¿A quién beneficia la masacre de Iguala?

Domingo, 26 de octubre de 2014 a las 21:04

(Notimex) — Padres y familiares de los 43 normalistas desaparecidos impidieron que el sacerdote católico Alejandro Solalinde celebrara una misa en el auditorio de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, en el municipio de Tixtla, Guerrero, a un mes de los hechos violentos ocurridos en Iguala.

Felipe Flores de la Cruz, integrante del Comité de Padres de Familia de jóvenes desaparecidos, informó a Notimex en entrevista vía telefónica que no permitieron realizar la misa al padre Solalinde, ni aceptaron escucharlo.

El también profesor de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG) dio a conocer que los padres están molestos porque el sacerdote entregó evidencias del supuesto paradero de los 43 estudiantes a las autoridades de la Procuraduría General de la República (PGR), y no a los padres que están sufriendo por no saber nada de sus hijos.


Jueves, 23 de octubre de 2014 a las 17:25

(CNNMéxico) — El sacerdote y activista Alejandro Solalinde se reunió este jueves con el titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Jesús Murillo Karam, a quien —según dijo— compartió la información con la que cuenta en el sentido de que “la mayoría” de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos desde el 26 de septiembre ya habrían sido asesinados.


CON OJOS VAQUEROS

Octubre 6, 2014

A principios de los setenta el gobierno mexicano realizó por presiones de Estados Unidos un aparatoso operativo de erradicación de cultivos de drogas ilegales en Sinaloa, Durango y Chihuahua, que dejó sin mariguana y opio por un tiempo a consumidores estadounidenses. Sin embargo, a la par de que sucedía esto, el capo Alberto Sicilia Falcón y un grupo de mandos militares llevaron por primera vez a Guerrero la siembra masiva de mariguana y adormidera. El traficante Sicilia se beneficiaba así con la producción y venta de drogas, cubriendo el vacío que había dejado en el mercado de consumo la operación Cóndor en el Triángulo Dorado, mientras que a los Generales de Guerrero, la maniobra les ayudaba en su guerra sucia contra el movimiento impulsado por el maestro normalista y guerrillero Lucio Cabañas, ya que los campesinos que sembraban mariguana y adormidera con su anuencia se convertían en informantes y colaboradores del Ejército.

Así es como nació esa mariguana famosa conocida como Acapulco Golden, que en parte podría ser una marca del Ejército mexicano. Testimonios, documentos y análisis sobre esta realidad pueden consultarse en un capítulo del libro “El Cártel de Sinaloa. Una historia del uso político del narco” (Grijalbo, 2009).

Este antecedente es importante para analizar los recientes sucesos en los cuales se atribuye a un grupo conocido como Guerreros Unidos la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. En 2012, Guerreros Unidos apareció de la nada y difundió a través de mantas y mensajes electrónicos que su principal objetivo era ayudar al Ejército mexicano en el combate a La Familia, uno de los grupos que disputaban el control de la producción y tráfico de drogas en Michoacán e incursionaba ya en Guerrero. La base de operación de Guerreros Unidos, organización delictiva poco conocida a nivel nacional hasta ahora, siempre fue el municipio de Iguala, Guerrero, donde se encuentra asentado el 27 Batallón de Infantería del Ejército, el cual nunca intervino durante las balaceras y enfrentamientos que duraron varias horas el 26 de septiembre a muy poca de distancia de su sede. ¿Por qué?

Así es como la masacre de Iguala marca la transición de la Guerra del Narco a una reedición de la Guerra Sucia que en los años setenta comenzó justamente en Guerrero.

¿A quién beneficia la masacre de Iguala? Esa es la pregunta clave para entender lo que en malahora sucedió el 26 de septiembre de 2014.

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Domingo, 26 de octubre de 2014 a las 21:04

(Notimex) — Padres y familiares de los 43 normalistas desaparecidos impidieron que el sacerdote católico Alejandro Solalinde celebrara una misa en el auditorio de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, en el municipio de Tixtla, Guerrero, a un mes de los hechos violentos ocurridos en Iguala.

Felipe Flores de la Cruz, integrante del Comité de Padres de Familia de jóvenes desaparecidos, informó a Notimex en entrevista vía telefónica que no permitieron realizar la misa al padre Solalinde, ni aceptaron escucharlo.

El también profesor de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero (CETEG) dio a conocer que los padres están molestos porque el sacerdote entregó evidencias del supuesto paradero de los 43 estudiantes a las autoridades de la Procuraduría General de la República (PGR), y no a los padres que están sufriendo por no saber nada de sus hijos.


Jueves, 23 de octubre de 2014 a las 17:25

(CNNMéxico) — El sacerdote y activista Alejandro Solalinde se reunió este jueves con el titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Jesús Murillo Karam, a quien —según dijo— compartió la información con la que cuenta en el sentido de que “la mayoría” de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos desde el 26 de septiembre ya habrían sido asesinados.


CON OJOS VAQUEROS

Octubre 6, 2014

A principios de los setenta el gobierno mexicano realizó por presiones de Estados Unidos un aparatoso operativo de erradicación de cultivos de drogas ilegales en Sinaloa, Durango y Chihuahua, que dejó sin mariguana y opio por un tiempo a consumidores estadounidenses. Sin embargo, a la par de que sucedía esto, el capo Alberto Sicilia Falcón y un grupo de mandos militares llevaron por primera vez a Guerrero la siembra masiva de mariguana y adormidera. El traficante Sicilia se beneficiaba así con la producción y venta de drogas, cubriendo el vacío que había dejado en el mercado de consumo la operación Cóndor en el Triángulo Dorado, mientras que a los Generales de Guerrero, la maniobra les ayudaba en su guerra sucia contra el movimiento impulsado por el maestro normalista y guerrillero Lucio Cabañas, ya que los campesinos que sembraban mariguana y adormidera con su anuencia se convertían en informantes y colaboradores del Ejército.

Así es como nació esa mariguana famosa conocida como Acapulco Golden, que en parte podría ser una marca del Ejército mexicano. Testimonios, documentos y análisis sobre esta realidad pueden consultarse en un capítulo del libro “El Cártel de Sinaloa. Una historia del uso político del narco” (Grijalbo, 2009).

Este antecedente es importante para analizar los recientes sucesos en los cuales se atribuye a un grupo conocido como Guerreros Unidos la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. En 2012, Guerreros Unidos apareció de la nada y difundió a través de mantas y mensajes electrónicos que su principal objetivo era ayudar al Ejército mexicano en el combate a La Familia, uno de los grupos que disputaban el control de la producción y tráfico de drogas en Michoacán e incursionaba ya en Guerrero. La base de operación de Guerreros Unidos, organización delictiva poco conocida a nivel nacional hasta ahora, siempre fue el municipio de Iguala, Guerrero, donde se encuentra asentado el 27 Batallón de Infantería del Ejército, el cual nunca intervino durante las balaceras y enfrentamientos que duraron varias horas el 26 de septiembre a muy poca de distancia de su sede. ¿Por qué?

Así es como la masacre de Iguala marca la transición de la Guerra del Narco a una reedición de la Guerra Sucia que en los años setenta comenzó justamente en Guerrero.

¿A quién beneficia la masacre de Iguala? Esa es la pregunta clave para entender lo que en malahora sucedió el 26 de septiembre de 2014.

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