenamente.

Paz, O. (2015). El laberinto de la soledad. México: Fondo de Cultura Económica.

Pérez-Martinez, H. (2014). Cuauhtémoc, vida y muerte de una cultura. México: CONACULTA.

Tlazoltéotl

Tlazoltéotl (en náhuatl: tlazōlteōtl, ‘diosa de la inmundicia’tla, prefijo; zōlli, inmundicia; téōtl, dios’)? Deidad de origen Huasteco, que en la mitología mexica es la diosa de la lujuria y de los amores ilícitos, patrona de la incontinencia, del adulterio, del sexo, de las pasiones, de la carnalidad y de las transgresiones morales; era la diosa que eliminaba del mundo el pecado y la diosa más relacionada con la sexualidad y con la Luna. En los códices se la representaba en la postura azteca habitual para dar a luz o a veces defecando debido a que los pecados de lujuria se simbolizaban con excrementos. Así como en otros códices aparece sosteniendo “la raíz del diablo”, planta usada para hacer más fuertes los efectos del pulque (bebida relacionada con la inmoralidad) y disminuir los dolores del parto.
Era conocida como “la comedora de suciedad” debido a que se creía que visitaba a la gente que estaba por morir. La diosa Tlazoltéotl mostraba las contradicciones de algunos valores morales sobre la feminidad en la sociedad azteca: traía el sufrimiento con enfermedades venéreas y lo curaba con la medicina, inspiraba las desviaciones sexuales pero a la vez tenía la capacidad de absolverlas, y todo ello siendo diosa madre de la fertilidad, del parto, patrona de los médicos y a la vez diosa cruel que traía locura.
Tlazoltéotl (en náhuatl: tlaz?lte?tl, ‘diosa de la inmundicia’tla, prefijo; z?lli, inmundicia; té?tl, dios’)? Deidad de origen Huasteco, que en la mitología mexica es la diosa de la lujuria y de los amores ilícitos, patrona de la incontinencia, del adulterio, del sexo, de las pasiones, de la carnalidad y de las transgresiones morales; era la diosa que eliminaba del mundo el pecado y la diosa más relacionada con la sexualidad y con la Luna. En los códices se la representaba en la postura azteca habitual para dar a luz o a veces defecando debido a que los pecados de lujuria se simbolizaban con excrementos. Así como en otros códices aparece sosteniendo “la raíz del diablo”, planta usada para hacer más fuertes los efectos del pulque (bebida relacionada con la inmoralidad) y disminuir los dolores del parto.
Era conocida como “la comedora de suciedad” debido a que se creía que visitaba a la gente que estaba por morir. La diosa Tlazoltéotl mostraba las contradicciones de algunos valores morales sobre la feminidad en la sociedad azteca: traía el sufrimiento con enfermedades venéreas y lo curaba con la medicina, inspiraba las desviaciones sexuales pero a la vez tenía la capacidad de absolverlas, y todo ello siendo diosa madre de la fertilidad, del parto, patrona de los médicos y a la vez diosa cruel que traía locura.

Cintéotl

Cintéotl o Centéotl (en náhuatl: cinteotl, ‘dios del maíz’cintli, maíz; teotl, dios’)? en la mitología mexica es el dios del maíz, en ocasiones es considerado como un ser dual, hombre y mujer, o bien solo del sexo masculino mientras en sexo femenino pasó a ser Chicomecóatl, que según la Cosmogonía mexica nació de la unión de Piltzintecuhtli, dios de los temporales, y Xochiquétzal, diosa de la belleza, de las flores, de la juventud y de la fertilidad, patrona de las jóvenes, del embarazo, de los partos y de los oficios de las mujeres, que tras su nacimiento se refugió bajo la tierra convirtiéndose en distintos sustentos, de entre ellos, el maíz divinizado. Entre sus diversos cultos se le celebraba junto a Chicomecóatl, la diosa de la agricultura, de las cosechas y de la fecundidad, en los meses de “Huey tozoztli” y “Huey tecuilhuitl” sacrificando a una cautiva.
Cintéotl o Centéotl (en náhuatl: cinteotl, ‘dios del maíz’cintli, maíz; teotl, dios’)? en la mitología mexica es el dios del maíz, en ocasiones es considerado como un ser dual, hombre y mujer, o bien solo del sexo masculino mientras en sexo femenino pasó a ser Chicomecóatl, que según la Cosmogonía mexica nació de la unión de Piltzintecuhtli, dios de los temporales, y Xochiquétzal, diosa de la belleza, de las flores, de la juventud y de la fertilidad, patrona de las jóvenes, del embarazo, de los partos y de los oficios de las mujeres, que tras su nacimiento se refugió bajo la tierra convirtiéndose en distintos sustentos, de entre ellos, el maíz divinizado. Entre sus diversos cultos se le celebraba junto a Chicomecóatl, la diosa de la agricultura, de las cosechas y de la fecundidad, en los meses de “Huey tozoztli” y “Huey tecuilhuitl” sacrificando a una cautiva.

Sacrifice humain chez les Aztèques

Le sacrifice humain était, dans la civilisation aztèque, comme dans la plupart des civilisations précolombiennes de Mésoamérique, un rite extrêmement courant et essentiel[1] comme l’attestent plusieurs documents indigènes et espagnols ainsi que de nombreuses découvertes archéologiques. Les méthodes de sacrifice et les types de victimes sacrifiées étaient très variés. Les plus documentés sont l’autosacrifice par extraction de sang et le sacrifice par cardiectomie (ablation du cœur) d’esclaves et de prisonniers de guerre, dans un lieu sacré qui était le plus souvent un temple au sommet d’une pyramide[GT 1].
Au cours de la colonisation des Amériques, les Espagnols ont fréquemment justifié moralement leur conquête des territoires indigènes et l’évangélisation des peuples qui y vivaient par la nécessité d’abolir cette pratique religieuse jugée diabolique[1]

Le Codex Borbonicus illustre les différentes cérémonies sacrificielles associées aux treizaines du calendrier aztèque rituel (le « tonalpohualli »)[GT 2].
Les codex du groupe Borgia, bien qu’il ne semble pas qu’ils aient été produits à Mexico-Tenochtitlan mais entre Puebla et Tlaxcala, comportent également de nombreuses scènes de sacrifice humain représentatives de ces rites chez des populations de culture très similaire à celle des Mexicas[GT 2].
Les codex mixtèques et mayas, bien qu’ils ne décrivent pas les cérémonies des peuples de l’Empire aztèque, reflètent le mode de pensée mésoaméricain et sont donc, à ce titre, une source d’information complémentaire sur le sens des rites sacrificiels dans l’ensemble de cette aire culturelle[GT 2].

La minimisation de la violence des sacrifices humains chez les Aztèques a commencé dès Bartolomé de Las Casas[G 1], qui non seulement les a présentés de manière positive comme l’expression d’une grande piété, mais a affirmé que leur nombre était inférieur à cinquante par an, en arguant que dans le cas contraire le nombre d’habitants n’aurait pas pu être aussi élevé dans l’empire aztèque[G 2].
Eulalia Gúzman, en 1958, a nié l’existence-même de ces sacrifices[G 3]. Cette théorie a été reprise et développée dans une thèse de Peter Hassler en 1992, qui prétendait démontrer qu’il s’agissait d’une invention des Espagnols pour justifier leur conquête[G 4].
Laurette Séjourné, en 1971, considérait que le principal but des sacrifices humains, dans les sociétés amérindiennes, était de supprimer l’agressivité et l’égoïsme[G 5].
Les spécialistes contemporains comme Michel Graulich critiquent ces points de vue pour leur manque d’objectivité, et les considèrent comme de simples réactions émotionnelles à un sujet inquiétant et dérangeant[G 1].

Origines

Selon les croyances aztèques, c’est Tezcatlipoca, dieu de la nuit et de la mort, qui aurait donné aux Aztèques la coutume des sacrifices humains[3]. Il aurait chassé de Tula le dieu Quetzalcoatl, qui s’opposait au sacrifice des humains[4].
On a donc longtemps attribué aux Aztèques l’implantation des sacrifices humains en Mésoamérique.
Cependant, il est avéré que cette pratique remonte au moins aux Olmèques, la première civilisation mésoaméricaine documentée.

Fonction des sacrifices

Les deux premiers cercles du monolithe appelé Pierre du Soleil évoquent la légende des soleils, selon laquelle le monde aurait déjà été détruit à quatre reprises et selon laquelle cinq Aztèques auraient dû sacrifier 400 de leurs frères pour que la Terre et le Soleil puissent s’en alimenter et éviter ainsi une cinquième destruction.

La principale fonction des sacrifices humains aztèques avancée par une majorité des sources était d’ordre religieux car les Aztèques croyaient qu’ils alimentaient les dieux et maintenaient ainsi l’équilibre du cosmos[G 6]. Il existe en effet plusieurs mythes montrant cette fonction des sacrifices.
Toutefois, selon Michel Graulich, cette explication néglige d’autres fonctions[G 7].

Fonction religieuse

Article détaillé : Religion aztèque.

Dans la mythologie aztèque

Les mythes cosmogoniques aztèques sont imprégnés de références aux sacrifices humains comme un élément nécessaire au fonctionnement et à l’équilibre du cosmos[5]. On en retrouve par exemple dans le mythe de la création du monde, dans lequel la déesse-terre Tlaltecuhtli réclame des cœurs humains et refuse de donner ses fruits avant d’être arrosée de sang[1] ; de même, dans le mythe de la création du Soleil et de la Lune, le sacrifice des dieux Nanahuatzin et Tecciztecatl leur permet de renaître sous la forme de ces astres puis le sacrifice des autres dieux est également nécessaire pour que le Soleil commence à se déplacer dans le ciel[6]. Dans le mythe nahua de la Légende des soleils, la déesse-Terre donne le jour aux 400 Mimixcoas et à 5 Mecitin (c’est-à-dire des Mexicas) ; comme les Mimixcoas se laissent aller à la luxure et à la boisson et ne ramènent donc rien de la chasse, les cinq Mecitin sont chargés de tuer les 400 Mimixcoas pour que la Terre et le Soleil puissent s’en alimenter[7].
Ce rôle régulateur est également lié à la légende des soleils, selon laquelle les dieux avaient successivement créé plusieurs mondes ou « soleils » qui furent chaque fois anéantis avec leurs habitants ; les sacrifices humains devaient apaiser les dieux afin qu’ils ne détruisent pas encore le monde actuel. Les Aztèques pensaient aussi que les sacrifices permettaient au Soleil de continuer sa course dans le ciel. Les sacrifices donnés en l’honneur du dieu Tlaloc devaient éviter la sécheresse et les inondations[8].

Expiation

K. Th. Preuss, en 1902, a appliqué aux sacrifices humains aztèques la théorie d’Orozoco y Berra selon laquelle le sacrifice est avant tout l’expiation d’une faute, en s’appuyant sur des extraits de l’œuvre de Sahagún[G 8]. Cette théorie a cependant été critiquée par Eduard Seler, qui lui opposa que les mythes aztèques montrent que la fonction principale des sacrifices était de sustenter les dieux[G 9].

Libération du tonalli

Dans la pensée aztèque, le sacrifice humain permet en effet de libérer une énergie appelée « tonalli », liée en particulier à la tête, au sang (que les Aztèques désignaient par la métaphore « chalchiuatl », « eau précieuse ») et au cœur.

Fonctions politiques

Contrôle de l’empire par la terreur

Les sacrifices avaient en outre une fonction politique d’élimination des opposants et de maintien de l’ordre par la terreur[8]. En effet, l’Empire aztèque étant perpétuellement agité par les révoltes des cités tributaires, la répression de celles-ci donnait lieu également au sacrifice d’une partie de la population révoltée. Les grandes cérémonies exceptionnelles, où un très grand nombre de victimes étaient sacrifiées, servaient également à impressionner et terroriser les populations sous domination aztèque, qui étaient invitées, avec leurs dirigeants, à assister au sacrifice de milliers de prisonniers et d’esclaves.

Légitimation de l’expansionnisme militaire

Arthur Demarest a avancé la théorie, reprise dans de nombreuses sources, que la religion aztèque non seulement légitimait l’expansionnisme militaire, mais également que les sacrifices humains liés aux guerres de conquête seraient devenus un des principaux moteurs de l’expansion de l’Empire aztèque[G 10].
Michel Graulich a objecté que seule la guerre fleurie avait pour but la capture de victimes à sacrifier et qu’elle n’était pas destinée à conquérir de nouveaux territoires puisqu’elle n’était organisée que contre les cités de la vallée de Puebla[G 10]. Les autres guerres étaient toujours motivées par d’autres motifs ordinaires, comme la suspension des échanges commerciaux[G 10].

Le sacrifice humain était, dans la civilisation aztèque, comme dans la plupart des civilisations précolombiennes de Mésoamérique, un rite extrêmement courant et essentiel[1] comme l’attestent plusieurs documents indigènes et espagnols ainsi que de nombreuses découvertes archéologiques. Les méthodes de sacrifice et les types de victimes sacrifiées étaient très variés. Les plus documentés sont l’autosacrifice par extraction de sang et le sacrifice par cardiectomie (ablation du cœur) d’esclaves et de prisonniers de guerre, dans un lieu sacré qui était le plus souvent un temple au sommet d’une pyramide[GT 1].
Au cours de la colonisation des Amériques, les Espagnols ont fréquemment justifié moralement leur conquête des territoires indigènes et l’évangélisation des peuples qui y vivaient par la nécessité d’abolir cette pratique religieuse jugée diabolique[1]

Le Codex Borbonicus illustre les différentes cérémonies sacrificielles associées aux treizaines du calendrier aztèque rituel (le « tonalpohualli »)[GT 2].
Les codex du groupe Borgia, bien qu’il ne semble pas qu’ils aient été produits à Mexico-Tenochtitlan mais entre Puebla et Tlaxcala, comportent également de nombreuses scènes de sacrifice humain représentatives de ces rites chez des populations de culture très similaire à celle des Mexicas[GT 2].
Les codex mixtèques et mayas, bien qu’ils ne décrivent pas les cérémonies des peuples de l’Empire aztèque, reflètent le mode de pensée mésoaméricain et sont donc, à ce titre, une source d’information complémentaire sur le sens des rites sacrificiels dans l’ensemble de cette aire culturelle[GT 2].

La minimisation de la violence des sacrifices humains chez les Aztèques a commencé dès Bartolomé de Las Casas[G 1], qui non seulement les a présentés de manière positive comme l’expression d’une grande piété, mais a affirmé que leur nombre était inférieur à cinquante par an, en arguant que dans le cas contraire le nombre d’habitants n’aurait pas pu être aussi élevé dans l’empire aztèque[G 2].
Eulalia Gúzman, en 1958, a nié l’existence-même de ces sacrifices[G 3]. Cette théorie a été reprise et développée dans une thèse de Peter Hassler en 1992, qui prétendait démontrer qu’il s’agissait d’une invention des Espagnols pour justifier leur conquête[G 4].
Laurette Séjourné, en 1971, considérait que le principal but des sacrifices humains, dans les sociétés amérindiennes, était de supprimer l’agressivité et l’égoïsme[G 5].
Les spécialistes contemporains comme Michel Graulich critiquent ces points de vue pour leur manque d’objectivité, et les considèrent comme de simples réactions émotionnelles à un sujet inquiétant et dérangeant[G 1].

Origines

Selon les croyances aztèques, c’est Tezcatlipoca, dieu de la nuit et de la mort, qui aurait donné aux Aztèques la coutume des sacrifices humains[3]. Il aurait chassé de Tula le dieu Quetzalcoatl, qui s’opposait au sacrifice des humains[4].
On a donc longtemps attribué aux Aztèques l’implantation des sacrifices humains en Mésoamérique.
Cependant, il est avéré que cette pratique remonte au moins aux Olmèques, la première civilisation mésoaméricaine documentée.

Fonction des sacrifices

Les deux premiers cercles du monolithe appelé Pierre du Soleil évoquent la légende des soleils, selon laquelle le monde aurait déjà été détruit à quatre reprises et selon laquelle cinq Aztèques auraient dû sacrifier 400 de leurs frères pour que la Terre et le Soleil puissent s’en alimenter et éviter ainsi une cinquième destruction.

La principale fonction des sacrifices humains aztèques avancée par une majorité des sources était d’ordre religieux car les Aztèques croyaient qu’ils alimentaient les dieux et maintenaient ainsi l’équilibre du cosmos[G 6]. Il existe en effet plusieurs mythes montrant cette fonction des sacrifices.
Toutefois, selon Michel Graulich, cette explication néglige d’autres fonctions[G 7].

Fonction religieuse

Article détaillé : Religion aztèque.

Dans la mythologie aztèque

Les mythes cosmogoniques aztèques sont imprégnés de références aux sacrifices humains comme un élément nécessaire au fonctionnement et à l’équilibre du cosmos[5]. On en retrouve par exemple dans le mythe de la création du monde, dans lequel la déesse-terre Tlaltecuhtli réclame des cœurs humains et refuse de donner ses fruits avant d’être arrosée de sang[1] ; de même, dans le mythe de la création du Soleil et de la Lune, le sacrifice des dieux Nanahuatzin et Tecciztecatl leur permet de renaître sous la forme de ces astres puis le sacrifice des autres dieux est également nécessaire pour que le Soleil commence à se déplacer dans le ciel[6]. Dans le mythe nahua de la Légende des soleils, la déesse-Terre donne le jour aux 400 Mimixcoas et à 5 Mecitin (c’est-à-dire des Mexicas) ; comme les Mimixcoas se laissent aller à la luxure et à la boisson et ne ramènent donc rien de la chasse, les cinq Mecitin sont chargés de tuer les 400 Mimixcoas pour que la Terre et le Soleil puissent s’en alimenter[7].
Ce rôle régulateur est également lié à la légende des soleils, selon laquelle les dieux avaient successivement créé plusieurs mondes ou « soleils » qui furent chaque fois anéantis avec leurs habitants ; les sacrifices humains devaient apaiser les dieux afin qu’ils ne détruisent pas encore le monde actuel. Les Aztèques pensaient aussi que les sacrifices permettaient au Soleil de continuer sa course dans le ciel. Les sacrifices donnés en l’honneur du dieu Tlaloc devaient éviter la sécheresse et les inondations[8].

Expiation

K. Th. Preuss, en 1902, a appliqué aux sacrifices humains aztèques la théorie d’Orozoco y Berra selon laquelle le sacrifice est avant tout l’expiation d’une faute, en s’appuyant sur des extraits de l’œuvre de Sahagún[G 8]. Cette théorie a cependant été critiquée par Eduard Seler, qui lui opposa que les mythes aztèques montrent que la fonction principale des sacrifices était de sustenter les dieux[G 9].

Libération du tonalli

Dans la pensée aztèque, le sacrifice humain permet en effet de libérer une énergie appelée « tonalli », liée en particulier à la tête, au sang (que les Aztèques désignaient par la métaphore « chalchiuatl », « eau précieuse ») et au cœur.

Fonctions politiques

Contrôle de l’empire par la terreur

Les sacrifices avaient en outre une fonction politique d’élimination des opposants et de maintien de l’ordre par la terreur[8]. En effet, l’Empire aztèque étant perpétuellement agité par les révoltes des cités tributaires, la répression de celles-ci donnait lieu également au sacrifice d’une partie de la population révoltée. Les grandes cérémonies exceptionnelles, où un très grand nombre de victimes étaient sacrifiées, servaient également à impressionner et terroriser les populations sous domination aztèque, qui étaient invitées, avec leurs dirigeants, à assister au sacrifice de milliers de prisonniers et d’esclaves.

Légitimation de l’expansionnisme militaire

Arthur Demarest a avancé la théorie, reprise dans de nombreuses sources, que la religion aztèque non seulement légitimait l’expansionnisme militaire, mais également que les sacrifices humains liés aux guerres de conquête seraient devenus un des principaux moteurs de l’expansion de l’Empire aztèque[G 10].
Michel Graulich a objecté que seule la guerre fleurie avait pour but la capture de victimes à sacrifier et qu’elle n’était pas destinée à conquérir de nouveaux territoires puisqu’elle n’était organisée que contre les cités de la vallée de Puebla[G 10]. Les autres guerres étaient toujours motivées par d’autres motifs ordinaires, comme la suspension des échanges commerciaux[G 10].

Mictlantecuhtli

Mictlantecuhtli, représenté à gauche avec la bouche grande ouverte pour avaler ceux qui ne sont pas morts en héros. À son opposé, se trouve Quetzalcoatl le dieu créateur de l’humanité, à droite. Chez les Aztèques, les dieux de la vie et de la mort sont des jumeaux indissociables (Codex Borgia p.56)

Dans la mythologie aztèque, Mictlantecuhtli est le dieu de la mort. Son nom signifie “seigneur du Mictlan“, le domaine de la mort, le lieu le plus bas de l’inframonde. Selon un des mythes de la création du monde, c’est là que Tezcatlipoca et Quetzalcoatl l’ont enfermé en mettant en ordre les éléments. Comme principal dieu de la mort, le culte de Mictlantecuhtli était particulièrement important et impliquait des sacrifices humains et des actes de cannibalisme.

Mictlantecuhtli est aussi appelé « Tzontemoc »[1] (du nahuatl «tzontli» (cheveux) et de «temoc» (descendre)). Dans le commentaire du Codex Vaticanus A, l’expression est traduite par « celui qui descend du ciel avec la tête en bas ». Cette appellation serait liée au fait que Mictlantecuhli faisait partie des divinités expulsées de Tamoanchan et se serait enfoncé dans la terre la tête la première.

Sa représentation typique est un squelette couvert de taches jaunes et rouges représentant des restes de chair. Bien que sa tête soit un crâne, il a une langue, des dents, des gencives et des yeux. Sa gueule est toujours béante, prête à avaler les étoiles qui se couchent pendant la journée, et les hommes qui viennent à mourir. Il a également des oreilles, ornées de pendants en restes humains (des mains ou des os). Il est souvent dépeint avec un grand plumail et des sandales, signes de son rang de seigneur des enfers.

Dans le calendrier divinatoire aztèque (tonalpohualli en nahuatl), Mictlantecuhtli préside au jour «chien», à la partie nocturne du cinquième jour et à la partie diurne du sixième jour, pour laquelle il est associé à la chouette. Il préside en outre à la dixième treizaine avec Tonatiuh.

Mictlantecuhtli est un des protagonistes du mythe de la création des hommes, tel que rapporté de façon fort détaillée dans «La Leyenda de los Soles» qui fait partie du Codex Chimalpopoca. Les dieux s’étant concertés, ils décidèrent d’envoyer Quetzalcoatl au Mictlan récupérer les os des humains des créations précédentes. Quetzalcoatl se présenta devant Mictlantecuhtli et lui demanda les «os précieux» pour «faire avec eux ceux qui habiteront sur la terre»[3]. Mictlantecuhtli acquiesça à condition que Quetzalcoatl se soumette à une épreuve: il devait souffler dans une conque sans trous. Quetzalcoatl fit appel à des vers qui percèrent des trous dans la conque et à des abeilles qui la firent sonner. Mictlantecuhtli dit à Quetzalcoatl de prendre les os puis se ravisa. Quetzalcoatl s’étant enfui, Mictlantecuhtli ordonna à ses serviteurs d’aller creuser un trou dans lequel Quetzalcoatl tomba. Les os se brisèrent, mais Quetzalcoatl les ramassa et les ramena à Tamoanchan, où ils furent moulus. Quetzalcoatl fit ensuite couler sur eux le sang de son sexe. Les autres dieux présents firent de même et de cette «pénitence» naquirent «les serviteurs des dieux»[4], c’est-à-dire l’humanité actuelle.
Le même mythe est raconté de manière plus succincte dans l’ «Histoyre du Mechique» d’André Thévet. Dans cette version, Mictlantecuhtli ne donne à Quetzalcoatl qu’un «os de la largeur d’une aune» qui était «la chose à laquelle il tenait plus qu’à tout»[5]. Il le regrette aussitôt et poursuit Quetzalcoatl. Au cours de la poursuite, l’os se brise, ce qui explique selon le manuscrit que les hommes actuels soient plus petits que les géants de la première création.

Mictlantecuhtli, représenté à gauche avec la bouche grande ouverte pour avaler ceux qui ne sont pas morts en héros. À son opposé, se trouve Quetzalcoatl le dieu créateur de l’humanité, à droite. Chez les Aztèques, les dieux de la vie et de la mort sont des jumeaux indissociables (Codex Borgia p.56)

Dans la mythologie aztèque, Mictlantecuhtli est le dieu de la mort. Son nom signifie “seigneur du Mictlan“, le domaine de la mort, le lieu le plus bas de l’inframonde. Selon un des mythes de la création du monde, c’est là que Tezcatlipoca et Quetzalcoatl l’ont enfermé en mettant en ordre les éléments. Comme principal dieu de la mort, le culte de Mictlantecuhtli était particulièrement important et impliquait des sacrifices humains et des actes de cannibalisme.

Mictlantecuhtli est aussi appelé « Tzontemoc »[1] (du nahuatl «tzontli» (cheveux) et de «temoc» (descendre)). Dans le commentaire du Codex Vaticanus A, l’expression est traduite par « celui qui descend du ciel avec la tête en bas ». Cette appellation serait liée au fait que Mictlantecuhli faisait partie des divinités expulsées de Tamoanchan et se serait enfoncé dans la terre la tête la première.

Sa représentation typique est un squelette couvert de taches jaunes et rouges représentant des restes de chair. Bien que sa tête soit un crâne, il a une langue, des dents, des gencives et des yeux. Sa gueule est toujours béante, prête à avaler les étoiles qui se couchent pendant la journée, et les hommes qui viennent à mourir. Il a également des oreilles, ornées de pendants en restes humains (des mains ou des os). Il est souvent dépeint avec un grand plumail et des sandales, signes de son rang de seigneur des enfers.

Dans le calendrier divinatoire aztèque (tonalpohualli en nahuatl), Mictlantecuhtli préside au jour «chien», à la partie nocturne du cinquième jour et à la partie diurne du sixième jour, pour laquelle il est associé à la chouette. Il préside en outre à la dixième treizaine avec Tonatiuh.

Mictlantecuhtli est un des protagonistes du mythe de la création des hommes, tel que rapporté de façon fort détaillée dans «La Leyenda de los Soles» qui fait partie du Codex Chimalpopoca. Les dieux s’étant concertés, ils décidèrent d’envoyer Quetzalcoatl au Mictlan récupérer les os des humains des créations précédentes. Quetzalcoatl se présenta devant Mictlantecuhtli et lui demanda les «os précieux» pour «faire avec eux ceux qui habiteront sur la terre»[3]. Mictlantecuhtli acquiesça à condition que Quetzalcoatl se soumette à une épreuve: il devait souffler dans une conque sans trous. Quetzalcoatl fit appel à des vers qui percèrent des trous dans la conque et à des abeilles qui la firent sonner. Mictlantecuhtli dit à Quetzalcoatl de prendre les os puis se ravisa. Quetzalcoatl s’étant enfui, Mictlantecuhtli ordonna à ses serviteurs d’aller creuser un trou dans lequel Quetzalcoatl tomba. Les os se brisèrent, mais Quetzalcoatl les ramassa et les ramena à Tamoanchan, où ils furent moulus. Quetzalcoatl fit ensuite couler sur eux le sang de son sexe. Les autres dieux présents firent de même et de cette «pénitence» naquirent «les serviteurs des dieux»[4], c’est-à-dire l’humanité actuelle.
Le même mythe est raconté de manière plus succincte dans l’ «Histoyre du Mechique» d’André Thévet. Dans cette version, Mictlantecuhtli ne donne à Quetzalcoatl qu’un «os de la largeur d’une aune» qui était «la chose à laquelle il tenait plus qu’à tout»[5]. Il le regrette aussitôt et poursuit Quetzalcoatl. Au cours de la poursuite, l’os se brise, ce qui explique selon le manuscrit que les hommes actuels soient plus petits que les géants de la première création.

Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl

Cē Ācatl Tōpīltzin (en náhuatl ‘Uno Caña Nuestro Venerable Señor’)

hacia los trece años fue estudiante en la ciudad de Xōchicalco. En el 925 lo eligieron rey en Tula.[Nota 2] Poco después fue “tentado” por el dios Tezcatlipōca, motivo por el cual le expulsaron del reino. Peregrinó por Ānahuac. Hacia el 981 fue recibido por el rey maya Ulil en las ciudades de Chichén Itzá y Uxmal. Regresó al Altiplano de México y radicó en la ciudad de Cholula, donde se dedicó al trabajo pedagógico. En 947 se dirigió a la ciudad de Hueitlapala o Huehuetlapallan, cercana a la actual Coatzacoalcos, donde se embarco en una “balsa de serpientes” y allí se autoincineró.[4]
Debido a la nobleza de su vida y enseñanzas, sus descendientes le nombraron Nacxitl Quetzalcōātl, ‘cuarto paso de la serpiente emplumada’ o Mocōnetzín ‘el hijo del maguey’. Tōlpīltzin definió el canon del saber tōltēca, recogido en diversos documentos, principalmente en el libro oral Huēhuehtlahtōlli, ‘antiguas palabras’, conservado a través de las transcripciones de Olmos y Bernardino de Sahagún.
La enseñanza de Tōlpīltzin se recoge en el siguiente verso del Códice Matritense: «Dios es uno, Quetzalcóātl es Su nombre. Nada pide, sólo serpientes y mariposas le ofreceréis».

Otra interpretación

Según la leyenda éste fue el rey sacerdote de la ciudad de Tollan en el siglo X de nuestra era. Tollan-Xicocotitlan (Tula) era la capital de la cultura tōltēca. Él era el principal sacerdote del dios Quetzalcóātl, y tomó de los dioses las artes y ciencias para darlas a los hombres. Sustituyó el sacrificio humano por el de aves, mariposas y otros insectos. Después de verse en un espejo que le mostró Tezcatlipōca, consideró que su rostro era horrible, por lo que se dejó crecer la barba y posteriormente comezó a usar una máscara.
Cē Ácatl Tōlpīltzin es considerado como representación de dicha divinidad en la tierra, por lo que lleva una vida ejemplar y casta. Si embargo, no todos los habitantes de Tollan-Xicocotitlan lo ven con buenos ojos y comienza a tener enfrentamientos con los adoradores de Tezcatlipōca, y son ellos, por medio de engaños, quienes hacen que se embriague y falte a su celibato. Debido a su terrible falta, Cē Ácatl Tōlpīltzin Quetzalcóātl debe abdicar y partir exiliado, junto con sus seguidores, a la Península de Yucatán y a los países de Mesoamérica, no sin antes haber prometido su regreso.

Legado de Cē Ácatl Tōlpīltzin

Cē Ácatl Tōlpīltzin Quetzalcóātl, según cuenta la leyenda, no muere en el exilio, sino que se embarca de nuevo en las costas del Golfo y desaparece en las aguas, convirtiéndose en “la estrella de la mañana”, Venus. Ce Acatl prometió regresar en cierta fecha del Xiuhpohualli que coincidió con la llegada de los españoles en el año de 1518, lo cual atemorizó a los mexicas, que se consideraban herederos de la cultura tolteca, a pesar de haber alterado sus enseñanzas. De acuerdo al libro de Jorge Larde y Larin, El Salvador: descubrimiento, conquista y colonización, “En los albores de 1520 el capitán Hernán Cortés permanecía aparentemente victorioso en Tenochtitlan, pues ocupaba en paz y sosiego la capital de los tenochcas, mexicas o aztecas y retenía prisionero a Moctezuma Xocoyotzin, el huey tlatoani o emperador de aquella nación. A su real o campamento militar llegaron unos nobles emisarios enviados por los señores de Huehuetlapallan o Antigua Tlapallan, un misterioso país oriental ubicado en la región del lago sagrado de Güija, de donde, según todas las tradiciones, leyendas y pinturas antiguas, dimanaron las altas culturas precolombinas de América invocadoras de Quetzalcōātl, el Lucero de la Aurora“.
Cē Ácatl Tōlpīltzin Quetzalcóātl a aparece en muchas de las culturas, leyendas y tradiciones en los países mesoaméricanos, reconociéndolo como aquel que edificó, reconstruyó y glorificó muchas ciudades o centros ceremoniales de Mesoamérica durante su exilio.

C? ?catl T?p?ltzin (en náhuatl ‘Uno Caña Nuestro Venerable Señor’)

hacia los trece años fue estudiante en la ciudad de X?chicalco. En el 925 lo eligieron rey en Tula.[Nota 2] Poco después fue “tentado” por el dios Tezcatlip?ca, motivo por el cual le expulsaron del reino. Peregrinó por ?nahuac. Hacia el 981 fue recibido por el rey maya Ulil en las ciudades de Chichén Itzá y Uxmal. Regresó al Altiplano de México y radicó en la ciudad de Cholula, donde se dedicó al trabajo pedagógico. En 947 se dirigió a la ciudad de Hueitlapala o Huehuetlapallan, cercana a la actual Coatzacoalcos, donde se embarco en una “balsa de serpientes” y allí se autoincineró.[4]
Debido a la nobleza de su vida y enseñanzas, sus descendientes le nombraron Nacxitl Quetzalc??tl, ‘cuarto paso de la serpiente emplumada’ o Moc?netzín ‘el hijo del maguey’. T?lp?ltzin definió el canon del saber t?lt?ca, recogido en diversos documentos, principalmente en el libro oral Hu?huehtlaht?lli, ‘antiguas palabras’, conservado a través de las transcripciones de Olmos y Bernardino de Sahagún.
La enseñanza de T?lp?ltzin se recoge en el siguiente verso del Códice Matritense: «Dios es uno, Quetzalcó?tl es Su nombre. Nada pide, sólo serpientes y mariposas le ofreceréis».

Otra interpretación

Según la leyenda éste fue el rey sacerdote de la ciudad de Tollan en el siglo X de nuestra era. Tollan-Xicocotitlan (Tula) era la capital de la cultura t?lt?ca. Él era el principal sacerdote del dios Quetzalcó?tl, y tomó de los dioses las artes y ciencias para darlas a los hombres. Sustituyó el sacrificio humano por el de aves, mariposas y otros insectos. Después de verse en un espejo que le mostró Tezcatlip?ca, consideró que su rostro era horrible, por lo que se dejó crecer la barba y posteriormente comezó a usar una máscara.
C? Ácatl T?lp?ltzin es considerado como representación de dicha divinidad en la tierra, por lo que lleva una vida ejemplar y casta. Si embargo, no todos los habitantes de Tollan-Xicocotitlan lo ven con buenos ojos y comienza a tener enfrentamientos con los adoradores de Tezcatlip?ca, y son ellos, por medio de engaños, quienes hacen que se embriague y falte a su celibato. Debido a su terrible falta, C? Ácatl T?lp?ltzin Quetzalcó?tl debe abdicar y partir exiliado, junto con sus seguidores, a la Península de Yucatán y a los países de Mesoamérica, no sin antes haber prometido su regreso.

Legado de C? Ácatl T?lp?ltzin

C? Ácatl T?lp?ltzin Quetzalcó?tl, según cuenta la leyenda, no muere en el exilio, sino que se embarca de nuevo en las costas del Golfo y desaparece en las aguas, convirtiéndose en “la estrella de la mañana”, Venus. Ce Acatl prometió regresar en cierta fecha del Xiuhpohualli que coincidió con la llegada de los españoles en el año de 1518, lo cual atemorizó a los mexicas, que se consideraban herederos de la cultura tolteca, a pesar de haber alterado sus enseñanzas. De acuerdo al libro de Jorge Larde y Larin, El Salvador: descubrimiento, conquista y colonización, “En los albores de 1520 el capitán Hernán Cortés permanecía aparentemente victorioso en Tenochtitlan, pues ocupaba en paz y sosiego la capital de los tenochcas, mexicas o aztecas y retenía prisionero a Moctezuma Xocoyotzin, el huey tlatoani o emperador de aquella nación. A su real o campamento militar llegaron unos nobles emisarios enviados por los señores de Huehuetlapallan o Antigua Tlapallan, un misterioso país oriental ubicado en la región del lago sagrado de Güija, de donde, según todas las tradiciones, leyendas y pinturas antiguas, dimanaron las altas culturas precolombinas de América invocadoras de Quetzalc??tl, el Lucero de la Aurora“.
C? Ácatl T?lp?ltzin Quetzalcó?tl a aparece en muchas de las culturas, leyendas y tradiciones en los países mesoaméricanos, reconociéndolo como aquel que edificó, reconstruyó y glorificó muchas ciudades o centros ceremoniales de Mesoamérica durante su exilio.

Mictlampa

Mictlampa (en náhuatl: mictlampa, ‘desde el lugar de los muertos’micqui, muerto; titlan, lugar; pam, desde’)? en la mitología mexica es el Norte, el lugar obscuro de la eterna quietud y descanso, desde el Mictlampa nos asisten nuestros ancestros que forjaron nuestra Cultura, de los cuales dan su consejo para lograr trascender en esta vida de la cual somos sujetos.[2]
Ubicado al punto cardinal del Norte, era el rumbo que se encontraba al último vado del inframundo, después de que los viajeros muertos eran devorados por la lagartija Xochitónal, sus almas emergen para tener una vida plena y eterna, haciendo las cosas que hacían en la vida terrena, este paisaje era un lugar poco desolador, pero se compensaba por la eternidad, aunque Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl reinaban este sitio, era Tezcatlipoca el que tenía la última palabra acerca de lo que pasaba o no en este lugar.

Mictlampa (en náhuatl: mictlampa, ‘desde el lugar de los muertos’micqui, muerto; titlan, lugar; pam, desde’)? en la mitología mexica es el Norte, el lugar obscuro de la eterna quietud y descanso, desde el Mictlampa nos asisten nuestros ancestros que forjaron nuestra Cultura, de los cuales dan su consejo para lograr trascender en esta vida de la cual somos sujetos.[2]
Ubicado al punto cardinal del Norte, era el rumbo que se encontraba al último vado del inframundo, después de que los viajeros muertos eran devorados por la lagartija Xochitónal, sus almas emergen para tener una vida plena y eterna, haciendo las cosas que hacían en la vida terrena, este paisaje era un lugar poco desolador, pero se compensaba por la eternidad, aunque Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl reinaban este sitio, era Tezcatlipoca el que tenía la última palabra acerca de lo que pasaba o no en este lugar.

Tlahuiztlampa

Page 49 of the Codex Borgia. |Source=1898 facsimile edition, online at [http://www.famsi.org/research/loubat/ FAMSI.org] |Date=Pre-Columbian |Author=unknown }}

Tlahuiztlampa, hemisferio del Este con sus respectivos árboles, templos, patrones y símbolos adivinatorios.
Tlahuiztlampa (en náhuatl: tlahuiztlampa, ‘direccion del lugar del amanecer’tlahuizcalli, el amanecer; tlan, lugar; pa, sireccion’) en la mitología mexica es el punto cardinal del Oriente, en el oriente se recibe el consejo de los ancestros, y es a través de ellos que se conectan con Quetzalcóatl, la serpiente emplumada que aprendió a volar por medio de la sabiduría preciosa, éste guardián del Tlahuiztlampa, el oriente, se erige como el carrizo a fin de ascender toda su energía creadora hasta los mundos suprasensibles, lo representa el atecocolli (caracol), símbolo de la evolución constante, con el que se asiste para desarrollar la sabiduría que ha de guiar las vidas, su mayor manifestación es el rayo de luz primigenio, que muestra los misterios del universo y enseña la manera correcta de vivir para llegar a ser un verdadero macehualli (un hombre merecido) sobre esta tierra, sobre el tlalticpac, lugar donde la realidad es cambiante y perecedera del mundo.[2]

Page 49 of the Codex Borgia. |Source=1898 facsimile edition, online at [http://www.famsi.org/research/loubat/ FAMSI.org] |Date=Pre-Columbian |Author=unknown }}

Tlahuiztlampa, hemisferio del Este con sus respectivos árboles, templos, patrones y símbolos adivinatorios.
Tlahuiztlampa (en náhuatl: tlahuiztlampa, ‘direccion del lugar del amanecer’tlahuizcalli, el amanecer; tlan, lugar; pa, sireccion’) en la mitología mexica es el punto cardinal del Oriente, en el oriente se recibe el consejo de los ancestros, y es a través de ellos que se conectan con Quetzalcóatl, la serpiente emplumada que aprendió a volar por medio de la sabiduría preciosa, éste guardián del Tlahuiztlampa, el oriente, se erige como el carrizo a fin de ascender toda su energía creadora hasta los mundos suprasensibles, lo representa el atecocolli (caracol), símbolo de la evolución constante, con el que se asiste para desarrollar la sabiduría que ha de guiar las vidas, su mayor manifestación es el rayo de luz primigenio, que muestra los misterios del universo y enseña la manera correcta de vivir para llegar a ser un verdadero macehualli (un hombre merecido) sobre esta tierra, sobre el tlalticpac, lugar donde la realidad es cambiante y perecedera del mundo.[2]

T?nalp?hualli

El Tōnalpōhualli era el calendario ritual en el que un tōnalpōuhqui «sacerdote astrólogo» predecía los días fastos y nefastos. Esta forma de contar los días consiste en asignarle a cada tōnalli «día» un tlapōhualli «número» y un machiyōtl «signo». No es un calendario solar (como el gregoriano): un tōnalpōhualli dura 260 días (no se sabe si por el año venusiano, por el periodo de gestación humano o porque consideraran importantes al 20 y al 13).

Números

A los días se les asigna un número del 1 al 13. Repasemos:

  • 1: Cē
  • 2: Ōme
  • 3: Ēyi
  • 4: Nāhui
  • 5: Mācuīlli
  • 6: Chicuacē
  • 7: Chicōme
  • 8: Chicuēyi
  • 9: Chiucnāhui
  • 10: Mahtlāctli
  • 11: Mahtlāctli ihuan cē
  • 12: Mahtlāctli ihuan omme
  • 13: Mahtlāctli ihuan ēyi

En cuanto a los trece días, su significado era:

1 – Principio
2 – Consistencia
3 – Decisión
4 – Concretización
5 – Realización
6 – Introspección
7 – Inquietud
8 – Desarrollo
9 – Búsqueda
10 – Equilibrio
11 – Reposo
12 – Claridad
13 – Conocimiento

    Los 20 signos del Tōnalpōhualli, a la vez, tienen asignados una deidad y un punto cardinal. Estos veinte signos se encuentran también en el primer anillo de la Olīn Tōnatiuhtlan o Tōnalmachiyōtl, la piedra del Sol.

    Nombre del día Deidad asociada Punto cardinal Signo en el Códice Laud
    Cipactli
    «la tierra como un caimán»
    Tōnacātēuctli
    «Señor de Nuestro Sustento»
    Tlāuhcopa
    «Este»
    Cipatli.svg
    Ehēcatl
    «Viento»
    Quetzalcōātl
    «Serpiente preciosa»
    Mictlāmpa
    «Norte»
    Ehecatl.svg
    Calli
    «Casa»
    Tepēyōllohtli
    «Corazón de la montaña»
    Cihuātlāmpa
    «Oeste»
    Calli.svg
    Cuetzpalin
    «Lagartija»
    Huēhuehcoyōtl
    «Viejísimo coyote»
    Huitztlāmpa
    «Sur»
    Cuetzpalin.svg
    Cōātl
    «Serpiente»
    Chālchiuhtli īcue
    «La de la falda de jade»
    Tlāuhcopa
    Coatl.svg
    Miquiztli
    «Muerte»
    Tēcciztēcatl
    «El del caracol marino»
    Mictlāmpa
    Miquiztli.svg
    Mazātl
    «Venado»
    Tlaloc
    «El que hace brotar las cosas»
    Cihuātlāmpa
    Mazatl2.svg
    Tōchtli
    «Conejo»
    Māyahuel
    «La de la planta de maguey»
    Huitztlāmpa
    Totchli.svg
    Ātl
    «Agua»
    Xiuhtēuctli
    «Señor del año»
    Tlāuhcopa
    Atl.svg
    Itzcuintli
    «Perro»
    Mictlān tēuctli
    Señor del infierno
    Mictlāmpa
    Itzcuintli.svg
    Ozomahtli
    «Mono»
    Xōchipilli
    «Príncipe flor»
    Cihuātlāmpa
    Ozomahtli.svg
    Malīnalli
    «torcedura de hierbas»
    Pahtēcatl
    «El de las medicinas»
    Huitztlāmpa
    Malinalli.svg
    Ācatl
    «Caña»
    Tezcatlipoca
    «Humear del espejo»
    Tlāuhcopa
    Acatl.svg
    Ocēlōtl
    «Ocelote»
    Tlazōlteōtl
    «Deidad del amor y de la superficie terrestre»
    Mictlāmpa
    Ocelotl.svg
    Cuāuhtli
    «Águila»
    Xīpe Totēuc
    «Nuestro señor desollado»
    Cihuātlāmpa
    Cuauthli.svg
    Cōzcacuāuhtli
    «Cóndor mexicano»
    Itzpāpalōtl
    «Mariposa de obsidiana»
    Huitztlāmpa
    Cozcuauhtli.svg
    Olīn
    «Movimiento»
    Cholotl
    El que huye -Venus en su fase vespertina-
    Tlāuhcopa
    Ollin.svg
    Tecpatl
    «Pedernal»
    Chālchiuhtotōlin
    «Pavo de jade»
    Mictlāmpa
    Tecpatl.svg
    Quiahuitl
    «Lluvia»
    Tōnatiuh
    «Sol»
    Cihuātlāmpa
    Tlaloc2.svg
    Xōchitl
    «Flor»
    Xōchiquetzal
    «Flor hermosa»
    Huitztlāmpa
    Xochitl2.svg

    La veintena prehispánica

    12012010

    1
    Cipactli. El cocodrilo.

    Cipactli, códice Borgia

    La etimología de Cipactli equivale a decir el primer animal en la tierra, por eso es el símbolo primigenio de la tierra, como elemento y como planeta. Para los antiguos mexicanos los seres humanos estaban parados metafóricamente encima de un gran cocodrilo.

    2
    Ehecatl. El viento
    Ehecatl, códice Borgia

    Ehecatl, códice Borgia

    Si el viento era la vida entonces Quetzalcoatl fue la personificación de este elemento. En la ciudad de México Tenochtitlan tenia su templo cónico, una especie de pirámide circular. Desde este templo era visible el templo de Tlaloc y de Huitzilopochtli. La piramide circular de la zona arqueológica de Cuicuilco al parecer era el templo macro de Ehecatl que al horizonte podía ver al Popocatepetl, el volcán que humea, representación de Tlaloc. Variados símbolos estuvieron asociados a Ehecatl como por ejemplo: el caracol, la greca escalonada y  la espiral.

    3
    Calli, la casa
    Calli, códice Borgia

    Calli, códice Borgia

    La casa era un día calendárico y a su ves el símbolo de uno de los cuatro años con los que se designaban a las 52 combinaciones para los años llamados xiuhmolpilli.

    4
    Cuetzpalli, la lagartija
    Cuetzpalli, códice Borgia

    Cuetzpalli, códice Borgia

    Era el símbolo del cuarto día del calendario. Los mayas optaron por el maíz. La lagartija era símbolo de virilidad. Si vemos a estos animalitos desde arriba veremos que extiende sus cuatro patas hacia los cuatro puntos cardinales. Es probable que por esa razón se le haya escogido como el cuarto símbolo. Además suele calentarse al sol por lo que esta asociado a esta estrella, denominada como el nahui ollin,
    cuatro-movimientos del sol, los cuatro puntos extremos por donde el sol surge y se oculta en un año. Los cuatro puntos son los solsticios vistos al amanecer y al atardecer.

    5
    Coatl. La serpiente.
    Coatl, códice Borgia

    Coatl, códice Borgia

    La serpiente en el México prehispánico estaba asociada a Quetzalcoatl, el héroe cultural de América y en consecuencia a las bondades de su sabiduría. Quetzalcoatl significa la serpiente con alas preciosas, la serpiente voladora, una especie de dragón o la serpiente preciosa que se alza por los aires.

    6
    Miquiztli, la muerte.
    Miquiztli, códice Borgia

    Miquiztli, códice Borgia

    La muerte o “el morir” es el sexto símbolo de la veintena prehispánica. Las personificaciones mitológicas de este día son Mictlancihuatl y Mictlantecuhtli.

    7
     Mazatl, el venado.
    Mazatl, códice Borgia

    Mazatl, códice Borgia

    El venado fue el séptimo día de la veintena. Este animalito fue muy venerado en la antigüedad y se le asoció al Sol. En algunos códices se le observa cargando a este astro en sus espaldas.

    8
    Tuchtli, el conejo
    Tuchtli, códice Borgia

    Tuchtli, códice Borgia

    El conejo es el octavo símbolo de la veintena prehispánica. El conejo estuvo asociado a la luna. En algunos códices se le observa cargándola y en otros como la figura que se dibuja dentro de en luna llena.
    La luna fue muy bien estudiada por los sabios tonalpohuahquetl. Sabían a la perfección su ciclo sinódico y sideral. Con estos datos podían predecir eclipses de sol y de luna. Lugares como Tuxtla, Tuxpan, Tuchtepec, Tuxtepec, están relacionadas a la denominación del conejo. En Tepoztlan, región del estado de Morelos, el conejo fue elevado al rango de la deidad ome tochtli, numen del pulque.
    En el calendario prehispánico el conejo era, a la ves del símbolo de un día, símbolo de un año.

    9
    Atl, el agua
    Atl, códice Borgia

    Atl, códice Borgia

    Era el noveno símbolo del calendario y su deidad fue Chalchiuhtlicue, la de las faldas de chalchihuites, piedras preciosas, color turquesa, las pulidas piedras de los ríos, las faldas azules también son una bella metáfora de las aguas de los ríos. Por eso esta deidad representaba al agua depositada en la superficie terrestre. En contraparte, su pareja era Tlaloc, deidad del agua de los cielos presente en forma de nubes o en las altas montañas en forma de hielo o nieve.

    10
    Itzcuintli, el perro.
    Itzcuintli, códice Borgia

    Itzcuintli, códice Borgia

    Itzcuintli es la palabra nahuatl de la que se derivo la voz “escuincle” para designar a los niños de manera peyorativa.
    El día 9-perro o chicnahui itzcuintli era el día dedicado a Chantico, la patrona de Xochimilco, la diosa del fuego del hogar. Era una deidad que estuvo asociada al planeta Venus y a los ciclos de 52 años.

    11
    Uzumactli, el mono
    Uzumactli, códice Borgia

    Uzumactli, códice Borgia

    Este animalito era el onceavo de la veintena. Un enorme río del sureste mexicano lleva su nombre Usumacinta, río de monos, nace en Guatemala y desemboca en Tabasco.
    El mono era el símbolo de la música y de la alegría. El emperador Moctezuma lleva su nombre Motecuhuzumatzin.
    En la leyenda de los soles cosmogónicos se cuenta que la humanidad, fabricada de madera de colorín por los dioses, fue trasformada en monos. Solo cuando las personas fueron hechas de maíz surgió el ser humano.

    12
    Malinalli, fibra de maguey.
    Malinalli, códice Borgia

    Malinalli, códice Borgia

    Malinalli es el símbolo doceavo de la veintena calendárica. Se le conoce a este símbolo con el nombre de hierba torcida o torcedura de un lazo.

    La deidad Malinalli llevaba un cordel de este material colgando en las manos. Si a malinalli se le traduce como hierba torcida es porque el lazo se fabrica torciendo las fibras del maguey. En algunos textos del siglo XVI se le menciona con el nombre de “cierta hierba” porque no conocían a que hierba se referían nuestros antiguos mexicanos.

    13
    Acatl, planta de maiz y carrizo .
    Acatl, códice Borgia

    Acatl, códice Borgia

    El carrizo es el treceavo símbolo del calendario prehispánico. Originalmente el símbolo colocado en la treceava posición debió haber sido el maíz. El investigador Enrique Florescano así lo refiere y documenta esta hipótesis en su libro “el mito de Quetzalcoatl”.
    El carrizo es una planta que por su parecido con el bambú también se le llama falso bambú, era uno de los símbolos esotéricos de Quetzalcoatl y en particular a ce-acatl, uno carrizo, combinación calendárica del tonalpohualli que iniciaba el segundo periodo de 52 días. Ce acatl, día y año en el que nace y muere Quetzalcoatl, con la promesa de que regresaría.
    En Xochimilco se le conoce al carrizo también con el nombre de otate, otlatl en nahuatl. En los escritos del siglo XVI también se refiere a este símbolo con el nombre de caña. Llama la atención que en toda Mesoamérica el término caña se refirió mas al tallo del maíz que al carrizo y posteriormente a la planta de donde se extrae el azúcar, la caña de azúcar. Sin embargo esta última fue traída de África para su cultivo en América durante la época colonial. Hasta hace algunos años todavía era posible ver que en algunas regiones, dedicadas al cultivo del maíz, se vendieran las cañas dulces de cierta especie de esta planta, el tallo tenía una coloración morada y por la zona de Topilejo se vendían a las orillas de la carretera, era una caña para masticar y degustar, no era para producir elote o maíz. Topilejo, vocablo nahuatl deformado, estaba asociado al lugar de los topiles o jefes guardianes. Topilejo es una región aledaña al estado de Morelos, lugar en donde se cree que nació Quetzalcoatl. Topil significa nuestro pequeño y era una denominación también para designar al bastón de mando de los líderes de un pueblo. Quetzalcoatl portaba su topilli. 

    14
    Ocelotl, el jaguar
    Ocelotl, códice Borgia

    Ocelotl, códice Borgia

    El jaguar era el decimocuarto símbolo de la veintena prehispánica, era la representación de la noche ya que las manchas del jaguar representaban las estrellas  y fue una designación para uno de los cinco soles cosmogónicos. Ocelotl es el vocablo nahuatl para este felino y existe una población en México dedicada a este animal Ocelotlan, región de jaguares. En algunas zonas del sur de México se le llama también el tecuani y de ahí que Tehuantepec, deformación lingúistica de Tehuantepec, sea traducido como el cerro o la montaña del jaguar. En la rueda calendárica zodiacal, el jaguar tiene al símbolo de la lagartija como oponente debido a que este último animalito es débil.  El jaguar entonces es la representación de la energía física por antonomasia.
    Cuando el jaguar ruge en las selvas semeja el trueno que precede a la tormenta y por tal motivo se le asoció con Tlaloc la deidad de la lluvia representada con colmillos de jaguar. Un simbolismo semejante a la deidad sudamericana de la cultura de Chavin de Huantar, contemporánea de los olmecas, en donde se han encontrado piezas esculturales llamadas cabezas clava, representaciones de la deidad de la lluvia. Por eso no es errónea la denominación que se le dio en su momento a la escultura del Chac Mool, la deidad maya de la lluvia, cuyo significado es jaguar.

    15
    Cuauhtli , el águila

    Cuauhtli, códice Borgia
    El águila fue el símbolo décimo quinto de la veintena prehispánica. Este majestuoso animal es el rey de los cielos, domina el vuelo y su vista incomparable hace de él un excelente representante del sol.
    Cuando el águila descendía en su vuelo semejaba al sol en su ocaso, el atardecer. En lengua nahuatl esta representación corresponde al vocablo de Cuauhtémoc, el águila que desciende.
    En el escudo nacional el águila representa al sol en su posición cenital. Este símbolo tiene como su oponente, en la rueda zodiacal vigesimal, a la serpiente y bajo una óptica naturalista  se observa las  oposiciones en cuanto a sus relaciones de fuerza; el águila devora a las serpientes. De manera que el águila y la serpiente representan  una paradójica dualidad, dos animales unidos por una trágica realidad.

    16
    Cuscacuauhtli, el cóndor, el águila de collar
    Cuscacuauhtli, códice Borgia

    Cuscacuauhtli, códice Borgia

    El rey de los buitres es en definitiva el cóndor, en nahuatl el águila de collar, porque esta gran ave posee un collar de fino plumaje alrededor de su cuello. Cusca es collar y cuauhtli es águila.

    Los antiguos creían que el cóndor moraba entre los muertos y entre los sueños de los vivos. En el códice Borgia se le ha emparentado con el guajolote, debido quizá a que este animal estaba decorado con un chalchihuitl alrededor de su cuello, su collar de piedras preciosas.

    17
    Ollin o si se desea Ullin, el movimiento
    Ollin, códice Borgia

    Ollin, códice Borgia

    Fue el símbolo  décimo séptimo de la veintena del tonalpohualli y del calendario agrícola. Representa el movimiento del sol. Su símbolo opuesto es el venado, animal que en algunos códices se muestra cargando al astro rey. Es el venado dorado que equivale en términos metafóricos al sol.

    18
    Tecpatl, el pedernal
    Tecpatl, códice Borgia

    Tecpatl, códice Borgia

    El pedernal fue el décimo octavo símbolo de la veintena prehispánica. Su diseño es un cuchillo o navaja hecha de piedra. Pareciera que este diseño esta formado por el área de intersección entre dos círculos.
    El pedernal formó parte de las simbologías para los años prehispánicos. El primer año era la casa, el segundo el conejo, el tercero el carrizo y el cuarto el pedernal.
    El pedernal forma parte del emblema nacional y en su escudo aparece como la piedra de donde surge el nopal pues en un año ce tecpatl, uno pedernal, se inicio la fundación de México Tenochtitlan, fue el año cuando se colocó la primera piedra. Por eso el rito, de colocar la primera piedra cuando se inicia una construcción, sigue vivo entre los mexicanos.

    19
    Quiahuitl, la lluvia
    Quiahuitl, códice Borgia

    Quiahuitl, códice Borgia

    En nahuatl el tiempo se dice cahuitl un vocablo muy parecido para el que se designa a la lluvia: quiahuitl.
    La semejanza fonética es interesante y puede remitirnos a que en un pasado los dos significados, tiempo y lluvia, tuvieran los mismos fonemas. Hoy en día se dice “el estado del tiempo” para designar al estado del clima el cual siempre se asocia a la lluvia o a la falta de ella. El gran Tlaloc era el Popocatepetl, el volcán emblemático del Valle de México y a este volcán estuvo dedicado uno de los cinco soles cosmogónicos: El Sol de Lluvia, la lluvia de fuego.

    20
    Xuchitl, la flor
    Xuchitl, códice Borgia

    Xuchitl, códice Borgia

    La flor fue el último de los símbolos de la veintena prehispánica. Esta colocada en el sitio número veinte y por esta razón el cempaxuchitl, o cempohualxuchitl, tiene un enorme significado calendárico pues la etimología de esta flor representa a la flor vigesimal.

    La flor era el símbolo sintético del tonalpohualli. Un diseño cruciforme de la flor representa a la serie de los 260 días en su totalidad.

    El T?nalp?hualli era el calendario ritual en el que un t?nalp?uhqui «sacerdote astrólogo» predecía los días fastos y nefastos. Esta forma de contar los días consiste en asignarle a cada t?nalli «día» un tlap?hualli «número» y un machiy?tl «signo». No es un calendario solar (como el gregoriano): un t?nalp?hualli dura 260 días (no se sabe si por el año venusiano, por el periodo de gestación humano o porque consideraran importantes al 20 y al 13).

    Números

    A los días se les asigna un número del 1 al 13. Repasemos:

    • 1: C?
    • 2: ?me
    • 3: ?yi
    • 4: N?hui
    • 5: M?cu?lli
    • 6: Chicuac?
    • 7: Chic?me
    • 8: Chicu?yi
    • 9: Chiucn?hui
    • 10: Mahtl?ctli
    • 11: Mahtl?ctli ihuan c?
    • 12: Mahtl?ctli ihuan omme
    • 13: Mahtl?ctli ihuan ?yi

    En cuanto a los trece días, su significado era:

    1 – Principio
    2 – Consistencia
    3 – Decisión
    4 – Concretización
    5 – Realización
    6 – Introspección
    7 – Inquietud
    8 – Desarrollo
    9 – Búsqueda
    10 – Equilibrio
    11 – Reposo
    12 – Claridad
    13 – Conocimiento

      Los 20 signos del T?nalp?hualli, a la vez, tienen asignados una deidad y un punto cardinal. Estos veinte signos se encuentran también en el primer anillo de la Ol?n T?natiuhtlan o T?nalmachiy?tl, la piedra del Sol.

      Nombre del día Deidad asociada Punto cardinal Signo en el Códice Laud
      Cipactli
      «la tierra como un caimán»
      T?nac?t?uctli
      «Señor de Nuestro Sustento»
      Tl?uhcopa
      «Este»
      Cipatli.svg
      Eh?catl
      «Viento»
      Quetzalc??tl
      «Serpiente preciosa»
      Mictl?mpa
      «Norte»
      Ehecatl.svg
      Calli
      «Casa»
      Tep?y?llohtli
      «Corazón de la montaña»
      Cihu?tl?mpa
      «Oeste»
      Calli.svg
      Cuetzpalin
      «Lagartija»
      Hu?huehcoy?tl
      «Viejísimo coyote»
      Huitztl?mpa
      «Sur»
      Cuetzpalin.svg
      C??tl
      «Serpiente»
      Ch?lchiuhtli ?cue
      «La de la falda de jade»
      Tl?uhcopa
      Coatl.svg
      Miquiztli
      «Muerte»
      T?ccizt?catl
      «El del caracol marino»
      Mictl?mpa
      Miquiztli.svg
      Maz?tl
      «Venado»
      Tlaloc
      «El que hace brotar las cosas»
      Cihu?tl?mpa
      Mazatl2.svg
      T?chtli
      «Conejo»
      M?yahuel
      «La de la planta de maguey»
      Huitztl?mpa
      Totchli.svg
      ?tl
      «Agua»
      Xiuht?uctli
      «Señor del año»
      Tl?uhcopa
      Atl.svg
      Itzcuintli
      «Perro»
      Mictl?n t?uctli
      Señor del infierno
      Mictl?mpa
      Itzcuintli.svg
      Ozomahtli
      «Mono»
      X?chipilli
      «Príncipe flor»
      Cihu?tl?mpa
      Ozomahtli.svg
      Mal?nalli
      «torcedura de hierbas»
      Paht?catl
      «El de las medicinas»
      Huitztl?mpa
      Malinalli.svg
      ?catl
      «Caña»
      Tezcatlipoca
      «Humear del espejo»
      Tl?uhcopa
      Acatl.svg
      Oc?l?tl
      «Ocelote»
      Tlaz?lte?tl
      «Deidad del amor y de la superficie terrestre»
      Mictl?mpa
      Ocelotl.svg
      Cu?uhtli
      «Águila»
      X?pe Tot?uc
      «Nuestro señor desollado»
      Cihu?tl?mpa
      Cuauthli.svg
      C?zcacu?uhtli
      «Cóndor mexicano»
      Itzp?pal?tl
      «Mariposa de obsidiana»
      Huitztl?mpa
      Cozcuauhtli.svg
      Ol?n
      «Movimiento»
      Cholotl
      El que huye -Venus en su fase vespertina-
      Tl?uhcopa
      Ollin.svg
      Tecpatl
      «Pedernal»
      Ch?lchiuhtot?lin
      «Pavo de jade»
      Mictl?mpa
      Tecpatl.svg
      Quiahuitl
      «Lluvia»
      T?natiuh
      «Sol»
      Cihu?tl?mpa
      Tlaloc2.svg
      X?chitl
      «Flor»
      X?chiquetzal
      «Flor hermosa»
      Huitztl?mpa
      Xochitl2.svg

      La veintena prehispánica

      12012010

      1
      Cipactli. El cocodrilo.

      Cipactli, códice Borgia

      La etimología de Cipactli equivale a decir el primer animal en la tierra, por eso es el símbolo primigenio de la tierra, como elemento y como planeta. Para los antiguos mexicanos los seres humanos estaban parados metafóricamente encima de un gran cocodrilo.

      2
      Ehecatl. El viento
      Ehecatl, códice Borgia

      Ehecatl, códice Borgia

      Si el viento era la vida entonces Quetzalcoatl fue la personificación de este elemento. En la ciudad de México Tenochtitlan tenia su templo cónico, una especie de pirámide circular. Desde este templo era visible el templo de Tlaloc y de Huitzilopochtli. La piramide circular de la zona arqueológica de Cuicuilco al parecer era el templo macro de Ehecatl que al horizonte podía ver al Popocatepetl, el volcán que humea, representación de Tlaloc. Variados símbolos estuvieron asociados a Ehecatl como por ejemplo: el caracol, la greca escalonada y  la espiral.

      3
      Calli, la casa
      Calli, códice Borgia

      Calli, códice Borgia

      La casa era un día calendárico y a su ves el símbolo de uno de los cuatro años con los que se designaban a las 52 combinaciones para los años llamados xiuhmolpilli.

      4
      Cuetzpalli, la lagartija
      Cuetzpalli, códice Borgia

      Cuetzpalli, códice Borgia

      Era el símbolo del cuarto día del calendario. Los mayas optaron por el maíz. La lagartija era símbolo de virilidad. Si vemos a estos animalitos desde arriba veremos que extiende sus cuatro patas hacia los cuatro puntos cardinales. Es probable que por esa razón se le haya escogido como el cuarto símbolo. Además suele calentarse al sol por lo que esta asociado a esta estrella, denominada como el nahui ollin,
      cuatro-movimientos del sol, los cuatro puntos extremos por donde el sol surge y se oculta en un año. Los cuatro puntos son los solsticios vistos al amanecer y al atardecer.

      5
      Coatl. La serpiente.
      Coatl, códice Borgia

      Coatl, códice Borgia

      La serpiente en el México prehispánico estaba asociada a Quetzalcoatl, el héroe cultural de América y en consecuencia a las bondades de su sabiduría. Quetzalcoatl significa la serpiente con alas preciosas, la serpiente voladora, una especie de dragón o la serpiente preciosa que se alza por los aires.

      6
      Miquiztli, la muerte.
      Miquiztli, códice Borgia

      Miquiztli, códice Borgia

      La muerte o “el morir” es el sexto símbolo de la veintena prehispánica. Las personificaciones mitológicas de este día son Mictlancihuatl y Mictlantecuhtli.

      7
       Mazatl, el venado.
      Mazatl, códice Borgia

      Mazatl, códice Borgia

      El venado fue el séptimo día de la veintena. Este animalito fue muy venerado en la antigüedad y se le asoció al Sol. En algunos códices se le observa cargando a este astro en sus espaldas.

      8
      Tuchtli, el conejo
      Tuchtli, códice Borgia

      Tuchtli, códice Borgia

      El conejo es el octavo símbolo de la veintena prehispánica. El conejo estuvo asociado a la luna. En algunos códices se le observa cargándola y en otros como la figura que se dibuja dentro de en luna llena.
      La luna fue muy bien estudiada por los sabios tonalpohuahquetl. Sabían a la perfección su ciclo sinódico y sideral. Con estos datos podían predecir eclipses de sol y de luna. Lugares como Tuxtla, Tuxpan, Tuchtepec, Tuxtepec, están relacionadas a la denominación del conejo. En Tepoztlan, región del estado de Morelos, el conejo fue elevado al rango de la deidad ome tochtli, numen del pulque.
      En el calendario prehispánico el conejo era, a la ves del símbolo de un día, símbolo de un año.

      9
      Atl, el agua
      Atl, códice Borgia

      Atl, códice Borgia

      Era el noveno símbolo del calendario y su deidad fue Chalchiuhtlicue, la de las faldas de chalchihuites, piedras preciosas, color turquesa, las pulidas piedras de los ríos, las faldas azules también son una bella metáfora de las aguas de los ríos. Por eso esta deidad representaba al agua depositada en la superficie terrestre. En contraparte, su pareja era Tlaloc, deidad del agua de los cielos presente en forma de nubes o en las altas montañas en forma de hielo o nieve.

      10
      Itzcuintli, el perro.
      Itzcuintli, códice Borgia

      Itzcuintli, códice Borgia

      Itzcuintli es la palabra nahuatl de la que se derivo la voz “escuincle” para designar a los niños de manera peyorativa.
      El día 9-perro o chicnahui itzcuintli era el día dedicado a Chantico, la patrona de Xochimilco, la diosa del fuego del hogar. Era una deidad que estuvo asociada al planeta Venus y a los ciclos de 52 años.

      11
      Uzumactli, el mono
      Uzumactli, códice Borgia

      Uzumactli, códice Borgia

      Este animalito era el onceavo de la veintena. Un enorme río del sureste mexicano lleva su nombre Usumacinta, río de monos, nace en Guatemala y desemboca en Tabasco.
      El mono era el símbolo de la música y de la alegría. El emperador Moctezuma lleva su nombre Motecuhuzumatzin.
      En la leyenda de los soles cosmogónicos se cuenta que la humanidad, fabricada de madera de colorín por los dioses, fue trasformada en monos. Solo cuando las personas fueron hechas de maíz surgió el ser humano.

      12
      Malinalli, fibra de maguey.
      Malinalli, códice Borgia

      Malinalli, códice Borgia

      Malinalli es el símbolo doceavo de la veintena calendárica. Se le conoce a este símbolo con el nombre de hierba torcida o torcedura de un lazo.

      La deidad Malinalli llevaba un cordel de este material colgando en las manos. Si a malinalli se le traduce como hierba torcida es porque el lazo se fabrica torciendo las fibras del maguey. En algunos textos del siglo XVI se le menciona con el nombre de “cierta hierba” porque no conocían a que hierba se referían nuestros antiguos mexicanos.

      13
      Acatl, planta de maiz y carrizo .
      Acatl, códice Borgia

      Acatl, códice Borgia

      El carrizo es el treceavo símbolo del calendario prehispánico. Originalmente el símbolo colocado en la treceava posición debió haber sido el maíz. El investigador Enrique Florescano así lo refiere y documenta esta hipótesis en su libro “el mito de Quetzalcoatl”.
      El carrizo es una planta que por su parecido con el bambú también se le llama falso bambú, era uno de los símbolos esotéricos de Quetzalcoatl y en particular a ce-acatl, uno carrizo, combinación calendárica del tonalpohualli que iniciaba el segundo periodo de 52 días. Ce acatl, día y año en el que nace y muere Quetzalcoatl, con la promesa de que regresaría.
      En Xochimilco se le conoce al carrizo también con el nombre de otate, otlatl en nahuatl. En los escritos del siglo XVI también se refiere a este símbolo con el nombre de caña. Llama la atención que en toda Mesoamérica el término caña se refirió mas al tallo del maíz que al carrizo y posteriormente a la planta de donde se extrae el azúcar, la caña de azúcar. Sin embargo esta última fue traída de África para su cultivo en América durante la época colonial. Hasta hace algunos años todavía era posible ver que en algunas regiones, dedicadas al cultivo del maíz, se vendieran las cañas dulces de cierta especie de esta planta, el tallo tenía una coloración morada y por la zona de Topilejo se vendían a las orillas de la carretera, era una caña para masticar y degustar, no era para producir elote o maíz. Topilejo, vocablo nahuatl deformado, estaba asociado al lugar de los topiles o jefes guardianes. Topilejo es una región aledaña al estado de Morelos, lugar en donde se cree que nació Quetzalcoatl. Topil significa nuestro pequeño y era una denominación también para designar al bastón de mando de los líderes de un pueblo. Quetzalcoatl portaba su topilli. 

      14
      Ocelotl, el jaguar
      Ocelotl, códice Borgia

      Ocelotl, códice Borgia

      El jaguar era el decimocuarto símbolo de la veintena prehispánica, era la representación de la noche ya que las manchas del jaguar representaban las estrellas  y fue una designación para uno de los cinco soles cosmogónicos. Ocelotl es el vocablo nahuatl para este felino y existe una población en México dedicada a este animal Ocelotlan, región de jaguares. En algunas zonas del sur de México se le llama también el tecuani y de ahí que Tehuantepec, deformación lingúistica de Tehuantepec, sea traducido como el cerro o la montaña del jaguar. En la rueda calendárica zodiacal, el jaguar tiene al símbolo de la lagartija como oponente debido a que este último animalito es débil.  El jaguar entonces es la representación de la energía física por antonomasia.
      Cuando el jaguar ruge en las selvas semeja el trueno que precede a la tormenta y por tal motivo se le asoció con Tlaloc la deidad de la lluvia representada con colmillos de jaguar. Un simbolismo semejante a la deidad sudamericana de la cultura de Chavin de Huantar, contemporánea de los olmecas, en donde se han encontrado piezas esculturales llamadas cabezas clava, representaciones de la deidad de la lluvia. Por eso no es errónea la denominación que se le dio en su momento a la escultura del Chac Mool, la deidad maya de la lluvia, cuyo significado es jaguar.

      15
      Cuauhtli , el águila

      Cuauhtli, códice Borgia
      El águila fue el símbolo décimo quinto de la veintena prehispánica. Este majestuoso animal es el rey de los cielos, domina el vuelo y su vista incomparable hace de él un excelente representante del sol.
      Cuando el águila descendía en su vuelo semejaba al sol en su ocaso, el atardecer. En lengua nahuatl esta representación corresponde al vocablo de Cuauhtémoc, el águila que desciende.
      En el escudo nacional el águila representa al sol en su posición cenital. Este símbolo tiene como su oponente, en la rueda zodiacal vigesimal, a la serpiente y bajo una óptica naturalista  se observa las  oposiciones en cuanto a sus relaciones de fuerza; el águila devora a las serpientes. De manera que el águila y la serpiente representan  una paradójica dualidad, dos animales unidos por una trágica realidad.

      16
      Cuscacuauhtli, el cóndor, el águila de collar
      Cuscacuauhtli, códice Borgia

      Cuscacuauhtli, códice Borgia

      El rey de los buitres es en definitiva el cóndor, en nahuatl el águila de collar, porque esta gran ave posee un collar de fino plumaje alrededor de su cuello. Cusca es collar y cuauhtli es águila.

      Los antiguos creían que el cóndor moraba entre los muertos y entre los sueños de los vivos. En el códice Borgia se le ha emparentado con el guajolote, debido quizá a que este animal estaba decorado con un chalchihuitl alrededor de su cuello, su collar de piedras preciosas.

      17
      Ollin o si se desea Ullin, el movimiento
      Ollin, códice Borgia

      Ollin, códice Borgia

      Fue el símbolo  décimo séptimo de la veintena del tonalpohualli y del calendario agrícola. Representa el movimiento del sol. Su símbolo opuesto es el venado, animal que en algunos códices se muestra cargando al astro rey. Es el venado dorado que equivale en términos metafóricos al sol.

      18
      Tecpatl, el pedernal
      Tecpatl, códice Borgia

      Tecpatl, códice Borgia

      El pedernal fue el décimo octavo símbolo de la veintena prehispánica. Su diseño es un cuchillo o navaja hecha de piedra. Pareciera que este diseño esta formado por el área de intersección entre dos círculos.
      El pedernal formó parte de las simbologías para los años prehispánicos. El primer año era la casa, el segundo el conejo, el tercero el carrizo y el cuarto el pedernal.
      El pedernal forma parte del emblema nacional y en su escudo aparece como la piedra de donde surge el nopal pues en un año ce tecpatl, uno pedernal, se inicio la fundación de México Tenochtitlan, fue el año cuando se colocó la primera piedra. Por eso el rito, de colocar la primera piedra cuando se inicia una construcción, sigue vivo entre los mexicanos.

      19
      Quiahuitl, la lluvia
      Quiahuitl, códice Borgia

      Quiahuitl, códice Borgia

      En nahuatl el tiempo se dice cahuitl un vocablo muy parecido para el que se designa a la lluvia: quiahuitl.
      La semejanza fonética es interesante y puede remitirnos a que en un pasado los dos significados, tiempo y lluvia, tuvieran los mismos fonemas. Hoy en día se dice “el estado del tiempo” para designar al estado del clima el cual siempre se asocia a la lluvia o a la falta de ella. El gran Tlaloc era el Popocatepetl, el volcán emblemático del Valle de México y a este volcán estuvo dedicado uno de los cinco soles cosmogónicos: El Sol de Lluvia, la lluvia de fuego.

      20
      Xuchitl, la flor
      Xuchitl, códice Borgia

      Xuchitl, códice Borgia

      La flor fue el último de los símbolos de la veintena prehispánica. Esta colocada en el sitio número veinte y por esta razón el cempaxuchitl, o cempohualxuchitl, tiene un enorme significado calendárico pues la etimología de esta flor representa a la flor vigesimal.

      La flor era el símbolo sintético del tonalpohualli. Un diseño cruciforme de la flor representa a la serie de los 260 días en su totalidad.

      NEMONTEMI

      In the Mesoamerica culture, the nemontemi was the five days between two year cycles, or between 52 year calendar rounds (xiuhmolpilli in Nahuatl, “New Fire ceremony“). It was also called baldíos (wasted).
      As appears in the Codex Tovar:[1]

      estos cinco dias ultimos le llamavan quiauitl o dia nemontemi q’ quiere dezir cinco dias valdios del mes quiauitl e dia q e es el pasado en es tos cinco dias no habia cosa alguna ni acudia al templo, solo se ocupaban de visitarse unos a otros

      —Codex Tovar

      Every month had 20 days and at the end of the cycle, adding up 360 days. The five days remaining adjusted the next following calendar round.


      El tiempo y espacio eran las dos categorías fundamentales del mundo prehispánico, la cuenta de los días, el tiempo sagrado, para los mexicas cuatro edades o Soles habían existido en el intento de los dioses por crear al hombre y el alimento que habría de sustentarlo. El Quinto Sol nació en Teotihuacan. Este es el Sol en el cual vivimos. Para el mundo indígena, fueron los dioses quienes crearon los días, los meses y los años. Dieciocho meses de 20 días componían el calendario solar con un total de 360, más cinco días aciagos (o nefastos).

      El Tonalpohualli. se componía de 260 días. Algunos códices servían para llevar la cuenta de los días y el tiempo.

      El Xiuhmolpilli o atado de cañas (52 años) simbolizaba el siglo indígena. Cada 52 años había una renovación de lo existente y se encendía el Fuego Nuevo.

      NEMONTEMI – Inútil, vano, infortunado, insuficiente.

      Los días nemontemi, desamparados, vacíos, abismales, si bien no “contaban” (itech pohui) desde una perspectiva astrológica, sí se contaban (tlapohua) en términos de cómputo calendárico, lo que generaba un desfase, un modelo específico de principio y fin de veintenas así como de días nemontemi para cada uno de los años. Sin dejar de figurar al final del último mes de un ciclo anual, los nemontemi cambiaban periódicamente de posición en el ciclo calendárico.

      Para Sahagún son días que sirven para completar los 365 días del año. Otros dan el comienzo y el futuro del entrante y se meten en problemas de cuentas de calendario ofreciendo años y cuentas inexistentes e ilógicas.

      Si anallizamos la palabra en sus raíces.
      Nemoa – Se vive, se camina. Forma pasiva e impersonal. Derivado de Nemi – vivir, caminar.
      On – Partícula que denota duración en el tiempo, refuerza que la acción se realiza durante un tiempo, también se usa como manera especial al hablar denotando respeto.
      Temi – Estar extendido, acostado, llenar, estar repleto, estar completo.

      Esta es una cuenta independiente en la que se incluyen 5 dias por año para justar los calendarios, al final de 52 años habrán transcurrido 260 días, es decir un Tonalpohualli.

      La conjunción de la rueda del tiempo

      La combinación de ambos ciclos, el de 260 días y el de 365 días, formaba unidades de 52 años. A este periodo se le llamó “Rueda del Calendario” y era el sistema típico del centro de México en el momento de la conquista. Para establecer los nombres de cada año, los mexicas usaron los nombres de cuatro simbolos: ácatl (caña), técpatl (pedernal), calli (casa), y tochtli (conejo). Cada símbolo de día estaba asociado a un número diferente del uno al 13 (4 nombres de día x 13 numerales = 52 nombres de año). Los mexicas llamaron a un “siglo” de 52 años xiuhmolpilli o “atadura de los años”.y también se le conoce como “cuenta corta”. Los ciclos de 52 años se iniciaban entre los aztecas mediante un rito importante, la fiesta del Fuego Nuevo, que coincidía además con la fecha en que la constelación de Pléyades pasaba el cenit a medianoche.

      La ceremonia del fuego nuevo es un ritual que se realizaba entre los Mexicas. Según varias evidencias arqueológicas, se practicó también en muchos pueblos del centro de México durante la época posclásica,[1] como por ejemplo en Teotihuacan.

      Debido a la importancia calendárica del xiuhmolpilli (atadura de años), cada 52 años, generalmente se piensa que el Fuego Nuevo se celebraba cuando coincidían el inicio de los dos calendarios aztecas, el tonalpohualli, de 260 días, y el xiuhpohualli, de 365 días. Sin embargo, según testimonian los códices Borgia, Vindobonensis, Laud y Nuttall, lo encendían cada año.[2] Según otras fuentes, había ceremonias especiales cada 4, 8 y 52 años, y sólo en esta última se arrojaban al fuego las imágenes y otros objetos de culto, y se reconstruían los templos en señal de renovación.

      El momento exacto en que se realizaba, era cuando las Pléyades o “cabrillas” llegaban al punto más alto del cielo, según testimonio del cronista Bernardino de Sahagún:

      “Tomaban por señal para esta fiesta el movimiento de las Cabrillas (las Pléyades) cuando estaban en medio del cielo a la medianoche… Cuando veían que pasaban del medio, entendían que el movimiento del cielo no cesaba. A esa hora, estaban en los cerros circundantes gran cantidad de personas esperando ver el Fuego Nuevo.” (Sahagún, Historia General IV)

      Al “atar” cada año el Fuego Nuevo con el ascenso de las Pléyades, los mesoamericanos estuvieron en condición de utilizar esta ceremonia para medir el Año Sidéreo, lo cual, a su vez, les habría permitido calcular el Ciclo de Precesión de los Equinoccios (la rotación aparente de la eclíptica, con 26 mil años de duración).

      El Fuego Nuevo era un ritual celebrado por los mexicas para celebrar el xiuhmolpilli (atadura de años), la coincidencia en el inicio de los calendarios xiuhpohualli y el tonalpohualli, lo que sólo podía ocurrir después de 52 años. Según la mitología mexica, en este momento podría ocurrir el cataclismo que terminara con la era del Quinto Sol, donde el mundo sería destruido por terremotos. Si las Pléyades pasaban el cenit la noche del último día del ciclo de 52 años, el mundo no sería destruido y se encendía de nuevo el fuego sagrado.

      Al final del último día de cada siglo cuando, el sol se estaba poniendo, se creía que desaparecería para siempre. En ese momento se apagaban todos los fuegos y la preocupada población se reunía al pie de la pirámide donde los sacerdotes observaban cuidadosamente los cielos se sacrificaba una víctima arrancando su corazón mientras encendía el Nuevo Fuego, a sí el sol renacía y se había salvado de nuevo el mundo de la destrucción; comenzaba un nuevo ciclo (ciclos de 52 años) La población desechaba los palos con los que encendían el fuego en el momento de la ceremonia y solo los sacerdotes prendía en Fuego Nuevo.
      En el Cerro de la Estrella se realiza esta ceremonia hasta la fecha actual.

      Para los antiguos Aztecas, cada ciclo de 52 años en la antigua Tenochtitlan, el mundo estaba en peligro de dejar de existir si el sol no se levantaba de nuevo, por ello era encendido en un templo que actualmente se encuentra bajo el cerro de la estrella, (cuyo nombre prehispánico era Huizachtecatl), por medio de un ritual, el fuego nuevo, buscando animar al sol a salir por otro ciclo de 52 años más.

      Al atardecer del día último del ciclo, todos los fuegos eran apagados, y sólo los sacerdotes en la cima del cerro eran los indicados para iniciar un fuego nuevo, mientras un sacrificio humano era realizado, se sacrificaba al mejor de los guerreros o a una persona importante para el pueblo y se quemaban o destruían los artículos de guerra y personales ya que el fuego nuevo para ellos era renovación.

      En la “cuenta corta” de 52 años cabían exactamente 73 tonalpohualli (52 x 365 = 73 x 260 = 18,980 días). Al cabo de este período, las combinaciones de los ciclos de 365 y 260 días se agotaban, y comenzaba otro ciclo mayor con exactamente las mismas fechas. Dos ciclos de 52 años, es decir 104 años, se llamaban huehuetiliztli, “la vejez”, y se caracterizaban además por la coincidencia con el ciclo de Venus. El año de Venus contiene 584 días, y 5 años de Venus corresponden a 8 años solares; por lo tanto, cada 65 años de Venus coincidían con 104 años solares y con 146 tonalpohualli (65 x 584= 104 x 365 = 146 x 260 = 37, 960 días).

      Los mexica utilizaban una fórmula abreviada para los fechamientos para no tener que mencionar en forma completa todos los elementos que intervenían en una fecha: el día del tonalpohualli, el ordinal del día dentro de la veintena y el año; en cambio, decían únicamente el día del tonalpohualli y el año, por ejemplo: 8 ehécatl de 1 ácatl.

      Un xiuhmolpilli, era enterrado en altares adornados con huesos y cráneos de piedra conocidos como Altar de los siglos.

      In the Mesoamerica culture, the nemontemi was the five days between two year cycles, or between 52 year calendar rounds (xiuhmolpilli in Nahuatl, “New Fire ceremony“). It was also called baldíos (wasted).
      As appears in the Codex Tovar:[1]

      estos cinco dias ultimos le llamavan quiauitl o dia nemontemi q’ quiere dezir cinco dias valdios del mes quiauitl e dia q e es el pasado en es tos cinco dias no habia cosa alguna ni acudia al templo, solo se ocupaban de visitarse unos a otros

      —Codex Tovar

      Every month had 20 days and at the end of the cycle, adding up 360 days. The five days remaining adjusted the next following calendar round.


      El tiempo y espacio eran las dos categorías fundamentales del mundo prehispánico, la cuenta de los días, el tiempo sagrado, para los mexicas cuatro edades o Soles habían existido en el intento de los dioses por crear al hombre y el alimento que habría de sustentarlo. El Quinto Sol nació en Teotihuacan. Este es el Sol en el cual vivimos. Para el mundo indígena, fueron los dioses quienes crearon los días, los meses y los años. Dieciocho meses de 20 días componían el calendario solar con un total de 360, más cinco días aciagos (o nefastos).

      El Tonalpohualli. se componía de 260 días. Algunos códices servían para llevar la cuenta de los días y el tiempo.

      El Xiuhmolpilli o atado de cañas (52 años) simbolizaba el siglo indígena. Cada 52 años había una renovación de lo existente y se encendía el Fuego Nuevo.

      NEMONTEMI – Inútil, vano, infortunado, insuficiente.

      Los días nemontemi, desamparados, vacíos, abismales, si bien no “contaban” (itech pohui) desde una perspectiva astrológica, sí se contaban (tlapohua) en términos de cómputo calendárico, lo que generaba un desfase, un modelo específico de principio y fin de veintenas así como de días nemontemi para cada uno de los años. Sin dejar de figurar al final del último mes de un ciclo anual, los nemontemi cambiaban periódicamente de posición en el ciclo calendárico.

      Para Sahagún son días que sirven para completar los 365 días del año. Otros dan el comienzo y el futuro del entrante y se meten en problemas de cuentas de calendario ofreciendo años y cuentas inexistentes e ilógicas.

      Si anallizamos la palabra en sus raíces.
      Nemoa – Se vive, se camina. Forma pasiva e impersonal. Derivado de Nemi – vivir, caminar.
      On – Partícula que denota duración en el tiempo, refuerza que la acción se realiza durante un tiempo, también se usa como manera especial al hablar denotando respeto.
      Temi – Estar extendido, acostado, llenar, estar repleto, estar completo.

      Esta es una cuenta independiente en la que se incluyen 5 dias por año para justar los calendarios, al final de 52 años habrán transcurrido 260 días, es decir un Tonalpohualli.

      La conjunción de la rueda del tiempo

      La combinación de ambos ciclos, el de 260 días y el de 365 días, formaba unidades de 52 años. A este periodo se le llamó “Rueda del Calendario” y era el sistema típico del centro de México en el momento de la conquista. Para establecer los nombres de cada año, los mexicas usaron los nombres de cuatro simbolos: ácatl (caña), técpatl (pedernal), calli (casa), y tochtli (conejo). Cada símbolo de día estaba asociado a un número diferente del uno al 13 (4 nombres de día x 13 numerales = 52 nombres de año). Los mexicas llamaron a un “siglo” de 52 años xiuhmolpilli o “atadura de los años”.y también se le conoce como “cuenta corta”. Los ciclos de 52 años se iniciaban entre los aztecas mediante un rito importante, la fiesta del Fuego Nuevo, que coincidía además con la fecha en que la constelación de Pléyades pasaba el cenit a medianoche.

      La ceremonia del fuego nuevo es un ritual que se realizaba entre los Mexicas. Según varias evidencias arqueológicas, se practicó también en muchos pueblos del centro de México durante la época posclásica,[1] como por ejemplo en Teotihuacan.

      Debido a la importancia calendárica del xiuhmolpilli (atadura de años), cada 52 años, generalmente se piensa que el Fuego Nuevo se celebraba cuando coincidían el inicio de los dos calendarios aztecas, el tonalpohualli, de 260 días, y el xiuhpohualli, de 365 días. Sin embargo, según testimonian los códices Borgia, Vindobonensis, Laud y Nuttall, lo encendían cada año.[2] Según otras fuentes, había ceremonias especiales cada 4, 8 y 52 años, y sólo en esta última se arrojaban al fuego las imágenes y otros objetos de culto, y se reconstruían los templos en señal de renovación.

      El momento exacto en que se realizaba, era cuando las Pléyades o “cabrillas” llegaban al punto más alto del cielo, según testimonio del cronista Bernardino de Sahagún:

      “Tomaban por señal para esta fiesta el movimiento de las Cabrillas (las Pléyades) cuando estaban en medio del cielo a la medianoche… Cuando veían que pasaban del medio, entendían que el movimiento del cielo no cesaba. A esa hora, estaban en los cerros circundantes gran cantidad de personas esperando ver el Fuego Nuevo.” (Sahagún, Historia General IV)

      Al “atar” cada año el Fuego Nuevo con el ascenso de las Pléyades, los mesoamericanos estuvieron en condición de utilizar esta ceremonia para medir el Año Sidéreo, lo cual, a su vez, les habría permitido calcular el Ciclo de Precesión de los Equinoccios (la rotación aparente de la eclíptica, con 26 mil años de duración).

      El Fuego Nuevo era un ritual celebrado por los mexicas para celebrar el xiuhmolpilli (atadura de años), la coincidencia en el inicio de los calendarios xiuhpohualli y el tonalpohualli, lo que sólo podía ocurrir después de 52 años. Según la mitología mexica, en este momento podría ocurrir el cataclismo que terminara con la era del Quinto Sol, donde el mundo sería destruido por terremotos. Si las Pléyades pasaban el cenit la noche del último día del ciclo de 52 años, el mundo no sería destruido y se encendía de nuevo el fuego sagrado.

      Al final del último día de cada siglo cuando, el sol se estaba poniendo, se creía que desaparecería para siempre. En ese momento se apagaban todos los fuegos y la preocupada población se reunía al pie de la pirámide donde los sacerdotes observaban cuidadosamente los cielos se sacrificaba una víctima arrancando su corazón mientras encendía el Nuevo Fuego, a sí el sol renacía y se había salvado de nuevo el mundo de la destrucción; comenzaba un nuevo ciclo (ciclos de 52 años) La población desechaba los palos con los que encendían el fuego en el momento de la ceremonia y solo los sacerdotes prendía en Fuego Nuevo.
      En el Cerro de la Estrella se realiza esta ceremonia hasta la fecha actual.

      Para los antiguos Aztecas, cada ciclo de 52 años en la antigua Tenochtitlan, el mundo estaba en peligro de dejar de existir si el sol no se levantaba de nuevo, por ello era encendido en un templo que actualmente se encuentra bajo el cerro de la estrella, (cuyo nombre prehispánico era Huizachtecatl), por medio de un ritual, el fuego nuevo, buscando animar al sol a salir por otro ciclo de 52 años más.

      Al atardecer del día último del ciclo, todos los fuegos eran apagados, y sólo los sacerdotes en la cima del cerro eran los indicados para iniciar un fuego nuevo, mientras un sacrificio humano era realizado, se sacrificaba al mejor de los guerreros o a una persona importante para el pueblo y se quemaban o destruían los artículos de guerra y personales ya que el fuego nuevo para ellos era renovación.

      En la “cuenta corta” de 52 años cabían exactamente 73 tonalpohualli (52 x 365 = 73 x 260 = 18,980 días). Al cabo de este período, las combinaciones de los ciclos de 365 y 260 días se agotaban, y comenzaba otro ciclo mayor con exactamente las mismas fechas. Dos ciclos de 52 años, es decir 104 años, se llamaban huehuetiliztli, “la vejez”, y se caracterizaban además por la coincidencia con el ciclo de Venus. El año de Venus contiene 584 días, y 5 años de Venus corresponden a 8 años solares; por lo tanto, cada 65 años de Venus coincidían con 104 años solares y con 146 tonalpohualli (65 x 584= 104 x 365 = 146 x 260 = 37, 960 días).

      Los mexica utilizaban una fórmula abreviada para los fechamientos para no tener que mencionar en forma completa todos los elementos que intervenían en una fecha: el día del tonalpohualli, el ordinal del día dentro de la veintena y el año; en cambio, decían únicamente el día del tonalpohualli y el año, por ejemplo: 8 ehécatl de 1 ácatl.

      Un xiuhmolpilli, era enterrado en altares adornados con huesos y cráneos de piedra conocidos como Altar de los siglos.